Una
película que nació
de un palazo en la cabeza
El
episodio de la vida real de donde provino la inspiración
para realizar el filme
Noticias lejanas
(2004) aparece
representado, casi al pie de la letra, al comienzo de la
cinta. En la secuencia, unos hombres, metidos hasta media
pierna en un estanque, golpean en la cabeza a unos gansos,
que no levantan vuelo para huir y sólo aciertan a tratar de
hundir el pico en el agua turbia. En la escena auténtica que
presenció el director, cuando se escabulló junto con un
compañero de un rodaje en el que hacía la fotografía, uno de
los que mataba así a unos patos se volvió hacia ellos como
preguntándoles: “¿Y por qué ustedes no?”
“En
ese gesto había terror, ternura, hambre, violencia”,
recuerda Benet. “¿Y nosotros por qué no? Porque no teníamos
hambre. Para ellos, esa podía ser la única manera de comer
carne. A partir de ahí dije: tengo que hacer algo con esto.
Y entonces se armó así el proyecto”.

Ricardo Benet está de visita en Caracas por razones
personales y de trabajo, y aprovechó para exhibir una copia
de la cinta, en DVD, que trajo consigo, en su equipaje. Y
sobre la maleta tendría que haberse sentado para hacer que
cierre, si dentro de ella hubiera empacado también los
reconocimientos recibidos: el premio a la mejor película en
el Festival de Mar del Plata en 2006; los premios Ariel de
plata a la mejor ópera prima, a la mejor actriz y a la mejor
actriz de reparto. La proyección fue el sábado 12 de mayo,
en la sala Margot Benacerraf del Ateneo de Caracas, y estuvo
acompañada de una conversación con el público. El Circuito
Gran Cine, que organizó la actividad, espera contar con la
película para un festival de cine latinoamericano que habrá
en agosto.
Como
los cuentos de las abuelas
Cuando escribió el guión, Benet se propuso que la película
se desarrollara, ante los ojos del espectador, como lo hace
una narración oral para quien la escucha. Más en concreto,
el modelo de esta historia de madres que paren niños que
mueren e hijos que parten hacia la gran ciudad para liquidar
los asuntos pendientes con el padre fueron los cuentos de la
familia que suelen contar las abuelas. De modo que el relato
no se desarrolla linealmente sino siguiendo los amplios
meandros de un tiempo que fluye acompasadamente en círculos.
Y lo hace al ritmo de largos planos-secuencia con
movimientos de cámara envolventes, puntuados, cuando es
debido, por elipsis sabiamente administradas y esporádicos
episodios de sobresalto, registrados con cámara en mano para
subrayar la zozobra de los personajes.
Ricardo Benet quiso lograr que las vueltas del relato se
produjeran como cuando una vieja contadora de historias dice
algo así como “por cierto, resulta que fulano...” No se
trataría propiamente de flash backs, sino de lo que el
director y guionista prefiere llamar paréntesis narrativos.
“¡Pero me confunde el principio!”, exclama Benet, poniéndose
en el lugar de un espectador cualquiera. “Claro que te va a
confundir. El comienzo está pensado como aventando unas
piezas de rompecabezas y es una invitación a ir armándolo
juntos”.
La
elección de la forma de narrar obedeció también a un afán de
ser fiel a la realidad que se trasmuta en ficción en la
película: la de una ranchería erigida a los lados del
kilómetro 17 de una carretera que corta el altiplano
desértico mexicano. Es una zona que Ricardo Benet conoce
como la palma de su mano, puesto que ya había filmado allí
cortos y documentales. La búsqueda de afinidad con la
oralidad trata de responder así a un ajuste con un mundo de
personas devueltas de la ciudad a un medio rural en el que,
paradójicamente, no sobrevive gran cosa de la cultura del
campo. Y lo mismo ocurre en el caso de lo que Ricardo Benet
se propuso lograr con las actuaciones: ajustar los
personajes a la realidad y no viceversa.

Al
paisaje también le dio un tratamiento de protagonista, lo
cual significó vencer la natural inclinación de un egresado
de un historiador del arte formado Florencia. “Me preocupé
porque las imágenes fueran muy precisas. Me interesaba
también simplificar: que el viaje fuera caminar; que el
hambre fuera un pan; que la religión fueran esos íconos y
santos que aparecen. Yo tengo una deformación profesional
por mis estudios. Por eso le decía al fotógrafo: ‘Recuerda:
encuadres que estén a punto de ser bellos pero que se
nieguen’. No se trataba de hacer una linda fotografía. Se
trataba de despojar de toda distracción al cuadro y de que
el personaje pareciera estar realmente integrado a ese
lugar. Por eso me incliné también por el plano-secuencia,
para poder tener la precisión que da la realidad. Cuando eso
se logra, creo que la emoción corre como nunca”.
Un
desastre iluminado
Pero
la elección del tema y su tratamiento, en Noticias lejanas,
no obedecieron únicamente a razones estéticas. Se trata de
una cinta marcada por una clara inquietud social, aunque
diametralmente opuesta al panfleto. Hubiera sido sobre todo
ilógico para Ricardo Benet intentar soltar un discurso ante
el público de su filme, quizás porque eso acabaría con la
posibilidad de aglutinar a una audiencia. La estrategia, por
tanto, debe ser otra: “Hay que traducir: tener una antena
parabólica a la que lleguen todas las señales y volverlas”.
Desde la perspectiva de este compromiso ético, la realidad
social retratada por Benet adquiere una renovada resonancia,
puesto que se trata de un mundo donde la posibilidad de
disfrutar de comida y cerveza, además del pago que se
recibía, causaba más revuelo entre la gente de la zona que
participó en la película que el hecho mismo de rodarla.
“Me
di cuenta de que toda Latinoamérica es un desastre”, explica
el cineasta. “Ya no hay nuevos pueblos o ciudades: todos los
nuevos asentamientos se hacen alrededor de una carretera,
con una gasolinería, una vulcanizadora. Y se van
construyendo así, creyendo que el bienestar les puede llegar
algún día, o bien que la felicidad está en algún otro lugar.
Y se quedan en ese limbo. Un amigo antropólogo me decía que
ha un cincuenta y tanto por ciento de la población de
América Latina está viviendo en esas precarias condiciones
de no cultura, donde no hay lugar para relajarse, estudiar,
un lugar para vivir como tal. No hay núcleo. Se crean estos
caseríos sin esperanza. No hay espacio siquiera para la
religión”.
Ante
esa situación, sin embargo, la cinta no pareciera hacer algo
más que poner el dedo en la llaga para llenarla de pus
todavía más. Al igual que los filmes de su compatriota
Carlos Reygadas, Noticias lejanas no es para nada una
película optimista. Pero quizás cumpla su cometido si se
considera la preocupación que tienen los habitantes del
kilómetro 17 porque el gobierno los considere como
invisibles y dirija el tendido eléctrico que tanto esperan
hacia otro poblado. Cuando menos ha llegado hasta ellos la
luz del cine, y lo que en la pantalla se ilumina no tiene
menos contundencia para el espectador que aquellos palazos
en la cabeza de los que nació el proyecto de hacer la
película.
Ficha técnica en
IMDB
Lea la entrevista a Ricardo Benet en
El
Universal