04/09
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Michel Ocelot

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"No me gustan los filmes
en 3D. Con frecuencia me da la impresión de que estoy viendo una cinta de demostración de software
y no las tripas del autor"

 

 

Azur y Asmar (Azur et Asmar, 2006) es la primera baja importante del próximo Festival de Cine Francés. Se proyectó en una función de calle en Coro, en el Festival de Cine de los Pueblos del Sur de 2008, pero no formará parte de la programación que comienza a fin de mes, a pesar de que fue anunciada. Eso ocurre con varios filmes todos los años. Es la primera película en animación en 3D por computadoras de Michel Ocelot, quien había trabajado en 2D en los largometrajes que le han dado más fama y que han tenido más éxito de público, Kirikou y la hechicera (Kirikou et la sorcière, 1998), que ganó el Gran Premio en el Festival Internacional de Animación de Annecy, y Kirikou y las bestias salvajes (Kirikou et les bêtes sauvages, 2005). La última estuvo en una lista de adquisiciones de Amazonia Films sin que nunca más haya vuelto a saberse de ella.

Ocelot, que es uno de los cineastas de animación más destacados en el mundo en la actualidad, pasó buena parte sus primeros años de vida Guinea. “Fui negro en mi infancia”, ha dicho, y la cultura africana es la fuente de inspiración de los filmes de Kirikou. En el primero hizo la música Youssou N’Dour y en el segundo Manu Dibango. En ambos, al igual que en Azur y Asmar, se percibe también en esas cintas la influencia en los fondos del pintor naif Henri Rousseau, cuando hay en ellos vegetación. En general los backgrounds son uno de los rasgos de estilo más sobresalientes del cineasta, quien en la película de 2006 los trabajó con los diseños de las miniaturas persas y con los motivos decorativos de la cultura a la cual hace homenaje el filme: la de los árabes. La cinta es una fábula que se desarrolla en una Edad Media de fantasía y cuyos protagonistas son dos hermanos de leche –uno francés y el otro árabe–, amamantados por una sarracena. Así como en los filmes de Kirikou el protagonista es un niñito que anda desnudo y su cuerpo está completamente dibujado, no faltan en Azur y Asmar los planos de los senos de la mujer. La película tiene un mensaje que llama a la tolerancia de los franceses que descienden de gente del norte de África, a la gente de esos países y al mundo árabe en general, estigmatizado luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Los diálogos en árabe no fueron doblados ni subtitulados, ni en la versión francesa original ni en las dobladas. El director ha dicho que es para que la gente se acostumbre a que en el mundo se hablan muchas lenguas, y también para homenajear al árabe, que es lengua común de diversos pueblos.

Vértigo hizo unas preguntas por correo electrónico a Michel Ocelot sobre Azur y Asmar, quien en la cinta usa el 3D –el que consiste en dar volumen a las figuras, no el sistema estereoscópico– de una forma diferente a la acuñada por Pixar. Es inocultable el deseo de que el conocimiento del realizador allane el camino para que el distribuidor privado nacional, o cualquier otro, se anime a traer el filme al país y para que Amazonia se acuerde de Kirikou y las bestias salvajes. El primer Kirikou ha sido exhibida varias veces en el país, porque está entre los títulos que difunde con fines culturales Francia.

 

—¿Por qué decidió usar la animación en 3D en Azur y Asmar?

 

—No es algo que tenga que ver con mi estilo, es solamente la falta de dinero. Sin dinero no tenía elección: tomé la técnica menos cara, el papel cortado, algo que puede hacer uno solo. Después, con algo dinero para Kirikou y la hechicera, pasé a algo más caro: el dibujo animado tradicional, con muchos más dibujos y muchos animadores. Luego, gracias al éxito de Kirikou, tuve acceso a un presupuesto acorde, y ensayé una técnica cara que no conocía, el 3D informático. Todas las técnicas me interesan y cada una tiene sus inconvenientes y sus ventajas propias. No estoy casado con ninguna y estoy listo para otras.

 

—Usted dijo en una entrevista que en Azur y Asmar las computadoras hicieron lo que usted quería en vez de imponer lo que ellas suelen hacer. Además dijo que es un 3D que no parece muy 3D. Eso sugiere que la tecnología puede tener un efecto uniformador, ¿por qué? ¿Por qué usted utilizó los CGI de esa otra manera tan peculiar?

