03/08
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entrevista

Mariana Fuentes en el rodaje
de El café de Lupe

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"Cualquier fuente de inspiración en este oficio
hay que explotarla, porque
no son fáciles de conseguir"

 

 

El cortometraje El café de Lupe fue seleccionado para el Festival de Cine Latino de Chicago, que comenzará el 4 de abril. Antes estuvo en el Festival de Calcuta, que se realizó del 10 al 17 de noviembre. Va a ser visto, además, en muchos otros lados. El canal británico especializado en este tipo de películas, Propeller TV, lo pidió para transmitirlo en 48 países de Europa. Mariana Fuentes, la directora, se apresta a compartir con sus colegas el dato, para que presenten su material: www.propellertv.co.uk. A esa recomendación añade la del Festival Internacional de Cortometrajes de Los Ángeles, el cual ofrece una herramienta para la distribución. La dirección de contacto es info@lashortsfest.com. Los mensajes deben decir  "Distribution" en el asunto.

La película de Fuentes destaca en el panorama de la producción venezolana actual por ser un filme cuya principal fortaleza está en los personajes y en sus sentimientos. Es sólido, en síntesis, en un área hacia la cual tradicionalmente han apuntado las críticas al cine venezolano: el guión. También sobresale por el elenco, en el cual se combinan figuras consagradas, como Mimí Lazo, Elba Escobar, Gonzalo Cubero y Erich Wildpret, con el talento emergente de Mercedes Brito, que interpreta el papel principal.

Vértigo aprovechó la coyuntura de Chicago para conversar con Mariana Fuentes, quien es egresada de la Universidad de Nueva York con una maestría en guión de cine en la Universidad Menéndez Pelayo, en España. Ha dirigido cortos como Breakfast (1995) y Perro enamorado (2004), y además programas de televisión.

 

 

—¿Cómo surgió el proyecto de El café de Lupe?

 

—Primero pensé en hacer una película con esos actores. Escribí los personajes para esos actores, básicamente. Escribí el papel de Elba, el papel de Mimí, el papel de Erich, y así sucesivamente.

 

—¿Por qué trabajó de esa manera?

 

—No trabajo siempre así. Esta fue una excepción. Había hecho otros cortos, pero nunca de esta forma. Estuve estado un tiempo fuera de Venezuela, y de alguna manera sentí que quería trabajar de nuevo en mi país. Yo había dirigido telenovelas en Venezuela y también el programa Bitácora, y había hecho cortos, pero fuera del país. Entonces pensé en hacer un trabajo de cine, utilizando, por supuesto, el recurso de nuestros excelentes actores.

 

—¿Cómo pensó el personaje para Mimí Lazo?

 

—El personaje de ella, en cierta forma, es esa mujer que siempre va a estar espectacular, y tiene ese sex appeal, esa belleza, tanto interna como externa. Yo quería explotar eso: que es una mujer que siempre tiene esa sensualidad y esa feminidad, que han perdurado.

 

—¿Y para Elba Escobar?

 

—Elba tenía que ser una persona muy estricta, pero sin llegar a ser antipática. Ella es muy carismática, y transmite mucha dulzura y sensibilidad. Yo quería también mostrar ese lado de Elba. No importa lo severa que pueda ser; siempre puede transmitir esas dos cosas: la sensibilidad y que al mismo tiempo es una mujer muy estricta en su trabajo.

 

—¿Cómo incorporó a Mercedes Brito al proyecto?

 

—Mercedes es una actriz que venía trabajando en Los Ángeles durante un tiempo, y me pareció muy talentosa. Sin haber ella empezado a trabajar en televisión venezolana yo le realicé un casting, junto con el productor. Me encantó su naturalidad y su espontaneidad. Además es muy intuitiva. Ella es muy sofisticada en su manera de ser, y eso me gustó.  

 

El café de Lupe

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—¿Cómo se convence a un elenco como ese para que actúe en un cortometraje?

 

—Gran parte del éxito radica en el productor, en Eddie Brito, que es mi esposo. Yo le entregué el guión y le dije: “Yo lo escribí para estos actores. Quiero tener todo este elenco junto. Ahora, ve a ver qué haces”. Y él me dijo: “Por supuesto Mariana. Tú pensaste el guión para ellos, así que te voy a conseguir esos actores”.

 

—Usted dice que El café de Lupe fue una excepción, en la medida en que escribió el guión pensando en unos actores. ¿Cómo suele trabajarlo?

 

—No hay una fórmula específica. A veces parto de un tema musical. Hubo un corto que hice, que se llama Breakfast, que partió de un poema de Jacques Prévert acerca de una pareja que desayuna y no se dirige la palabra en todo el día. En otro corto, que se llama Un reflejo en la oscuridad y que hice hace como ocho o nueve años, fue todo sin pensar en los actores. Escribí la historia porque me gustaba cierta locación de los Andes venezolanos, y trabajé con base en esa locación. Siempre hay una cosita que me inspira, y cualquier fuente de inspiración en este oficio hay que explotarla, porque no son fáciles de conseguir.

 

—En El café de Lupe otra de las fuentes de inspiración pudo haber sido los sentimientos, ¿no?

 

—Esa es ya otra cosa: la historia. Yo tenía la idea de los personajes, pero luego quería hacer una historia que tuviera como punto de partida la honestidad. Ser honesta conmigo misma. Quería contar una historia acerca de una persona que siente que necesita algo más en la vida. Va a buscarlo pero, al final, está tan ávida de ese “algo” que desborda el sentimiento por alguien, y esa persona la defrauda. No voy a contarle el final del corto a todo el mundo, pero trata un poco de esos sentimientos de cuando quieres mucho en la vida, de ese punto de la vida, quizás en la adolescencia, en el que quieres hacer de todo, quieres explorarlo todo, porque estás empezando a abrirte al mundo. También quería mostrar en este corto el cambio. Quieres hacer algo en tu vida, que de repente no parece tan importante, pero sí te cambia la vida. El corto se desarrolla un en que para Laura la vida cambió.

 

—El trabajo con los sentimientos, ¿es una constante en su producción?

 

—Yo parto de las películas que me gusta ver, y me gustan las películas donde me engancha la parte interna del personaje. Son las que llaman en inglés character-driven, llevadas por el personaje, o por las emociones del personaje.

 

El café de Lupe es una película que comienza en un local que atiende a los viajeros y la segunda parte es un viaje en autobús. ¿Es una road movie?

 

—Podría ser, ahora que lo pienso, porque todo lo que se establece al principio de la película es setting up de lo que luego va a suceder, en el trayecto en el autobús. El otro día una persona dijo, en el Festival de Cartagena, que era una historia de una muchacha que está en un infierno con ángeles y resulta que termina en un cielo con un demonio.

 

—¿Qué ingredientes cree usted que debe tener una buena historia para cortometraje?

 

—He visto muchos cortos, y hay cortos que me gustan por miles de razones diferentes. No he encontrado una fórmula. Me encantaría haberla descifrado, porque eso haría todo mucho más fácil. Pero quizás hay un punto, que es el drama interno, el conflicto interno del personaje. De repente es más que contar una historia, o contar un incidente simpático, o como quien dice un chiste o un gimmick. No me gustan ese tipo de cortos. Más bien me llaman la atención aquellos en los que existe un drama interno del personaje, que está por resolverse. Me parece que en el cine siempre debe haber un elemento dramático en la historia, sea el género que sea: comedia, terror, etcétera.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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