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críticas

El cantante
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Homenaje a Héctor Lavoe  

 

El título de El cantante (2006) expresa con toda claridad la tesis del filme: Héctor Lavoe fue esencialmente una persona nacida para la música, y todas aquellas que pudieron haber sido las circunstancias dolorosas de su vida tienen sentido en la medida en que son las penas de las que ha de suponerse que brota su voz. Así lo indica la canción homónima de Rubén Blades y como prescribe también el dictado de la industria cultural, para la cual el “sentimiento” siempre ha sido una forma ideal de conectar a las estrellas con el público masivo, que generalmente sabe muy poco de la música que escucha. El problema es que ese sustrato emocional es casi como un escombro a la vera del camino en la película de León Ichaso, y consta, además, de los peores lugares comunes de Hollywood: una interminable retahíla de escenas de peleas a grito pelado, a punto de terminar a tortazo limpio, de esas que suelen colocarse en los clips que anuncian a los postulados para el Oscar al mejor actor o actriz. Eso es lo que significa la palabra “drama” para la industria estadounidense.

 

Ichaso intenta escurrir el bulto o zafarse del paquete con sabiduría. La cinta se desarrolla como una ilustración mediante el cine de lo que declara la viuda del artista (Jennifer Lopez), en una entrevista que, además, se dice que fue realizada en el pasado. Hay un doble distanciamiento, pues, con respecto a la historia de Lavoe, al plantearla como un testimonio que fue registrado en una ocasión determinada y que, por tanto, además de no ser más que una versión pudo haber variado o ser enriquecido con otros detalles en otra entrevista. Aparte de utilizar el blanco y negro para diferenciar este plano narrativo de aquel en el que se desarrolla la historia de Héctor Lavoe contada por Puchi, en la filmación de la entrevista se hacen visibles también los medios técnicos empleados para registrarla. Esto hace explícito que, además de tratarse de una versión determinada en un momento dado, hay una serie de procedimientos, los propios del cine, que median en la traducción a relato cinematográfico de la historia que cuenta puchi. A esto se añade que la cámara constantemente hace zoom in y zoom back sobre el personaje que cuenta, como si permanentemente estuviera corrigiéndose en el intento de encontrar la mejor manera de captar lo que dice, y la historia de Lavoe también está relatada en diversos registros, desde un estilo cercano al videoclip en los conciertos hasta técnicas que evocan el documental, incluido el uso de la coloración característica de los filmes de la época, en algunas de las secuencias que se desarrollan en los años setenta, para mayor autenticidad. Hay, en resumen, un afán de cuestionar la transparencia, de hacer visibles los recursos de lenguaje que se utilizan para relatar la historia, que no pasará inadvertida para algunos espectadores. Los clichés del cine estarían sometidos, entonces, a esta crítica en el interior del filme.

El problema es que el resultado no es el que quizás de anhelaba con todo este perspectivismo: El cantante es una posible versión de la carrera de Héctor Lavoe, por un lado, y un matrimonio tirándose a cada rato de las greñas –o sea, Hollywood malo– por el otro, y no hay nada que termine dándole verdadera unidad al resultado de esta mala junta.

 

 
Trailer de El cantante
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Las partes dedicadas al músico, y a su música, son afortunadamente muy buenas, y eso rescata la película. El cantante sobresale por la manera como el director logró representar el vértigo que quizás podría ser la vida profesional de un artista de la música popular. Bien sea por medio de la cámara móvil, que se instala sobre el escenario para hacer que el espectador sienta que está parado allí, en pleno torbellino de la percusión, los metales y las cuerdas, o mediante las numerosas secuencias de montaje, en las que las tomas de afiches y portadas de discos se combinan con episodios de la vida alocada de los músicos –Willie Colón, por ejemplo, toca el trombón bajo el agua en una piscina, con unas grupies–, el filme comunica al público ese otro “sentimiento” que también transmite la música de Héctor Lavoe y de quienes surfearon con él la cresta de la ola de la salsa. En síntesis, podría decirse que, si bien se trata de una película regular, como homenaje es excelente.

 

Otras carencias podría señalar el abogado del diablo. La principal, el hecho de que la película deje por completo de lado el aspecto comercial de la música y el tipo de negocios que debió hacer un sello independiente como Fania para alcanzar el éxito con la música que contribuyó a inventar. El uso de drogas aparece también como una debilidad de los artistas, quienes sucumben a las tentaciones del mundo de farándula que les rodea, lo cual obvia la consideración de la heroína como una forma de control de los empresarios sobre los músicos, al convertirlos en gente emocionalmente frágil y llena deudas. Pero, sin sombras como esa, que siempre oscurecen a la música popular, la película brilla por sobre todo en virtud de la música, tanto por ser la salsa que fue en su momento glorioso –más la que compusieron Willie Colón y Andrés Levín para la cinta– como por la forma como fue interpretada y grabada para la cinta. El cantante es un concierto de salsa brava revisitada, de principio a fin, y si bien Marc Anthony, quien interpreta a Héctor Lavoe, y el personaje de la vida real hay una innegable distancia en lo que al arte se refiere, en la frenesí del filme esa diferencia llega a parecer, por momentos, sumamente pequeña.

 

EL CANTANTE

Estados Unidos, 2006

 

Dirección: León Ichaso. Guión: León Ichaso, David Darmstaeder, Todd Bello, basado en una historia de Darmstaeder y Bello. Producción: Julio Caro, Simon Fields, Jennifer Lopez, David Maldonado. Diseño de producción: Sharon Lomofsky. Fotografía: Claudio Chea. Colonización: David Cole. Montaje: David Tedeschi. Sonido: Andy Berman. Música original: Willie Colón, Andrés Levin. Elenco: Marc Anthony (Héctor Lavoe), Jennifer Lopez (Puchi), John Ortiz (Willie Colón), Federico Castelluccio (Jerry Masucci). Duración: 106 minutos. 35 mm con intermedio digital, 1,85:1, SDDS, Dolby Digital, DTS.

 

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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