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entrevista
"He crecido gracias al cine"
El español
Sergio Candel hace cine de autor sin ser pedante ni
considerarse un intelectual por encima de los demás.
Operador de video para televisión (lo que le da de comer),
este realizador formado en el madrileño Taller de Artes
Imaginarias, tiene a los treinta y tantos años tres
películas en su haber (la tercera recién filmada y en
postproducción), que en total le han costado alrededor de
18.000 euros. Rueda cuando puede y como puede, con amigos
actores y técnicos que no cobran, cámaras prestadas y sin un
guión encuadernado. Sus dos primeros trabajos sólo se han
visto en festivales, sin que nadie se interese por
distribuirlos a pesar de ganar premios.
El curriculum de
Candel dice que ha sido camarero y agente comercial de
páginas webs o cuadros de cerámica antes que cineasta. "La
verdad", dice, "es que no sabía muy bien qué hacer con mi
vida. A los 29 años vi un anuncio en el periódico, del T.A.I.
y me dije que por que no me matriculaba y así cambiaba de
vida. Mi verdadera vocación la encontré más tarde allí, de
la mano de uno de mis profesores, Paco Lucio, que me
descubrió lo que es el cine y me hizo enamorarme de este
trabajo".
Y el idilio sólo se ha acrecentado con el
tiempo hasta convertirse en adicción. Sergio Candel no
necesita demasiado para hacer una película, sobre todo no
demasiado dinero. La primera, La fuerza de la gravedad,
fue filmada en el País Vasco francés y español, en una casa
prestada, por 2.400 euros que se gastaron en la comida y el
alquiler de una furgoneta para el viaje. Actores y técnicos
no sólo no cobraron sino que aportaron ese dinero de su
bolsillo, a escote.
El que ahora presenta en Venezuela, Dos
miradas, se rodó durante dos semanas en el desierto de
Atacama, en Chile, desoués de que viera fotos del lugar que
hizo un amigo y le gustara la inmensidad del lugar. En broma
dice su director que se trata de una "superproducción"
porque el viajar con su escaso equipo (el cámara, el
sonidista y dos actrices), el coche y la casa alquilada le
salieron por 12.000 euros.
De su pasado comercial, el cineasta español
ha podido conservar la facilidad de "vender" ideas e
ilusiones a actores y técnicos, que se ponen en sus manos
justo por el mismo placer de rodar. El prefiere pensar que
tiene "don de gentes" y que se los gana a base de simpatía y
entusiasmo. Ambas cosas no le faltan a Candel, seductor nato
que ni siquiera necesita de un guión. "Nunca he escrito uno
como Dios manda. Sólo algunas notas, una escaleta... Les
cuento a los actores mi historia, cuando rodamos los pongo
en situación, y listo...", reconoce.
Por el momento ninguna de sus películas ha
sido distribuida comercialmente en España o cualquier otro
país. "Si tuviera que preocuparme por eso -afirma- no
seguiría haciendo películas. Cuando tengo tiempo y dinero lo
único que quiero es rodar. El cine me ha hecho crecer como
persona. Es cierto que es un espectáculo de masas, pero
tengo muchos amigos que hacen teatro y a veces representan
obras para grupos muy reducidos de personas. Yo me siento un
poco así. Para ellos y para mí la creación es una necesidad.
Estoy feliz cuando 20 o 30 personas ven mis películas, luego
vienen a hablar conmigo... No voy a decir que no me
encantaría que mis películas las vieran decenas de miles de
personas, pero quizás eso llegue algún día, y mientras tanto
me preocupo por seguir haciendo cine".
Greyda Durán
greydaduran@gmail.com
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