 |
críticas
Mecánica del
miedo
“Niña mecánica” llaman al fantasma de Frágil (Frágiles,
2005). La expresión no debe pasar inadvertida en una película de Jaume
Balagueró, cuyo filme La séptima víctima (Darkness, 2002),
exhibido en Venezuela hace un par de años, se basa en la reflexión sobre
las reglas del terror. Lo de aparato podría referirse, entonces, a
aquello que permite seguir creando películas cuando todo ha sido
inventado: se trata de seguir fabricando dispositivos que funcionen
según los principios claramente establecidos, juntando las piezas que
están dadas por el acervo histórico del género, algo que debe hacerse,
además, de una forma que sorprenda, como también lo exige el mecanismo
que se activa para crear estas cintas. Frankenstein (1931) no es
sólo una de las obras fundamentales en la historia del cine de terror;
toda película de terror no puede ser hoy sino un Frankenstein: un
amasijo de partes muertas que la chispa del genio puede poner a andar
una vez más.
Las
sorpresas en la historia de Frágil son la escogencia del monstruo
de rigor, que no es habitual pero tiene antecedentes en otras películas,
y de la forma como hace sufrir a las víctimas. Pero el principio de la
elección de una pieza que llame la atención por extraña es también en el
filme criterio de producción. “¿Qué hace Ally McBeal en esta película?”,
se preguntará probablemente algún espectador. Y la respuesta podría ser:
Calista Flockhart está puesta ahí para que la gente se sorprenda al ver
a Calista Flockhart en una película de terror. Igual, hasta hace poco la
difusión de cintas de este tipo hechas en España, con actores
estadounidenses y británicos, y habladas en inglés, era algo que causaba
no menos desconcierto, al menos entre el gran público.
Si
bien del fantasma no debe hablarse aquí para no aguarle la fiesta a
quien no ha visto Frágil, el método de atormentar sí puede ser
mencionado: le gusta romperle los huesos a la gente y, por extensión,
quebrar los techos y paredes del recinto embrujado donde habita. Este no
es otro que un hospital en proceso de cierre, en el cual sólo quedan
como pacientes un grupo de niños que no ha podido ser trasladado a otro
establecimiento porque no hay camas disponibles, debido a una
emergencia.
 |
|
El
principal defecto de la película es que no se exploró hasta las últimas
consecuencias la veta temática que los realizadores tenían entre manos.
Abundan las escenas de paredes, techos y pisos que se quiebran,
incluidos los planos de la formación de las grietas, que son lugares
comunes demasiado manidos. El quiebre de los huesos, que
cinematográficamente es mucho más interesante, fue tratado, en cambio,
con un recato que lo expurgó de su atractiva truculencia. Se muestran
las deformaciones que producen las fracturas en los miembros, y ellas
pueden apreciarse, además, en radiografías. Pero apenas hay un fugaz
plano de una operación practicada para acomodar un hueso roto, que ni
siquiera llega a mostrar la parte más llamativa: la colocación de
clavos, tornillos, etcétera. Lo mismo ocurre con los aparatos que el
reestablecimiento y protección de los miembros requieren: no se
investigó, como en Crash, de David Cronenberg (1996), la
unión de las partes de metal con la carne, a pesar de que por ello
llaman al fantasma “niña mecánica”. Si no se quería hacer gore,
no se entiende para qué se hizo una película sobre daños al cuerpo como
estos. Faltó el chispazo, en resumen, que acabara de echar a andar a la
cinta. Frágil termina siendo así una idea interesante que se
quedó en concepto, y no una película que realmente emocione.
Jaume
Balagueró, sin embargo, demuestra en el filme que ha asimilado bien el
aporte del cine de terror japonés, sobre todo en lo que se refiere a la
creación de tensión mediante lentos desplazamientos de la cámara por
espacios en lo que nada sucede –la ansiedad se debe, precisamente, a que
en el cine se supone que deben pasar cosas por lo que, mientras más
tiempo transcurre, más aumenta la expectativa de que ocurra algo
horrible–. Además, encontró una manera acertada de representar el mundo
de los fantasmas, mediante el piso clausurado en el que habita el
monstruo. Es exactamente igual a la planta inferior de los vivos, en
lo que a la arquitectura respecta, pero, por el estado ruinoso en
que se encuentra y por los equipos abandonados que hay en él, es
literalmente un lugar muerto.
FRÁGIL
Frágiles,
España, 2005
Dirección:
Jaume Balagueró. Guión: Jaume Balagueró, Jordi Galcerán.
Producción: Julio Fernández, Joan Guinard. Fotografía: Xavi
Jiménez. Montaje: Jaume Martí. Sonido: Albert Manera.
Música: Roque Baños. Elenco: Calista Flockhart (Amy Nichols),
Yasmin Murphy (Maggie), Richard Roxburgh (Robert Marcus), Elena Anaya (Helen
Pérez), Gemma Jones (señora Folder), Colin McFarlane (Roy), Michael
Pennington (Marcus), Daniel Ortiz (Matt), Susie Trayling (Susan), Lloyd
Boot Shankley (Simon). Duración: 93 minutos. 35 mm, 2,35:1,
color, Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |