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entrevista
"En
los cortos hay que llegar tarde y salir temprano"
El cortometraje Cunaro de Alexandra Henao, ganador del Gran Premio
CNAC, en el Festival de Barquisimeto, y del segundo premio en el Festival
Manuel Trujillo Durán, en Maracaibo, entre otras distinciones, se estrenó el
jueves en la Cinemateca Nacional. Se
trata de una película que destaca "por el uso de una narración formal lírica
y sencilla para presentar una contradicción de roles tradicionales", como
señaló el veredicto del jurado del concurso del Zulia. La historia se
desarrolla en un pueblo de pescadores y fue rodado en Ocumare de la Costa,
en el estado Aragua, con la participación de actores no profesionales,
incluida gente de la zona y de Caracas.
Alexandra Henao, además de directora, es directora de fotografía. Entre sus
trabajos recientes en este último campo destaca el largometraje Puras joyitas,
de César Oropeza y Henry Rivero, que aún continúa en la cartelera comercial.
En su filmografía como realizadora sobresale el largometraje documental La
tranca (2004), grabado en la población de Palenque de San Basilio,
cercana a Cartagena, en Colombia, habitada por descendientes de esclavos
cimarrones. Henao es egresada de postgrado de la Escuela Nacional de Cine y
Televisión, en Londres, y ha realizado también la fotografía de varios
cortometrajes nacionales y comerciales.
Vértigo aprovechó el estreno en Caracas para conversar con la
realizadora.
—¿Qué le llevó a seleccionar el cuento peruano “El lenguado” para
llevarlo al cine en Cunaro?
—Ese
cuento lo escribió Mariella Sala. Yo lo leí en un libro de escritoras
latinoamericanas. De todos, uno de los que más me gustó fue ese y lo vi
muy cinematográfico. Era de esas cosas que, cuando tú las lees, ya las
estás como que viendo. Lo estás leyendo y ya lo estás filmando. Luego le
añadí el personaje del abuelo. Hice como una mezcla de cosas que uno
siempre está leyendo y están como presentes, porque el cuento se
prestaba para decir cosas que uno quería decir de alguna manera. Para
mí, la más importante es el valor del trabajo, esa cuestión de ganarte
el pan por ti mismo, y que te permitan mantener el derecho a hacerlo.
Por eso fue que añadí la historia del abuelo. También me interesaba del
cuento lo que toca el machismo. Pero ese machismo que, de alguna manera,
también la misma feminidad lo aumenta. Me explico: cuando la gente lo
vea, se va a dar cuenta de que hay un momento de envidia entre las dos
niñas. En realidad, el hecho de que el pueblo dijese que las mujeres no
pescan, no es ningún impedimento para que Teresa lo haga, porque Teresa
pescó. Pero, luego, Sofía fue la que no dejó que ella pescara. Es ese
machismo que muchas veces viene de las fuentes que nosotros creemos que
no son, pero sí son. Tiene varias aristas el corto.
—Siempre me ha costado eso de manejar el tiempo en los cortos. En los
cortos me parece que uno tiene que ser contundente, más llevado a la
acción, a lo que pasa. Hay que llegar tarde y salir temprano. Tú llegas
cuando algo está pasando, y te vas temprano, antes de que se acabe. Me
parece que es muy importante manejar eso en el corto, y es una de las
cosas más difíciles.
—Es un cine social particular, además. En su corto hay injusticias, por
supuesto, sobre todo en el caso del anciano pescador. Sin embargo, hay
enemigos que parecieran estar dentro de los personajes mismos, ¿no?
—Todos los seres humanos tenemos eso, y creo que es una de las cosas que
en los personajes debe haber es cara y sello. Que los personajes tengan
cualidades increíbles pero, al mismo tiempo, tengan unas debilidades
terribles. Entonces, sí hay algo de eso, de ese dicho de los cangrejos
en la paila, que ninguno sale porque todos se jalan unos a otros. Sin
embargo, es muy loco, porque algunas personas toman el final de
Cunaro como un final arriba, y otras personas no, y es una cosa que
me llama mucho la atención. El final arriba es que ella, finalmente,
logró pescar con su abuelo. El abuelo le dice al final: “Cállese la boca
y páseme el anzuelo”. Nunca le hubiese dicho a ella: “Vámonos a pescar,
móntate en la lancha”. Tuvo que pasar todo eso para que ella por fin
llegar a estar con su abuelo, pescando, y el abuelo la deje estar ahí.
El otro final es que ella no pescó nada, y el abuelo no le va a creer.
Esa es otra opción que me han dado de la lectura del final. Yo lo dejo
al criterio cada quien. Imagino que los más optimistas lo verán de una
manera, y los pesimistas de la otra. Eso me gusta bastante del final.
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—En
todo caso, es un cine centrado en los personajes.
—Sí.
Lo más importante es la historia, y la historia la hacen los personajes.
Tienes que tener unos personajes interesantes, unos personajes con
volumen, que tengan esa cara y sello de la que hablaba.
—La primera expresión que utilizó, en relación con el cuento, es “lo vi”.
Imagino que para usted, que es directora de fotografía, además de
directora, ver debe ser lo principal.
—Cuando yo leo un guión, si no empiezo a ver imágenes, no se me empiezan
a ocurrir cosas en la primera lectura, que para mí es importantísima. Si
el guión no me mueve, no me motiva, no me transmite eso, o se me ocurre
muy poco, de verdad siento que tengo que decir que no lo voy a hacer,
que no soy la persona idónea para ese guión. No podría ayudar al
director porque, finalmente, cuando estoy como directora de fotografía,
respeto mucho que esa historia, y todo eso que está allí, es del
director. Es su imaginería, es lo que él quiere contarnos, es la manera
como quiere contarlo. Entonces, yo soy como una mano derecha, o
izquierda, como quieras. Si no voy a ser de verdad esa herramienta, o
esa persona de ayuda, que le va a dar un input fuerte al guión,
yo prefiero rechazarlo.
—Usted que ha hecho las dos cosas, ¿cree que hay alguna diferencia
esencial entre alguien que sea esencialmente guionista, y otro que venga
de la fotografía, al afrontar el trabajo de dirección?
—Creo
que el director que es director de fotografía tiene que tener mucho
cuidado con engolosinarse con la imagen. No se trata de hacer una imagen
bella, que a lo mejor no transmita nada. Se trata de buscar el encuadre
y el dónde va la cámara que realmente nos van decir qué le pasa al
personaje, o que sea el mejor punto de vista para hacer ese momento de
la historia. Hay que tener mucho cuidado porque, a veces, como director
de fotografía, tú quieres un plano abierto porque es bella la locación,
o es bello el vestuario, o el arte o no se qué, o porque vamos a ver a
esta persona moviéndose de esta manera, y no sé qué más. Pero a lo mejor
es un primer plano. Lo que hay que verle es un ojo al personaje. Para un
director de fotografía siempre es peligroso engolosinarse con la imagen.
Para el guionista, me imagino que tal vez sea peligroso olvidarse de que
también se trata de la imagen, no solamente de los diálogos que están
allí. Recordando experiencias que he tenido, y no se debe generalizar,
creo que hay una tendencia al primer plano, en el caso de los directores
guionistas, porque quieren ver a su actor. Pero tal vez se trate de una
particularidad de alguien. Es más peligroso para el director de
fotografía que para el guionista, porque el guionista que es director
debe tener un director de fotografía, que le va a ayudar a que la imagen
esté presente, a que el look de la película esté muy bien y todo
eso, y que haya la atmósfera que se necesita.
—En Cunaro no hizo la dirección de fotografía, la hizo Daniel
García. ¿Por qué?
—En
Cunaro me volví loca. Tuve tres niñitos, un señor como de setenta
y pico de años, y los metí a todos en el mar... Lo que me faltaba era el
perro para completar todo lo más complicado. Entonces, claro, sentía
que, si me ponía a hacer la dirección de fotografía, podía descuidar a
los actores. Cuando ocurre eso, no me atrevo a hacer las dos cosas.
Prefiero ser más centrada en los actores y la historia, y dejarle esa
responsabilidad a quien más.
—Pero en otros casos sí lo ha hecho...
—El
documental no me permite ser tan elaborada. Entonces, tengo que ir
cosiendo. Uno va grabando, grabando, y llega un momento en que ya
empiezas a coser, a coser, a coser, a hilar el cuento que está
apareciendo. Te dejas llevar por eso, y puedes hacer las dos cosas sin
ningún problema. En el caso de La uva, que es otro cortometraje
que filmé, tenía muy claras en mi cabeza las imágenes. Es un corto que
está más hecho en mesa. Como había más control, ahí no tenía problema en
asumir las dos responsabilidades. En cambio, Cunaro tenía muchas
variables. Algunas cosas había que terminar de pegarlas en el terreno.
—¿Por
qué trabajó en cine, en 16 mm, inflado a 35 mm?
—Porque las latitudes de la película iban a manejare mejor para este
corto en especial. Era costa, sol. Hay una diferencia de seis, siete
stops entre la parte que está en sol y la parte que está en sombra. Iba
a ser mucho más complicado controlar la latitud de la sombra-sol que
teníamos, el contraste tan fuerte que había, en video que en cine. Como
era poco tiempo y no eran actores profesionales, sentía que para el
fotógrafo iba a ser más amable, y también para la historia, hacerlo en
cine. En video íbamos a tener que poner muchos butterflies para tratar
de que la latitud no fuera tan diferente. La latitud en video es como de
5 stops. En cambio, en cine son 10. Puedes dejar el sol sin filtrarlo, y
vas a tener detalles en las partes blancas, y en las zonas más oscuras.
En cambio, en el video las partes sobrexpuestas iban a ser blancas, sin
ningún tipo de información. Igual lo oscuro.
—Pareciera que para usted cine y video son dos opciones que requieren de
ciertas condiciones técnicas para optar por una u otra.
—Tiene que ver eso, pero también tienen que ver las historias. Yo
siempre he dicho que un buen guión, bien hecho, bien escrito, dice todo.
Te dice: “Yo soy video”, “yo soy cine”, “yo soy tal cosa”. Las
respuestas, para mí, casi siempre están en el guión y, cuando no las
consigues, vas al director. La historia también dice cuál es su formato.
—¿Podría poner un ejemplo de historias que necesiten video?
—A la
ciencia ficción le va muy bien el video. Por ejemplo, el HD. A la
ciencia ficción que sea con escenarios muy elaborados, de naves, pienso
que le va muy bien este formato porque en nuestro subconsciente, en
nuestra educación visual, el video está más hacia la modernidad, hacia
lo contemporáneo. Al revés pasa con las películas de época. Hacer una
película de época en HD es duro. No se ve la tridimensionalidad que
tiene el cine, y cuesta más pegarte a lo que está pasando, aunque tú no
lo sepas. Aunque pienses que está buenísimo, que está increíble, hay
algo allí que te está molestando, porque también hay una historia
visual. Tu ojo tiene una historia visual. He visto algunas películas en
Eurochannel, unas películas francesas de época, hechas en video, que a
mí me cuestan. Y es eso.
—¿Qué planes tiene con Cunaro?
—Ahorita
lo estamos moviendo en festivales. Fue aceptado en un festival en
Finlandia, y estamos esperando respuesta de tres festivales más.
Imagínate tú. Le irán a poner subtítulos en finlandés.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |