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cine venezolano

La Venus de nácar

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Al rescate del pasado
del cine en Venezuela  
 

 

 

La preocupación por la preservación y el rescate del patrimonio cinematográfico en Venezuela se tradujo en acciones concretas por primera vez en la década de los setenta, recuerda Oscar Garbisu, director del Archivo Fílmico de la Cinemateca Nacional. Anteriormente existía una inquietud por el tema, que se evidencia, por ejemplo, en la fundación de la Cinemateca, en 1966. A los cineastas, además, les ha interesado siempre el estado de sus materiales. Pero pasar de eso a tomar medidas para el rescate del patrimonio no parece haberse logrado sino hace alrededor de 30 años.

 

Desde entonces hasta la actualidad se ha recorrido en el país una breve pero apasionante historia para volver a la vida filmes que estaban a punto de perderse para siempre. Es un relato detectivesco, en algunos casos, porque hay películas importantes que llegó a creerse perdidas y reaparecieron casi que por milagro. Es el caso de Cuentos para mayores de Román Chalbaud (1963). En otras ocasiones ha hecho falta un poco de magia negra en el laboratorio para logra que la película surja nuevamente de materiales en avanzado proceso de descomposición, como ocurrió con La escalinata de César Enríquez, la más compleja de las restauraciones que se han hecho en el país hasta ahora.

 

Estos son unos pocos hitos entre todo lo que se ha logrado en la labor de rescate, y parte de los desafíos que afronta en el presente la tarea de restaurar el patrimonio fílmico nacional.

 

No suenan pero se ven

 

De 1980 data la recuperación de las dos únicas películas de ficción silentes venezolanas que hoy pueden ser proyectadas completas. Se trata de largometrajes de ficción filmados en Lara de manera independiente por Amábilis Cordero: Los milagros de la Divina Pastora (1928) y La cruz de un ángel (1928). La restauración fue hecha en Canadá para la Biblioteca Nacional, a partir de negativos y de copias en nitrato.

 

 
 

La cruz de un ángel
Cortesía de Arcoiris TV

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En 1992, la Cinemateca Nacional duplicó el primer rollo de la película venezolana más antigua de la que se conserva al menos una parte, Don Leandro el inefable, que se atribuye a Lucas Manzano (1918). El nuevo negativo se hizo a partir de una copia en nitrato de celulosa. Con el rollo 2 no pudo trabajarse en ese momento, puesto que estaba demasiado contraído por el deterioro, pero fue restaurado en 1998.

 

El caso de Don Leandro es particular también por otra razón. La película original había sido colorizada, copia a copia, mediante un procedimiento artesanal, lo cual implica un teñido general, no ponerle color a detalles específicos, como se hizo también en otras cintas venezolanas de la época silente. El trabajo de restauración incluyó una emulación de ese color en el rollo donde estaban la mayoría de las partes colorizadas –el segundo–, hecha mediante el copiado en película positiva de color y con el añadido de un tono equivalente al del original en el proceso, aunque el negativo está en blanco y negro.

 

Otra película silente importante de la que se hizo un copiado de conservación fue Armando Reverón de Edgar J. Anzola, un filme tardío para ser mudo, filmado entre 1934 y 1938, cuando ya se habían hecho películas sonoras en el país. Además de que es el registro más antiguo que se conserva de la vida del pintor en su Castillete en Macuto, destruido en 1999 por el deslave en el Litoral Central, esta película es también el primer ejemplo que ha quedado de uso de emunsión a color. El trabajo se hizo a partir de un negativo inflado a 35 mm. Se aprovechó entonces para devolver la cinta al formato original, de 16 mm, tratando de mantener la calidad, a pesar de que se trata de una copia de tercera generación.

 

“Taboga mía”

 

En 1996 fue restaurada la primera película sonora del cine venezolano, el corto de 7 minutos de duración titulado La Venus de nácar, realizado en 1932 por Efraín Gómez, sobrino del dictador y apasionado del cine. El trabajo fue hecho por la Cinemateca Nacional en el laboratorio de Bolívar Films, a partir de un negativo de imagen y una copia en nitrato de celulosa. El negativo de sonido original nunca ha sido encontrado, por lo que tuvo que trabajarse con el sonido de la copia, que estaba severamente amputado. Por eso, en las copias nuevas faltan partes de la banda sonora.

 

Más allá de su importancia histórica, La Venus de nácar fue convertida en un ícono publicitario, con el fin de crear conciencia sobre el pasado del cine venezolano, y la necesidad de conservarlo y rescatarlo. Un fotograma de la película se imprimió en franelas, jarros y otros materiales institucionales, y la cinta fue colocada también en Internet, mucho antes de que existiera Youtube. El esfuerzo, lamentablemente, no tuvo continuidad, como casi todo lo que hace el Estado en Venezuela. Pero queda como modelo de lo que podría ser una campaña para poner de moda la historia del cine nacional.

 

Un año antes fue restaurada Taboga y Hacia el Calvario de Rafael Rivero (1938) por Joao Sócrates de Oliveira, uno de los especialistas internacionales más destacados en el área.

 

La escalinata

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El rescate épico de La escalinata

 

La restauración más compleja de cine realizada en Venezuela es la del filme La escalinata de César Enríquez (1950), un peculiar ejemplo de película inspirada en el neorrealismo italiano, en tiempos en que esta corriente aún estaba en su apogeo, y también de realización independiente, cuando todavía era de importancia la producción comercial en el país, principalmente de Bolívar Films, realizada en muchos casos en coproducción con empresas del exterior, y con la participación de actores y técnicos extranjeros.

