Tropa de
élite
de José
Padilha: Ciudad
de Dios
estilizó hasta límites inimaginables las formas del cine social que
hasta los años noventa se hizo en América Latina. En cierta medida,
obligó a muchos de sus cultores a "modernizar" sus puestas en escena
hasta abandonar esa precaria tonalidad, descolorida, casi incolora, del
cine urgente de los sesenta, el de la denuncia enconada y el grito
insurrecto que caracterizó a la izquierda romántica de otros tiempos. Y
desde el estreno del filme de Fernando Meirelles, en 2002, la pobreza,
la delincuencia y el tráfico de drogas en los estratos más depauperados
de las sociedades latinoamericanas han comenzado a ser mostrados con
toda clase de efectos digitales: aceleración o desaceleración,
solarizaciones a lo Warhol, giros de 360º, abundantes picados y
contrapicados, mucha cámara en mano, montajes de espasmo y bandas
sonoras compuestas y arregladas por connotados dj’s. Sin embargo, el
documentalista José Padilha, de quien se conoció a través de un canal de
televisión por cable Ómnibus 174 (2002), espeluznante relato del
secuestro de una unidad de transporte público carioca que terminó en
tragedia, escogió para su primer largometraje de ficción un estilo
naturalista que, no obstante, convierte el relato de Tropa de elite
en una dantesca radiografía del estado de violencia al que se ha llegado
en las favelas que desdicen mucho del mote con que a veces se hace
referencia a Brasil: "El gigante del sur". Juan Antonio González, El Nacional Ver más
Trailer
de Tropa
de élite
Tropa de
élite
de José
Padilha:
Cuando José
Padilha ganó
el Oso de
Oro en el
Festival de
Berlín con
su primer
largometraje
de ficción
(antes había
hecho el
documental Ônibus 174) varios
periodistas
extranjeros
que cubrían
el evento
montaron en
cólera y se
preguntaron
cómo era
posible que
un jurado
presidido
por Costa-Gavras,
director
conocido por
sus ideas
progresistas,
premiara un
trabajo que
según ellos
era una
apología del
fascismo. Es
cierto que Tropa de élite es una
película muy
violenta y
que no
corresponde
a los
esquemas
clásicos de
la izquierda
pero esos
críticos
enfurecidos
se cuidaron
de mencionar
un pequeño
detalle: la
cinta se
exhibió en
Berlín en
portugués
con
subtítulos
en alemán,
idiomas que
ellos no
dominan.
Viendo la
película
debidamente
traducida la
polémica se
desvanece.
Incluso es
difícil
interpretar
la cinta de
Padilha como
un elogio de
la
brutalidad
policíaca
basándose
solamente en
las imágenes
por lo que
me pregunto
si la
indignación
de esos
reporteros
no se debe a
los
prejuicios
de la
crítica que
presume de
progresista
(casi toda)
-
Marco
González
Ambriz,
Profílmico Ver más
Elizabeth,
la edad de
oro
de Shekhar
Kapur:
Nueve años
después se estrena esta secuela de Elizabeth, cinta que
coloca a Cate Blanchett en el selecto club de actores nominados dos
veces al Oscar por interpretar el mismo personaje (Al Pacino, por su
Michael Corleone, es otro de ellos). Esta nueva cinta tiene mayor
presupuesto, con batallas navales incluidas, y a un Clive Owen ya
instalado en el estrellato (su interpretación de Sir Walter Raleigh
es quizá lo mejor de la película). ¿Valía la pena volver al
personaje? La estética preciosista del director paquistaní Shekhar
Kapur, consagrada a resaltar su evidente idolatría por la llamada
“Reina virgen”, lejos de agregar algo redunda en lo que ya había
quedado claro desde el primer filme: que Elizabeth lo sacrificó todo
–hasta a su prima María Estuarda– por mantener la corona.
Bernardo Esquinca, Letras Libres Ver más
Trailer
de
Elizabeth,
la edad de
oro
Batman, el
caballero de
la noche
de
Christopher
Nolan:
Hay que
decirlo
desde un
comienzo:
Batman, el
caballero de
la noche
no sería
nada de lo
que es –que
no es poco–
sin el
Guasón de
Heath Ledger.
Puede
parecer
exagerado
plantearlo
en estos
términos, o
incluso
demagógico,
considerando
que Ledger
viene de
morir en
enero
pasado, a
los 28 años,
cuando
todavía
estaba
despuntando
una carrera
que parecía
predestinada
a convertir
al
australiano
en el más
versátil, el
más
impredecible
actor de
Hollywood de
su
generación.
Pero no hay
ninguna
necrofilia
en la
constatación
de que su
desquiciado
Joker es el
eje sobre el
cual gira el
universo
descentrado
de este
nuevo Batman
-
Luciano
Monteagudo,
Página/12 Ver más
Trailer
de Batman,
el caballero
de la noche
Batman, el
caballero de
la noche
de
Christopher
Nolan:
En medio del
aluvión de
películas
basadas en
superhéroes
surgidos de
la
historieta,
esta sexta
entrega de
la saga de
Batman y
segunda
escrita y
dirigida por
el talentoso
artista
inglés
Christopher
Nolan no
sólo es una
de las más
logradas en
términos
estéticos y
narrativos,
sino que
además se
opone al
mero
artificio de
los efectos
visuales
generados
por
computadora,
a la mirada
paródica, y
a la
búsqueda de
la
satisfacción
primaria,
efímera y
facilista
propia del
habitual
bombardeo de
explosiones
o
persecuciones
a puro
vértigo. Tal
como ya lo
había
demostrado
en Batman
inicia,
película de
2005 en la
que
deconstruía
los orígenes
y traumas
del
personaje, y
también en
el resto de
su sólida
filmografía
(Memento:
recuerdos de
un crimen,
Noches
blancas
y El gran
truco),
este joven y
excelente
narrador
apuesta a
elaborar
tramas
inteligentes
en las que
va
dosificando
y moldeando
con
paciencia la
tensión y el
suspenso, a
desarrollar
con
profundidad
la
psicología
de cada uno
de los
personajes
y, en este
caso, a
plantear
incluso unas
cuantas
alegorías
sociopolíticas
con eje en
la paranoia
generalizada
y el pánico
frente a la
amenaza
terrorista
-
Diego Batlle,
La Nación Ver más
Batman, el
caballero de
la noche
de
Christopher
Nolan:
Cinco
grandes
diferencias
entre Batman:
el caballero
de la noche
y la inmensa
mayoría de
los
blockbusters
sobre
superhéroes
surgidos del
comic o de
los
videojuegos
que llegaron
en avalancha
durante los
últimos
tiempos. Martina Hirsch, Otros Cines Ver más
La
conspiración
de Paul
Haggis:
Tras ganar
el Oscar
hace un par
de años con
Crash
—su debut en
la
dirección—,
el veterano
guionista
norteamericano
Paul Haggis
acometió la
realización
de La
conspiración
(In the
Valley of
Elah),
una drama
contemporáneo
que propone
varias ideas
importantes
en el marco
de la
invasión
estadounidense
a Irak: el
efecto
deshumanizador
de la
guerra, el
desperdicio
de vidas en
un conflicto
sin sentido,
la tendencia
de los
gobernantes
de la mayor
potencia del
mundo a
acomodar la
realidad de
acuerdo con
sus
intereses,
e, incluso,
el miedo a
descubrir lo
que
realmente
son nuestros
hijos. La
fuerza de
estos
planteamientos
se presenta
a través de
la
estructura
narrativa
del género
policial, lo
cual permite
al director
abordar una
muerte
específica
pero también
el contexto
en el que se
produce.
Film duro
que pone de
relieve un
tema muy
actual —la
intervención
militar de
una potencia
en otro
país— cuyas
consecuencias
aún estamos
midiendo
fuera y
dentro de
los Estados
Unidos
-
Alfonso
Molina,
Ideas de
Babel Ver más
Trailer
de La
conspiración
La
conspiración
de Paul
Haggis: El valle de
Elah
del título original fue el escenario de la lucha de David y Goliath.
El dato es revelador porque el film de Paul Haggis (libretista de
Clint Eastwood, y director de la premiada Crash) va mucho más
allá de una peripecia policial entretenidísima. Salvo mejor opinión,
la película es hasta el momento la descripción más desgarradora de
los efectos de la guerra de Irak en casa. El hilo conductor de la
trama es un soldado AWOL (ausente sin permiso oficial en la jerga
militar), a su regreso de Irak, al cual su padre, un ex
investigador, veterano del ejército, comienza a buscar. La trama es,
si se quiere, tan previsible como la de todo buen policial clásico,
pero la astucia de Haggis está en hacer planear sobre ella la duda
como elemento permanente del clima que vive el país. El film se abre
y cierra con una misma escena que cambia de signo, el de una bandera
incorrectamente izada, que remite a un tiempo de tensión extrema. En
algún otro artículo hemos hablado del papel de la imagen (viva,
real, inmediata a veces) en la forma en que el conflicto es digerido
en el día a día americano.
