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críticas
Una vida
fracturada
La
biopic es un peculiar género cinematográfico de películas que sólo
pueden lograrse cuando no alcanzan a dar todo lo que el tema promete.
Incluso para un libro es desmesurada la tarea de relatar la vida de
cualquier persona, más si se trata de una cuyos logros sean de una
grandeza tal que ameritan una biografía. ¿Qué decir del cine, cuyas
limitaciones imponen un recorte mucho más estricto de lo que puede ser
narrado? Además, no se trata sólo de amputar a lo largo, eliminando
aquellos episodios que pudieran considerarse como menos esenciales para
que la historia se entienda. También es imprescindible pasar por alto
muchos aspectos del contexto de la historia. El principal mérito de
El Benny (2006), la película cubana dirigida por Jorge Luis Sánchez
y escrita por él y Abrahán Rodríguez, inspirada en Benny Moré, es haber
hecho de la carencia virtud, a través de una narración fracturada y un
fuerte acento en las circunstancias sociales y políticas en las que el
artista vivió y trabajó. No es válido decir “desarrolló su carrera” en
este caso, y es justamente en ese punto donde es más atinado el
filme.
La trayectoria del personaje no avanza linealmente hacia el
esplendor de su talento. Las restricciones legales impuestas para
ejercer su oficio en el extranjero, la corrupción de los empresarios en
todos los países, las manipulaciones de los políticos y el abuso de su
persona como sex symbol, entre otros factores, además de la
irresponsabilidad personal, su complejo de inferioridad y los problemas
con el alcohol, recortan cruelmente las potencialidades creativas del
Benny Moré de la película, quien es representado así de una manera que
invita a imaginar el genio todavía más descomunal que quizás pudo haber
sido, de no haber tenido que afrontar esas circunstancias adversas, y si
hubiera podido superar sus fantasmas autodestructivos. El filme intenta
arrojar una mirada a la vez limitada e infinita sobre el cantante,
porque trata de ver lo que fue y lo que no fue, su potencial no
realizado.
Es
una bella idea la de la tragedia existencial del ser humano lleno de
talento que es dolorosamente recortado en sus posibilidades por las
circunstancias concretas en que le tocó vivir. Llama también a levantar
el puño contra la injusticia de ese destino y a intentar cambiar la
sociedad para que los horizontes de todas las personas se expandan. Pero
es una idea sumamente difícil de llevar al cine, sobre todo en una
película de ficción. ¿Cómo mostrar la posibilidad sin convertirla en
otra cosa, realizándola a través de la imaginación? ¿Cómo contar la
historia de lo que no puede contarse, porque pudo haber sido pero no
fue?
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La
estructura fragmentaria por la que optaron los realizadores era quizás
la más prometedora para alcanzar esa meta, pero tiene el problema de
cómo hallar la lógica para disponer correctamente los retazos. Las
reglas de la inspiración biográfica establecen la necesidad de que la
desestructuración de la narración responda a la desarticulación propia
de la vida rota del personaje; no vale la alternativa, en otros casos
aceptable, de hacer visible la mano del autor en la arbitrariedad del
montaje. Pero esto último es lo que ocurre en la inserción de los
episodios de la vida de Benny Moré en México, que dan la impresión de
marcar una ruptura demasiado abrupta con el resto de los fragmentos,
porque tratan de una problemática distinta –la de las condiciones de
vida y de trabajo de los inmigrantes–. Incluso hay una disonancia en el
tono cómico de una escena, en la que la presentación de Benny Moré y su
acompañante en un bar de mala muerte es interrumpida por una pelea a
puños y botellazos. Otro problema diferente ocurre en el tratamiento del
hábito de la bebida: por momentos se hace borrosa la frontera entre la
tragedia personal y el cuestionamiento moralista del vicio, que es una
crítica de los autores, sobre todo en la escena del último trago que
literalmente mata a Benny Moré. Es demasiado gráfica quizás.
Pero
la película ofrece también una satisfacción que el espectador quizás no
espera, si va a ver una cinta sobre el cantante. Se trata de la manera
como trata la historia de Cuba antes del triunfo de Fidel Castro, e
inmediatamente después. La mirada de los realizadores se aparta de la
historia oficial, apologista de la realidad del presente, con el mismo
ojo crítico con el que desmenuzan el mito creado por la industria
cultural en torno al artista. Retratan un país que pudo haber sido pero
no fue, debido a las mismas circunstancias sociales y políticas que
frenaron a Benny Moré. Ello se traduce en una mirada lúcida del
subdesarrollo de la democracia liberal cubana: elecciones que eran
básicamente un carnaval, sin solución de continuidad entre los votos, el
baile y la música; un golpe de estado que parece producirse como
consecuencia lógica de lo anterior y que no constituye, por tanto, una
verdadera ruptura del orden sino su continuación por otros medios. Todo
eso, además, es vinculado con la irresponsabilidad de quienes pueden
arriesgar el pellejo en un momento dado, para distribuir octavillas
contra la constitución, y hacer lo mismo, poco tiempo después, para
decir: “Abajo Batista”. No es historia mecánica la de la película.
Lo
trágico que hay en todo aquello que pudo haber sido y no fue toca en
este caso también a la revolución, con lo que el filme rompe con la
versión socialista del fin de los tiempos, según la cual no puede haber
nada mejor que ese sistema, y los que fallan, en todo caso, son los
hombres y mujeres que no están a su altura, no las instituciones, que
son perfectas. Al final de la película, el triunfo revolucionario es
visto a la vez como una derrota del sistema podrido de la “democracia” y
de la dictadura, y a la vez como una pérdida. “Se fue Celia, se fue
Bebo”, se lamenta Monchy, el viejo compañero de Benny Moré en la cinta,
cuando el cantante se lo encuentra, hecho una piltrafa por la bebida y
la droga. Lo dice alguien que en cierto modo encarna en la decadencia de
ese pasado, pero no deja de expresar una nostalgia que apunta hacia los
sueños perdidos, o no realizados, en lo que ha sido Cuba desde entonces,
porque hay talentos que no encuentran un lugar para desarrollarse en el
sistema, y aun cuando se les considere oficialmente enemigos, en el
fondo también se los extraña.
EL
BENNY
Cuba,
2006
Dirección:
Jorge Luis Sánchez. Guión: Jorge Luis Sánchez, Abrahán Rodríguez.
Producción: Iohamil Navarro. Fotografía: José Manuel
Riera. Montaje: Manuel Iglesias. Sonido: Ricardo Iztueta,
Osmany Olivare. Música: Juan Manuel Ceruto, Juan Formell, Eduardo
Ramos, Chucho Valdés, Orishas, canciones del repertorio de Benny Moré.
Elenco: Renny Arozarena (Benny Moré), Mario Guerra (Monchy),
Carlos Massola (León Arévalo), Rakel Adriana (Doñita), Ulyk Anello (Duany),
Laura de la Uz (Irene), Husmell Díaz (Arnulfo), Jorge Fedecaz
(Olegario), Carlos Enver Fonseca (Angelius), Serafín García Aguilar
(Gutiérrez), Bárbara Hernández (Lydia). Duración: 132 minutos.
Formato: 35 mm anamórfico con intermedio digital, 2,35:1, color.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |