"Nos
interesamos por la forma como esta gente vive porque es la única manera,
también, de hacerles existir"
Hoy se estrena El niño (L'Enfant),
de Luc y Jean-Pierre Dardenne, en la
Cinemateca Nacional. Más allá de que ganó la Palma de Oro en el Festival de
Cannes de 2005, se trata de una obra excepcional de quienes quizás son los
realizadores más importantes en el cine social europeo en la actualidad.
Las películas de ficción de estos hermanos belgas,
quienes también trabajan el documental como directores o productores, se han
caracterizado por una preocupación constante por el problema del trabajo y
de la gente que es excluida de él y de la sociedad, especialmente los
jóvenes. La frugalidad de recursos es otro rasgo emblemático de las cintas
de los Dardenne, quienes demás suelen perseguir obstinadamente con la cámara
a sus personajes, interpretados en varios casos por actores debutantes. Así
ocurrió con Emilie Dequenne, la protagonista de Rosetta (1999), quien
ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes, y Déborah
Francois en El niño, por ejemplo. Los filmes de la pareja se
distinguen, finalmente, por su morosa preocupación por los detalles, a la
vez que, desde esa perspectiva concreta, abordan temas trascendentes y de
clara raigambre cristiana, como la redención y el perdón.
Jean-Charles L'Ami, realizador belga radicado en
Venezuela, y Pablo Gamba conversaron para Vértigo con Luc Dardenne
sobre El niño, y en general sobre el cine que hacen él y su hermano,
quienes también han realizado La promesa (La promesse, 1996) y
El hijo (Le fils, 2002).
—¿Qué han
encontrado ustedes en la ficción que no hallan en el
documental?
—Creo que podemos
encontrar cosas idénticas en el documental y en la ficción.
La gran diferencia, para mí y para mi hermano, es el trabajo
con los actores. Eso es lo que nos interesa: poder trabajar
con actores. Por eso es que comenzamos a filmar en 1986
nuestro primer filme de ficción (Falsch). Una
diferencia en lo que concierne a nosotros, para decirlo de
forma simple y directa, es que en una ficción puedes filmar
a alguien que mata a otro, o a alguien que muere. En el
documental, al menos si tienes sentido moral, tú no vas a
hacer eso. Yo no digo que el documental no pueda hablar del
asesinato. Pero, si eso pasa en un documental, tienes que
dejar de filmar, dejar la cámara y ayudar a la persona, o la
gente no te dejaría filmar, o no tendrías acceso al lugar.
Eso es. Pero la ficción tampoco puede filmar cualquier
asesinato. La ficción es también limitada en su manera de
abordar la realidad.
—Sus filmes se
caracterizan por prestar mucha atención a los detalles,
gestos, miradas, también a ciertos objetos. ¿Cómo eligen
ustedes esos detalles?
—Podría decirse que
nos interesa el cuerpo de los actores y lo que ellos
manipulan. Es decir, las palabras, lo que sale de su cuerpo,
lo que tienen en las manos y en los pies, o lo que llevan
encima, bien sea la ropa u otro cuerpo, o los zapatos que
tienen puestos, o algo que llevan en las manos, una botella,
una silla... Intentamos filmar, lo más cercanamente posible,
lo que creo que está desapareciendo, o lo que no está siendo
mostrado en el cine, en la publicidad: el cuerpo de la gente
y, particularmente, los cuerpos cuando están sufriendo,
cuando tienen que sobrevivir y arreglárselas en la vida. Eso
no se muestra, y nosotros lo mostramos. Cuando hicimos
Rosetta la gente nos decía “¿Por qué han filmado a esa
chica?, ¿qué importa eso?” Y, justamente, porque nunca se
filmaba. No estaba puesta en el centro de una película. Se
filmaba, por supuesto, en reportajes de televisión, para
decir “Esas son las condiciones de la gente, cómo viven”.
Pero, esta mujer no está en un personaje de ficción. Para
hablar de nuestra realidad de hoy, de lo que está pasando,
debemos tomar personajes que la sociedad produce hoy, y que
producía menos hace 50 años, 20 años, 10 años. Nos
interesamos por la forma como esta gente vive, porque es la
única manera, también, de hacerlos existir. Se dice que
podemos tomar cualquier actor, cualquier actriz y lo que
importa es llegar a cualquier imagen y estereotipo… Por
supuesto se puede hacer. Pero, bien, si quieres evitar los
estereotipos, evitar la imagen, el ícono, entonces hay que
interesarse por el gesto preciso, por lo que hace la gente
de verdad, comprenden, por los detalles. Así aparece la vida
y la gente empieza a vivir.
Trailer de El niño
—¿Cómo construyen
ustedes, a partir de esos detalles, filmes sobre temas
trascendentes como el perdón y la redención? Más
precisamente, ¿cómo es la construcción dramática?
—Lo que intentamos
construir es un movimiento. En El niño, el movimiento
va hacia la reconciliación de los padres, de Sonia y de
Bruno. El problema era construir el movimiento sin anunciar
el movimiento, sin que el espectador pudiera pensar que
vamos hacia ese fin. Por el contrario: hay que procurar que
se pierda. Siempre, cuando estamos construyendo,
escribiendo, pensamos siempre en el espectador. Nos
planteamos ponernos en la piel del que no puede saber nada
por adelantado, del que siempre se entera después de lo que
está pasando, en esa posición rezagada, en esa confusión, en
la que él no sabe bien quién es quién, por qué él hace eso y
no eso otro. Como el personaje le lleva ventaja al
espectador, el espectador está un poco en una situación, a
la vez, de tener que estar muy cerca del actor, porque lo
estamos filmando de una manera tal que está obligado a
seguir al personaje, al actor. El espectador está detrás y
se pregunta “¿Por qué? ¿Qué hace? ¡Ah!, ya veo”. Está
obligado, si ustedes quieren, a preguntarse por qué hace eso
y no otra cosa. “¡Ah!, aquí él me decepciona. Yo pensaba que
él haría otra cosa. ¡Ah!, pero él está haciendo al menos
eso”. Intentamos que el espectador sea llevado a recorrer un
camino, a vencer obstáculos, con la película, con el actor.
Yo digo aquí actor, en este caso, porque se trata de Bruno,
pero podrían ser dos actores. La idea es construir de manera
que la película no esté ante el espectador sino detrás del
espectador, para que el espectador se vea obligado a estar
adentro de la película, a caminar dentro de la película como
lo hace la cámara.
—Usted dice que
quieren confundir al espectador. Sin embargo, al mismo
tiempo, la repetición de la secuencia de las escaleras hace
pensar que la búsqueda de la confusión es limitada…
—Sí.
—Yo tengo la
impresión de que ustedes utilizan los ciclos, de las
escaleras, por ejemplo…
—Es decir, que
trabajamos con repeticiones. Cinco veces Bruno va a regresar
a las escaleras, a veces con Sonia, a veces solo, dos veces
con ella, luego solo. Yo creo que es eso lo que hace el
espectador trabaje. Que su espíritu, su pensamiento, se
ponga en movimiento. Pasamos varias veces por un mismo
lugar, y al pasar de nuevo, hay algo que no había aparecido
todavía en su espíritu que llega. Creo que el hecho de pasar
de nuevo por los mismos lugares, de ponerse de nuevo la
misma ropa, en un momento preciso de la película, creo que
eso ayuda. Eso permite al espectador pensar. De eso se
trata.
—El personaje de
Rosetta lucha con obstinación para conseguir un
trabajo y aprender un oficio. Eso representa el camino de
redención del personaje de El hijo. Por el contrario,
para Bruno, en El niño, el trabajo es para los que se
dejan joder. ¿Por qué han buscado establecer una relación
diferente con el trabajo, o estamos hablando de lo mismo?
—No. Para nosotros
Bruno es un poco como un cazador-recolector, uno de los
primeros hombres, uno de los primeros Homo sapiens,
un hombre de la época de la prehistoria, que vive,
simplemente, desplazándose, recogiendo lo que hay, donde se
consigue. El roba, y ya, no le pertenece y no le importa. Él
lo agarra. Él se mueve en la inmediatez, siempre. El trabajo
es otra relación con el mundo. Hay que esperar al fin de mes
para recibir el sueldo, hay que prepararse, hay que vivir en
un lugar preciso. Simplemente, hay algunas reglas de vida y
de relación con el futuro. Hay que esperar por las cosas,
hay que comprar en un momento preciso, y no siempre. No
tenemos lo que queremos cuando lo queremos. Él no tiene este
tipo de relación con el mundo. Él quiere las cosas
inmediatamente, disfrutar inmediatamente. Pierde algo y no
le importa. Él dice: “El dinero no lo necesito, siempre lo
consigo”. Es así que ve el mundo. Y entonces a nosotros nos
gustaba este personaje, en la media en que vive. Nuestra
sociedad produce hoy gente que puede vivir un poco, entre
comillas, como los animales. Yo no digo esto con sentido
denigrante. Ellos viven como gente que está en una relación
inmediata con las cosas. Tienes hambre y comes; no tienes
hambre, no preparas nada para mañana. “No importa, veremos.
Necesito dinero: voy a robar”. Él está en esta tipo de
relación y es lo que nos interesaba a nosotros. Entonces,
para él, el trabajo es para los tontos. Él dice: “Para los
que se dejan joder. A nosotros no nos importa, no estamos en
eso”. Él es solitario, no se organiza sino solamente para
hacer sus pequeños robos. Él se siente el centro del mundo.
Vive para él mismo, no le debe nada a nadie, y nadie le debe
nada a él. Agarra lo que consigue. Eso es lo que queríamos
mostrar. Nuestra sociedad produce este tipo de gente hoy,
completamente sin lazos, excluidos de la sociedad, que
resuelven con poca cosa.
—Su cine trata
de la miseria, por lo que ha sido etiquetado fácilmente de
social. ¿Es el de ustedes un cine pesimista o un cine de
inquietud moral?
—Nosotros queremos
filmar a la gente de hoy. Eso es lo que nos interesa. Gente
atrapada… de nuestra época, y para los cuales la cuestión
moral aparece en su camino, donde normalmente no hubiera
aparecido. No se planean esa preocupación moral, pero
aparece. Justamente, con el sistema de repeticiones, los
personajes regresan al mismo lugar y no saben por qué, y
regresan porque necesitan algo, pero no saben qué. Yo creo
que esa es la cuestión moral. Al llevarse las cosas
descubren que son seres humanos y no animales salvajes, que
son capaces de hacer un gesto, que pueden dar un vaso de
agua a alguien que lo necesita, que pueden defender a
alguien, pueden dejar de esconderse y dejar de mentir, y
pueden por fin decir la verdad. Eso es lo que realmente nos
interesa. La gente excluida, que vive en la supervivencia,
que resuelve como puede. Que están siempre tracaleando,
estafando, como si tuvieran miedo. Y finalmente descubren
que son seres humanos, y que pueden decir sí o no, que
pueden amar… Eso es.