 |
entrevista
"Esta
película es sobre el Benny que fue, pero que también pudo haber sido"
El Benny,
una película cubana coescrita y dirigida por Jorge Luis Sánchez e interpretada por Renny Arozarena
en el papel del protagonista, se exhibe desde hace dos semanas en salas de
cine en Venezuela. El atractivo
del filme se deriva a primera vista de que se trata de una cinta sobre Benny Moré, uno
de los artistas más destacados de la música de la isla en todos los tiempos,
pero también a
que es una cinta de una esmerada aunque austera reconstrucción histórica, bien fotografiada en
cinemascope, con un cuidadoso trabajo de color para marcar el paso del
tiempo, una impecable reelaboración de la música
de los años cincuenta y un sonido que no cabía ni siquiera soñar en la
época del cantante. Las grabaciones se hicieron en los Estudios Abdala, en
Cuba, y en el estudio del Instituto Cubano de Arte e Industria
Cinematográficos (Icaic).
El filme no
es una biopic tal como las que ha acuñado Hollywood. Renuncia por completo a
la tarea de contar toda la vida del artista y opta por distanciarse de
las trilladas fórmulas para relatar el ascenso hacia el éxito y la posterior
caída, como es de rigor en las producciones del género en la industria estadounidense.
Prefiere darle más peso, en cambio, a cuestiones sociales relacionadas con
el funcionamiento de la industria de la música, por ejemplo, marcada siempre
por el abuso y las estafas cometidas contra los creadores, y a otras
miserias laborales de las estrellas del espectáculo.
Destaca El Benny, finalmente, por la interpretación de Arozarena, quien logró encarnar el
Benny Moré que pudo haber sido, como dice el director, a pesar de las
diferencias físicas con el personaje real y a través de un largo proceso que incluyó desde la pérdida de peso hasta aprender a bailar
como lo hacía el artista. Vértigo entrevistó
a Jorge Luis Sánchez para conocer un poco más de la película, la segunda
producción de Cuba que se estrena comercialmente en menos de un año en
el país.
—Usted ha dicho
que El Benny no es una película biográfica, o una “biopic”, como
se dice en el argot estadounidense. El trabajo con los géneros, sin
embargo, entre los cuales está la biopic, ha sido señalado como una
tendencia actual del cine cubano. ¿Por qué decidió distanciarse de ese
género?
—No creo que las
biopic formen parte de una tendencia actual en el cine cubano. Sobre mi
película, a mí no me incentivaba hacer una película ortodoxamente
biográfica sobre Benny Moré. No pocas de las biopic que he visto han
sido bastante light y como plagadas por una misma fórmula
dramatúrgica, en la que los contextos, que tanto modelan y definen a
cualquier mortal, casi siempre están escamoteados, no interesan. En el
caso de un genio musical como lo fue Benny, que no estudió música, le
suelen elogiar tanto este aspecto, lo cuál es cierto, que terminan
reduciéndolo a casi un animalito de gigantesca intuición. No sé si logré
distanciarme de ese género, pero sí me esforcé por zafarme de esa
mirada, con la modesta aspiración de que se entendiera mejor a un hombre
y sus circunstancias, colocándolo a él en el centro de determinadas y
complejas coyunturas sociales y políticas que le tocaron vivir. Manejé
una premisa. Esta película es sobre el Benny que fue, pero que también
pudo haber sido.
—¿Qué le llevó a
trabajar el tiempo de la manera como lo hizo en la película?
—Para mí el cine es
síntesis y selección. No es posible mostrar toda la vida de un hombre en
dos hora de película. El montaje, hecho por Manuel Iglesias, debía
entender esto.
—Recientemente
al menos dos películas cubanas se desarrollan entre los últimos años de
la dictadura de Batista y el comienzo de la revolución: una es El
Benny, otra La edad de la peseta, de Pavel Giroud. ¿A qué
atribuiría el interés por los acontecimientos de esa época y que tiene
de importante en particular para usted?
—Una coincidencia.
Últimamente el cine cubano no había ahondado en los años de la década
del cincuenta. No obstante que todas las décadas en Cuba se prestan para
hacer miles de filmes, musicalmente buena parte de los años de esa
década los lideró Benny.
—En la película
los cambios temporales y del campo a la ciudad están claramente marcados
en la fotografía. Cuénteme un poco de cómo hizo ese trabajo y cómo fue
el proceso técnico para alcanzar ese resultado.
— Esta película se
filmó en súper 35 mm. Luego se bajó a HD para hacer todos los
complejos procesos digitales de postproducción. Por último se subió
a 35 mm, cinemascope. Fue un extraordinario trabajo de mucho rigor por
parte del director de fotografía, José Manuel Riera.
—¿Por qué eligió
a Renny Arozarena para el papel de Benny Moré y cómo fue el trabajo con
él para que diera el personaje?
—Fue el único
actor, luego de muchísimos y agotadores casting, que me pareció más
adecuado para interpretar a Benny. Eso de cantar y proyectar un
determinado y convincente sentimiento no lo lograron otros. Finalmente
fueron dos años de apropiación del personaje, en los que, además de
estudiar todo lo escrito, ver el material fílmico que existe sobre Benny,
conocer a familiares y amigos, más hacer una rigurosa dieta, Isidro
Rolando, el coreógrafo, lo entrenó profesionalmente para lograr todos
esos movimientos que en Benny salían de forma orgánica, natural.
—¿Cómo
fue trabajo que se hizo con las grabaciones de Benny Moré y la música
creada para especialmente para la película?
—Toda la música que
Benny grabó fue hecha, en su momento, con sonido mono y estéreo, lo que
limitaba el uso de la tecnología actual del sonido en el cine, que ya va
por el conocido 5.1 y hasta 7.1. Es decir, que el sonido en la pantalla
sale por cinco o por siete lugares diferentes, envolviendo al espectador
en una ilusión de realidad. Por esa razón decidimos el productor Iohamil
Navarro, Juan Manuel Ceruto, el músico, y yo, que había que rehacer toda
esa música y hallar una voz de similar timbre, aspecto este que ya yo
había adelantado con Juan Manuel Villi, el cantante que finalmente puso
la voz. Sin agregar una nota musical, Ceruto hizo un trabajo
impresionante al transcribir todos los arreglos originales y dirigir
luego las ejecuciones, buscando todo el tiempo la fidelidad absoluta.
Este trabajo era decisivo, no tenía alternativas. O salía bien o no
había película.
—Actualmente el
cine cubano parece atravesar un buen período. Hay varios largometrajes
que se han hecho en los últimos años y otros tantos por estrenarse.
También está el fenómeno de los llamados nuevos realizadores cubanos.
¿Cómo percibe usted el escenario en este momento y cómo ve el futuro del
cine en Cuba en los próximos años?
— Percibo que la
producción se está levantando y que se ensancha el espacio en el que
participan las diferentes generaciones que hacen el cine cubano
actualmente, lo que debe redundar en una mayor diversidad temática,
expresiva y de puntos de vista.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |