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Cortometrajes en Colombia:
¿obras de fácil digestión?

Diana Montenegro García
Estudiante y directora de cortometraje Sin decir nada
Universidad del Valle, Colombia

Es inevitable un retorcijón en las salas de cine mientras, a la espera de la película, proyectan uno de los nuevos cortometrajes colombianos.  Contenidos altamente digeribles para el público y cuyo rastro tendrá la perduración de un parpadeo, cuando la pantalla deje ver otra más de las maravillas de Hollywood.


20 Mil de María Gamboa/ Ciudad crónica de Klyck López/ El juego de Andrés Morales

Colombia no es un país que carezca de historias, pero parece que para muchos jóvenes realizadores resulta inevitable no decir algo más de ellas, crear otras nuevas más allá de la cabeza, historias que nazcan también del estómago –no es incidental el énfasis biológico– de esa parte que nos duele, que palpita cuando la pantalla logra decirnos algo. 

No sé si nace de las Escuelas de Cine en nuestro país, pues es éste el semillero de quienes contaremos historias en largos más adelante y de quienes, generacionalmente, también se espera tengamos algo más para decir.  Tal vez hay una necesidad excesiva de claridad y simplicidad para hacer de ideas complejas algo mucho más comprensible, esto no sólo de quienes finalmente realizan cortometrajes que son los estudiantes en formación, sino de los diferentes medios y canales de difusión y promoción de los mismos.

Ser un estudiante universitario con un cortometraje bajo el brazo en Colombia puede llevarte a diversos caminos: puedes andar por el pedregoso, tocando puertas en las grandes cadenas televisivas que, y esto es una triste realidad asumida, nunca tendrán interés por transmitir un cortometraje, ya que no alcanza a alimentar al hambriento monstruo del rating.  Quien tome el camino más independiente, buscará autopromocionarse en festivales y eventos fuera del país donde posiblemente obtenga  alguna mención, como dicen por ahí: “Nadie es profeta en su tierra”.

¿Cómo no tocarse la cabeza y pensar en las posibilidades de realización en un país como el nuestro? Pues bien, si no es el caso de que se haya contado con la suerte de haber rodado y editado el cortometraje, sino que se tiene una historia en la cabeza; tarea complicada.  Buena suerte tenemos aquellos que de una u otra manera, el estar vinculados a una institución educativa nos da, cuando menos,  acceso a equipos técnicos y humanos para las realizaciones.  Lo demás va por cuenta de las empresas privadas que, de buen corazón y sin ningún tipo de retribución más allá que su nombre en los créditos, decidan apoyar el proyecto.  

Las Escuelas de Cine no educan a los realizadores para consecución de recursos y de hecho, no sé hasta qué punto deberían hacerlo sin que el realizador audiovisual se volviera un mercader para negociar con empresas.

El panorama empieza a dejar de ser desesperanzador con el crecimiento notable de producciones audiovisuales en el país, pues anualmente se estrenan por lo menos cuatro películas nacionales y otros tantos cortometrajes en los circuitos de los Festivales y Academias. De una u otra manera, indistintamente de los temas Light que muchos de ellos manejan, abren la brecha para generar espacios de difusión y soporte para futuras producciones.

Aquí cabe mencionar algo que me resulta admirable y es el nuevo espacio que ha generado un canal nacional para las producciones universitarias.  No pude evitar sorprenderme al hacer zapping y encontrar que este canal, Señal Colombia, además de haber cambiado su imagen por completo por una mucho más joven y profesional, un gran porcentaje de su programación son realizaciones universitarias colombianas.  Bajo el emblema ‘todo lo que somos’ se han propuesto difundir estas realizaciones que además de ofrecer un amplio abanico de temáticas para el público, su exhibición es un estímulo para los realizadores y un incentivo para los futuros creadores.  De tal manera que hablar de exhibir un cortometraje por un canal nacional –claro está no de los grandes monopolios–, ha dejado de sonar irrealizable. 


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de Ricardo Cortés     

El Gobierno, por su parte, a través del Ministerio de Cultura entrega un estímulo a obras destacadas en ramas del arte como el teatro y el cine.  El premio Sin Formato, que consiste en un reconocimiento y difusión de la obra a través del canal de televisión ya mencionado, más un incentivo económico que asciende a los US$ 1.300 para los ganadores de cada categoría.  Tristemente, son sucesos de los que el país no tiene la más mínima referencia y parece todo quedar en el anonimato.

Es precisamente esto lo que hace que se convierta en un reto crear nuevas historias, contarlas a través de propuestas estéticas poco convencionales, detenerse y dar una mirada a aquello que muchas veces solo vemos de reojo, hacer visible lo antes invisible, hacerlo interesante y de entrada generar nuevos públicos que tengan la necesidad de sentir y ver la pantalla…