08/07
 
 
Guía del cine en Venezuela
 
 

 

 

 

Momentos, mementos

Luis Sedgwick Báez

Momento: Porción de tiempo muy breve en relación con otra.
Memento: (del latín memento, acuérdate), hacer uno sus momentos;
frase figurativa, detenerse a discurrir con particular atención y estudio lo que le importa.

Diccionario de la Real Academia Española

Pauline Kael, figura icónica del acontecer crítico, acotaba, mientras reseñaba el film Fresas salvajes de Ingmar Bergman: “¿Y cuántos films nos ofrecen siquiera un momento memorable?” (a). Como aquel emblemático personaje de Marcel Proust que se maravilló al degustar pausadamente las magdalenas pues le recordaban, por asociación de tiempo y lugar, momentos de su vida que afloraron en ese instante , el espectador  (o cada uno de nosotros), conserva  a su manera sus momentos en  el “enorme edifico que representa la memoria”, para parafrasear lo escrito por el autor de En búsqueda del tiempo perdido.

 

Es vox populi (en la literatura, en el cine,  aunque a mí no me consta), que en los momentos antes del respiro final, el moribundo observa cómo su vida se desarrolla como en un film, cerrándose el ciclo a una velocidad sideral (quizás algún día la ciencia sepa precisarlo). Mucho me gustaría que me preguntaran, en el lecho de muerte (pero ahora me adelanto pues me solicitaron este artículo) cuáles films recordaría con fruición, de la misma forma como cuando uno es abordado con la pregunta banal de cuáles libros se llevaría exilado a una isla desierta, respondería que sí, que sí escogería algunos, pero no films enteros, sino escenas de ellos. Es de hacer notar que no aparece ningún film de efectos técnicos (de cámara digital, de magia cibernética, los últimos y penúltimos avances en tecnología digital et al), de androides ni de conquistas intergalácticas pues si bien, uno queda pasmado y boquiabierto ante tanta imaginación y fantasía, al final del cuento se pasa el momento, pero no trasciende por ser todo un concepto y una vivencia impersonal y cada quién reacciona como le dicta su naturaleza.

Recapitulando, y a vuelo de pájaro, estos momentos de films –mementos mori ostreros– no representan films de calidad , ni por su estética, ni por su actuación, (aunque estos rasgos podrían estar presentes, y otros  considerados por la crítica internacional como obras maestras)  sino por la particularidad de ciertas escenas y que, subjetivamente  –y es lo que  me importa a fin de cuentas– lograron impactarme sobremanera en su tiempo y ahora.

Entre una  miríada, figuran, entre los más descollantes:

1) El momento cuando Marilyn Monroe (en su penúltimo film) aparece por primera vez en escena en Los inadaptados de John Huston que con su sola presencia opaca a los otros dos protagonistas, que tampoco eran ningunos pelagatos: Clark Gable y Montgomery Clift, ambos en su último film. No es cuestión de actuación (la Monroe nunca fue  gran actriz) sino de carisma, de allure como gustan decir los franceses : no en vano el mito  aún perdura.

 

2) La escena final de Cuando éramos felices de Sydney Pollack cuando se topan en la calle por casualidad Barbara Streisand y Robert Redford frente al Hotel Plaza en Nueva York,  ella, la eterna luchadora por justos ideales, él, débil ante su postura existencial. Al confrontarse sus miradas, ambos se retrotraen a los momentos felices que juntos compartieron y su posterior separación por la incompatibilidad de armonizar  posiciones políticas y sociales antagónicas. Pero es la Streisand,  en ese instante , cuando la cámara la enfoca en un primer plano, que con sus gestos resumen toda una vida de intensidad, de entrega y dolor. 

3) La escena de Mata Hari de Jean Louis Richard, con guión de François Truffaut, cuando Jeanne Moreau, que interpreta a la seductora espía de la isla de Java durante la Primera Guerra Mundial, es conducida al pelotón de fusilamiento arrastrando tras de sí un aire de seguridad, desafío, burlándose del mundo sin ningún remordimiento y de feliz soberbia. Otro ejemplo de presencia y no sé si esta actitud actoral tenga algo que ver pues Richard era marido de la Moreau, en aquél entonces.

 

4) Trepadora y sin escrúpulos, Irene Ferramonti (Dominique Sanda) arrasa con todo  obstáculo para obtener lo que quiere como una alumna decimonónica y brillante de  Maquiavelo y al entrar a la fiesta, tal como la vemos en La herencia Ferramonti de   Mauro Bolognini, su rostro de satisfacción,  como un animal pletórico de seducción y rapiña y sus movimientos acordes a sus planes, quedan en la memoria décadas después (obtuvo el premio como mejor actriz en el Festival de Cannes). Otra escena, pero en otro film donde interpreta a una hermana, tal vez incestuosa, en El jardín de los Finzi-Contini de Vittorio de Sica, cuando en la Ferrara fascista llevan a la familia arrestada a un campo de concentración por ser judíos, el gendarme le increpa: “Usted es Nicole Finzi-Contini?” y ella le responde “Micol”. Se requiere de cierta estámina, moral y física para enfrentar una humillación a un miembro de una familia de la alta burguesía y Dominque Sanda lo trasmite con displicente naturalidad.                        

5) Siempre consideré a Vittorio de Sica como el más compasivo de los directores. Sus films Lustrabotas y Umberto D, así lo demuestran. Otro gran director, Satyatij Ray,  también  admiraba al maestro neorrealista por la forma de cómo usaba  la cámara que se adentraba en el alma de los personajes y no había barrera entre el espectador y lo que estaba ocurriendo en la imagen en movimiento, de tal forma que compartimos la soledad, el desamparo y las angustias de todos ellos. En una escena de Ladrón de Bicicletas, Bruno (Enzo Staiola, que fue escogido cuando tenía 7 años mientras caminaba por una calle de Roma) acompaña a su padre (Lamberto Maggiorani) a un restorán popular después que le robaron su bicicleta, su único instrumento de trabajo y no pudiendo comer mucho pues carecían de recursos, observa a los demás comensales, entre ellos niños de su edad ante el jolgorio y la abundancia de comida, y la cámara se detiene en el  rostro de Bruno que vibra como una caja de emoción, de resonancias, de trascendencia humana. 

a) Pauline Kael, Kiss kiss, Bang, bang, Atlantic Monthly Press, 1968, pág. 369.