04/08
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críticas

Ellos
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Francia da miedo  

 

El detalle más singular del Festival de Cine Francés es la inclusión de los filmes de terror Ellos de David Moreau y Xavier Palud (Ils, 2006), y Cena con el diablo de Kim Chapiron (Sheitan, 2006). Pero no hay que exagerar. No se trata propiamente de que haya una “nueva ola” de terror francés. El auge del género es común en Europa por lo menos a España. No es tampoco cosa nueva que haya películas de este tipo hechas en Francia. Se cree que la historia del cine de terror comenzó en ese país con La casa del diablo de Georges Méliès (Le Manoir du diable, 1898) y hay filmes franceses destacados del género a lo largo de todos los tiempos. Francia, además, fue la cuna del teatro del Grand Guignol, cuyos espectáculos son una de las fuentes del cine truculento de hoy. Lo novedoso sería, en todo caso, que han llegado a Hollywood realizadores franceses de cine de terror: los directores de Ellos, que son los responsables del remake de El ojo (The Eye, 2007); Eric Valette, con otro remake (One Missed Call, 2008); Xavier Gens (Hitman, 2007), Alexandre Aja (The Hills Have Eyes, 2006) y Christophe Gans (Silent Hill, 2006), por ejemplo.

El cine de terror en Francia, y en España también, representa un desafío para la sociología del género, que ha vinculado con momentos de angustia e incertidumbre en la sociedad. Podría decirse que la filmación de estas películas ha sido propiciada por la ansiedad de la globalización, lo cual se en cierto modo se evidencia en Ellos. Pero una interpretación menos forzada sería, quizás, vincular el cine de género con las cifras de 150 películas españolas y 203 francesas que se produjeron en 2006, según los Cahiers du Cinéma. El aumento de los títulos podría propiciar la diversidad, como consecuencia de la necesidad de competir con productos novedosos o, en todo caso, singulares. También podría ser el resultado de una evolución de la demanda: en los años noventa el cine de terror se volvió particularmente reflexivo, en el sentido de que las películas se ocupaban del género y sus reglas. Esto indica que hay un público cinéfilo que ha adquirido un peritaje viendo numerosas películas de género, y que disfruta con cintas que plantean un desafío a sus conocimientos, a través de múltiples claves, lo cual es una forma experta de ver, conocer y gozar del cine diferente de la mirada de los críticos, que suelen menospreciar lo genérico. Público de este tipo habría también en Francia, y por ende hay filmes nacionales de terror.

 

Terror francés, nacional, trasnacional

 

Cena con el Diablo
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En Francia se está haciendo cine de terror. Pero eso no significa, de por sí, que haya un cine de terror francés. Si la principal razón de ser de las películas es la existencia de un publico que conoce y disfruta las producciones del género, las cintas francesas bien podrían conformarse con ser una simple calco o extensión de lo genérico, sin mayores aportes. Los detalles que ponen de manifiesto que eso no es así revelarían lo francés de este cine, si además se pudiera establecer como rasgo común de varias cintas.

 

En el caso de Ellos de David Moreau y Xavier Palud (Ils, 2006), Cena con el diablo de Kim Chapiron (Sheitan, 2006) y El despertar del miedo de Alexandre Aja (Haute tension, 2004), exhibida en Venezuela y disponible en video, por poner un tercer ejemplo, parece tratarse de una serie de libertades a las que se presta más el cine francés que el de Hollywood, donde la autocensura “moral” continúa siendo patética, en especial en el campo del sexo, por ejemplo. Parece difícil poder hacer en Estados Unidos una cinta como la de Chapiron, en la que la sexualidad de los adolescentes está siempre a flor de piel, sobre todo en secuencias como la de la “cueva caliente” y la del trío en la cama, hacia el final del filme. El despertar del diablo, a su vez, se inscribe en el audaz cine de shock francés, por su extrema violencia y el realismo de ella. Ese es el vínculo entre esa película y la película de Moreau y Palud, que, sin embargo, no es el mejor ejemplo de la corriente. Ese sitial corresponde a Irreversible de Gaspar Noé (Irreversible, 2002).

 

Si en el torture porn o gorno la crueldad se manifiesta principalmente hacia quienes han caído prisioneros en sitios extraños, en el cine de shock puede asaltarlos en cualquier lugar y ser ejercida por los personajes más insospechados. La forma de abordarla es también diferente. En la cinta de Noé, la célebre escena de la violación en un túnel subterráneo ocurre en un plano-secuencia, sin el “alivio” que pudiera traer la ruptura de la sucesión de crueldades a través del montaje. Algo parecido es el rasgo por el que Ellos podría ser considerado un filme de shock. En la persecución prescinde las pausas que son de rigor en las producciones de Hollywood. Se desarrolla como un crescendo que se sostiene hasta el fin, por lo cual la película dura 77 minutos y no los 90 minutos mínimos de rigor.

 

 
Trailer de El despertar del miedo
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Cena con el diablo destaca también porque su multiculturalismo se abre a posibilidades que parecen estar vedadas en Hollywood. El rigor de lo políticamente correcto ha obligado la industria estadounidense a insertar personajes con los rasgos de las principales minorías en ese país, lo cual también sucede en Francia. En ambos casos se trata de un simple saludo a la bandera, por lo que generalmente se limita a fisonomías que se consideran como características de cada grupo “étnico”, lo cual tiene algo de racista, aunque se pretenda lo contrario. La diferencia está en que la diversidad francesa es distinta. Hay dos personajes franceses musulmanes, de ascendencia africana y árabe, respectivamente. En Estados Unidos, en cambio, esa creencia no forma parte de la diversidad cultural oficialmente aceptada. También hay en Cena con el diablo personajes que confiesan que no creen en Dios, sin que ello cause verdadero asombro en quienes lo escuchan, salvo en el caso del psicópata que tan excelentemente encarna Vincent Cassel. En los filmes estadounidenses no es común la representación de ateos, menos si se trata de cintas para adolescentes.

 

En cambio, pareciera que Ellos no sólo no es multiculturalista sino que incluso es abiertamente xenófoba. Tiene en común con Hostal de Eli Roth (Hostel, 2005) y su secuela (Hostel II, 2007) que se desarrollan en Europa Oriental y las víctimas son occidentales, en este caso franceses que están en Rumania. Sin embargo, no debe olvidarse que Drácula es oriundo de los Cárpatos, que atraviesan el territorio rumano y también Eslovaquia, donde ocurren los crímenes de las cintas de Roth. Se trataría, por tanto, de una referencia principalmente literaria. Sin embargo, en las cintas de la serie Hostal hay alusiones al supuesto caos que provocó la disolución de la URSS en los países que formaron parte del bloque socialista, y también a la crueldad que el prejuicio atribuye a los eslavos. En Ellos el origen del odio y la tendencia asesina de los agresores parece ser social.

 

Esto emparentaría la cinta con otros filmes estadounidenses, aquellos que en la década de los setenta se ocuparon de la incapacidad de la policía de contener las formas crueles de delito que la pobreza y la marginalidad engendran. Ese sería el prejuicio de Ellos, el que se expresa en la identificación de los pobres como delincuentes. Pero el hecho de que la acción ocurra en Rumania presenta al fenómeno como una cuestión universal. No se trataría, por tanto, de la clásica doctrina liberal anglosajona y protestante que voltea la explicación que para otros es de sentido común y sostiene que la corrupción moral engendra la pobreza y, por ende, el crimen. La universalidad geográfica del fenómeno de la delincuencia violenta, con la consecuente conclusión paranoica de que no hay lugar donde pueda estarse a salvo del problema, sugiere que no es sólo cosa de individuos malvados. Sería un problema mundial, es decir, un resultado de la globalización. La peculiaridad rumana se derivaría de que allí la situación es más grave porque los cambios sociales que ha provocado la globalización han sido más profundos en naciones como esa, al igual que en el Tercer Mundo. Hay en ello una alusión al desmembramiento de la URSS, pero diferente de la de Roth: el caos no es consecuencia de que los eslavos salvajes hayan quedado fuera de control sino de una causa que los trasciende como conjunto de pueblos.   

 

 
Trailer de Ellos
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Pero también hay cosas en estos filmes que no parecen ser sino calco del terror estadounidense, sobre todo de aquella vertiente, también de los setenta, que surgió como consecuencia de una desconfianza en la capacidad de seguir asustando con monstruos y decorados como los de Frankenstein o Drácula, en los años treinta, o criaturas llegadas del espacio exterior o nacidas de la radiación o experimentos científicos, como las que puso de moda la paranoia estimulada por la Guerra Fría y las cacerías de “comunistas” en los cincuenta. El personaje terrorífico es en este caso el psicópata asesino, una persona como cualquier otra, que lleva el monstruo escondido dentro y no es claramente perceptible para los demás hasta que ataca, aunque no deje de insinuarse. De allí también la nueva paranoia: se teme que cualquiera pueda ser un monstruo asesino.

 

Si la máscara de Michael Myers en Halloween de John Carpenter (1974) es emblemática de esta tendencia, puesto que cualquiera puede ocultarse tras ella, la receta reaparece en la capucha que ensombrece la cara de un asesino en Ellos. En El despertar del miedo también se juega con la máscara. Pero en este caso se trata de una alucinación que oculta a la asesina su propia identidad. Este es un desarrollo de la doble personalidad del psicópata, un tema que irrumpió en el cine de Hollywood con el clásico Psicosis de Alfred Hitchcock (Psycho, 1960). En Cena con el diablo también hay un personaje de este tipo, que parece ser un hombre común y lleva el rostro descubierto. Ahí sí hay un calco de Norman Bates, pero con el fin de burlarse de los psicópatas de las películas.

 

Todas estas observaciones, a las que cada quien podría añadir muchas más, puesto que el disfrute de filmes como estos se deriva en buena parte de la identificación de las referencias, ponen en cuestión el estatus trasnacional de lo genérico, que se derivaría de la imposición mundial de los géneros por la industria estadounidense del entretenimiento. Lo trasnacional sería genuinamente universal en la medida en que se convierte en un acervo del que cineastas de diversas nacionalidades se pueden apropiar para utilizarlo creativamente, añadiendo aportes en los que se expresa la idiosincrasia nacional. Y sería universal también en tanto espectadores de diversos países son capaces de entender lo genérico más allá del consumo, al desarrollar el peritaje al que se hacía referencia en la introducción. Si el público cinéfilo puede hacer juicios sobre la calidad de los filmes basados en su experticia, ¿por qué no habría de permitirles distinguir y filtrar lo que propiamente se considera como ajeno para darle universalidad al resto? En no entender todo esto, y en particular lo último, consiste el prejuicio culto contra el cine de género.

 

El problema cultural con lo genérico estaría específicamente en el uso del poder económico para lograr que una versión del género se difunda mundialmente y otras no, lo cual no implica que no puedan existir otras formas de abordar el género y que ellas sean igualmente genuinas como expresiones nacionales y universales. La cuestión es que no llegan con la misma facilidad a los públicos por el control estadounidense del mercado. En cambio, si el modelo de Hollywood fuera impuesto como un monolito, no habría manera de reapropiárselo para enriquecerlo, como ocurre en El despertar del miedo, Ellos y en Cena con el diablo.

 

EL DESPERTAR DEL MIEDO

Haute tensión, Francia, 2003

 

Dirección: Alexandre Aja. Guión: Alexandre Aja, Grégory Lavasseur. Producción: Alexandre Arcady, Robert Benmussa. Diseño de producción: Renald Cotte Verdy, Tony Egry. Fotografía: Maxime Alexandre. Montaje: Baxter. Sonido: Pierre Andre, Emmanuel Augeard, Didier Lozahic. Música: Francois Eudes. Elenco: Cécile de France (Marie), Maïwenn Le Besco (Alex), Philippe Nahon (el asesino), Franck Khalfoun (Jimmy), Andrei Finti (padre de Alex), Oana Paella (madre de Alex). Duración: 91 minutos. Formato: 35 mm, 2,35:1, color, Dolby Digital EX.

 

ELLOS

Ils, Francia-Rumania, 2006

 

Dirección y guión: David Moreau, Xavier Palud. Producción: Richard Grandpierre, Vlad Paunescu. Fotografía: Axel Cosnefroy. Montaje: Nicolas Sarkissian. Música: René-Marc Bini. Elenco: Olivia Bonamy (Clémentine), Michael Cohen (Lucas), Emmanuel Stefanuc (adolescente 1), Horia Ioan (adolescente 2), Stefan Cornic (adolescente 3), George Iulian (adolescente 4). Duración: 77 minutos. Formato: Video digital inflado a 35 mm, 2,35:1, color, Dolby Digital.

 

CENA CON EL DIABLO

Sheitan, Francia, 2006

 

Dirección y guión: Kim Chapiron. Producción: Vincent Cassel, Eric Neve. Diseño de producción: Marie-Helene Sulmoni. Fotografía: Alex Lamarque. Montaje: Benjamin Weill. Sonido: Ken Yasumoto. Música: Nguyen Lê. Elenco: Vincent Cassel (Joseph), Olivier Bartelemy (Bart), Roxane Mesquida (Eve), Nico Le Phat Tan (Thai), Leila Bekhti (Yasmin), Ladj Ly (Ladj), Julie-Marie Permentier (Jeanne), Gérard Thomassin (Maurice). Duración: 94 minutos. Formato: 35 mm, 1,85:1, color.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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