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entrevista
"Lo
grandioso que tiene el cine es que te puede llevar hasta los
dinosaurios como te puede llevar hasta Marte, para arriba y para
abajo"
Ocho películas de José Castillo fueron estrenadas en la Cinemateca Nacional. Se trata de los cortos Vivir en libertad,
Cadenas, El paseo de Búster Keaton, Automovilismo,
Amor es..., Monos y monadas, 11-11 y El patito. En
conjunto son expresión de las principales técnicas a las que ha venido
recurriendo la producción sin cámara de este cineasta venezolano, cuya obra
se ha inspirado en Norman McLaren: dibujo sobre la película, en blanco y
negro y en color, y manipulación de material encontrado, que incluye desde
comerciales hasta fragmentos de noticieros y documentales.
José Castillo viene realizando filmes de este tipo desde 1975. Llamarlo “el
Norman McLaren venezolano”, además de un cliché, podría resultar acertado,
si se lo considera desde el punto de vista de las condiciones en las que ha
llevado adelante su obra. Castillo no ha contado con el sustento económico
ni la plataforma de producción de una institución como el National Film
Board de Canadá, en cuyo seno realizó casi todo su trabajo el director
escocés. De la independencia de toda institución, que por un lado pareciera
cuadrar muy bien con su personalidad, puesto que Castillo da la impresión de
ser una persona bastante alejada de las preocupaciones materiales, se
derivan también las limitaciones que son evidentes en buena parte de su
trabajo. Por ejemplo, él admite que no tiene una moviola, por lo que sólo
consigue ver el resultado de sus experimentos cuando le permiten proyectar
las cintas en una sala. Pero así como hay veces en las que el resultado del
ensayo se revela como precario sobre la pantalla, hay otras en las que ha
sido un completo éxito.
Moviéndose siempre en la delgada línea entre lo que no puede ser y lo que no
sólo es, sino que incluso sobresale, está siempre la obra de José Castillo
en el cine de animación, porque también es artista plástico y ha sido
cineasta amateur con cámara. Se diferencia de McLaren también porque en
algún momento quiso ser como Walt Disney y sus películas tienen personajes,
e incluso están dibujadas como si hubiera montaje. Pero admira a Disney por
el arte, y por su capacidad de cautivar a los niños, no por el dinero o la
fama. “Yo nunca quisiera ganarme un Oscar, porque yo no sé quién es Oscar”,
dice con aguda ironía. El creador de Mickey Mouse ganó 22 de esas
estatuillas a lo largo de su carrera. En cambio, así como McLaren celebró en
sus películas a Canadá, Castillo no ha dejado de hacerlo con Venezuela. “Lo
que preferiría sería ganar el Premio Manuel Trujillo Durán, porque yo sí sé
quién fue Manuel Trujillo Durán”, agrega. “Eso sí me interesa”.
—¿Cómo fue su asimilación de las técnicas de Norman McLaren?
—Yo
pertenecía a la asociación de cine amateur. Una noche pasé mi película
Conejín allí, y alguien dijo lo siguiente: la diferencia entre el
cine de Norman McLaren y el de José Castillo es que McLaren es abstracto
y Castillo es figurativo. McLaren tenía la idea de que en este tipo de
cine era muy difícil tener imágenes figurativas, y él se fue por la
imagen abstracta.
—¿Ha tratado también de dibujar la banda sonora?
—Sí.
—¿En
qué película?
—En
Amor es... Allí está dibujada la banda sonora. Pero, no sé lo que
sucede. Como este es un tipo de cine experimental, a pesar de que la
dibujé, no suena.
—Es interesante esa comparación entre McLaren y usted como
abstracto-figurativo. Pero, ¿cómo fue que se percató de las técnicas y
las incorporó a su trabajo?
—Yo
dije para mí: “Si McLaren lo hizo, yo también creo que lo puedo hacer”.
Yo, que había estudiado en la Escuela de Artes plásticas y era un
dibujante grande y de paisajes al óleo, cuando vi la cinta de celuloide,
cogí un pedacito de papel, del mismo tamaño, lo dividí en cuadritos, y
me puse a dibujar. Claro, fue difícil, porque yo estaba acostumbrado a
pintar en grande. Pero después fui logrando pintar en pequeño, y no
solamente en pequeño sino en secuencia. Además, cada lámina de celuloide
tamaño carta costaba, para 1970, más o menos 4,50 bolívares. Si tenía
que llenar 100 láminas me salían en 450 bolívares. Entonces fui a casa
de un amigo mío y le dije que estaba haciendo experimentos de dibujar
una película. Él me dijo: “Yo tengo un rollo de película ahí, que te
puedo regalar”. Me regaló el rollo de 35 mm, y yo sólo tenía que hacer
los cuadritos y dibujarla. Me regaló como 6 metros de película en
blanco. Después, cuando le enseñé lo que estaba haciendo, me dijo que
tenía un amigo que trabajaba en Tiuna Films que tenía un montón de
película que botaba. Fui a verlo, y me regaló 30 metros de película.
Manuel Socorro, que era el director de Tiuna Films, quedó impresionado
cuando vio Conejín. “¿Cómo hiciste eso?”, me preguntó, y me
regaló tres rollos. La llevé a Bolívar Films, y Luis Guillermo Villegas
la montó en la moviola y la vio. Después me dijo: “Está un poquito
rápida, pero es un dibujo animado”. Me preguntó cómo la hice, y cuando
le expliqué me dijo: “Usted sí tiene paciencia”.
—¿Qué
era lo que yo hacía? Estaba mi cama, y al lado tenía la mesa de dibujo.
Dibujaba y, si me pega un dolor de espalda, dejaba de dibujar, me
acostaba durante cinco minutos, hasta que se me quitaba, y seguía
dibujando. Así fui, poco a poco. Conejín me llevó 2 años hacerla
y dura 3 minutos. Hoy puedo hacer una película de tres minutos en un
mes.
—Me
di cuenta también de que con la plumilla fina podía dibujar más
personajes. En el fotograma, primero no hacía sino a Conejín y la
tortuga. Después llegué, en un determinado momento, a meter nueve
personajes. Lo que sucede es que, si metes nueve personajes en un
fotograma, hay que meterlos por lo menos en 24 cuadros. Eso es toda una
labor. Por eso lo mejor es resumir la historia en 2 personajes.
—¿Cómo fue el desarrollo de su trabajo con la técnica del found
footage, de la película encontrada?
—Con
una película en color me sucedió una cosa muy curiosa. No podía
dibujarla con tinta negra. Entonces se me ocurrió que, con un alfiler,
podía hacer un muñequito. De esa manera logré en La cueva
combinar la imagen de la película filmada con la imagen dibujada. Eso es
lo que había hecho Walt Disney en Mary Poppins. Pero él lo hizo
con acetatos grandes, mientras que yo lo hago en el 35 mm. En Dinamarca,
La cueva ganó el Premio Hans-Christian Andersen por la
combinación de la imagen impresionada con el dibujo. En la embajada me
dieron una caja como de 30 kilos, y resulta que tenía dentro un dragón
de bronce, imagínate tú.
—En La cueva utilizó negativos, ¿no?
—En
La cueva hay dos cosas. La película es en blanco y negro. Hay una
parte en que es transparente y en allí dibujé con tinta china, y en la
parte que no es transparente dibujé con tinta blanca. Entonces resulta
que hay una parte en que se ve a Conejín y a la tortuga en la cueva, y
la imagen es blanco sobre fondo negro, y hay imágenes de ellos en negro
sobre fondo blanco.
—La
película que más me gusta de todas las que usted ha hecho es Natura.
Es visualmente muy diferente. Hay color, por ejemplo, e incluso una
banda sonora que tiene sonidos de pájaros. ¿Cómo hizo Natura?
—Sucede lo siguiente. La Organización de Estados Americanos acogió una
proposición de una persona que les dijo que el canto de los pájaros de
la Amazonia venezolana debía recogerse en un disco. Entonces, un locutor
de radio y él se fueron a grabar esos pájaros, allí. Grabó en la selva
todo el canto de los pájaros de Amazonas y el Departamento de Cultura de
la OEA lo puso en un disco. A mí se me presentó un caso muy curioso. Yo
me puse a dibujar pájaros, guacamayos, todo eso, y puse de fondo el
sonido. Pero resulta que me dije, de pronto: “Estos pájaros que están
cantando aquí se murieron. ¿Para qué sirve esto?” Después me di cuenta
de que ese era, precisamente, el valor. La Unesco va a declarar a todo
el cortometraje en América Latina como patrimonio cultural de la
humanidad, porque en algunos han salido casas y ahora esas casas no
están, han salido indios que ya no están.
—Pero, ¿cómo trabajó las imágenes?
