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El Oscar de la transformación
Además de un premio concedido a películas que, si bien no son obras maestras,
podrían hacer aportes con respecto a la forma como Hollywood suele
representar la homosexualidad, la pobreza y las luchas políticas, como se
escribió ayer en Vértigo, y que también podrían abrir las puertas de
la industria estadounidense a la globalización, como señala Ángel Berlanga
en Página/12, el Oscar 2009 fue un galardón de actores. El arte de
transformarse en otro sobresale en el desempeño de los ganadores de la
estatuilla en el renglón de intérpretes principales, Sean Penn por Milk
y Kate Winslet por The Reader, al igual que en el caso del que
fuera favorito en la primera de esas dos categorías y no ganó: el
protagonista de The Wrestler, Mickey Rourke.
La actuación de Rourke es una de esas que tienen como centro la
transformación del cuerpo y que en Hollywood tiene como paradigma el Jake
LaMotta de Robert DeNiro en Raging Bull (1980). Si ese filme exigió
al intérprete convertirse en boxeador primero y en un obeso deportista
retirado después, el Randy “The Ram” Robinson de la cinta de Darren
Aronofsky tiene como contraparte la exigencia del realismo de los combates,
en contraste con la forma estilizada como Martin Scorsese filmó los suyos.
El problema es que el filme trata, con un estilo realista que se acerca al
de los hermanos Dardenne, una clásica historia hollywoodense de caída y
redención. Más complejo es el personaje de la vida real que interpreta Penn
en Milk. La genialidad del actor y del director, Gus Van Sant, estuvo
en representar cómo Harvey Milk no sólo no ocultaba su homosexualidad sino
que la exhibía con frescura e incluso con alarde, cuando le tocaba subirse
al podio para arengar a las masas. Ayuda a mantener el tono justo el
contraste con la sexualidad menos expansiva de Scott Smith (James Franco),
la primera pareja del protagonista en la cinta. La diversidad entre los
personajes gay pone de manifiesto la peculiaridad de la forma de ser de Milk
como individuo y no como representación de una orientación sexual, y algunos
gestos revelan menos valentía y confianza en sí mismo que la que exhibe
públicamente el héroe. Un ejemplo es su reacción de miedo cuando van a
dispararle.
El papel de Winslet en The Reader, de Stephen Daldry, plantea el
desafío de un personaje que actúa ante los demás para ocultar quién es en
realidad, y el esfuerzo que hace para ello se expresa en todos los gestos
endurecidos de la actriz. El disimulo se extiende hasta la intimidad, cuando
el joven Michael Berg (David Kross) lee en voz alta en la cama para Hanna
Schmitz, y se prolonga en las escenas en el tribunal, cuando persiste en
ocultar el secreto que más la avergüenza en circunstancias en las que,
irónicamente, se hace público que en el pasado fue guardia en un campo de
exterminio, en la Alemania nazi. Se trata del exacto reverso del personaje
de Winslet en Revolutionary Road, por el cual recibió el Globo de Oro
como mejor actriz principal de drama. La April Wheeler del filme de Sam
Mendes es una mujer que trata de expresar su auténtica personalidad a
contracorriente del teatro de la felicidad conformista en el que las
convenciones sociales la obligan a participar.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |