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cine en venezuela

Placeres inaccesibles:
Luces al atardecer
de Aki Kaurismaki

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Películas de calidad
en 2007:
estrenos de 2004
y con rayas  
 

 

 

Aparte de la consolidación de la presencia de las películas nacionales en la cartelera cinematográfica, lo más resaltante en lo que a exhibición de cine en Venezuela respecta en 2007 fueron los filmes alemanes. 5 películas de ese país se programaron a lo largo del año, según una lista del Circuito Gran Cine Lutero de Eric Hill (2003), Contra la pared de Fatih Akin (2004), La princesa massai de Hermine Huntgeburth (2005), Sophie Scholl, los últimos días de Marc Rothemund (2005) y La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck (2006). A ellas pueden añadirse 2 coproducciones: El perfume de Tom Tykwer, un director alemán, (2006) y El día del crimen de Wayne Kramer (2006). Si bien esto es inferior a las 30 cintas de España que se proyectaron, o a las 14 francesas, según la misma fuente, cabe destacar que la cuota de esos 2 países incluye los títulos importados por las respectivas embajadas. Las cintas de Alemania llegaron por la vía de las distribuidoras comerciales.

En general, el público venezolano tuvo acceso a cierta producción europea, al menos en Caracas, lo cual incluye los países mencionados más Gran Bretaña (13 películas en el año) y el resto del continente (22 títulos). De Estados Unidos llegaron 113 cintas, lo que representa 53% del total, de acuerdo con la lista de Gran Cine, mientras que de América Latina fueron 12 (5%), de Asia 5 (2%) y de África 1. El problema grave parece ser falta de calidad de lo exhibido, comparada con los títulos que pueden verse en otras latitudes: de los 10 mejores filmes de 2007 para Sight and Sound, 2 se proyectaron en Venezuela –Zodíaco de David Fincher y La vida de los otros–, y del top ten de los críticos de los Cahiers du Cinéma, solamente 1: Zodíaco.

Si se piensa que eso corresponde a otras realidades, podría responderse que en Argentina se exhibieron este año en salas comerciales Inland Empire de David Lynch (2006), 4 meses, 3 semanas y 2 días de Cristian Mungiu (2007), Luces del atardecer de Aki Kaurismaki (2006) y La dahlia negra de Brian DePalma (2006), entre otros títulos que integran una oferta mucho más jugosa en lo que a diversidad y calidad respecta. En esa nación no menos tercermundista existe, pues, un mercado de cine de calidad, lo que al parecer no ocurre en Venezuela. Una razón de ello podría ser cultural, pero también es posible que la diferencia se deba a que en el país sureño hay más competencia, en lo que a exhibición respecta.

Venezuela es el país de América Latina en el que las películas estadounidenses, y los productos de la industria cultural de ese país en general, tienen una mayor aceptación, según una investigación del Pew Research Institute publicada en junio de este año. 71% de los venezolanos comparte una opinión favorable hacia ellos, mientras que la cifra es de 50% en Argentina. El porcentaje de Venezuela es igual al de Líbano y sólo es superado por Costa de Marfil, donde los productos culturales de Estados Unidos gozan de 86% de aceptación; Suecia, con 77%; Canadá, con 73%, y España e Israel, con 72%, entre los cerca de 50 países que comprendió el estudio. En Pakistán, en cambio, el porcentaje es de 4. Este dato respaldaría la tesis de que la cultura es el principal obstáculo para el desarrollo de un mercado de cine de calidad en Venezuela, puesto que el país pareciera ser uno de los más penetrados por los productos de la industria cultural estadounidense en América Latina, y en el mundo también. La comparación con la cifra de Argentina sería reveladora de las razones por la que ambos mercados son diferentes.

 

Pero también hay otra característica que distingue al mercado venezolano del de la nación del Cono Sur que podría ser relevante. En Argentina hay 8 cadenas de cines: Hoyts General Cinema (10 complejos y 95 pantallas), Cinemark (9 complejos y 77 pantallas), Village Cines (7 complejos y 77 pantallas), Cines Showcase (7 complejos y 74 pantallas), Cinemacenter (alrededor de 60 pantallas), Atlas Cines (10 complejos), Cinema La Plata (4 complejos y 15 pantallas) y Holiday Cinemas (7 complejos), según el sitio web Cines Argentinos. En Venezuela, como se sabe, sólo hay dos grandes circuitos, Cinex (27 complejos y 134 pantallas) y Cines Unidos (169 pantallas). De resto sólo hay independientes comparativamente poco significativos en lo que al número de pantallas respecta. La falta de competencia también podría explicar, entonces, por qué se exhiben tan pocas películas de calidad a las salas comerciales de Venezuela. Al menos parecieran ser creencias fundamentadas y ampliamente compartidas que los mercados de pocos competidores pueden estar distorsionados, y que una mayor concurrencia generalmente acarrea una más amplia diversidad de la oferta. A su vez, la falta de diversidad por la poca competencia podría servir para explicar la elevada simpatía por las películas estadounidense: al público le gustan tanto porque un mercado de exhibición cinematográfica distorsionado no le ha permitido conocer cosas diferentes y mejores.   

 

 
 

Placeres inaccesibles: trailer de 4 meses, 3 semanas y 2 días
de Cristian Mungiu

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En el caso venezolano, además, la repartición del mercado entre Cinex y Cines Unidos también parece perjudicar al cine de calidad, como consecuencia de prácticas comerciales de ambos circuitos y las distribuidoras. Cabe acotar que se usa aquí la expresión “cine de calidad” para hacer referencia específicamente a aquellos títulos que recorren el circuito internacional de festivales, o que son aplaudidos por las revistas críticas de reputación mundial, como los Cahiers du Cinéma y Sight and Sound. La ausencia de competidores pareciera permitir que las películas de este tipo sean exhibidas hasta tres o más años después del momento en que fueron estrenadas. Esa demora priva a los títulos que llegan a la cartelera del impulso que se deriva de los galardones y de los elogios de los comentaristas, en el momento en que ellos todavía circulan en los medios, y pone a competir a los filmes, en cambio, con el video, que incluso llega muchas veces antes. Pero incluso la competencia con el DVD no es favorable en Venezuela para el cine de calidad, incluso con los piratas, porque los filmes suelen importar en copias usadas cuyo estado es lamentable en muchos casos. Con pocas películas que se exhiben cuando están frías, y además en malas copias, tampoco parece haber manera de que se desarrolle en Venezuela un mercado para el cine de calidad, y no sólo porque la gente sea inculta.

 

En relación con este problema del mercado debe ser visto el esfuerzo que realiza el gobierno para crear un circuito de exhibición de la Cinemateca Nacional, establecer una distribuidora –Amazonia Films– y una productora –la Villa del Cine–. Es prácticamente imposible que Amazonia pueda cumplir su cometido cuando los posibles clientes que podrían llevar sus películas a un público amplio en todo el país son tan pocos, y tratan los filmes de calidad de esa manera. En cuanto a la Villa, en la medida en que sus películas contribuyan a cubrir la cuota de pantalla del cine nacional, podrían tener el indeseado efecto de desplazar los pocos productos de calidad extranjeros que llegan, por lo que contribuirá a fortalecer el cine venezolano pero complicaría la diversificación de la oferta con otro tipo de filmes. El circuito de la Cinemateca, a su vez, llegó a 11 salas el año pasado, con la incorporación de pantallas en Nueva Esparta, Cojedes y Apure. Pero esto representa un total de 11 cines, es decir, menos de 10% de las pantallas que tienen Cines Unidos y Cinex, considerados individualmente. Cuando la meta se cumpla, y la institución llegue a 25 salas en todo el país, todavía eso no representará ni 10% de lo que tienen ambas empresas en conjunto en la actualidad. Además, la comparación sólo puede plantearse como una aventurada hipótesis, porque forzosamente han de ofrecer una programación diferente, puesto que proyectan en video, desde DVD, y la programación comprende fundamentalmente títulos que no pueden exhibirse de forma comercial. Esto significa que, si pudieran diversificar la oferta, lo harían en segmentos donde no parece existir potencial de negocio conocido: exhibición de películas de valor histórico, de filmes de cinematografías poco conocidas internacionalmente, cortometrajes, documentales, películas experimentales o de contenido no aceptable para las empresas privadas, etcétera.

 

Placeres inaccesibles:
Pranoid Park
de Gus Van Sant

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En conclusión, que el estado hace para transformar masivamente la cultura cinematográfica en el país, actuando directamente como distribuidor y exhibidor de películas es poco, y va a seguir siendo poco, si se lo compara cuantitativamente con lo que hacen las empresas privadas. Sin embargo, que exista una sala de la Cinemateca Nacional en cada capital regional, cuando menos, es un propósito de justicia difícilmente cuestionable, puesto que el acceso a la programación de la institución, aunque sea en video, es un derecho cuyo ejercicio no puede estar limitado por cuestiones geográficas. Asimismo es loable el interés por llevar películas de cinemateca a aquellas personas que permanecen marginadas de su disfrute por razones tanto geográficas como sociales a través de una red de salas comunitarias. Si la encuesta del Instituto Pew revela el grado de necesidad que hay en Venezuela de educar espectadores, esa es una tarea que compete por excelencia al estado, y cuantas más herramientas tenga para llevarla a cabo, pues mejor. El punto es que el alcance de estos proyectos no se puede medir entonces en cifras, porque producirían principalmente cambios cualitativos a largo plazo, y que se producirían mediante el efecto multiplicador que podría tener la élite de espectadores que se forma en la Cinemateca Nacional. Habría que seguir haciendo lo que se hace, en síntesis, pero también habría que hacer otras cosas, lo cual significa afrontar decisivamente el problema del mercado, además del cultural.

 

Si se quiere que las oportunidades de ver cine de calidad en Venezuela sean, por lo menos, comparables con las que hay en Argentina, en términos de alcance, pareciera ser necesaria una política destinada a propiciar el lanzamiento de circuitos capaces de plantear competencia a Cinex y Cines Unidos, para que pueda existir la oportunidad de que se explote el mercado del cine de calidad como se hace en otras naciones. Tendrían además que ser muchos exhibidores, con capacidad de abrir aunque sea 1 complejo multipantalla de 10 o más salas cada uno y de unirse, además, para formar cadenas, si se tratara de empresas pequeñas. En caso contrario no habría verdaderos cambios. La experiencia argentina sugiere, además, que también podría ser útil la inversión de capitales extranjeros, o de grandes empresas nacionales. En el ámbito de la masificación, en síntesis, habría que considerar la posibilidad de complementar la idea de que el estado debe hacer cosas por la de que es necesario que actúe para permitir que ocurran cosas nuevas que cambien el mercado.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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