—Natura
está dedicada a Norman McLaren. Cuando le escribí a él, y le dije
cómo era la película, él me dijo, aunque no la había visto, que le
pusiera el nombre de Natura. Entonces yo le puse: Natura,
homenaje a Norman McLaren. En el programa que se va a ver ahora hay
un homenaje a Buster Keaton y un homenaje a Federico García Lorca, un
homenaje a Hans-Christian Andersen y a Las Voces Blancas, de Elisa
Soteldo. También tengo un homenaje a Jesús Enrique Guédez.
—Definitivamente, usted no quiere revelar el secreto de Natura.
—En
parte el secreto tiene algo interesante que te voy a contar: yo tenía
una cinta emulsionada en color. Cuando raspé la película, primero con un
alfiler, después con una aguja y luego con una aguja con una punta roma,
más anchita, como la emulsión está compuesta de cuatro colores, salía en
color. Luego seguí raspando, raspando, raspando, y es el color de la
emulsión. Ahí ves unos colores azules, unos rojos y unos verdes. Eso
realmente está raspado, y ese raspado es el raspado de la emulsión. Pero
otras veces me ha pasado distinto. He raspado y ha salido el color,
pero, debido a la velocidad con que pasa, de 24 cuadros por segundo, el
color no se ve. Lo mismo me está sucediendo ahora con el blanco sobre
blanco. La teoría mía viene de Reverón. Si el celuloide es blanco, y la
tinta, en vez de ser negra, es blanca, aparentemente no debería verse.
Eso es lo que hacía Reverón: blanco sobre blanco. Pero resulta que cogí
el celuloide blanco, lo proyecté y salió en negro. La tinta blanca salió
como si se hubiera pintado en negro. Por qué, yo no sé. No entiendo por
qué el blanco, si está pintado de blanco, va a salir en negro.
—¿Pasa eso con frecuencia, que le sorprende la película cuando la ve
proyectada?
—Nunca puedo verlas hasta que las proyecto. Yo estoy proyectando en la
Cinemateca Nacional desde 1971. Como no tengo moviola ni proyector de 35
mm, les pido que me hagan el favor y la pasen. Entonces las veo y voy
tomando en cuenta los defectos.
—Ahora se va a exhibir Vivir en libertad, que trata de los Juegos
Panamericanos aquí, en 1983, porque dentro de tres meses vamos a tener
los juegos olímpicos en Pekín. En esa película hay una cosa que he
venido haciendo desde La cueva: le rayé los ojos a Simón Bolívar.
—¿No le parece que eso va a ser visto como algo demasiado irreverente?
—Lo
que me han dicho es que, al rayarle los ojos, pareciera que estuviera
más vivo. En cinco minutos se ven los Juegos Panamericanos de 1983, la
Guerra de las Malvinas, una canción llamada “Venezuela” y los últimos
momentos del Libertador, Simón Bolívar. Lo grandioso que tiene el cine
es que te puede llevar hasta los dinosaurios como te puede llevar hasta
Marte, para arriba y para abajo. Yo lo hice por mi propia cuenta, porque
me regalaron pedazos de película, en Bolívar Films, en Futuro Films.
También los he conseguido. He comprado latas de película y todavía
tengo. El público va a ver el montaje de pedazos de película que tenía
en mi casa. Con eso fue que hice Vivir en libertad. Además, es un
documental. En el cine venezolano hay documentales de los niños pobres,
de los barrios pobres, pero en la película sale otro tipo de
venezolanos. Los acontecimientos que más se están viendo actualmente de
Venezuela son el deporte, y las orquestas sinfónicas juveniles.
—¿Por qué dice que Vivir en libertad es un documental? ¿La
película que usted hizo con película encontrada sobre el Safari Carabobo
sería también un documental?
—Sí,
es un documental. Una vez que la pasaron una persona preguntó: “¿Qué
pasó con el Safari Carabobo? Todos esos tigres, esos leones que aparecen
allí, ¿dónde están?” Se murieron de hambre, porque darles de comer todos
los días cuesta. Ahora estoy tocando el fenómeno del deporte. Aquí y
fuera de Venezuela conocen son los deportistas de las grandes ligas
venezolanos: Omar Vizquel, Andrés Galarraga, Johan Santana. ¿De dónde
sale esta gente? ¿Qué está pasando en Venezuela? Vizquel, con 11 guantes
de oro, está todo el tiempo pendiente de no cometer un error. Eso está
pasando también con los cineastas en Venezuela. Se están cuidando mucho
de no caer en tonterías. Quieren ir un poquito más allá.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |