05/07
 
 
Guía del cine en Venezuela
 
 

 

 

 

Una película que nació
de un palazo en la cabeza

El episodio de la vida real de donde provino la inspiración para realizar el filme Noticias lejanas (2004) aparece representado, casi al pie de la letra, al comienzo de la cinta. En la secuencia, unos hombres, metidos hasta media pierna en un estanque, golpean en la cabeza a unos gansos, que no levantan vuelo para huir y sólo aciertan a tratar de hundir el pico en el agua turbia. En la escena auténtica que presenció el director, cuando se escabulló junto con un compañero de un rodaje en el que hacía la fotografía, uno de los que mataba así a unos patos se volvió hacia ellos como preguntándoles: “¿Y por qué ustedes no?”

“En ese gesto había terror, ternura, hambre, violencia”, recuerda Benet. “¿Y nosotros por qué no? Porque no teníamos hambre. Para ellos, esa podía ser la única manera de comer carne. A partir de ahí dije: tengo que hacer algo con esto. Y entonces se armó así el proyecto”.

Ricardo Benet está de visita en Caracas por razones personales y de trabajo, y aprovechó para exhibir una copia de la cinta, en DVD, que trajo consigo, en su equipaje. Y sobre la maleta tendría que haberse sentado para hacer que cierre, si dentro de ella hubiera empacado también los reconocimientos recibidos: el premio a la mejor película en el Festival de Mar del Plata en 2006; los premios Ariel de plata a la mejor ópera prima, a la mejor actriz y a la mejor actriz de reparto. La proyección fue el sábado 12 de mayo, en la sala Margot Benacerraf del Ateneo de Caracas, y estuvo acompañada de una conversación con el público. El Circuito Gran Cine, que organizó la actividad, espera contar con la película para un festival de cine latinoamericano que habrá en agosto.

Como los cuentos de las abuelas

Cuando escribió el guión, Benet se propuso que la película se desarrollara, ante los ojos del espectador, como lo hace una narración oral para quien la escucha. Más en concreto, el modelo de esta historia de madres que paren niños que mueren e hijos que parten hacia la gran ciudad para liquidar los asuntos pendientes con el padre fueron los cuentos de la familia que suelen contar las abuelas. De modo que el relato no se desarrolla linealmente sino siguiendo los amplios meandros de un tiempo que fluye acompasadamente en círculos. Y lo hace al ritmo de largos planos-secuencia con movimientos de cámara envolventes, puntuados, cuando es debido, por elipsis sabiamente administradas y esporádicos episodios de sobresalto, registrados con cámara en mano para subrayar la zozobra de los personajes.

Ricardo Benet quiso lograr que las vueltas del relato se produjeran como cuando una vieja contadora de historias dice algo así como “por cierto, resulta que fulano...” No se trataría propiamente de flash backs, sino de lo que el director y guionista prefiere llamar paréntesis narrativos. “¡Pero me confunde el principio!”, exclama Benet, poniéndose en el lugar de un espectador cualquiera. “Claro que te va a confundir. El comienzo está pensado como aventando unas piezas de rompecabezas y es una invitación a ir armándolo juntos”.

La elección de la forma de narrar obedeció también a un afán de ser fiel a la realidad que se trasmuta en ficción en la película: la de una ranchería erigida a los lados del kilómetro 17 de una carretera que corta el altiplano desértico mexicano. Es una zona que Ricardo Benet conoce como la palma de su mano, puesto que ya había filmado allí cortos y documentales. La búsqueda de afinidad con la oralidad trata de responder así a un ajuste con un mundo de personas devueltas de la ciudad a un medio rural en el que, paradójicamente, no sobrevive gran cosa de la cultura del campo. Y lo mismo ocurre en el caso de lo que Ricardo Benet se propuso lograr con las actuaciones: ajustar los personajes a la realidad y no viceversa.

Al paisaje también le dio un tratamiento de protagonista, lo cual significó vencer la natural inclinación de un egresado de un historiador del arte formado Florencia. “Me preocupé porque las imágenes fueran muy precisas. Me interesaba también simplificar: que el viaje fuera caminar; que el hambre fuera un pan; que la religión fueran esos íconos y santos que aparecen. Yo tengo una deformación profesional por mis estudios. Por eso le decía al fotógrafo: ‘Recuerda: encuadres que estén a punto de ser bellos pero que se nieguen’. No se trataba de hacer una linda fotografía. Se trataba de despojar de toda distracción al cuadro y de que el personaje pareciera estar realmente integrado a ese lugar. Por eso me incliné también por el plano-secuencia, para poder tener la precisión que da la realidad. Cuando eso se logra, creo que la emoción corre como nunca”.

Un desastre iluminado

Pero la elección del tema y su tratamiento, en Noticias lejanas, no obedecieron únicamente a razones estéticas. Se trata de una cinta marcada por una clara inquietud social, aunque diametralmente opuesta al panfleto. Hubiera sido sobre todo ilógico para Ricardo Benet intentar soltar un discurso ante el público de su filme, quizás porque eso acabaría con la posibilidad de aglutinar a una audiencia. La estrategia, por tanto, debe ser otra: “Hay que traducir: tener una antena parabólica a la que lleguen todas las señales y volverlas”.

Desde la perspectiva de este compromiso ético, la realidad social retratada por Benet adquiere una renovada resonancia, puesto que se trata de un mundo donde la posibilidad de disfrutar de comida y cerveza, además del pago que se recibía, causaba más revuelo entre la gente de la zona que participó en la película que el hecho mismo de rodarla.

“Me di cuenta de que toda Latinoamérica es un desastre”, explica el cineasta. “Ya no hay nuevos pueblos o ciudades: todos los nuevos asentamientos se hacen alrededor de una carretera, con una gasolinería, una vulcanizadora. Y se van construyendo así, creyendo que el bienestar les puede llegar algún día, o bien que la felicidad está en algún otro lugar. Y se quedan en ese limbo. Un amigo antropólogo me decía que ha un cincuenta y tanto por ciento de la población de América Latina está viviendo en esas precarias condiciones de no cultura, donde no hay lugar para relajarse, estudiar, un lugar para vivir como tal. No hay núcleo. Se crean estos caseríos sin esperanza. No hay espacio siquiera para la religión”.

Ante esa situación, sin embargo, la cinta no pareciera hacer algo más que poner el dedo en la llaga para llenarla de pus todavía más. Al igual que los filmes de su compatriota Carlos Reygadas, Noticias lejanas no es para nada una película optimista. Pero quizás cumpla su cometido si se considera la preocupación que tienen los habitantes del kilómetro 17 porque el gobierno los considere como invisibles y dirija el tendido eléctrico que tanto esperan hacia otro poblado. Cuando menos ha llegado hasta ellos la luz del cine, y lo que en la pantalla se ilumina no tiene menos contundencia para el espectador que aquellos palazos en la cabeza de los que nació el proyecto de hacer la película.

Ficha técnica en IMDB

Lea la entrevista a Ricardo Benet en El Universal