entrevista
"Pienso que hay un compromiso
de la gente que hace cine y que debe ser siempre contar una buena
historia"
Javier Corcuera es limeño. Sin embargo, reside en
Madrid, ciudad española desde donde ha podido desarrollar su carrera como
documentalista. Su filmografía comprende trabajos como La espalda del
mundo (2000), tres historias desarrolladas entre Perú, Turquía y Estados
Unidos, y que sirven para retratar unos personajes olvidados por la
sociedad, el cual en el año 2000 se hizo merecedor del Premio Internacional
de la Crítica en el Festival de San Sebastián. También están entre sus
películas La guerrilla de la memoria (2002), el segmento "Las hijas
de Belén" de la realización colectiva En el mundo a cada rato (2004)
y, más recientemente, Invisibles (2007), otro documental colectivo en
el que igualmente participan Wim Wenders, Fernando León de Aranoa, Isabel
Coixet y Mariano Barroso, bajo la producción de Javier Bardem y la ONG
Médicos sin Fronteras. Corcuera aportó a este filme el segmento "La voz de
las piedras", sobre los civiles desplazados por la guerra en Colombia.
Invisibles se exhibió en mayo en Caracas, en la inauguración del III
Festival Internacional de Documentales, y volvió a ser proyectada el 12 de
este mes en la Cinemateca Nacional.
Corcuera estuvo un par
de días en el país, y tuvimos la oportunidad de conversar con él sobre
su experiencia en su más reciente producción, así como sobre sus
proyectos.
—¿Qué tal la experiencia de participar
en Invisibles, trabajo en el que compartes créditos con otros
directores relevantes y que además cuenta con la producción del actor
Javier Bardem?
—El actor Javier Bardem, ahora
productor, me llama por teléfono y me brinda la oportunidad de rodar
una historia en América Latina, específicamente en Colombia.
Inmediatamente acepté porque me pareció una buena idea. Me gustó la
directora que había escogido, y me entusiasmó tener que trabajar con él,
quien resultó ser, a parte de un gran actor, un gran productor. Pero la
motivación principal es que se trata de una historia silenciada,
invisible. Dentro del cine que me interesa hacer se encuentra llevar a
la pantalla historias de este tipo, las cuales la mayoría de las veces
no llegan a ella.
—Hablamos de una película donde también
tiene participación una ONG como es Médicos Sin Fronteras, la cual tiene
ciertos fines. ¿Llegó a fijar algunas condiciones en la elección de los
temas? ¿Cómo fue la intervención de la misma?
—Javier y Médicos Sin Frontera hicieron
una investigación y nos entregaron 10 temas, de ahí escogimos 5, y yo
elegí Colombia. Teníamos muchas alternativas que escogimos libremente.
No hubo ningún tipo de control de contenido. Cada quien puedo escoger el
género, cada uno desde su mirada, y el productor respetó eso.
—¿Por qué escogiste en particular la
historia de una comunidad de desplazados en Colombia?
—Porque es una de las que se desarrolla
en América Latina, porque soy latinoamericano. Me interesó Colombia
porque se cuenta muy mal y muy poco, cuando se difunde, lo que pasa en
ese país con los desplazados.
—¿Qué otros temas te habían propuesto?
—Había uno que hablaba de Chechenia,
todos sobre conflictos solidarios. Pero de Latinoamérica sólo estaba el
problema de los desplazados colombianos y el Chagas en Bolivia.
—¿Cuál es el principal aporte de
Invisibles?
—Intentar que dejen de ser invisibles en
la pantalla, y por un momento, los protagonistas de la película. Este
filme ha tenido una utilidad importante, y en el caso concreto de
Colombia, es una garantía para que los personajes que vivieron esta
situación no vuelvan a pasar por lo mismo, para que sepan que hay gente
que está con ellos, pues la película los sacó del anonimato.
—Vives en España pero eres peruano. ¿En
Perú también hay historias que merecen dejar de ser invisibles?
—En Perú hay mucha gente invisible, se
habla muy poco de la realidad y es un país con muchos problemas. Yo he
rodado dos veces allá, una con La espalda del mundo y otra con
En el medio a cada rato. En este último contaba la historia de
unas niñas invisibles en el barrio de Belén.
—¿Alguna anécdota en particular con
Invisibles?
—El haber conocido gente tan valiente,
maravillosa y fuerte. De Luscena, a quien le mataron a su papá, su
hermano, sus amigos, y su mejor amiga, que se la entregaron
descuartizada en bolsas. Me costaba creer que sacara fuerzas para vivir
y volver a la comunidad con el fin de no dejarse derrotar.
—¿Crees que con el documental, género en
el que te has desenvuelto, difundir situaciones extremas, es una forma
de aportar tu granito de arena para generar un cambio en la visión del
mundo?
—El documental puede dar información de
una manera más profunda, puede invitar a la reflexión de algunas
realidades, puede acercarnos a la gente que vive situaciones que
desconocemos. Me interesa contar estas historias. Pienso que hay un
compromiso de la gente que hace cine y que debe ser siempre contar una
buena historia.
—¿Piensas adentrarte alguna vez en la
ficción?
—Hay historias que se cuentan bien desde
el documental y otras desde la ficción, como también existen las que
exploran ambos lados. Yo trabajo haciendo documental, pero si mi
historia me pide que sea contada de otra manera, pues no descarto nada.
—En La espalda del mundo filmas
en el corredor de la muerte en Texas, en Invierno en Bagdad vas
a una zona de guerra, en Invisibles te adentras a una comunidad
castigada por los paramilitares y el Ejército colombiano. ¿Cómo lograste
rodar en estos lugares tan difíciles?
—Son rodajes complicados y no son
lugares ideales para hacer películas. Pero si trabajas con la gente y el
equipo adecuado, todo se facilita. Los protagonistas también ayudan
mucho.
—Con tantos años de experiencia y unos
cuantos documentales a cuestas, ¿cuál ha sido tu principal
descubrimiento personal?
—He aprendido mucho. Han sido
experiencias de vida muy importantes conocer estas personas con las que
he trabajado, las cuales han pasado situaciones tan límites como las del
corredor de la muerte en Texas o como las víctimas de Bagdad, momentos
tan duros y difíciles que no han conseguido derrotarlos. Somos personas
diferentes cada vez que acabamos una película. Las víctimas no son
victimas, son luchadores. También hay historias de dignidad muy fuertes.
En cada película sembramos relaciones de amistad para toda la vida con
los protagonistas.
—¿Crees que el documental ha ganado en
la actualidad un mayor espacio?
—Se está haciendo mejor cine documental
y se está luchando con la mala fama del mismo en cuanto a que es un cine
de minoría. La situación ha cambiado. La gente está viendo buenos y
malos filmes, los cuales tienen repercusión en ellos y se genera un
espacio de reflexión.
—¿Cómo ves el cine latinoamericano?
—Me gusta, creo que se está haciendo
buen cine, aunque continúan los mismos problemas de siempre. Hay un
relevo generacional importante, y buenas películas, como Qué tan
lejos de la ecuatoriana Tania Hermida.
—Cómo extranjero, ¿qué opinión te merece
la experiencia venezolana de la creación de una Villa del Cine, de una
distribuidora nacional, de una mayor producción…?
—Creo que hay un apoyo importante. se
están haciendo cosas en la Villa del Cine, se están produciendo óperas
primas, hay una voluntad de hacer filmes y un apoyo público. También
hace falta un gran festival de cine latinoamericano en Venezuela, y que
el mismo se convierta en un referente y punto de encuentro importante
para cineastas del continente.
—¿Qué proyectos tienes en la actualidad?
—Me encuentro en la preparación de un
par de películas. Ando en la etapa de guión e investigación. Sin
embargo, creo que me inclinaré a realizar una sobre el Sahara, acerca de
un campo de refugiados saharauis, en
Argelia.
Laura Vogel |