 

El negativo de imagen de La escalinata estaba tan deteriorado que no podía ser usado como referencia para el copiado, por lo que se pidió ayuda al director, con el fin de tratar de hacer en el laboratorio una copia que fuera como la película que originalmente realizó. El negativo presentaba también problemas de encogimiento, roturas, empates, pérdida de las perforaciones, desniveles de contraste, abrasiones y rayas, entre otras dificultades. Hubo un rollo cuyo copiado requirió 69 cambios de luces para lograr un resultado satisfactorio. En lo que respecta al sonido, 70% del negativo estaba irremediablemente deteriorado. Hubo que reconstruirlo entonces a partir de una copia, que también estaba descompuesta. 

 

Gracias a toda esa alquimia se ha vuelto a tener una cinta que hoy es valorada, no solamente por el hecho de que haya sobrevivido sino también por su significado en la historia del cine de Venezuela y América Latina.

 

Tras la pista de un Chalbaud

 

Es más fácil descubrir un día cualquiera que, por cuestiones del azar, se tiene a Román Chalbaud sentado al lado de uno en la Cinemateca que lo que en un momento fue dar con el segundo de sus largometrajes: Cuentos para mayores. Nadie sabía adónde habían ido a parar los negativos de imagen y sonido de esta película, y el propio director comenzaba a resignarse a darlos por perdidos, hasta que en 1992 en editor José Agustín Catalá donó la Cinemateca Nacional el archivo de Gamma Films.

 

Los materiales de esa empresa productora y laboratorio habían permanecido en un depósito, en La Vega desde que la firma fue liquidada, a mediados de los setenta, y entre ellos fueron encontrados, casi por milagro, los tan buscados negativos, sólo que incompletos y en pésimas condiciones. El óxido de las latas los había corroído y estaban, además, prácticamente a la intemperie. En consecuencia, si bien la imagen pudo ser rescatada, el negativo de sonido resultó inutilizable.

 

Se hizo entonces una revisión de las copias existentes en la Cinemateca Nacional, la Biblioteca Nacional y Bolívar Films, también deterioradas, para tratar de reconstruir el sonido a partir de partes utilizables. Pero sólo pudo completarse en una primera fase del trabajo el sonido de la primera y tercera historias de las tres que integran el largometraje. Todavía se trabaja en la reconstrucción del sonido de la segunda parte, para lo cual se ha encontrado una copia que ofrece posibilidades.

 

Cuentos para mayores

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Los rescates pendientes: ¿por dónde empezar?

 

Decidir qué restaurar y qué no comprende un conjunto de decisiones éticas difíciles, que los responsables de la conservación del patrimonio fílmico deberán tomar en la medida en que comiencen los trabajos de restauración digital en la Cinemateca Nacional, puesto que es materialmente imposible rescatar todo el cine que se ha hecho. Oscar Garbisu ha esbozado un criterio al respecto, que tiene como premisa un detalle que podría pasar inadvertido para los cinéfilos: la importancia de los noticieros hechos en cine como registro audiovisual del pasado histórico del país.

 

En su lista de prioridades figuran los tres noticieros que produjo la empresa Tiuna Films entre 1952 y 1980, que abarcan un total de 28 años y de cuyos negativos de imagen y sonido 80% está “avinagrado”, es decir, convirtiéndose en ácido acético como consecuencia de la descomposición. Pero advierte que ni siquiera sería posible, ni tendría sentido, conservar la totalidad del material. Habría que hacer un trabajo de curaduría que podría identificar cuál sería de importancia suficiente como para ser restaurado.

 

El rescate de las imágenes de interés exclusivamente histórico debería comprender también el noticiero del canal 8, registrado en 16 mm antes de que se pasara a video, lo cual representa un período de aproximadamente 20 años, y el de la Televisora Nacional, el antiguo canal 5, que fue el primero de su tipo que se hizo en el país. El otro noticiero de cine de importancia histórica, el de Bolívar Films, tampoco ha sido restaurado, y que la empresa no tiene la capacidad de hacerlo.

 

El rescate, en síntesis, debería comenzar, según Garbisu, por esos cuatro noticieros. Luego estaría el cine oficial de la época de Pérez Jiménez, que comprende registros de desfiles e inauguraciones de obras, entre otras imágenes que podrían ser valiosas para el conocimiento de lo ocurrido en esos años en Venezuela. Son entre 25 y 30 películas en 16 mm.

 

En lo que responde al cine de valor artístico hay dos prioridades en este momento. La primera es el problema que existe con las películas filmadas en color en la década del setenta, lo que comprende los largometrajes fundamentales que significaron el renacimiento de la producción nacional . La cuestión se debe a una característica de los negativos, y por la cual es necesario actuar pronto para rescatar el color de películas como El pez que fuma de Román Chalbaud (1977), para lo cual puede contarse con la ayuda del director, o Soy un delincuente (1976), que presenta como obstáculo la muerte de la principal fuente para dar pistas de lo que fue el original: Clemente de la Cerda, el realizador.

 

Entre las prioridades, finalmente estaría el cine urgente se los sesenta. Por las características de su producción y circulación se trata de un material deteriorado, aunque se han hecho copias de preservación de filmes clave como Estallido de Nelson Arrieti (1969) y La universidad vota en contra de Jesús Enrique Guédez (1968). Por el conjunto de la obra de Guédez podría comenzar la restauración, según Garbisu, quien señala una película a manera de ejemplo: Bárbaro Rivas (1967), el único filme en 35 mm y a color del realizador, y una de las piezas fundamentales del documental sobre artes plásticas en Venezuela.  

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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