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artículo
Cine libre Nuestroamericano
Desconocemos
todavía el alcance de los desgarramientos y quiebres irreversibles que
nos han producido tanto siglos de imperialismo y colonización. Sin
embargo tenemos mucho más que huellas de ello a lo largo y ancho de
nuestros pueblos y naciones, de cultura tantas veces desterrada,
enjaulada, sometida, vilipendiada pero siempre cargada de un halo
invencible de resistencia. Hoy quisiera comentar el caso de nuestro
idioma cinematográfico, una lengua desarrollada, excelsa,
multimillonaria en contenidos pero empobrecida en grafismos. Es
necesario a estas alturas recordar que muchos ya anteriormente
detectaron esta preocupación como algo insostenible y procuraron
diferentes métodos, signos y estéticas de liberación.
Nuestro cine Latinoamericano es un eufemismo.
Nacemos con un cine extranjero, espejo de una clase dominante que se
mantiene, hecho en nuestras tierras y para nuestra gente pero sin
contarnos. Superamos en cierta forma este anquilosamiento a partir de
los años 50 desde Vidas secas de Pereira dos Santos, el Cinema
Novo de Brasil, la escuela de Santa Fé, el grupo Cine Liberación y el
Cine la Base en Argentina, las teorías del Grupo Ukamau en Bolivia...,
despertaron parejos a los movimientos crecientes de liberación que se
sucedían de manera cíclica en nuestro continente, siendo en este sentido
la Revolución Cubana la punta de lanza en este amanecer. Parece que una
serie de cineastas, luchadores, independentistas, revolucionarios, se
aferraron a la idea de la plasmación de una realidad Latinoamericana,
utilizando la imagen como medio de autorreconocimiento. En estos años
nuestro cine estaba viviendo una etapa de compromiso con la vida y con
el pueblo. La miseria, el hambre, los retorcijones de capitalismo eran
enfrentados desde diversas perspectivas cinematográficas, el auge del
documental fue significativo, las arrugas de nuestra realidad se
exponían por primera vez en el escaparate, esta exhibición fue
considerada imprescindible por estos artistas, que subvertían el poder
dominante del lujo y las estrellas, con películas de bajo presupuesto y
mucho sudor, que comenzaban a describir la historia de Nuestra América.
Como en una macabra
rueda de dominó, la represión, el exilio y la muerte devastaron a una
generación de impetuosos jóvenes que defendieron esa ola de creación
autóctona. El sometimiento se implantó de la forma más violenta, la era
de la globalización silenciaba nuevamente las voces y expresiones del
pueblo Latinoamericano, los nuevos modelos mucho más sutiles y acabados
decretan nuestro cine muerto en grandes mercados internacionales, las
devastadoras sumas se transforman en signos y expresiones con sello
nacional.
Como en una
secuencia estética, del sueño de Glauber Rocha, nuestro continente gira
nuevamente, es preciso tomar conciencia de los intereses del poder
dominante con la imagen, la versión cinematográfica de nuestro pueblo ha
de resistir a las imposiciones extranjeras. Veamos y filmemos una
película reflejo, incentivemos la proliferación de la memoria. Tenemos
los instrumentos para reconocernos.
Ana Laura Pereira
mujerhabitada@gmail.com |