 

—En general no me gustan los filmes en 3D. Se parecen mucho, son muy realistas, incluso los personajes inventados, y con frecuencia me da la impresión de que estoy viendo una cinta de demostración del software y no las tripas del autor. Simplemente utilicé la herramienta para contar bien la historia, sin preocuparme de enseñar todas las piruetas que permite. No tengo ninguna gana de llegar a ser realista. Cuando las tenga, haré que se vea real.

 

—La relación fondo-figura es clave en sus películas, y a veces el fondo llena toda la pantalla con un dibujo muy elaborado, cuya complejidad no se debe a la búsqueda de una ilusión de realismo. ¿Por qué trabaja los backgrounds de esa manera?

 

—Cuando hago un filme, trato de aportar belleza. El decorado, cuando uno tiene tiempo de verlo, es un buen soporte para esa ofrenda de belleza. Uno se sumerge dentro. Y me gusta mostrar que es un buen dibujo, el esfuerzo alegre de artistas, no de la fotografía.    

 

—En los dos filmes sobre Kirikou la música y las canciones tienen una importancia que no tienen en Azur y Asmar. ¿A qué se debe la diferencia?

 

—En Kirkou la música interviene directamente en la superficie: Kirikou ha hecho alguna cosa bien, el niño y los aldeanos lo celebran cantando y bailando. En Azur y Asmar no hay sino dos breves intervenciones de la música hecha por los personajes, pero de hecho tiene mucha más música, que se funde maravillosamente con la imagen y con la historia. Yo la aprecio mucho y ella hace que mi filme sea mucho mejor. Gabriel Yared es un gran artista y un gran profesional. Es una felicidad trabajar con él.

 

 
Trailer de Azur y Asmar
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—Usted es director y escritor de sus largometrajes, e interviene directamente varias otras tareas. En Azur y Asmar es director, guionista, autor de los diálogos, creador del story board y de los modelos principales, etcétera, según los créditos. ¿Por qué mantiene ese grado tan intenso de participación en proyectos de la escala de los largometrajes?

 

—Puede dar la impresión de que hago muchas cosas. De hecho sólo hago una: un filme. Todo me interesa, todo me habla, todo es parte del filme y no me doy cuenta de que hago “muchas cosas” (¡solamente en los créditos!).

 

En contraste con lo que decía en la pregunta anterior, usted ha recurrido a la subcontratación de compañías de animación en países como Vietnam y Letonia. ¿Por qué trabaja con ellas y cómo logra hacerlo a distancia, siendo alguien que se involucra tanto en todo el proceso creativo?

 

—Los Kirikou debieron ser animados en países menos caros que Francia por razones de budget. Kirikou y la hechicera fue fabricado en cinco países diferentes. Estaba continuamente de viaje para tratar de seguir a los diversos equipos. Pero cuando estaba en un sitio no estaba en los otros cuatro. No era el mejor sistema. Es el éxito lo que me ha permitido trabajar completamente en la ciudad donde yo vivo, París. Tener a todo el mundo alrededor de uno, a los que les hablo, que saben bien adónde van y quieren ir, ese es el medio de alcanzar la gran calidad, una verdadera armonía exterior e interior.

 

—En el cine de animación, lamentablemente, hay una brecha entre hermosas producciones artísticas que provienen de varios países, entre ellos Francia, que generalmente alcanzan públicos minoritarios e incluso audiencias mínimas, por un lado, y Pixar, Dreamworks, Fox y el animé japonés por el otro. ¿Cree que algún día pueda superarse esa brecha? Si es así, ¿cómo?

 

—Muchos filmes estadounidenses son interesantes (otros no), pero sobre todo tienen una fuerza de pegada que nos sobrepasa: el presupuesto publicitario y la capacidad de contar con numerosas salas (si todos los cines de la ciudad exhiben el mismo Pixar y no es posible ver otra película, el Pixar tendrá éxito). Y también están los hábitos del público, que no sabe ir a ver ni comprender otra cosa. Sin embargo, la llegada de los japoneses demuestra que uno puede encontrar un lugar, a pesar del ejército despiadado que no quiere ceder terreno. En Europa el mercado se diversifica más y más, aunque Estados Unidos siga siendo poderoso.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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