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entrevistas
"No me gustan los filmes
en 3D. Con frecuencia me da la impresión de que estoy viendo una
cinta de demostración de software y no las tripas del autor"
Azur y Asmar (Azur et Asmar, 2006) es la primera baja importante del próximo Festival de
Cine Francés. Se proyectó en una función de calle en Coro, en el Festival de
Cine de los Pueblos del Sur de 2008, pero no formará parte de la
programación que comienza a fin de mes, a pesar de que fue anunciada. Eso
ocurre con varios filmes todos los años. Es la primera película en animación
en 3D por computadoras de Michel Ocelot, quien había trabajado en 2D en los
largometrajes que le han dado más fama y que han tenido más éxito de
público, Kirikou y la hechicera (Kirikou et la sorcière,
1998), que ganó el Gran Premio en el Festival Internacional de Animación de
Annecy, y Kirikou y las bestias salvajes (Kirikou et les bêtes
sauvages, 2005). La última estuvo en una lista de adquisiciones de
Amazonia Films sin que nunca más haya vuelto a saberse de ella.
Ocelot, que es uno de los cineastas de animación más destacados en el mundo
en la actualidad, pasó buena parte sus primeros años de vida Guinea. “Fui
negro en mi infancia”, ha dicho, y la cultura africana es la fuente de
inspiración de los filmes de Kirikou. En el primero hizo la música Youssou
N’Dour y en el segundo Manu Dibango. En ambos, al igual que en Azur y
Asmar, se percibe también en esas cintas la influencia en los fondos del
pintor naif Henri Rousseau, cuando hay en ellos vegetación. En general los
backgrounds son uno de los rasgos de estilo más sobresalientes del
cineasta, quien en la película de 2006 los trabajó con los diseños de las
miniaturas persas y con los motivos decorativos de la cultura a la cual hace
homenaje el filme: la de los árabes. La cinta es una fábula que se
desarrolla en una Edad Media de fantasía y cuyos protagonistas son dos
hermanos de leche –uno francés y el otro árabe–, amamantados por una
sarracena. Así como en los filmes de Kirikou el protagonista es un niñito
que anda desnudo y su cuerpo está completamente dibujado, no faltan en
Azur y Asmar los planos de los senos de la mujer. La película tiene un
mensaje que llama a la tolerancia de los franceses que descienden de gente
del norte de África, a la gente de esos países y al mundo árabe en general,
estigmatizado luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre de
2001 en Nueva York. Los diálogos en árabe no fueron doblados ni
subtitulados, ni en la versión francesa original ni en las dobladas. El
director ha dicho que es para que la gente se acostumbre a que en el mundo
se hablan muchas lenguas, y también para homenajear al árabe, que es lengua
común de diversos pueblos.
Vértigo hizo unas preguntas por correo electrónico a Michel Ocelot sobre Azur y
Asmar, quien en la cinta usa el 3D –el que consiste en dar
volumen a las figuras, no el sistema estereoscópico– de una forma diferente
a la acuñada por Pixar. Es inocultable el deseo de que el conocimiento del
realizador allane el camino para que el distribuidor privado nacional, o
cualquier otro, se anime a traer el filme al país y para que Amazonia se
acuerde de Kirikou y las bestias salvajes. El primer Kirikou
ha sido exhibida varias veces en el país, porque está entre los títulos que
difunde con fines culturales Francia.
—¿Por qué decidió usar la animación en 3D en Azur y Asmar?
—No es algo que
tenga que ver con mi estilo, es solamente la falta de dinero. Sin dinero
no tenía elección: tomé la técnica menos cara, el papel cortado, algo
que puede hacer uno solo. Después, con algo dinero para Kirikou y la
hechicera, pasé a algo más caro: el dibujo animado tradicional, con
muchos más dibujos y muchos animadores. Luego, gracias al éxito de
Kirikou, tuve acceso a un presupuesto acorde, y ensayé una técnica
cara que no conocía, el 3D informático. Todas las técnicas me interesan
y cada una tiene sus inconvenientes y sus ventajas propias. No estoy
casado con ninguna y estoy listo para otras.
—Usted dijo en una entrevista que en Azur y Asmar las
computadoras hicieron lo que usted quería en vez de imponer lo que ellas
suelen hacer. Además dijo que es un 3D que no parece muy 3D. Eso sugiere
que la tecnología puede tener un efecto uniformador, ¿por qué? ¿Por qué
usted utilizó los CGI de esa otra manera tan peculiar?
—En
general no me gustan los filmes en 3D. Se parecen mucho, son muy
realistas, incluso los personajes inventados, y con frecuencia me da la
impresión de que estoy viendo una cinta de demostración del software y
no las tripas del autor. Simplemente utilicé la herramienta para contar
bien la historia, sin preocuparme de enseñar todas las piruetas que
permite. No tengo ninguna gana de llegar a ser realista. Cuando las
tenga, haré que se vea real.
—La relación fondo-figura es clave en sus películas, y a veces el fondo
llena toda la pantalla con un dibujo muy elaborado, cuya complejidad no
se debe a la búsqueda de una ilusión de realismo. ¿Por qué trabaja los backgrounds de
esa manera?
—Cuando hago un filme, trato de aportar belleza. El decorado, cuando uno
tiene tiempo de verlo, es un buen soporte para esa ofrenda de belleza.
Uno se sumerge dentro. Y me gusta mostrar que es un buen dibujo, el
esfuerzo alegre de artistas, no de la fotografía.
—En los dos filmes sobre Kirikou la música y las canciones tienen una
importancia que no tienen en Azur y Asmar. ¿A qué se debe la
diferencia?
—En Kirkou
la música interviene directamente en la superficie: Kirikou ha hecho
alguna cosa bien, el niño y los aldeanos lo celebran cantando y
bailando. En Azur y Asmar no hay sino dos breves intervenciones
de la música hecha por los personajes, pero de hecho tiene mucha más
música, que se funde maravillosamente con la imagen y con la historia.
Yo la aprecio mucho y ella hace que mi filme sea mucho mejor. Gabriel
Yared es un gran artista y un gran profesional. Es una felicidad
trabajar con él.
—Usted es director y escritor de sus largometrajes, e interviene
directamente varias otras tareas. En Azur y Asmar es director,
guionista, autor de los diálogos, creador del story board y de
los modelos principales, etcétera, según los créditos. ¿Por qué mantiene
ese grado tan intenso de participación en proyectos de la escala de los
largometrajes?
—Puede dar la
impresión de que hago muchas cosas. De hecho sólo hago una: un filme.
Todo me interesa, todo me habla, todo es parte del filme y no me doy
cuenta de que hago “muchas cosas” (¡solamente en los créditos!).
—En
contraste con lo que decía en la pregunta anterior, usted ha recurrido a
la subcontratación de compañías de animación en países como Vietnam y
Letonia. ¿Por qué trabaja con ellas y cómo logra hacerlo a distancia,
siendo alguien que se involucra tanto en todo el proceso creativo?
—Los Kirikou
debieron ser animados en países menos caros que Francia por razones de
budget. Kirikou y la hechicera fue fabricado en cinco países
diferentes. Estaba continuamente de viaje para tratar de seguir a los
diversos equipos. Pero cuando estaba en un sitio no estaba en los otros
cuatro. No era el mejor sistema. Es el éxito lo que me ha permitido
trabajar completamente en la ciudad donde yo vivo, París. Tener a todo
el mundo alrededor de uno, a los que les hablo, que saben bien adónde
van y quieren ir, ese es el medio de alcanzar la gran calidad, una
verdadera armonía exterior e interior.
—En el cine de animación, lamentablemente, hay una brecha entre hermosas
producciones artísticas que provienen de varios países, entre ellos
Francia, que generalmente alcanzan públicos minoritarios e incluso
audiencias mínimas, por un lado, y Pixar, Dreamworks, Fox y el animé
japonés por el otro. ¿Cree que algún día pueda superarse esa brecha? Si
es así, ¿cómo?
—Muchos
filmes estadounidenses son interesantes (otros no), pero sobre todo
tienen una fuerza de pegada que nos sobrepasa: el presupuesto
publicitario y la capacidad de contar con numerosas salas (si todos los
cines de la ciudad exhiben el mismo Pixar y no es posible ver otra
película, el Pixar tendrá éxito). Y también están los hábitos del
público, que no sabe ir a ver ni comprender otra cosa. Sin embargo, la
llegada de los japoneses demuestra que uno puede encontrar un lugar, a
pesar del ejército despiadado que no quiere ceder terreno. En Europa el
mercado se diversifica más y más, aunque Estados Unidos siga siendo
poderoso.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |