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conferencias

Emir Kusturica

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"En los setenta y en los ochenta el cine combinaba elementos de seriedad y entretenimiento. Las cosas no han cambiado tanto como para que eso no sea posible"
 

 

—¿Qué dificultades encontró para comenzar a hacer películas?

 

—Fui muy afortunado. Cuando regresé de Praga, al terminar la escuela en la República Checa, había una gran necesidad de gente que comenzara a hacer películas, así que nunca tuve que pasar por la pesadilla que atraviesan los jóvenes cuando van a hacer sus primeros filmes. Mi primera película, aunque hice dos para la televisión antes, salió muy fácilmente. Desde el comienzo tuve la fortuna de darme cuenta de que mi cine tenía que tener mucho que ver con mi experiencia personal.

 

—¿Qué recomienza usted para encontrar la manera de expresar lo que uno es en el cine?

 

—Creo que esta es una buena época para buscar lo personal en el cine, porque hay mucho más acceso a la técnica que el que tuvimos nosotros. El buen ambiente, la buena época hacen el buen cine, y ese ambiente puede ser encontrado por ti.

 

—¿Considera sus películas neuróticas, psicóticas, coherentes o las tres cosas a la vez?

 

—Son narcóticas. Simplemente, energéticas.

 

—¿Cuál considera su mejor obra?

 

—La película que no he terminado.

 

—¿Qué le ha llevado del cine a la música?

 

—El cine y la música son los medios más cercanos. Federico Fellini lo decía: no sabía dónde terminaba la música y continuaba el cine. Muy frecuentemente estamos en el escenario, tocando música, y mis películas se proyectan en mi memoria activa. Si piensas con seriedad sobre el cine, te darás cuenta de que el tempo y el ritmo son algo que tiene su fundamento en la música.

 

—¿Se considera cineasta o músico?

 

—Un cineasta muy musical.

 

—Aparte de Taxi Driver, ¿qué otras películas o directores le influyeron?

 

—Muchas, muchas películas fantásticas. Son tantos grandes filmes, comenzando por Jean Renoir, Andrei Tarkovski, Fellini, Luchino Visconti, Martin Scorsese, Milos Forman. Muchas, muchas buenas películas de todo el mundo. Es por eso por lo que tenemos que luchar, por continuar haciendo películas como esas.

 

—Para nosotros, los de las nuevas generaciones, los directores que nombra son de la vieja escuela. ¿Hay alguno más contemporáneo que esté haciendo cosas que le parezcan interesantes?

 

—Está este tipo estadounidense, Anderson, Paul Thomas Anderson. Creo que es un buen director. El problema hoy es que el mundo se está haciendo más grande y el número de buenos directores también, pero no los contratan. No se crean ambientes que les den la oportunidad de ser tan buenos como son en realidad.

 

Underground

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—Usted fue muy criticado por Underground. Quisiera saber cuál es su posición en ese filme y por qué fue juzgado así por la crítica mundial.

 

—¿Cuándo?

 

—Estuvimos buscando en Internet, y dicen que fue criticado.

 

—Eso es propaganda.

 

—¿Cuál es su posición sobre Yugoslavia en esa película?

 

—Ese filme es sobre ambientes en los que una gente puede hacer que otros crean los que ellos quieren que crean, y es más sobre la actualidad que sobre el pasado. Por eso es que dijeron que era una mala película. Porque no sirve a ese propósito.

 

—A mí, en cambio, me gustó la película...

 

—O sea, que no eres como la Wikipedia.

 

—Creo que el sótano es una metáfora del socialismo. ¿Qué lección puede darlos el ejemplo yugoslavo para no terminar viviendo en un sótano en Venezuela?

 

—Estás confundiendo dos cosas. Es una crítica del bolchevismo, no del socialismo.

 

—Me refería al socialismo bolchevique.

 

—Yugoslavia fue un experimento muy especial. Es un territorio que está en el límite entre dos mundos. Ha sido así desde la época del Imperio Romano. Yugoslavia se formó cuando las potencias del Este y el Oeste creyeron que sería bueno tener un airbag histórico allí. Parece que ahora esa historia está llegando a su fin.

 

—Yo sólo he visto una película suya, Arizona Dream. Ya que critica a Hollywood, quisiera saber qué representó para usted filmar esta película con grandes actores estadounidenses y qué piensa de ella. ¿Cree que forma parte de usted?

 

—Es una película francesa. Tengo muy buenos recuerdos de mi trabajo con Johnny Depp, con Lili Taylor y con Jerry Lewis, que era mi héroe de juventud. Esa película representa el antibiótico que debía tomar para resistir la posibilidad de convertirme en un director de cine de la industria. Me da lástima haber trabajado con gente como Vincent Gallo, pero no demasiada.

 

—¿Haría otra película con Johnny Depp?

 

—Si tuviera la oportunidad de volver a hacer una película con Johnny Depp la haría con gusto. Creo que el cine que ha hecho no ha cambiado su personalidad.

 

—Su más reciente película, que no ha sido exhibida en Venezuela, es sobre un anciano que busca desesperadamente que su nieto consiga una mujer para estabilizar su vida. ¿Es una metáfora de lo que sucede hoy en el mundo?

 

—Yo lo relaciono con mi forma personal de ver las diferencias entre los pueblos y las ciudades.

 

—¿Todavía piensa filmar Cien años de soledad?

 

—Tuve una vez la idea, pero de una manera u otra no prosperó. Quizás haya sido mejor así. A veces es mejor para que la buena literatura se quede en los libros y cada quien pueda imaginarla a su manera.

 

—¿Por qué en sus películas siempre hay gansos, vacas, etcétera? ¿Son símbolos?

 

—No se trata de símbolos sino de utilería.

 

—¿Cómo ha sido su trabajo con actores no profesionales?

 

—Muy bueno, porque con ellos siempre hay dificultad para que hagan lo correcto en el set pero no pierdes la espontaneidad, que se pierde mucho en el caso de los profesionales.

 

—¿Ha trabajado con estudiantes de cine?

 

—Eso es diferente, sabes. El problema con los actores es que siempre tratan de poner la película en su lado egoísta. También puede ser paranoia mía. Con estudiantes jóvenes es mucho más fácil, porque todavía no han perfeccionado la técnica para ser egoístas.

 

Arizona Dream

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—¿Cuáles son las técnicas que utiliza con los actores?

 

—La cámara es la medida en ambos casos, y el espacio que invades con ella. Es una cuestión de imponer un tempo en cada toma y un ritmo en la totalidad. Los actores son corregidos por los mismos sentimientos que tienes como director. Las actuaciones falsas son registradas por el oído, cuando no por la forma como las expresiones lucen en la pantalla. Por tanto, es tu musicalidad la que detecta lo bueno y lo malo. 

 

—Los cineastas venezolanos están luchando por reformar la Ley de Cine para que las películas nacionales tengan más cabida en la televisión. ¿Apoya usted esta causa?

 

—Ciertamente que sí. Incrementar el número de películas que tratan de la gente que vive en el país donde se hacen es algo que siempre respaldaré porque promueve lo local. Es algo muy importante hoy, debido al proceso de globalización, fortalecer el poder local. Estoy a favor de eso. Hoy gran parte del cine es creado por la cantidad, no por la calidad, y creo que esa idea contribuiría a que tengamos un cine de calidad, no de cantidad.

 

—Hace poco un cineasta venezolano dijo que su película no tenía nada que decir, que era simplemente entretenimiento. ¿Usted cree que puede hacerse una película así?

 

—El entretenimiento no es una cosa en contra de la cual esté. En los setenta y los ochenta, el cine combinaba elementos de seriedad y entretenimiento, y hoy ocurre que las dos cosas están separadas. La mayoría de las veces, cuando la película es muy entretenida, es muy estúpida, y cuando son serias, son demasiado serias. Es por eso que siempre recuerdo el cine de los setenta y ochenta, y estoy convencido de que los tiempos no han cambiado tanto como para creer que combinar seriedad y entretenimiento no sea posible hoy. El problema es que los escenarios sociales de hoy sedientos y hambrientos de lo que causa shock y cosas parecidas, y es por eso que sirven en el menú ese tipo de cine. Muchas veces he escuchado que en los grandes estudios de Hollywood los presidentes de las compañías se quejan de que sobre su escritorio tienen demasiados guiones buenos. Si les preguntan “¿Por qué no hacer esta película si tiene un buen guión?”, la respuesta es: “Nadie iría a verla”. Cuando pienso en los setenta o en los ochenta, creo que cualquier filme podía abordar, a través del entretenimiento, aspectos existenciales muy serios de la vida humana.

 

—Usted critica la propaganda en el cine. ¿Qué piensa de ella cuando busca enaltecer un héroe?

 

—Recuerden que Serguei Eisenstein era un director de propaganda, Vsevolod Pudovkin. Los grandes directores soviéticos rusos hicieron películas fantásticas en nombre de la propaganda. La propaganda es algo inevitable en la vida humana, y hay ejemplos de buenas películas de propaganda. Pero cuando la propaganda se convierte en la única manera que tiene uno de expresarse, eso no es bueno.

 

—Usted habla de luchar contra el cine de entretenimiento de Hollywood. ¿Cómo podemos contribuir a esa lucha?

 

—Mediante el fortalecimiento de la originalidad de sus ideas; mediante el poder de reconocer que la originalidad de sus ideas es más poderosa que las que les son servidas desde el exterior, y con la ayuda de un gobierno que reconozca esto que estoy diciendo.

 

—Dijo que haría una película sobre Pancho Villa, si tuviera que filmar en Venezuela. ¿Cómo conecta ese personaje con el proceso revolucionario del país?

 

—Los conecto, pero hay una gran diferencia entre las épocas. Pienso de una manera muy hipotética en hacer una película sobre Pancho Villa en este país. Pero eso no significa que no pueda pasar aquí. Fue para demostrar cómo en los Balcanes podemos estar conectados, no sólo por el fútbol sino también por la forma de ver la revolución.

 

—Si hiciera la película en Caracas...

 

—No me refería a Caracas, me refería a Venezuela.

 

—¿Qué destacaría?

 

—Las mujeres.

 

—¿Cuál es la diferencia que percibe entre la Venezuela que visita hoy y la que conoció la primera vez que vino al país?

 

—La diferencia es grande. La primera vez que vine no estaba Chávez.

 

Gato negro, gato blanco

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—¿Conoce algo de la música venezolana?

 

—La última vez que vine estuvimos en muchos bares escuchando salsa. No te lo tomes a mal, pero vivimos en un mundo grande. Debería saber más sobre la música y el cine de Venezuela. Pero es simplemente imposible en el mundo hiperconectado en que vivimos, en el que decenas de miles de películas son producidas cada año. Simplemente, pierdes las perspectivas.

 

—¿Qué piensa usted de la piratería?

 

—La piratería es una necesidad de la gente pobre. Eso no significa que yo sea un pirata.

 

—Se ha dicho que la religión es el opio del pueblo. ¿Cuál es su posición al respecto, ya que es importante en sus películas y ha sido una de las causas de la guerra en Bosnia?

 

—No creo que la religión sea la causa de la guerra. La religión es una parte muy compleja de la mente humana. Son los usos equivocados de la religión, el uso político de la religión. Hay un gran filósofo francés, Pascal, que dijo: “Dios es tan grande que podría darse la comodidad y el lujo de no existir”.

 

—¿Hay algún error que haya cometido y del cual esté arrepentido, o algún defecto recurrente que considera que tiene su personalidad?

 

—¿Mi lado malo? Ya les dije antes: “Dios es tan grande”... Hay muchos aspectos de mí que odio. Pero, cuando has vivido tanto, y yo tengo 53 años de edad, te acostumbras. Freud da la mejor definición de nosotros: la mayor tarea de la personalidad es lograr un compromiso entre el lado bueno y el lado malo de ti. Pero para eso debes identificar cuál es tu lado malo. Hablando de mí, muy frecuentemente, antes de pensar con calma en algunas provocaciones, reacciono. No me doy la oportunidad de contar hasta 100 para reaccionar a ciertas provocaciones. Creo que eso no es bueno, porque, si lo haces muy frecuentemente, una vez tras otra, puedes volverte muy arrogante, lo cual no es mi intención. Otra cosa mala es que, cuando me pregunto si podría matar a un hombre, me digo que sí podría matarlo si me ataca a mí o a mi familia, pero no estoy muy seguro de si pudiera hacerlo o no. Lo peor que sé de mí es que no recuerdo muy bien los nombres de la gente.

 

—¿Hay alguien a quien quisiera pedirle disculpas?

 

—Es una buena pregunta. Hay muchas personas, pero no voy a revelarte el secreto.

 

—¿Qué piensa de Europa y sus políticas en este momento? ¿Ve usted alternativas de resistencia allá, y de producción cinematográfica en ese sentido?

 

—Creo que América Latina tiene muchas mejores condiciones. Al haber rechazado el ALCA, por ejemplo. Estoy muy de acuerdo con esa decisión. La Unión Europea no está yendo en la dirección que esperábamos, y si me preguntan si estoy satisfecho, ¿cómo voy a estarlo si muchos países europeos reconocieron a Kosovo como un estado independiente mientras que en América Latina hubo sólo uno que lo hizo?

 

—¿Piensa hacer una película sobre lo que pasa en Kosovo?

 

—Algún día probablemente sí.

 

—¿Cómo va el proyecto de la película sobre Maradona?

 

Maradona está terminada, después de dos años y medio, y será presentada muy pronto en Europa... y aquí también.

 

—¿Cuál es su próximo proyecto?

 

—Comienzo el lunes a actuar en una película francesa que se titula Farewell. Sólo es parte de mi interés en extender mi actividad. No es mi deseo ser actor.

 
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