La Era
del Hielo 3 de
Carlos
Saldanha y
Mike
Thurmeier:
Convengamos en que no es lógico pedirle coherencia científica a los monos
animados. Todos de acuerdo en que difícilmente un ratón puede convertirse en
un chef famoso (Rattatouille) o que es bastante improbable que una
casa pueda volar desde EE UU a Sudamérica elevada por globos de helio (Up).
Nadie se queja y todos disfrutamos cuando la realidad se descuadra de sus
límites en las películas de monitos, pero la idea de una cálida jungla llena
de reptiles gigantes y plantas carnívoras debajo del hielo prehistórico es
simplemente retrasada. Luc Gajardo, La Nación Ver más/
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Trailer
de La Era
del Hielo 3
La Era
del Hielo 3 de
Carlos
Saldanha y
Mike
Thurmeier: Tras el inmenso éxito comercial de las dos primeras
entregas de La Era de Hielo en la Argentina (la segunda película
convocó en 2006 a 2.550.000 personas), se estrena con el lanzamiento más
ambicioso de las últimas décadas (220 copias en fílmico y 19 para salas
digitales 3D) esta tercera parte de la saga.
La propuesta -más allá de los indudables avances
tecnológicos en materia de animación y del impacto adicional que ofrecen los
efectos en 3D para aquellos que elijan esa opción- es bastante similar: por
un lado, las vivencias de la pandilla de siempre (el mamut Manny y su esposa
Ellie, el tigre Diego, Sid el perezoso y las zarigüeyas Crash y Eddie) y,
por otro, las apariciones de la ardilla Scrat que, en este caso, se enamora
de la sensual y astuta Scraty mientras sigue intentando apoderarse de la
elusiva bellota.
Tras un
prólogo demasiado largo y no del todo logrado (Manny y Ellie están a punto
de ser padres, Diego se plantea abandonar a sus amigos y al celoso Sid le
surge un súbito deseo de cuidar chicos propios), la acción se traslada de
los gélidos lugares de los films anteriores a una selva tropical atestada de
inmensos y voraces dinosaurios
- Diego Batlle, La Nación Ver más/
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La Era
del Hielo 3 de
Carlos
Saldanha y
Mike
Thurmeier: Que venga de una vez el deshielo. Si ya la anterior Era de
Hielo era una simple suma de sketches, de gracia más bien trasnochada, esta
tercera parte no llega ni a eso, echando mano, a medio camino, del último
recurso del realizador prehistórico: llamar a los dinosaurios. Recurso que
suele ser salvador (ya se sabe que el dino es uno de los bichos más
populares de todos los tiempos), pero acá ni siquiera
- Horacio Bernades, Página/12 Ver más/
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Duplicidad de
Tony Gilroy:
Duplicidad. ¿Quién engaña a quién? (Tony Gilroy, EE
U-Alemania, 2009) es una broma infinita. Ray y Claire (Clive Owen y Julia
Roberts) son espías veteranos que han sustituido sus antiguos patrones (los
gobiernos británico y estadounidense, respectiva- mente) por las grandes
corporaciones industriales. Son, por tanto, mentirosos y traidores por
naturaleza, entre sí y ante los patrones rivales. Lo mismo pasa con estos
últimos y con los colegas agentes, de manera que: olvídense de sacar en
claro la historia completa y limítense a disfrutar de los fragmentos.
Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo,
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Trailer
de
Duplicidad
Festín de la CARTELERA
Terminator: Salvation
In Bruges de
Martin
McDonagh: Una
actuación puede ser la diferencia entre un filme regular y
una película sobresaliente, o viceversa. En Brujas (In
Bruges, 2008), que abrió el Festival de Sundance del año
pasado, es un ejemplo de los segundo. La razón es la
participación como protagonista de ese extraño actor llamado
Colin Farell, consagrado por su papel en Alexander,
de Oliver Stone (2004), que le valió una nominación al
Razzie, y que tanto parece gustarle a Joel Schumacher. En la
cinta escrita y dirigida por Martin McDonagh, quien tuvo
éxito en Broadway con The Pillowman (2003), el
irlandés tiene una interpretación “física”, cuyo principal
recurso son las muecas en general y de sus gruesas cejas
negras en particular. Él y Brendan Gleeson, quien hace un
trabajo mucho más sobrio y parejo, tratan de componer así
una pareja como la de Stan Laurel y Oliver Hardy, por lo que
ese sería el referente de las expresiones faciales de
Farell. Pero eso está de más en un filme al que para
despertar interés le basta y le sobra con su metáfora del
infierno, basada en la arquitectura medieval y en obras de
El Bosco y de otros pintores
In Bruges de
Martin
McDonagh: Dos
asesinos en apuros
(Martin McDonagh, Bélgica, Inglaterra, 2008). Lo cómico implica ruptura de
la normalidad, de la causalidad, de los datos habituales con los que
vivimos. Hay muchos tipos de comicidad según el tipo de ruptura. Aquí lo
básico, lo insólito, es que tres sicarios tienen una respetable moral, se
comportan como seres normales, no hay ninguna moraleja y los actos
delictivos que se producen continuamente tienen una gracia notable, que
distancia al espectador pero lo mantiene atado a fuerza de ingenio y
agudeza. Los personajes son matizados y las actuaciones de altísimo nivel.
Hasta las tramas y los personajes secundarios como el insólito enano, casi
sin parangón en la historia del cine, y hasta un simple taquillero, con una
excesiva, cómica, pero verosímil gesticulación, son estupendos y sólidamente
respaldados por una actuación impecable. Alfredo Roffé, El Dedo en el Ojo,
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In Bruges de
Martin
McDonagh: La premisa se sale de lo
común: dos asesinos a sueldo son enviados a Brujas, en Bélgica, de
vacaciones, mientras las aguas del asesinato cometido se calman. La ciudad
protagonista última de la película- se transforma así en un catalizador de
culpas, ansias, fobias y filias, que van apareciendo mientras el espectador
asiste a una de las películas visualmente más deslumbrantes en muchos años.
Porque, vale la pena repetirlo, se trata de Brujas, en el corazón de la
Bélgica flamenca, una ciudad medieval dominada por la arquitectura gótica,
ese anhelo del hombre por llegar a Dios a través de las formas. Y nada es lo
que parece, en el film y en la trama - Héctor Concari,
Tal Cual Ver más/
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Transformers:
la venganza
de los
caídos de
Michael Bay: Catarata
de sonidos metálicos, imágenes con cámara en movimiento continuo y música
omnipresente -tanto que en el único plano en el que no la hay, se siente el
"vacío"-, la secuela de Transformers es más de lo mismo. Lo que no
está para nada mal: el problema surge en que lo mismo aquí es reiteración de
despliegue visual, que luce, pero sin ideas.
Un pedacito de metal que quedó en un bolsillo perdido del joven Sam luego de
la primera guerra en la Tierra entre Decepticons y Autobots (los
Transformers en general) origina la secuela. Megatron, el malo Decepticon,
vuelve a la vida una vez que otros aliados lo roban de una base militar, y
quiere venganza.
Ya está.
Roberto Orci y Alex Kurtzman suelen ser menos esquemáticos a la hora de
escribir los guiones para J.J. Abrams (Misión: imposible III, Star Trek),
pero aquí no crearon nada, son meros enhebradores de escenas. Si hasta los
productores de efectos podrían discutirle a Michael Bay el crédito de
director - Pablo O. Scholz, Clarín Ver más/
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de
Transformers:
la venganza
de los
caídos
Transformers:
la venganza
de los
caídos de
Michael Bay: 100%
lucha. Eso es la segunda Transformers, para goce de los ultrafans de la
hiperacción, y hastío del resto. Darse con un caño es la razón de ser de
estos gigantes de hierro y chapa, que empezaron como muñequitos y terminaron
siendo joyas de la computación digital. Fierro y fierro entregan los
transformers, con extrahumana obcecación, a lo largo de dos horas y media
que cotizan a razón de más de un millón de dólares el minuto. Nadie podrá
sospechar que los 200 millones de presupuesto de La venganza de los caídos
se hayan gastado en otra cosa: cada plano de la megaproducción de Steven
Spielberg y Michael Bay es un derroche de inversión, tan hipertrófico como
las criaturas protagónicas. Criaturas que, como se sabe, se la pasan
cambiando de forma y pueden llegar a medir veinte o treinta veces lo que un
ser humano. O esos remedos de seres humanos que transpiran, corren y
¿hablan? en la película de Bay. Y que, aunque lleven nombre y apellido, son
más robóticos que los robots protagónicos. Horacio Bernades, Página/12 Ver más/
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Transformers:
la venganza
de los
caídos de
Michael Bay:
Transformers recargado.
Así podría (debería) llamarse esta segunda entrega de la saga basada en
los muñequitos de Hasbro. Más (y, debe admitirse, mejores) efectos visuales,
más (150) minutos (¡¿para qué?!) y toda la artillería visual (videoclipera/publicitaria)
del más "grasa" de los directores de Hollywood: Michael Bay ¿Quieren más?
Los adolescentes darán rienda suelta a sus hormonas sexuales con los
recurrentes encuadres de las tetas de Megan Fox que se bambolean en slow-motion (la chica,
aniquilada cual Nicole Kidman por una sobredosis de colágeno, parece salida
todo el tiempo de la tapa de una revista tipoSports
Illustrated) -
Martina
Hirsch, Otros Cines Ver más/
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Up de
Peter Docter: No hay duda de que los
mejores filmes de animación del Hollywood actual son los producidos por
Pixar. De Toy Story a Wall-E, pasando por Los increíbles,
Cars y Ratatouille, esa compañía ha diseñado ambientes y
personajes virtuales en 3D que apuntan a una audiencia que, sin ser
infantil, está dispuesta a dejarse arrastrar por la seducción de una
formidable juguetería - Ricardo Bedoya,
El Comercio Ver más/
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Up de
Peter Docter:
Up. Una
aventura de
altura
(Pete Docter
y Bob
Peterson, EE
UU, 2009)
sigue el
camino
renovador
del cine de
animación
abierto por
los estudios
Pixar en los
años noventa
con Toy
Story.
Simpatía y
buen gusto
en la
concepción
figurativa y
dramática de
los
personajes,
balance
agraciado de
humor,
desenvoltura
narrativa
mediante el
uso de
elipsis y de
alusiones
sintéticas,
cuando
realistas,
cuando
fantásticas
-
Ambretta
Marrosu, El
Dedo en el
Ojo,
Últimas
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Up de
Peter Docter:
Pixar lo hizo otra vez. Después de cimas como ambas Toy Story,
Monsters Inc., Buscando a Nemo, Los Increíbles o WALL–E,
el estudio de John Lasseter entrega una nueva perla que, como de costumbre,
no se parece en nada a las anteriores. De hecho, cuando el propio Lasseter
describe a Pixar como algo más parecido a una scuola renacentista que a un
estudio cinematográfico, cabría aclarar que en esa escuela rige un único
lema. “Haz lo que quieras, mientras sea buenísimo”, parecería ser el lema, y
no hay otra regla o línea temática, técnica o estilística. Sí ciertas reglas
éticas: no reducir el público a los niños, no reducir a los niños a la
condición de infradotados o meros consumidores, no reducir el poder del
relato ante tecnicismos, facilismos o fórmulas precocidas. Una ética
aventurera, que se resume en aquel viejo mantra: Hasta el infinito y más
allá. Up, una aventura de altura lo hace casi literal, bajándolo al
plano de la
historia
misma. Horacio Bernades, Página/12 Ver más/Comentar
Terminator:
Salvation
de McG: A pesar
de sus defectos, Terminator: Salvation (2009) refunda
la serie iniciada por James Cameron en 1984 con The
Terminator. La película que acaba de estrenarse, al
igual que la primera, es un filme en el que los problemas
apenas están esbozados y predomina abrumadoramente la
acción. Sin embargo, hay un nuevo concepto. La
representación inicial del cyborg era como una máquina de
aspecto humano, programada para la consecución de un
objetivo y que no se detiene hasta alcanzarlo o ser
destruida –“El Terminator está afuera. No puedes negociarse
con él, no puede razonarse con él. No siente piedad, ni
remordimiento ni miedo, y no va a detenerse en lo absoluto,
nunca, hasta que estés muerta”, le dice Kyle Reese a Sarah
Connor en ese filme–. En cambio, ahora se entra en el
terreno transitado antes por los replicantes de Blade
Runner (1984): el cyborg es una criatura mitad humana
mitad máquina, que incluso puede desconocer su verdadera
identidad y, aunque fue creada con un fin, puede rebelarse
contra él y escoger su destino. El correlato de ello es un
cambio en el tipo de historia. Ya no se trata de personajes
que son perseguidos implacablemente por una criatura, que
deben huir, defenderse o morir sin otra alternativa, y a los
que todos consideran como paranoicos por lo que cuentan al
respecto, sino de una guerra en la que hay quienes creen que
no deben elegir entre un bando y el otro, mientras que
hacerlo significa para otros, como para el cyborg, definir
su identidad: ser persona y no robot - Pablo Gamba Ver más
Trailer
de
Terminator:
Salvation
Terminator:
Salvation
de McG: Terminator. La salvación
(McG, EE UU, 2009) confirma que la producción basada en la franquicia sobre
algún producto que, por a o por b, ya ha probado su rentabilidad, es la
manera más simple de entrar al mercado con garantías. En este marco y en
esta película alarma la insistencia de la obsesión del fin del mundo, que
nos devuelve a los momentos más oscuros de la historia. Claro que en tiempos
tan sofisticados como los nuestros se pueden forzar teorías científicas,
avances tecnológicos y residuos filosóficos, ofreciendo supuestas emociones
a través de los efectos especiales. Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo, Últimas Noticias Ver más/
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La
profecía del
no nacido
de David S.
Goyer:
La profecía
del no
nacido
(David S.
Goyer, EE UU,
2009). Hay
gente
insistente.
Es el caso
de este
cineasta que
todavía se
empeña en
hacer filmes
de
exorcismos.
Como ya el
asunto no
tiene
aristas por
donde
agarrarlo,
esta vez el
exorcista no
es un cura,
sino un
estudioso
del judaísmo -
Ricardo
Azuaga, El
Dedo en el
Ojo,
Últimas
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Trailer
de La
profecía del
no nacido
Ángeles y
demonios
de Ron
Howard:
Salvo mejor
opinión fue
Santo Tomás
de Aquino el
que separó
las aguas
entre la
ciencia y la
fe hace ya
unos cuantos
años. Pero
es posible
que su
Summa
teológica
no tenga,
hoy en día,
tantos
adeptos como
los libros
de Dan Brown,
que, con muy
buen tino
editorial,
prefieren
ignorarlo y
hacer del
Vaticano un
lugar más
bien
siniestro,
donde se
tejen
conspiraciones
de todo
calibre y
donde la fe
y la ciencia
pueden darse
la mano de
nuevo. Esto
no es todo,
difícilmente
haya
disciplina
más árida
que la
semiología,
pero el
genio de Dan
Brown la ha
convertido
en una
profesión
glamorosa,
que se codea
con las
mejores
intrigas
internacionales
(lo cual
explica, por
lo demás,
por qué la
Asamblea
Nacional
buscaba un
semiólogo
que
explicara
una de las
tantas
teorías
conspirativas
de estos
últimos
años) -
Héctor
Concari, Tal Cual Ver más/Comentar
Ángeles y
demonios
de Ron
Howard: No
esperen aquí ninguna diatriba contra Dan Brown, autor de limitados recursos
pero capaz de formular un neopulp de aeropuerto, astutamente diseñado para
proporcionar generosas dosis de placer epidérmico y culpable. Ángeles y
demonios, escrita tres años antes que el fenómeno de El código Da Vinci,
presentaba en sociedad a Robert Langdon, atildado lector de símbolos lanzado
a una improbable aventura donde la acción física y el descifrado de claves
ocultas se combinaban sobre el telón de fondo de una amenaza de automático
(y turbio) atractivo: la destrucción del Vaticano y, por extensión, la
derrota de la Iglesia católica frente al poder de un pensamiento racional
aliado a las fuerzas oscuras de los Illuminati. El Dan Brown de Ángeles y
demonios era más tosco y directo que el que poco después escribiría El
código Da Vinci, estaba menos empeñado en darle a su aparatosa novela barata
(en espíritu, que no en precio) un cierto barniz de refinamiento y, quizás
por eso, se atrevía a más cosas: por ejemplo, a culminar el relato con un
torrente de revelaciones folletinescas de irresistible toque psicotrónico -
Jordi Costa,
El País Ver más/Comentar
Estrenos en
LATINOAMÉRICA
Riverside
Return to
Bolivia
de Mariano Raffo:
Desde hace décadas un millón de bolivianos
viven entre nosotros, pero el cine local no
parece darse por enterado. Sólo lo hicieron
dos de los “fundadores” del alguna vez
llamado Nuevo Cine Argentino. Unos años
después de que Adrián Caetano le diera a un
inmigrante de ese país el protagónico de
Bolivia (2001), Martín Rejtman mostró
curiosidad por la fiesta de Nuestra Señora
de Copacabana, la más convocante de esa
comunidad. Pero la película resultante ni
siquiera se estrenó. Filmada para el Canal
de la Ciudad antes de que la política
cultural de la administración Macri lo
pusiera en la congeladora, Copacabana
(2006) tuvo una única exhibición en el
Bafici 2007. Ahora, titulada por algún
motivo en inglés, Return to Bolivia,
ópera prima de Mariano Raffo, viene a tomar
la posta en este terreno más bien yermo,
filmando la cotidianidad de una familia de
inmigrantes y su regreso (y vuelta) al (y
desde el) país de Evo. La proximidad desde
la que está filmada permite al espectador
porteño ponerse en la piel de los
protagonistas, aunque cierta falta de rigor
afecte, en parte, el resultado final.
Horacio
Bernades, Página/12 Ver más
Return to
Bolivia
de Mariano Raffo:
El director y guionista Mariano Raffo apunta
aquí su cámara a describir uno de los tantos
ejemplos de inmigrantes de países limítrofes
que se asentaron aquí con la ilusión de
progresar. Tomo a una familia de bolivianos
que atienden una verdulería en un barrio
porteño; el grupo, integrado por el padre,
la madre y sus tres hijos, extrañan su
Bolivia natal y, tras ocho años de ausencia,
deciden retornar a aquel espacio geográfico
que los vio nacer y que nunca les
proporcionó la felicidad tan deseada.
Durante el viaje van encontrándose con sus
familiares, con sus amigos y con sus
tradiciones abandonadas. Pero todo ha
cambiado y Bolivia tampoco parece ser ya su
lugar.
La
Nación Ver más
Jean Charles
de Henrique Goldman: Jean
Charles Menezes, brasileño asesinado en 2005
por la policía británica, que alegó haberlo
confundido con un terrorista. Este es el
personaje recreado por Goldman en Jean
Charles. El director optó por no
priorizar la responsabilidad de la policía,
presentando un personaje alegre, atrapante,
gracioso, sociable, astuto y a veces
embustero.
Héitor
Augusto, Cineclick Ver más
A erva do rato de
Júlio Bressane: No es de
hoy que la relación entre Júlio Bressane y
Manoel de Oliveira (Un filme falado)
pasa por factores que van más lejos que
hablar la misma lengua.
Sérgio
Alpendre, Cineclick Ver más
Mangue negro
de Rodrigo Aragao: Tal vez la
expresión "comer por los bordes" parezca
poco apropiada para un banquete zombi, pero
no hay cómo negar la diseminación de los
muertos vivientes por el circuito
alternativo del cine brasileño.
Laura
Cànepa, Cinequanon Ver más
Riverside
de Harold Trompetero:
El director más prolífico del cine
colombiano continúa con el estreno
escalonado por las ciudades del país de su
última película, que para él es como si
fuera la primera, según dice. Y es que luego
de cinco producciones (en nueve años) con
propuestas muy singulares y hasta
experimentales, ésta es su cinta más
convencional desde lo dramatúrgico y
narrativo, lo cual no es de ninguna forma un
defecto, pues se sabe que si algo requiere
de talento y conocimiento es contar una
buena historia planteada a la manera clásica.
Oswaldo
Osorio, Cinéfagos Ver más
Motor y Motivo
de Enrique Chimoy:
Desde sus inicios, el cine peruano apeló a
las figuras musicales de gran éxito popular.
En los años veinte y treinta estuvieron las
estrellas del teatro de variedades pero
también de la radio y la canción, desde
Teresita Arce hasta las Hermanitas Travesí
(Gloria, Elvira, Angelita), Carmen Pradillo,
Jesús Vásquez, Alicia Lizárraga, entre otras.
Ricardo
Bedoya, El Comercio Ver más
Loki - Arnaldo
Baptista de Paulo Henrique Fontelle:
Producción de Canal Brasil, Loki -
Arnaldo Baptista es muy fácil de ver por
su lenguaje simple, directo, televisivo. El
filme gana con el tono falto de pretención.
Fontelle deja mucho a la voluntad del
espectador para que se involucre con el
personaje y la trayectoria de su vida. Tal
vez la opción se dio por cuenta de la
genialidad del objeto. Podríamos pensar en
algo tipo "no tenemos la pretención de ser
tan geniales como el genio". Pero puede ser
también falta de osadía, pues el personaje
permitía una mayor experimentación del
lenguaje.
Ana
Martinelli, Cineclick Ver más
Cantantes de
radio de
Gil Baroni: Si tomamos
en cuenta tan solo la narrativa que
Cantoras de radio parece querer
enunciar, éste es un filme-homenaje a un
momento determinado de la música y de la
realidad brasileña, encarnado en el cuerpo
de cuatro cantantes que rememoran (en el
escenario y en entrevistas) a otras diez, ya
fallecidas, que marcan de diferentes (mas
siempre profundas) maneras no sólo el
imaginario nacional en un determinado
momento histórico sino directamente la vida
de estas cuatro "sobrevimientes".
Eduardo
Valente, Cinética Ver más
Patativa do
Assaré de Rosemberg Cariry:
El cine de Rosemberg Cariry está marcado por
una misión: rescatar la historia y las
raíces de la cultura popular del Noreste.
Patativa de Assaré - ave poesía no falta
a esa regla.
Julio
Bezerra, Cinética Ver más
Un hombre de
moral de Ricardo Dias:
La primera exhibición de Un hombre de
moral de Ricardo Dias, en el Cine PE,
estuvo marcada por calurosos aplausos.
Durante y al final. Es preciso entender esos
aplausos.
Cléber
Eduardo, Cinética Ver más
Budapeste de
Walter Carvalho:
Budapeste es un filme dirigido por el
fotógrafo más idiosincrático del cine
brasileño, basado en el mejor libro del
músico más unánime de la cultura brasileña,
y aun así tiene un aspecto inevitable de
"filme de director de arte". Rodrigo de
Oliveira, Cinética Ver más
La mujer
invisible de Claudio Torres:
Una cosa está
ocurriendo. Sábado en la noche, tres colas
se forman en un multiplex. Una pequeña, para
ver una comedia romántica americana. Otra,
un poco mayor, es para Terminator:
Salvation. Una tercera, enorme,
interminable, es para La mujer invisible,
el único filme agotado de la noche. Luiz Carlos
Oliveira Jr, Contracampo Ver más
La fiesta de la
niña muerta
de Matheus Nachtergaele: La
fiesta de la niña muerta parece traer
una voluntad bastante personal de Matheos
Nachtergaele de llevar al cine algo que le
es de queridísimo interés. Él habla siempre
de la importancia de la cultura ribereña del
río Amazonas, tan desconocida para nosotros.
Pero terminada la proyección surgen
preguntas. ¿De de qué Matheus quería
precisamente hablar: de un modo de vida o de
un misticismo? Paulo
Santos Lima, Cinética Ver más
La fiesta de la
niña muerta
de Matheus Nachtergaele: En dos
momentos diferentes de La fiesta de la
niña muerta se encuadra el caudaloso río
en cuya margen se ubica la pequeña ciudad
donde se desarrolla el filme. Allí, frente a
toda aquella agua que casi no permite que
entreveamos la otra margen, pero al mismo
tiempo permite que veamos lo suficiente como
para que entendamos la presencia sofocante
de la selva bien próxima, la cámara de Lula
Carvalho se sosiega por algunos momentos y
podemos contemplar una inmensidad casi
surreal de la naturaleza, donde la presencia
del hombre, inevitablemente, acaba por
adquirir una dimensión absolutamente
distinta de aquella a la que nos
acostumbramos en los ambientes eminentemente
urbanos donde habitamos. Eduardo
Valente, Cinética Ver más