07/08
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críticas

El Benny
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Una vida fracturada  

 

La biopic es un peculiar género cinematográfico de películas que sólo pueden lograrse cuando no alcanzan a dar todo lo que el tema promete. Incluso para un libro es desmesurada la tarea de relatar la vida de cualquier persona, más si se trata de una cuyos logros sean de una grandeza tal que ameritan una biografía. ¿Qué decir del cine, cuyas limitaciones imponen un recorte mucho más estricto de lo que puede ser narrado? Además, no se trata sólo de amputar a lo largo, eliminando aquellos episodios que pudieran considerarse como menos esenciales para que la historia se entienda. También es imprescindible pasar por alto muchos aspectos del contexto de la historia. El principal mérito de El Benny (2006), la película cubana dirigida por Jorge Luis Sánchez y escrita por él y Abrahán Rodríguez, inspirada en Benny Moré, es haber hecho de la carencia virtud, a través de una narración fracturada y un fuerte acento en las circunstancias sociales y políticas en las que el artista vivió y trabajó. No es válido decir “desarrolló su carrera” en este caso, y es justamente en ese punto donde es más atinado el filme.

 

La trayectoria del personaje no avanza linealmente hacia el esplendor de su talento. Las restricciones legales impuestas para ejercer su oficio en el extranjero, la corrupción de los empresarios en todos los países, las manipulaciones de los políticos y el abuso de su persona como sex symbol, entre otros factores, además de la irresponsabilidad personal, su complejo de inferioridad y los problemas con el alcohol, recortan cruelmente las potencialidades creativas del Benny Moré de la película, quien es representado así de una manera que invita a imaginar el genio todavía más descomunal que quizás pudo haber sido, de no haber tenido que afrontar esas circunstancias adversas, y si hubiera podido superar sus fantasmas autodestructivos. El filme intenta arrojar una mirada a la vez limitada e infinita sobre el cantante, porque trata de ver lo que fue y lo que no fue, su potencial no realizado.

 

Es una bella idea la de la tragedia existencial del ser humano lleno de talento que es dolorosamente recortado en sus posibilidades por las circunstancias concretas en que le tocó vivir. Llama también a levantar el puño contra la injusticia de ese destino y a intentar cambiar la sociedad para que los horizontes de todas las personas se expandan. Pero es una idea sumamente difícil de llevar al cine, sobre todo en una película de ficción. ¿Cómo mostrar la posibilidad sin convertirla en otra cosa, realizándola a través de la imaginación? ¿Cómo contar la historia de lo que no puede contarse, porque pudo haber sido pero no fue?

 

 
Trailer de El Benny
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La estructura fragmentaria por la que optaron los realizadores era quizás la más prometedora para alcanzar esa meta, pero tiene el problema de cómo hallar la lógica para disponer correctamente los retazos. Las reglas de la inspiración biográfica establecen la necesidad de que la desestructuración de la narración responda a la desarticulación propia de la vida rota del personaje; no vale la alternativa, en otros casos aceptable, de hacer visible la mano del autor en la arbitrariedad del montaje. Pero esto último es lo que ocurre en la inserción de los episodios de la vida de Benny Moré en México, que dan la impresión de marcar una ruptura demasiado abrupta con el resto de los fragmentos, porque tratan de una problemática distinta –la de las condiciones de vida y de trabajo de los inmigrantes–. Incluso hay una disonancia en el tono cómico de una escena, en la que la presentación de Benny Moré y su acompañante en un bar de mala muerte es interrumpida por una pelea a puños y botellazos. Otro problema diferente ocurre en el tratamiento del hábito de la bebida: por momentos se hace borrosa la frontera entre la tragedia personal y el cuestionamiento moralista del vicio, que es una crítica de los autores, sobre todo en la escena del último trago que literalmente mata a Benny Moré. Es demasiado gráfica quizás.

 

Pero la película ofrece también una satisfacción que el espectador quizás no espera, si va a ver una cinta sobre el cantante. Se trata de la manera como trata la historia de Cuba antes del triunfo de Fidel Castro, e inmediatamente después. La mirada de los realizadores se aparta de la historia oficial, apologista de la realidad del presente, con el mismo ojo crítico con el que desmenuzan el mito creado por la industria cultural en torno al artista. Retratan un país que pudo haber sido pero no fue, debido a las mismas circunstancias sociales y políticas que frenaron a Benny Moré. Ello se traduce en una mirada lúcida del subdesarrollo de la democracia liberal cubana: elecciones que eran básicamente un carnaval, sin solución de continuidad entre los votos, el baile y la música; un golpe de estado que parece producirse como consecuencia lógica de lo anterior y que no constituye, por tanto, una verdadera ruptura del orden sino su continuación por otros medios. Todo eso, además, es vinculado con la irresponsabilidad de quienes pueden arriesgar el pellejo en un momento dado, para distribuir octavillas contra la constitución, y hacer lo mismo, poco tiempo después, para decir: “Abajo Batista”. No es historia mecánica la de la película.

 

Lo trágico que hay en todo aquello que pudo haber sido y no fue toca en este caso también a la revolución, con lo que el filme rompe con la versión socialista del fin de los tiempos, según la cual no puede haber nada mejor que ese sistema, y los que fallan, en todo caso, son los hombres y mujeres que no están a su altura, no las instituciones, que son perfectas. Al final de la película, el triunfo revolucionario es visto a la vez como una derrota del sistema podrido de la “democracia” y de la dictadura, y a la vez como una pérdida. “Se fue Celia, se fue Bebo”, se lamenta Monchy, el viejo compañero de Benny Moré en la cinta, cuando el cantante se lo encuentra, hecho una piltrafa por la bebida y la droga. Lo dice alguien que en cierto modo encarna en la decadencia de ese pasado, pero no deja de expresar una nostalgia que apunta hacia los sueños perdidos, o no realizados, en lo que ha sido Cuba desde entonces, porque hay talentos que no encuentran un lugar para desarrollarse en el sistema, y aun cuando se les considere oficialmente enemigos, en el fondo también se los extraña.

 

EL BENNY

Cuba, 2006

 

Dirección: Jorge Luis Sánchez. Guión: Jorge Luis Sánchez, Abrahán Rodríguez. Producción: Iohamil Navarro. Fotografía: José Manuel Riera. Montaje: Manuel Iglesias. Sonido: Ricardo Iztueta, Osmany Olivare. Música: Juan Manuel Ceruto, Juan Formell, Eduardo Ramos, Chucho Valdés, Orishas, canciones del repertorio de Benny Moré. Elenco: Renny Arozarena (Benny Moré), Mario Guerra (Monchy), Carlos Massola (León Arévalo), Rakel Adriana (Doñita), Ulyk Anello (Duany), Laura de la Uz (Irene), Husmell Díaz (Arnulfo), Jorge Fedecaz (Olegario), Carlos Enver Fonseca (Angelius), Serafín García Aguilar (Gutiérrez), Bárbara Hernández (Lydia). Duración: 132 minutos. Formato: 35 mm anamórfico con intermedio digital, 2,35:1, color.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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