Héctor Concari, Tal Cual Ver más
Un golpe de
suerte
de Mark
Mylod: Un golpe de
suerte
(Mark Mylod, Nueva Zelanda / Canadá / Estados Unidos, 2005) es una
comedia negra alrededor del clásico motivo del cadáver hallado,
perdido y variamente trasladado. También es tradicional el lío entre
el pretendido beneficiario de un seguro de vida y el suspicaz agente
de seguros. Sin embargo, guionistas y director lograron darle
originalidad a la película, tanto a nivel de la intriga como
mediante una locación insólita y el empleo de óptimos actores en
interpretaciones ingeniosamente caricaturescas. Woody Harrelson se
lleva la palma de la actuación y Robin Williams se salva del
melodrama combinando su nerviosismo con la astucia de la intriga y
las virtudes del montaje. Ribisi invierte enrevesadamente el sentido
moral de la búsqueda de la verdad y H. Hunter, con burlona alegría,
el estereotipo patético de la enfermedad. Mediante una progresión
narrativa fundada en el detalle y lo inesperado y aprovechando la
espléndida blancura de Manitoba (Canadá Occ), el director inglés
maneja firme y finamente el todo. Alfredo
Roffé,
El Dedo en
el Ojo,
Últimas
Noticias
Beethoven,
monstruo
inmortal
de Agnieszka
Holland: "¿Y
qué pasaría si...?” es la pregunta de la que nace la ciencia
ficción, un género que se caracteriza por imaginar otros mundos
posibles en el futuro u otras posibilidades en el presente. En
Beethoven, monstruo inmortal (Copying Beethoven,
2006), que formó parte de la selección oficial del Festival de San
Sebastián y estuvo nominada al premio Goya, en España, como mejor
película europea, los guionistas y productores Steven Rivele y
Christopher Wilson, y la directora, Agnieszka Holland, se hicieron
la misma pregunta, pero en relación con el pasado: “¿Qué hubiera
pasado si...?”. Entonces inventaron más de lo que suele hacerse en
estos casos: le crearon a Ludwig van Beethoven una copista
imaginaria que se convierte, además, en una interlocutora y
colaboradora central en sus últimos días como compositor y llega a
dirigir la Novena sinfonía en el estreno. Planteamientos
delirantes como este no fueron ajenos al cine de inquietud moral que
se hizo en Polonia en los ochenta, y del cual Holland fue destacada
exponente junto con Krzysztof Kieslowski -
Pablo Gamba Ver más
Trailer
de
Beethoven,
monstruo
inmortal
Beethoven,
monstruo
inmortal
de Agnieszka
Holland: El cine, en
épocas distintas y con mayor o menor suerte, se ha ocupado de
Beethoven. Lo hizo Abel Gance en 1936 con Un grand amour de
Beethoven interpretado por Harry Bauer sobre un guión que se
refería esencialmente a la sordera del compositor. De este film
resultaron grandilocuentes y melodramáticas muchas de sus escenas.
Se recuerda aquella en la que el músico escribe una amarga reflexión
sobre su sordera y estalla la tormenta. En el pesado silencio que lo
rodea un trueno estremece la tarde. En su cabeza los ruidos de la
tempestad se organizan y mientras los espectadores los escuchan se
ve al músico anotar con velocidad los acentos más gigantescos que
posee la música pero que de inmediato van a escuchar los atónitos
espectadores: los acordes de la tempestad en La pastoral que
el dolor del compositor, llevado al paroxismo, acaba de gestar. Por
su parte, Hollywood se empeñó en convertir a los grandes músicos en
personajes excesivamente atormentados y románticos, asediados por
mujeres dominantes y dueños de un temperamento exuberante y
explosivo. Afortunadamente, Agnieszka Holland apoyándose en Ed
Harris en el rol de Beethoven y en Diane Kruger como Anna Holtz la
estudiante de música y asistenta del compositor, nos aproxima a una
imagen menos melodramática y estrafalaria del gran sordo de Bonn
-
Rodolfo Izaguirre, El Mundo Ver más
Beethoven,
monstruo
inmortal
de Agnieszka
Holland: A medida que avanza
la proyección de Beethoven, monstruo inmortal, detecto tres
ideas muy claras que ofrece su realizadora Agnieszka Holland. La
primera es que se trata de una película muy musical, obviamente,
pero no sólo en el sentido sonoro del vocablo sino en la expresión
visual de la obra del compositor alemán, es decir, en la percepción
de su música a través de imágenes, gestos y movimientos dotados de
un ritmo propio. Ese carácter visual de su música se expone en los
fantásticos 17 minutos que dura la secuencia del estreno de la
Novena sinfonía en la Viena de 1824 cuando —según el guión de
Christopher Wilkinson y Stephen Rivele— el propio Ludwig van
Beethoven la dirige con la ayuda de una “apuntadora”. La segunda
idea es que el verdadero personaje principal del film no es el genio
de Bonn sino Anna Holtz, la hermosa chica de 23 años que quiere ser
compositora y se convierte en la copista de las partituras del
maestro. Ella es la que conduce la trama, la que cambia la actitud
del músico y la que evoluciona como ser humano ante el rechazo y la
admiración que siente por el furioso creador. Y la tercera idea, tal
vez la más importante, es que casi todo lo que cuenta la película es
ficción, no se apega a la verdad histórica, es producto de la
imaginación de los guionistas y de la directora polaca. Ni existió
Anna Holtz ni Beethoven dirigió el estreno de la Novena ni
era capaz —en 1824— de escuchar un cañonazo a su lado pues su
sordera era total desde la década anterior. No obstante, Copying
Beethoven es una película inquietante y seductora.
Alfonso Molina, Ideas de Babel Ver más
Sospechas
mortales
de Nick
Cassavetes:
Jesse James
Hollywood es tan apuesto que podría haber trabajado como actor de
cine. Tiene cierto aire a Ben Affleck. Hoy, a los 28 años de edad,
espera condena en una prisión de California y es casi seguro que lo
sentenciarán a la pena de muerte. A este joven ex traficante de
drogas de los suburbios más hedonistas de Los Ángeles se la acusa de
secuestrar y ordenar el asesinato en agosto de 2000 de un muchachito
judío de 15 años de edad escapado de su casa, Nicholas Samuel
Markowitz. Antes, paradójicamente, le permitió vivir los mejores
días de su vida. Piscinas, palmeras, automóviles descapotables,
marihuana casera y catiritas de hormonas explosivas. Es el
ecosistema de Alpha Dog (recibirá el irrazonable título
español de Sospechas mortales), película de 2006 de Nick
Cassavetes, hijo de dos fallecidas leyendas del cine alternativo
estadounidense, el director John Cassavetes y la actriz Gena
Rowlands. Alexis Correia, El Nacional Ver más
Trailer
de
Sospechas
mortales
La misma
luna
de Patricia
Riggen:
Una de las
favoritas de
la audiencia
en el
festival de
Sundance del
año pasado
cuyo estreno
comercial
fue
hábilmente
programado
para el mes
de marzo,
cuando la
cartelera
está
desierta, y
que a la
postre se
convertiría
en un éxito
de taquilla
en México,
al menos
hasta que
Indiana
Jones y
Iron Man
la borraron
del mapa. En
Estados
Unidos tuvo
una
presentación
más discreta
pero igual
recaudó doce
millones de
dólares,
nada
despreciables.
Un premio
justo para
una cinta
donde cada
segundo está
planeado
para
llegarle al
público por
su lado
ciego: el
sentimentalismo
desbordado
que reduce
el problema
de la
inmigración
ilegal a una
historia de
amor filial -
Marco
González
Ambriz,
Profílmico Ver más
Trailer
de La
misma luna
Kung Fu
Panda
de Mark
Osborne y
John
Stevenson: Kung Fu Panda,
el más reciente estreno de Dreamworks Animation, se apropia de los
códigos del wuxia, es decir, el cine de fantasía intemporal y artes
marciales (con frecuencia "voladoras") del Lejano Oriente cuya más
famosa exponente internacional probablemente sigue siendo El tigre y
el dragón (2000), de Ang Lee. Se incluye un viejo maestro estilo
Yoda que lanza sentencias tipo "No hay noticias buenas ni malas, sólo
noticias" y objetos de nombres rimbombantes como el "durazno de la
sabiduría celestial". Los protagonistas son animales de la casi extinta
fauna de la China continental, el país de moda en 2008: un oso panda y
combatiente de cinturón negro que reivindica a los obesos, un leopardo
de las nieves, una tigresa y una tortuga, entre otros. El tema del
ecosistema chino es interesante porque uno de los retos de la animación
digital es conseguir nuevos personajes y escenarios. De hecho, algunos
críticos sostienen que el exceso de películas de animación computarizada
ha convertido al género en un zoológico rotativo
-
Alexis Correia, El Nacional Ver más
Kung Fu
Panda
de Mark
Osborne y
John
Stevenson:
Se lleva
El Karate
Kid a la
China de
Mulan,
se lo bate
con Nacho
libre,
se lo llena
de
animalitos
de peluche y
se obtiene
Kung Fu
Panda,
nueva
superproducción
animada del
sello
Dreamworks,
que costó la
friolera de
130 millones
de dólares y
ya recaudó,
en menos de
un mes y
sólo en
Estados
Unidos, cien
millones por
encima de su
costo. No es
que sea mala
esta
fabulita del
panda que
empieza
trabajando
en el
restorán de
sopas de su
padre-ganso
(las leyes
de la
herencia
obedecen a
sus propios
códigos
aquí) y
termina como
salvador de
su
comunidad.
El problema
es que entre
mitologías
de default
(la del
héroe, sin
la cual
parecería
prohibido
crear un
producto
popular en
Estados
Unidos) y el
recurso al
cut and
paste,
Kung Fu
Panda no
puede
disimular su
carácter de
multiprocesadora
animada
-
Horacio
Bernades,
Página/12 Ver más
Hancock
de Peter
Berg: La idea ya
planeaba en Los increíbles, el desopilante largometraje de dibujos
animados de Walt Disney y Pixar en el que una familia de superhéroes
era demandada por los mortales, hartos de los efectos colaterales de
sus actos heroicos. En este caso el superpoderoso de turno es Will
Smith, un alcohólico de malos modales y peor conducta, a quien la
amnesia le ha arrebatado el origen de sus capacidades. La premisa es
interesante porque todos los superhéroes siempre han agregado a sus
habilidades una virtud superior: la buena educación. No es el caso
de Hancock, un ser de pésimos hábitos en la mesa, impresentable
vocabulario y torpeza indecible a la hora de enfrentar a los malos.
En su rescate aparece un relacionista público empeñado en relanzar
su imagen ante la comunidad, con lo cual el libreto toca en clave de
broma una de las fibras más sensibles del establishment norteamericano:
el "qué
dirán". Héctor Concari, Tal Cual Ver más
Trailer
de
Hancock
Hancock
de Peter
Berg: Ningún cinéfilo
puede negar que éste es el momento de los superhéroes. Desde
animados hasta reales, desde clásicos hasta desenterrados del
olvido, desde historias vacías hasta películas dignas de verse. La
moda de los protagonistas sobrehumanos en la pantalla ha traído
consigo de todo, pero no parece tener intenciones de agotarse.
Mañana, en estreno mundial, es el turno de una variante de héroe
poco vista, una que tiene mucho de alcohol, de mendigo y de poca
paciencia - Nerea Dolara, El Nacional Ver más
Hancock
de Peter
Berg:
Caso raro
entre los
seres
superpoderosos,
Hancock no
le cae bien
a nadie, y
eso que
cuenta con
el probado
carisma de
Will Smith.
Y no es
porque este
robusto
moreno con
aspecto de
homeless
tenga
invariable
malhumor y
ande siempre
con una
botella de
whisky en la
mano ni
porque haya
puesto sus
dones
extraordinarios
al servicio
del mal.
Todo lo
contrario:
como vuela a
la velocidad
del sonido,
posee la
fuerza
suficiente
para
levantar un
tren en el
aire y es
capaz de
resistir
disparos de
cualquier
calibre,
resulta
imprescindible
para impedir
catástrofes,
desbaratar
el golpe de
la banda
mejor
pertrechada
o sacar del
apuro a la
policía
cuando se ve
desbordada
por una
delincuencia
cada vez más
salvaje. El
problema de
Hancock es
de modales:
no sabe
administrar
sus poderes.
Salva muchas
vidas, es
cierto, pero
de sus
despegues y
aterrizajes
hay señales
por toda la
ciudad y no
son baches
sino
cráteres.
Nunca se
fija muy
bien por
dónde vuela
y a su paso
deja una
estela de
destrucción.
Y, claro,
produce
tantos daños
que no
recibe
aplausos
sino
abucheos, lo
que
multiplica
su malhumor
-
Fernando
López,
La Nación
Ver más
Festín de la CARTELERA
Promesas peligrosas
El
superagente
86 de
Peter Segal:
Es
inevitable
hacer
comparaciones.
Ellos se lo
buscan. La
gracia de la
serie
televisiva
se centraba,
al menos, en
dos cosas.
Primera: las
referencias
al contexto
de la guerra
fría con la
paranoia que
ésta desató
entre un
bando y el
otro bando,
los mitos
del
espionaje,
su
sofisticada
y ridícula
tecnología y
la obvia
burocracia
que
intentaba
ocultar
estas
operaciones.
Segunda: la
parodia de
un género
tan notable,
con James
Bond a la
cabeza y Le
Carré
dándole
prestigio al
asunto. El
filme de
Peter Segal
trata de
respetar
todo esto.
Para eso
echa mano de
un supuesto
resurgimiento
de aquella
guerra que
en
apariencia
nunca
existió, de
la
tecnología,
de las citas
fílmicas y
televisivas,
de
escenarios
notables
como en los
filmes de
007. Pero
todo se
desarrolla
en pleno
siglo XXI y
la cosa
pierde
sentido.
Steve Carrel
lo hace tan
bien que el
espectador
olvida que
no es Don
Adams, las
apariciones
de actores
como Terence
Stamp, James
Caan o Bill
Murray son
deliciosas y
las
referencias
a filmes e
imágenes de
las series
de los años
60 apelan
con dignidad
a la
nostalgia
del
espectador.
Como no
parte de un
cómic que
sólo conocen
los
fanáticos
del género,
sino de un
programa de
televisión
que aún hoy
se
transmite,
no queda más
que añorar
el ingenio y
la destreza
artesanal de
Mel Brooks. Ambretta Marrosu,
El Dedo en el Ojo,
Últimas Noticias
Trailer de
El
superagente
86
El
superagente
86 de
Peter Segal:
Pudo haber
sido peor.
También
mejor,
claro. Entre
la
frustración
módica y
cierta forma
de
resignación
aliviada, la
versión
cinematográfica
de El
superagente
86 no es
un desastre
ni da
vergüenza
ajena. Si
más o menos
funciona, es
por una
combinación
de déjà vu
prestado
(por la
serie
original) y
de actitud
por parte
del
espectador,
que hace
fuerza desde
la butaca
para revivir
a toda costa
algo
parecido a
las
carcajadas
que de chico
le
despertaban
aquellos
episodios.
¿Es porque
era chico
que se reía
así, por la
serie en sí,
o por las
dos cosas?
¿Será el
doblaje el
que se lo
impide
ahora? Pero
si la serie
la veía
doblada, y
acá hasta el
actor
mexicano que
le pone voz
de Maxwell
Smart es el
mismo que lo
hacía en la
tele...
Horacio
Bernades,
Página/12
Ver más
El
superagente
86 de
Peter Segal:
En 1965, Mel
Brooks y
Buck Henry
concibieron
una serie
que se
mantendría
en el aire
durante más
de un lustro
y que luego
pasaría a
formar parte
de la
historia
grande de la
pantalla
chica. Las
absurdas
desventuras
de Maxwell
Smart, un
agente
secreto tan
inepto como
querible, se
convirtieron
en un
clásico para
varias
generaciones
y la pareja
conformada
por el 86
(Don Adams)
y la 99 (Barbara
Feldon), en
un ejemplo
casi
insuperable
de química
humorística.
Diego
Batlle,
La Nación
Ver más
El
superagente
86 de
Peter Segal:
La serie
original
lanzada en
1965 es una
de las joyas
de la
televisión.
De chica,
una podía
volver a ver
cualquiera
de los
capítulos de
sus siete
temporadas
una y otra
vez sin que
los gags del
enorme Don
Adams y de
la querible
Barbara
Feldon
perdiera un
ápice de su
timing y su
eficacia.
Quizás por
eso los
intentos por
revivir al
genial
personaje de
Maxwell
Smart
concebido
por Mel
Brooks y
Buck Henry
fueron
tremendos
fracasos:
tanto en la
impresentable
La bomba
desnuda
(1980) como
en un
efímero
telefilm de
1989 o en
una penosa
tira de 1995
que duró
apenas 7
capítulos.
Con
semejantes
antecedentes,
este film
modelo 2008
-tan en
sintonía con
el
interesado
fervor
hollywoodense
por los
reciclajes
de la TV
sesentista y
setentista-
tenía casi
todo para
perder y, en
principio,
sólo unos
cuantos
dólares para
ganar.
Error. No
estamos, por
supuesto,
ante una
obra maestra
de la
comedia
física, pero
sí frente a
un producto
digno,
sólido,
disfrutable
-
Martina
Hirsch,
Otros Cines
Ver más
Promesas
peligrosas
de David
Cronenberg:
El cuerpo desnudo
y tatuado de Viggo Mortensen en un baño turco vaporoso, peleando
contra dos chechenios vestidos de negro durante tres minutos y
medio, con sangre y violencia en campo, refleja y sintetiza el
recorrido cinematográfico de Cronenberg. Un cine donde el cuerpo, su
aspecto, su
accionar y
reaccionar,
es el eje
desde donde
nacen las
anécdotas.
El cuerpo
tecnológico,
el cuerpo
monstruo, el
cuerpo
bicho, el
cuerpo que
se enciende
sexualmente
a partir del
choque.
Carolina Urrutia, La Fuga Ver más
Trailer de
Promesas
peligrosas
Promesas
peligrosas
de David
Cronenberg:
Promesas peligrosas,
la más reciente película dirigida por David Cronenberg (Eastern
Promises, 2007), parece ser una cinta sobre el tráfico de
mujeres de Rusia a Gran Bretaña, con el fin de prostituirlas, y
sobre la forma como opera la mafia rusa en el extranjero. Bajo esa
superficie, plagada de lugares comunes y de prejuicios con respecto
a la gente de Europa del Este, subyacen dos temas que recorren toda
la filmografía de Cronenberg. El primero es el del cuerpo y sus
posibles modificaciones, que es tratado en Sheevers (1975),
Rabid (1977), Videodrome (1983), La mosca (The
Fly, 1986), Inseparables (Dead Ringers, 1988),
El almuerzo desnudo (Naked Lunch, 1991), Crash
(1996) y eXistenZ (1999). El otro es el del cuerpo y la
identidad de la persona, que aparece en M. Butterfly (1993) y
antes en Scanners (1981), así como también en el filme
anterior del director: Una historia violenta (A History of
Violence, 2005), del cual Promesas peligrosas pareciera
ser una suerte de continuación, tanto por el tema del crimen como
por la reaparición de Viggo Mortensen en el papel del protagonista.
Esto es lo único que podría dar pie para pensar que es una película
en la que un autor deja su huella en el material genérico de la
industria. Y aun así quizás sería pisar en falso dos veces, porque
en sus primeras cintas profesionales Cronenberg demostró que no
existe tensión alguna entre sus inquietudes personales y los géneros
de la ciencia ficción y el terror por lo menos, y sus marcas
autorales en Promesas peligrosas son tan leves que incluso
podría pensarse que se trata de la obra de un director diferente,
lejanamente influenciado por él - Pablo Gamba Ver más
Promesas
peligrosas
de David
Cronenberg:
En el siglo
XX,
Cronenberg
se consagró
como un
director de
vanguardia,
nihilista,
haciendo
películas
con temas
repugnantes
y marcadas
por el
profundo
asco que
producían
muchas de
sus escenas,
pero con muy
notable
calidad
artística.
Recuérdese,
por ejemplo,
La mosca
(1986). Pero
el Siglo XXI,
o los muchos
años, le han
hecho perder
lo que lo
hizo famoso:
el efecto
revulsivo.
Así,
Promesas
peligrosas
es sólo un
filme de
suspenso, un
thriller,
muy bien
realizado
dentro de
las reglas
del género.
Muestra por
dentro la
mafia rusa
en
Inglaterra,
dedicada a
explotar la
prostitución
juvenil y la
droga. Los
brutales
rusos, nunca
usan las
típicas
pistolas de
los mafiosos
americanos,
sino puñales
y navajas lo
cual permite
disfrutar de
numerosos
degollamientos
y un
sangrero
abundante.
El placer
perverso de
la carne
cortada. Hay
también una
historia
paralela de
una dulce
doctora que,
sin
quererlo, se
relaciona
con la mafia
y un abrupto
final feliz.
Casi todo
bastante
convencional
pero
entretenido
si se tiene
suficiente
estómago.
Alfredo
Roffé,
El Dedo en
el Ojo,
Últimas
Noticias
Promesas
peligrosas
de David
Cronenberg:
En una
habitación
oscura, un
hombre está
sentado
frente a
otros cinco.
Salvo unos
calzones
negros, no
lleva ropa
encima. Su
postura es
rígida,
tensa. Sólo
habla cuando
se le
interpela.
Vestidos con
traje negro
–impecables,
a su
manera–, los
cinco
examinadores
escrutan
cada
centímetro
de su piel
desnuda. Eso
les basta
para saber
que el
hombre
estuvo en
prisión en
Siberia, que
se ha
dedicado a
robar y que
nunca ha
delatado a
nadie. Los
tatuajes que
lleva en
brazos,
espalda,
pecho,
abdomen y
muslos dan
cuenta de su
biografía
hasta el
momento de
llegar ahí.
Ha llegado a
esa
habitación
para, ahora,
trazar su
futuro. Tras
negar a su
padre y
madre, y
prometer
lealtad al
código de la
Vory V
Zakone,
Nikolai
Luzhin (Viggo
Mortensen)
es aceptado
como miembro
de la mafia
rusa, en
este caso
asentada en
Londres. En
la secuencia
que sigue,
Nikolai será
marcado con
uno de los
emblemas que
distingue al
clan:
estrellas
tatuadas en
las
rodillas, y
sobre el
corazón -
Fernanda
Solórzano,
Letras
Libres
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Las
crónicas de Narnia: el príncipe
Caspian de Andrew Adamson:
Las crónicas de Narnia: el príncipe
Caspian
(Andrew Adamson, EE UU, 2008) es
parte de una serie llevada a la TV y
al cine varias veces desde 1979, a
partir de la homónima serie
literaria. Cierto parentesco con
El señor de los anillos no es
casual, pues el autor de aquélla (C.
S. Lewis) y el de éste (J. R. R.
Tolkien) eran estudiosos de la Edad
Media, miembros del mismo club
literario y amigos personales. A
pesar del prestigio de su profesión
académica, sus obras no pasan de
ser, para los adultos, sino
curiosidades literarias, mientras
que adquirieron enorme popularidad
entre el público infantil. Esto es
tanto más verdadero para sus
versiones audiovisuales, que
satisfacen la fascinación de los
niños por los cuentos de nunca
acabar, como lo demuestra también la
invención contemporánea de Harry
Potter e incluso los cómics de
aventuras. El caso de esta película,
pues, no presenta mayor novedad y
cumple con el esquema bastante
pesado de una mezcla de invenciones
históricas, mitológicas y mágicas
que pretende otorgarle al género una
envoltura “culta” y una inútil
“seriedad”. Ambretta Marrosu,
El Dedo en el Ojo,
Últimas Noticias
Trailer de Las crónicas de
Narnia: el príncipe Caspian
Las
crónicas de Narnia: el príncipe
Caspian de Andrew Adamson:
Las crónicas de Narnia
se ponen medievales. En la primera
entrega, los cuatro protagonistas,
huérfanos de padre y con un profesor
bonachón por padre sustituto,
accedían al reino de la aventura con
el simple expediente de meterse en
un placard. Ahora basta con pararse
en el andén del subte londinense, en
tiempos de Primera Guerra, para que
el ventarrón de la fantasía los
arrastre, depositándolos en una
playa que parece del Pacífico, pero
es de Nueva Zelanda. Allí, en la
patria del kiwi, nació Andrew
Adamson, uno de los corresponsables
de Shrek, que, como en la
primera Narnia, vuelve a
ocupar la silla de director. Como El
león, la bruja y el ropero,
justamente eso es lo que parece
El príncipe Caspian: una
película dirigida desde una silla.
Como quien cumplimenta un trámite y
pasa por caja, tratando de mantener
el puestito para ver si sigue en las
cinco que faltan. Horacio
Bernades, Página/12
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Estrenos en
LATINOAMÉRICA
El viajero inmóvil
Extranjera de Inés de Oliveira Cezar:
Decir que Extranjera –la nueva
película de Inés de Oliveira Cezar (La
entrega, 2002 y Como pasan las horas,
2005), en colaboración con Sergio Wolf y
Lamberto Arévalo en el guión– es una versión
libre de Ifigenia en Aulide de
Eurípides no tiene mucho sentido. ¿Versión
libre con respecto de qué? ¿Era posible
realizar hoy en Argentina una película “no
libre” respetando la tragedia griega en su
máxima pureza? Extranjera es, en todo
caso, una versión necesaria, pero más en el
sentido de ineluctable que en el de útil.
Juan Pablo Bertazza, Página/12 Ver más
Nombre propio de Murilo Salles: El fenómeno
de intervenir la pantalla con palabras
escritas es algo recurrente en el cine
provocativo de hoy. Murilo Salles usa mucho
eso en Nombre propio. Recita
pensamientos del personaje principal -Camila
(Sandra Leal)-, escritos que ella coloca en
su blog, sus vivencias.
Cid Nader, Cinequanon Ver más
Diario
argentino de Lupe Pérez García:
En junio de 1973, cuando Juan Domingo Perón
regresó al país, aterrizando en el
aeropuerto de Morón porque en el de Ezeiza
se enfrentaban el peronismo de izquierda con
el de derecha, Guadalupe Pérez García tenía
3 años. A los 36, en diálogo con su madre,
asegura haber visto a Perón desfilando
frente a su departamento en un monoblock
sobre la autopista Ricchieri, de izquierda a
derecha. Sin embargo, Perón no hizo ese
trayecto porque no desembarcó en Ezeiza, y
de haberlo hecho, hubiese presenciado el
recorrido de derecha a izquierda. Lupe
asegura que le cuesta distinguir entre
izquierda y derecha y que un especialista le
aseguró que se trata de algo congénito. Su
madre y su padre, integrante de un
departamento técnico de la Policía Federal,
eran peronistas. Se divorciaron y, poco
antes de enviudar, ella se unió a otro
hombre. En 2001, y al no poder insertarse en
su profesión, Lupe emigró a España. Volvió
en 2006 y con su cámara registró
puntillosamente el reencuentro con los
suyos. Todo lo que se ve y oye es
espontáneo, quiere decir que responde a lo
que fue ocurriendo en la medida en que sus
preguntas iban surgiendo y las respuestas de
los otros, a la vez, generaban repreguntas.
Lupe traza un paralelo entre su confusión
derecha-izquierda con la que habitualmente
se le achaca al justicialismo, explicada
como implícita en la amplia definición de
"movimiento", y a todos los argentinos a
equivocarse con frecuencia, y hasta con
obstinación.
Claudio D. Minghetti, La
Nación Ver más
Diario
argentino de Lupe Pérez García:
Una de las líneas de desarrollo que más
estímulo recibe en la Universidad Pompeu
Fabra de Barcelona –centro neurálgico de lo
que en el mundo entero se conoce como
“documental de creación”– es el relato en
primera persona, con ejemplos como Más
allá del espejo (último film del
malogrado Joaquín Jordá) o la extraordinaria
El cielo gira, de Mercedes Álvarez.
Graduada en esa universidad y montajista de
la película de Álvarez, cierto disturbio
perceptivo padecido por su realizadora sirve
como disparador a Diario argentino.
El problema radica en la dificultad para
reconocer cuál es la mano derecha y cuál la
izquierda. Como cualquiera lo advierte, de
ahí a plantearse ciertos intríngulis de la
política argentina no hay más que un paso.
Sobre todo si se nació en el seno de una
familia peronista. Ese paso, que lleva del
yo al nosotros para luego volver, es el que
Lupe Pérez García da en su debut como
realizadora.
Horacio Bernades, Página/12 Ver más
El viajero
inmóvil de Tomás Piard:
El viajero inmóvil,
de Tomás Piard, el más reciente estreno del
Icaic, está provocando encendidas polémicas
entre espectadores y críticos. Ojalá
prevalezca entre todos la voluntad por
regresar a las lejanas proximidades que
representan José Lezama Lima y su obra
mayor, Paradiso. De acuerdo con la
aseveración de uno de los poetas y
ensayistas mayores que ha conocido este
país, en entrevista publicada por Casa de
las Américas, en el volumen que le dedicara
la serie Valoración Múltiple, «la grandeza
del hombre es el flechazo, no el blanco», y
ante tal aforismo uno siente la tentación de
manipular el sentido de las palabras, y
asegurar que El viajero inmóvil es un buen
intento por atrapar fulgores, y reavivar la
memoria del escritor y su obra.
Joel del Río, Juventud
Rebelde Ver más