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Carlos Barba (Foto: Ramón Ramos) 

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"Los cineastas cubanos hemos bebido y estamos orgullosos del cine cubano de siempre. Aquel que en la década del 60 irrumpió
con el surgimiento del Icaic"

Carlos Barba
 

1. ¿Considera usted que en este momento está surgiendo una nueva generación de realizadores en Cuba? ¿En qué consistiría la novedad del trabajo de estos cineastas en relación con el cine que se ha hecho hasta ahora en su país?

 

Carlos Barba: En primer lugar diría que los realizadores cubanos, por lo menos, hablo en nombre de los que hemos estado vinculados al cine de verdad, hecho en 35 mm, hemos bebido y estamos orgullosos del cine cubano de siempre. Aquel cine nacional que en la década del 60 irrumpió con el surgimiento del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), y a donde muchos hoy de nuestros grandes cineastas se sumaron con la pasión y el deseo de aprender en el camino. A partir de ahí se realizaron películas maravillosas, con inspiración neorrealista (el neorrealismo italiano y la nueva ola francesa fueron las fuentes de las que bebieron muchos de esos primeros cineastas). Entonces esa década, que se considera como la época de oro del cine cubano, difícilmente se repita, y por eso es que vivimos orgullosos de aquella etapa, aunque sin nostalgia, pues los mismos cineastas de ese tiempo que ya iban envejeciendo se daban cuenta que los 70, 80, etc., significaban nuevos retos que enfrentar, y otras historias que contar.

 

Mi apreciación es que se mantiene en los nuevos realizadores cinematográficos cubanos un mismo espíritu, pero con nuevos retos y maneras de enfrentar el audiovisual. Ya se está hablando de videastas, pues la revolución tecnológica está a la vista y se ha democratizado la profesión del cineasta, que sí en sus momentos históricos, ha sido una profesión elitista. Con la llegada de la tecnología digital en Cuba, se abrió la producción del cine cubano, tanto dentro de la principal industria del cine, que es el Icaic como fuera de esa institución, por telecentros, realizadores independientes u otra procedencia. Además de una diversidad de temas jamás llevados a la pantalla grande, y la aparatosa proliferación del género documental, que por muchos años en Cuba fue la escuela para directores que más tarde debutarían en el largometraje de ficción.

 

En el año 2001 se estrena Miel para Oshún, primera película cubana realizada con tecnología digital, de Humberto Solás, el cineasta cubano más importante en estos momentos, y a quien considero mi maestro. A partir de aquí se abre una especie de esperanza. Ver a Humberto, el hombre que filmó los filmes más caros de la historia del cine cubano, grabando en digital y luego en la post filmación hincha la película a 35 mm, es mucho lo que se ahorra con esta modalidad, y demostró que en menos de seis semanas  se realizaba el rodaje de una película. El propio Solás funda el Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, alentando a realizar filmes de bajo presupuesto, pero con alto valor estético y otros certámenes de la isla como la Muestra de Jóvenes Realizadores del Icaic y el Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam, estimularon la producción de obras audivisuales.

 

De generación de Aram Vidal 

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Yo creo que la novedad fundamental de los cineastas del momento en Cuba, es la forma de enfrentar la concepción de las obras y la aparición de las nuevas tecnologías. La caligrafía personal de cada autor puede variar o tener otros conceptos ante la disminución de un staff de filmación o la utilización de cámaras más pequeñas. Esto desde el punto de vista formal. Y con respecto a la temática que se aborda es usual los temas sociales, culturales, deportivos, políticos, abordados con creatividad, ingenio, libertad. Inclusión del dibujo animado en obras tanto de ficción y documental a media mitad y en este aparte los Estudios de Animación del Icaic han demostrado mucho talento y son muy agradables las sorpresas a cuadro.

 

Javier Cepero: Por supuesto que sí. Hay una generación de jóvenes buscando un discurso propio y no sólo cinematográfico.

 

Como hicieron otras generaciones, la nuestra quiere expresarse, exteriorizar muchas cosas, muchos sentimientos, alegrías, frustraciones, criticas y lo quiere hacer a su manera. Sin dogmas. Son otros tiempos y por supuesto son otras las miradas.

 

¿En qué consistiría la novedad del trabajo de estos cineastas en relación con el cine que se ha hecho hasta ahora en su país? Bueno podría ser una mayor incursión en la forma narrativa, que no fuera tan linear,  la incorporación de la animación, en la edición hay cosas muy “locas” también , mayor protagonismo a los movimientos de la cámara. Ciencia Ficción Cubana… ¿Se imagina? En el documental ya se ha empezado a buscar en zonas vedadas y con formas narrativas también novedosas. Mira, para mí esto no es tan complicado, lo novedoso viene con los tiempos que se viven, aunque claro depende de cómo y quienes lo documenten para  la memoria histórica. Y muy importante, hoy cualquiera tiene una cámara, al menos un gran porcentaje y cuando se autodidacta se hace lo que se tiene en la mente y en el corazón. Nadie te dice esto debe ser así por esto. Entonces más que preocuparse en que consistiría la novedad es mejor disfrutar de lo ya novedoso. Vendrán otros tiempos y otras generaciones, incluso esta generación, mañana será diferente y quien me dice que no se olvidara de lo novedoso de su propuesta en la séptima muestra...

 

Marcelo Martín: Por supuesto que existe una nueva generación de cineastas en Cuba. El cubano de hoy ha tenido la posibilidad de existir más como individuo. Esto le ha permitido abordar de manera crítica los problemas con los que convivimos, ha sentido la necesidad de convertirse en el vocero de aquellos que no tienen como hacerse sentir. Las producciones independientes son otro fenómeno que marca el cambio. Estas producciones están condicionadas por grandes problemas de producción, distribución y exhibición, pero permiten al creador toda la libertad de afrontar los temas desde su verdad y su mirada, y siempre pensando en que es una obra que va existir como testimonio de una época, que aunque no pueda verse públicamente ahora, dentro de algún tiempo podrá.

 

Malegría de Marcelo Martín 

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Ernesto Piña: Me parece que sí está surgiendo una nueva generación de realizadores. La diferencia entre nuestra obra y la anterior es, más que cualquier cosa, que somos más desprejuiciados que los anteriores, y siento que tenemos como característica que nuestros intereses en cuanto a la realización de la obra, no están sujetos a algún concepto artístico o a alguna estética para expresar nuestras ideas. Lo que sí pienso es que buena parte de nosotros como generación escasea de cultura y de vivencias por el mundo. Creo que por mucho que se lea y que las amistades compartan sus vivencias con uno, nunca se podría lograr la realización de una obra con carácter universal. Me parece que eso nos falta como generación, que estamos sujetos a hablar solamente sobre lo que conocemos. Ojalá que la vida nos dé esa oportunidad, porque nos enriquecería el espectro.

 

Lo novedoso que hemos aportado tal vez pudiera ser la osadía, algunas veces directa y otras indirectamente, con la que opinamos sobre la sociedad y la vida en general. Porque en cuanto a tecnología todo estaba inventado. Lo que sí creo es que estamos haciendo productos audiovisuales con muy pocos recursos tecnológicos, hasta el punto de considerarnos un grupo de superhéroes del cine pobre, porque las obras que creamos muchas veces son envidiables y trascendentales. No cito ejemplos para no pecar de olvidadizo, ya que considero que todos los de mi generación, de manera u otra, pertenecemos a ese grupo. Voy a poner mi ejemplo porque soy parte de ellos: mi animado Todo por Carlitos lo realicé yo solo en cuanto a todo el trabajo que lleva un producto audiovisual, en este caso de animación, sin un solo centavo de producción, ayudado por cinco buenos amigos en cuanto a edición y actuación de voces, sentado frente a una PC Pentium 4 de bajo hardware y dibujando con el mouse. Y fue considerado por la crítica cinematográfica del país como el mejor animado del año 2006. Un animado que no financió ninguna institución nacional. Como yo, hay otros locos que hacen audiovisuales de ficción y documental con una cámara digital doméstica. Ya se podrá imaginar si somos o no somos superhéroes del cine los jóvenes de hoy en Cuba.

 

Aram Vidal: Cuba es un país con tradición de cine, de los años 60 hacia acá existió una producción bastante continua, con momentos de crisis pero sin que se dejara de producir ficción o documentales. Por lo tanto, siempre han existido realizadores, algunos de formación autodidacta y otros egresados de la escuela de cine de San Antonio de los Baños, o más recientemente de la facultad de medios audiovisuales del Instituto Superior de Arte. No es una novedad que existan jóvenes interesados en hacer cine en Cuba, más bien es una continuidad de esa larga tradición del cine cubano unido a la existencia de una educación generalizada. Lo que es distinto tal vez es el contexto en el cual vivimos y el modo en el que los estamos produciendo.

 

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