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entrevista
"Cualquier
fuente de inspiración en este oficio hay que explotarla, porque no son
fáciles de conseguir"
El cortometraje El café de Lupe fue seleccionado para el Festival de
Cine Latino de Chicago, que comenzará el 4 de abril. Antes estuvo en el
Festival de Calcuta, que se realizó del 10 al 17 de noviembre. Va a ser
visto, además, en muchos otros lados. El canal británico especializado en
este tipo de películas, Propeller TV, lo pidió para transmitirlo en 48
países de Europa. Mariana Fuentes, la directora, se apresta a compartir con
sus colegas el dato, para que presenten su material:
www.propellertv.co.uk.
A esa
recomendación añade la del Festival Internacional de Cortometrajes de Los
Ángeles, el cual ofrece una
herramienta para la distribución. La dirección de contacto es
info@lashortsfest.com.
Los mensajes deben decir "Distribution" en el asunto.
La película de Fuentes destaca en el panorama de la producción venezolana
actual por ser un filme cuya principal fortaleza está en los personajes y en sus
sentimientos. Es sólido, en síntesis, en un área hacia la cual
tradicionalmente han apuntado las críticas al cine venezolano: el guión. También sobresale por el elenco, en el cual se combinan figuras
consagradas, como Mimí Lazo, Elba Escobar, Gonzalo Cubero y Erich Wildpret,
con el talento emergente de Mercedes Brito, que interpreta el papel
principal.
Vértigo
aprovechó la coyuntura de Chicago para conversar con Mariana Fuentes, quien
es egresada de la Universidad de Nueva York con una maestría en guión de
cine en la Universidad Menéndez Pelayo, en España. Ha dirigido cortos como
Breakfast (1995) y Perro enamorado (2004), y además programas
de televisión.
—¿Cómo surgió el proyecto de El café de Lupe?
—Primero pensé en hacer una película con esos actores. Escribí los
personajes para esos actores, básicamente. Escribí el papel de Elba, el
papel de Mimí, el papel de Erich, y así sucesivamente.
—¿Por qué trabajó de esa manera?
—No
trabajo siempre así. Esta fue una excepción. Había hecho otros cortos,
pero nunca de esta forma. Estuve estado un tiempo fuera de Venezuela, y
de alguna manera sentí que quería trabajar de nuevo en mi país. Yo había
dirigido telenovelas en Venezuela y también el programa Bitácora,
y había hecho cortos, pero fuera del país. Entonces pensé en hacer un
trabajo de cine, utilizando, por supuesto, el recurso de nuestros
excelentes actores.
—¿Cómo pensó el personaje para Mimí Lazo?
—El
personaje de ella, en cierta forma, es esa mujer que siempre va a estar
espectacular, y tiene ese sex appeal, esa belleza, tanto interna
como externa. Yo quería explotar eso: que es una mujer que siempre tiene
esa sensualidad y esa feminidad, que han perdurado.
—¿Y para Elba Escobar?
—Elba
tenía que ser una persona muy estricta, pero sin llegar a ser
antipática. Ella es muy carismática, y transmite mucha dulzura y
sensibilidad. Yo quería también mostrar ese lado de Elba. No importa lo
severa que pueda ser; siempre puede transmitir esas dos cosas: la
sensibilidad y que al mismo tiempo es una mujer muy estricta en su
trabajo.
—¿Cómo incorporó a Mercedes Brito al proyecto?
—Mercedes es una actriz que venía trabajando en Los Ángeles durante un
tiempo, y me pareció muy talentosa. Sin haber ella empezado a trabajar
en televisión venezolana yo le realicé un casting, junto con el
productor. Me encantó su naturalidad y su espontaneidad. Además es muy
intuitiva. Ella es muy sofisticada en su manera de ser, y eso me gustó.
—¿Cómo se convence a un elenco como ese para que actúe en un
cortometraje?
—Gran
parte del éxito radica en el productor, en Eddie Brito, que es mi
esposo. Yo le entregué el guión y le dije: “Yo lo escribí para estos
actores. Quiero tener todo este elenco junto. Ahora, ve a ver qué
haces”. Y él me dijo: “Por supuesto Mariana. Tú pensaste el guión para
ellos, así que te voy a conseguir esos actores”.
—Usted dice que El café de Lupe fue una excepción, en la medida
en que escribió el guión pensando en unos actores. ¿Cómo suele
trabajarlo?
—No
hay una fórmula específica. A veces parto de un tema musical. Hubo un
corto que hice, que se llama Breakfast, que partió de un poema de
Jacques Prévert acerca de una pareja que desayuna y no se dirige la
palabra en todo el día. En otro corto, que se llama Un reflejo en la
oscuridad y que hice hace como ocho o nueve años, fue todo sin
pensar en los actores. Escribí la historia porque me gustaba cierta
locación de los Andes venezolanos, y trabajé con base en esa locación.
Siempre hay una cosita que me inspira, y cualquier fuente de inspiración
en este oficio hay que explotarla, porque no son fáciles de conseguir.
—En El café de Lupe otra de las fuentes de inspiración pudo haber
sido los sentimientos, ¿no?
—Esa
es ya otra cosa: la historia. Yo tenía la idea de los personajes, pero
luego quería hacer una historia que tuviera como punto de partida la
honestidad. Ser honesta conmigo misma. Quería contar una historia acerca
de una persona que siente que necesita algo más en la vida. Va a
buscarlo pero, al final, está tan ávida de ese “algo” que desborda el
sentimiento por alguien, y esa persona la defrauda. No voy a contarle el
final del corto a todo el mundo, pero trata un poco de esos sentimientos
de cuando quieres mucho en la vida, de ese punto de la vida, quizás en
la adolescencia, en el que quieres hacer de todo, quieres explorarlo
todo, porque estás empezando a abrirte al mundo. También quería mostrar
en este corto el cambio. Quieres hacer algo en tu vida, que de repente
no parece tan importante, pero sí te cambia la vida. El corto se
desarrolla un en que para Laura la vida cambió.
—El trabajo con los sentimientos, ¿es una constante en su producción?
—Yo
parto de las películas que me gusta ver, y me gustan las películas donde
me engancha la parte interna del personaje. Son las que llaman en inglés
character-driven, llevadas por el personaje, o por las emociones
del personaje.
—El
café de Lupe es una película que comienza en un local que atiende a
los viajeros y la segunda parte es un viaje en autobús. ¿Es una road
movie?
—Podría ser, ahora que lo pienso, porque todo lo que se establece al
principio de la película es setting up de lo que luego va a
suceder, en el trayecto en el autobús. El otro día una persona dijo, en
el Festival de Cartagena, que era una historia de una muchacha que está
en un infierno con ángeles y resulta que termina en un cielo con un
demonio.
—¿Qué ingredientes cree usted que debe tener una buena historia para
cortometraje?
—He
visto muchos cortos, y hay cortos que me gustan por miles de razones
diferentes. No he encontrado una fórmula. Me encantaría haberla
descifrado, porque eso haría todo mucho más fácil. Pero quizás hay un
punto, que es el drama interno, el conflicto interno del personaje. De
repente es más que contar una historia, o contar un incidente simpático,
o como quien dice un chiste o un gimmick. No me gustan ese tipo
de cortos. Más bien me llaman la atención aquellos en los que existe un
drama interno del personaje, que está por resolverse. Me parece que en
el cine siempre debe haber un elemento dramático en la historia, sea el
género que sea: comedia, terror, etcétera.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |