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Aram Vidal  

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"Cuba está cambiando y seguirá cambiando, y el cine cubano va a seguir allí, mostrando esos cambios y formando parte de ellos" - Aram Vidal
 

 

3. ¿Cómo ve usted las perspectivas de los realizadores emergentes cubanos en el futuro? ¿Qué cree que podrían aportar al desarrollo del cine y del audiovisual en general en su país? ¿Qué podrían aportar, bien sea a través de la cooperación, como ejemplo de otras posibilidades de hacer cine o en cualquier otro sentido, a los realizadores de América Latina y otras naciones?

 

Carlos Barba: Lo principal, a mi modo de ver, que podríamos aportar los realizadores cubanos del momento actual en mi país, es el deseo tan grande de hacer cine, sea como fuere, yo creo que los jóvenes cineastas cubanos, en ese aspecto sí somos muy persistentes y con muy pocos recursos estamos dispuestos a hacer mucho. Un poco lo que predica el maestro Solás con su Festival Internacional del Cine Pobre que se celebra todos los años en Gibara, Holguín, Cuba.

 

Conozco de casos que se han expresado en Cuba animando imágenes desde una cámara digital de fotos fijas, hasta otros que han realizado un mediometraje con 400 dólares. Y si te hablo de la revolución que ahora mismo hay en la animación, me refiero a los dibujos animados, tanto realizadores independientes como los que están vinculados a los Estudios de Animación del Icaic, el trabajo que están desarrollando es impresionante. En fin, qué mejor ejemplo que estos, realizar nuestros filmes y que el guión de nuestros sueños, no se quede engavetado. La industria del cine y otras entidades están apostando por los jóvenes en todos los frentes: dirección, guionistas, asistentes de dirección y un largo etc.; hay un nivel de confianza en nosotros y eso es además un incentivo. Y cuando no ocurre así, cuando los proyectos son rechazados, entonces salimos a buscar otras propuestas de producción, es decir que no nos quedamos con los brazos cruzados. Tal vez te pueda parecer un poco general lo que ahora mismo te he expuesto, y puedas pensar si conozco a todos los realizadores del país y sé cómo piensan. Bueno, no los conozco a todos, pero si te hablo en nombre de la grande familia que es el cine, y por lo que transmiten las obras cuando las ves proyectadas en la pantalla grande o en la televisión.

 

El cine para mi es vida. Es el legado que puedes dejar, es lo que queda perpetuamente, y por eso luchamos los que amamos y respiramos cine.

 

Javier Cepero: ¿Cómo ve usted las perspectivas de los realizadores emergentes cubanos en el futuro? Dará mucho de que hablar. Hasta ahora todavía se depende mucho de instituciones estatales para que un proyecto se haga realidad, permisos para  firmar en ciertos lugares, muchas veces por “seguridad nacional”, de un poder adquisitivo mayor. Aunque con un Mini DV se puedan hacer cosas increíbles y de echo se han hecho y se seguirán haciendo, se necesitan también luces por ejemplo. El talento está y probado.

 

¿Qué cree que podrían aportar al desarrollo del cine y del audiovisual en general en su país? Esta pregunta tiene que ver mucho con la anterior. Frescura. Mayor apertura al mundo. Que no venga nadie del exterior a hacer, por ejemplo, un documental sobre Buena Vista Social Club. No digo que eso esté mal, ellos se adelantaron. Ahora, yo supe de Buena Vista Social Club por ellos. ¿Qué? ¿No se sabia de BVSC aquí? A eso me refiero.

 

Erpiromundo de Ernesto Piña  

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¿Qué podrían aportar, bien sea a través de la cooperación, como ejemplo de otras posibilidades de hacer cine o en cualquier otro sentido, a los realizadores de América Latina y otras naciones? Mucho, eso mismo de otras posibilidades de hacer cine. Al Cubano se le conoce por su inventiva, de cómo salen de problemas así como así, sin nadie esperárselo, y eso de hacer cine, muchas veces muy bueno, y muchas veces con nada podría ser un gran aporte. Yo he hecho un solo trabajo y pasé por mucho, imagínese los que ya tienen varios y siguen en el underground. Esos son los que de verdad podrían aportar a los novísimos realizadores de las capas más  pobres de Latinoamérica y del primer mundo, que si no es con una cámara de última generación y un buen editor (software) las polillas le comen los proyectos. Claro no a todos, y eso gracias a Festivales como nuestra Muestra.

 

Marcelo Martín: Los realizadores jóvenes son, evidentemente, el futuro del cine cubano. Serán grandes cineastas los que su talento y afán les permitan llegar. El cine cubano va a cambiar porque cada vez son más miradas las que se imponen. La diversidad temática y formal demuestran que un cine más rico, no económicamente, hablo de forma y contenido, es necesario para nuestra industria y nuestra sociedad. Se evidencia cada vez más la necesidad de expresarse, de representarse, de existir. Ojalá nuestro cine no sea sólo el cine que se produce en Cuba, sino el cine que se produce en América. Pienso que las ganas de decir y hacer no sólo existen en los cubanos, que en toda América, en todo el mundo siempre hay quien quiera decir, criticar (para bien), mostrar y cuestionar realidades adversas y hacer verdaderas obras de arte.

 

Ernesto Piña: Las perspectivas son en dependencia. Algunos que, como yo, han entrado en la Industria del Cine en Cuba, después de haber sido reconocidos por la institución por la calidad de su obra, pueden tener perspectivas de desarrollo de su trabajo desde lo que implica laborar para una industria: promoción, distribución y más reconocimientos. Por supuesto, eso es si el proyecto que se proponga es del interés de la casa productora, en este caso el Icaic. Otros que han tenido la suerte de ser reconocidos desde sus posiciones semi-ermitañas, también pueden continuar con esos méritos. Hay que tener en cuenta, que en el caso de Cuba, el Icaic es la institución por excelencia de este medio, y la misma desde hace siete años, está promoviendo el cine joven en un espacio que bautizaron como La Muestra de Jóvenes Realizadores, que se celebra desde el año 2000 a finales de febrero de todos los años. Se dieron cuenta de que el cine que se estaba haciendo en los marcos oficiales era insuficiente para la cultura cubana, y la industria resolvió todo con La Muestra, que ha devenido un buen espacio para la difusión de la obra audiovisual de los que se inician en el medio. A todos nos parece que hace falta más, que el cine joven no se puede quedar solamente en una muestra una vez al año, porque el mismo tiene mucha fuerza y su calidad estético-conceptual aumenta cada día.

Existen otros eventos de cine por todo el país, pero los jóvenes realizadores, fuera de los marcos de la institución, no tienen más perspectivas. En la televisión ni soñarlo, en ese medio existen muchos prejuicios y son muy censores. Aquí no existe otra manera que integrarse a los diferentes eventos de cine para lograr alguna promoción y reconocimiento. Y lo otro que queda es realizar una obra audiovisual, con la firme convicción de que no va a haber presupuestos económicos (con las consecuencias que eso implica) y sabiendo que la única manera de distribución y proyección es de forma casera para la familia y los amigos.
 

XXXX años después  de Aram Vidal  

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Si no se hace un proyecto que sea del interés de la institución a la que se le presenta para buscar presupuesto. Olvídelo, no hay oportunidad. Este conflicto siempre va a existir entre el creador y los productores. De ahí el problema de que si el cine de los jóvenes cubanos de ahora está muy ligado a las artes plásticas, porque las ideas que desarrollan son muy desprejuiciadas y muy representativas de la realidad. Súmele también el autofinanciamiento como siempre ha sucedido con los artistas que hacen pintura, grabado, escultura, diseño, etc. Pienso que todo de alguna manera está conspirando para que esto se convierta en un buen aporte para el desarrollo del cine cubano, porque el cine es arte y por ende una manera de expresar. Con más razón no hay que encasillarlo solamente a su
lenguaje propio. Con inteligencia lo que hay que hacer es aprovechar su esencia y transformarla en conveniencia de la idea a realizar. Hay mucha gente en el mundo haciendo cine de muchas formas, entre ellos el artista Mathew Barney, por ejemplo, que hace cine vinculado al performance. Este es el caso de un artista que puede financiar sus películas de alto presupuesto (lo que comentaba sobre el autofinanciamento en las artes plásticas), pero por acá con un mínimo de recursos tecnológicos y con presupuestos artísticos interesantes hacemos cosas de mucho mérito. No por gusto han trascendido.
 
Hay mucho talento joven en Latinoamérica y en el mundo en general. Me parece que el aporte que pudiéramos dar es en cuestiones de experiencia. Desde mi posición lo que puedo aconsejar a los realizadores en el mundo es: 1- nunca renuncien a su sueño de hacer lo que desean desde el punto de vista artístico, 2- tampoco renuncien a ofertas por encargo que puedan desarrollarlos como artistas, porque la experiencia es importante para nuestra carrera, y 3- la libertad en la creación artística es primordial pero siempre respeten al público, porque ellos son los que completan el valor que la obra tiene desde que nace. 

 

Aram Vidal: Del futuro últimamente trato de no hablar mucho, porque es difícil no hacerlo sin equivocarse. Te hablaré del presente que es un tipo de futuro que llega más deprisa. Cuba está cambiando y seguirá cambiando, y el cine cubano va a seguir allí, mostrando esos cambios y formando parte de ellos en su sentido más amplio. Creo que el reto más grande es que ese cine cubano no deje de existir, que siga siendo parte de nuestra cultura, que siga siendo testigo y parte de nuestra existencia, de nuestros sueños, de nuestro modo de entender la vida y de confundirnos también. El cine es parte de la voz de una nación, y no importa qué idioma usemos ni qué digamos, lo importante es no quedar en silencio.

 

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