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Apostillas del Oscar 2009:
Venganza indie
Slumdog Millionaire (Quisiera ser
millonario), la gran triunfadora del Oscar con ocho premios, incluidos los de mejor película y mejor director, para Danny Boyle, no es una gran obra
de arte cinematográfico pero sí una película significativa. Lo mismo ocurre
con Milk, de Gus Van Sant, que fue recompensada con dos premios de la Academia: al
mejor guión original, de Dustin Lance Black, y al mejor actor, Sean Penn. Su
victoria sobre la homofobia, principalmente, pero también sobre los
prejuicios del cine estadounidense contra la representación de las
manifestaciones y de las acciones de calle en general como vía para
conquistar derechos, la convierten en una cinta política relevante. De la
misma manera, el filme de Boyle es innovador en el tratamiento de otro
tema tabú: la pobreza. A pesar de las críticas que puedan hacérsele, parece
destinada a ser como la Ciudad de Dios en su medio, aunque le haya
faltado el coraje para mostrar esa realidad en Estados Unidos o en Gran
Bretaña. Ese quizás sea el aporte del Oscar 2009: ha puesto de relieve que
puede triunfarse haciendo cosas que cambien las cosas en la industria,
aunque el resultado no sean obras maestras. La ganadora del año pasado,
Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men), era en
cambio básicamente una cinta que se ajustaba al ideal de película de arte de
Hollywood, al igual que la que fuera su principal rival, Petróleo
sangriento (There Will Be Blood) de Paul Thomas Anderson.
La victoria de Slumdog Millionaire representa también la venganza de
la producción independiente, que parecía condenada al ostracismo en
Hollywood con el cierre de divisiones de títulos especiales como
Picturehouse y Warner Independent por razones de cálculo económico. Se
equivocaron. La cinta de Danny Boyle, que costó 15 millones de dólares y
tiene un elenco de figuras desconocidas, ha recaudado hasta el momento 163
millones de dólares y se espera que llegue a 200 millones de dólares,
impulsada por el Oscar, a pesar de que en un momento Warner quiso cancelar
el proyecto y se consideró un lanzamiento sólo para DVD. “Estas películas
son importantes porque desafían la sabiduría convencional y muestran que
alguien puede hacer algo completamente diferente y triunfar aunque la
industria del cine se haya comercializado tanto. Slumdog Millionaire
es la anti-Héroe del centro comercial”, dijo un ejecutivo de Fox
Searchlight, la distribuidora que rescató el proyecto, citado por Variety.
El Oscar de este año, finalmente, es un triunfo de la combinación del amplio
abanico de tecnologías disponibles para la fotografía en la actualidad.
Sucedió en la ganadora en ese renglón por el trabajo de Anthony Dod Mantle,
que fue también Slumdog Millionaire. En la cinta se utilizaron las
ligeras cámaras digitales SI 2K, combinadas con cine en 35 mm,
principalmente para grabar de una manera menos intrusiva en Mumbai, India,
especialmente en los barrios. También permitieron que Mantle corriera junto
con los niños, cámara en mano, para meterse más profundamente en la acción
que registraba. Algo similar ocurrió en el trabajo de Claudio Miranda para
The Curious Case of Benjamin Button. En la cinta se mezcló el uso de
cámaras de 35 mm con la Viper que el director, David Fincher, había probado
en Zodiac, cuya fotografía la hizo Harris Savides y en la cual
trabajó Miranda. También empleó en el filme la Sony F23. En una dirección
contraria se movió The Dark Knight, que combinó por primera vez 35 mm
e Imax, un formato de 70 mm de más alta capacidad de captura que el estándar
cinematográfico, lo cual le obligó a trabajar poco con efectos digitales.
Eso indica que no se trata solamente de costos: las nuevas tecnologías han
hecho que el cine disponga ahora de más recursos entre los cuales elegir
para contar historias en la pantalla.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |