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críticas
Estiércol del
diablo
Resulta tan obvio que es casi tonto escribir “el petróleo es uno de los
problemas cruciales de la época actual”. Sería por completo una idiotez
decirlo si no hubiera gente capaz de pasar por el tema como si nada. El
peor de los simulacros consiste en abordar un asunto que es vital para
la humanidad, y plantearlo en términos tales que lleven a la conclusión
de que no hay nada nuevo allí, al menos nada que no se pueda ver por
encima del hombro y responder con una risita. Y eso es lo que ocurre en
Petróleo sangriento de Paul Thomas Anderson (There Will Be
Blood, 2007).
La
historia comienza en 1989, pero Petróleo sangriento es una
película de 1927, el año en que fue publicada la novela de Upton
Sinclair en la que está inspirada, Oil!, sólo que a color y con
sonido. Incluso se trata de un filme que, no digamos que ignora las
cuestiones de las que se ocupa Syriana (2005), por poner un
ejemplo del siglo XXI, sino que ni siquiera considera el problema del
monopolio de la Standard Oil, disuelto por una sentencia de la Corte
Suprema de Estados Unidos en 1911. La cuestión petrolera no es algo que
tenga que ver con el Gobierno ni con las grandes empresas. Por el
contrario, es asunto de pioneros, como una segunda fiebre del oro. De
hecho, la película comienza con un minero que se topa con el petróleo
por accidente. Sin embargo, ni siquiera la fiebre es propiamente el
tema, puesto que, desde el principio, el protagonista, Daniel Plainview
(Daniel Day-Lewis) se presenta como contagiado por una irrefrenable
codicia. Es codicioso por naturaleza, y punto.
El
mundo, en consecuencia, es malo porque los hombres son malvados. Esa es
la tesis con la que el filme se saca de encima cualquier consideración
que trascienda la moral así entendida, como las que plantearía el caso
de la petrolera fundada por John D. Rockefeller, por no hablar de las
siete hermanas y la geopolítica de los hidrocarburos. Es por eso es que
Petróleo sangriento es una mala versión del clásico Avaricia
(Greed, 1924). Mala copia, porque el protagonista del filme
de Erich von Stroheim, que vive miserablemente para no gastar su tesoro,
gana una fortuna con un boleto de lotería. El de la cinta de Anderson,
en cambio, lo hace participando en un negocio que ya para entonces tenía
repercusiones mundiales, y no por azar.
La
contraparte necesaria de las fieras como Plainview son los tontos que se
dejan devorar por su estupidez, como Abel Sunday (David Willis), que
permite que el inescrupuloso petrolero se adueñe de sus tierras para
extraer el producto prácticamente por nada. Esa imbecilidad tiene como
correlato, a su vez, la devoción religiosa, la cual también permite que
los feligreses sean víctimas de predicadores embaucadores como Eli
Sunday (Paul Dano). Son tontos por partida doble, en síntesis, y nada
más. Pareciera que Petróleo sangriento plantea así la cuestión de
las relaciones entre la derecha religiosa estadounidense, cuyo fanatismo
se deriva del ascendiente de iluminados como Sunday, que basa su iglesia
en una “tercera revelación” personal. Pero tampoco: lo que hay en la
película no pasa del enfrentamiento caricaturesco de dos estafadores que
quieren sacar provecho de la misma plebe ignorante. Es importante
subrayar, además, que la película suscribe la tesis que constituye la
piedra angular del conservadurismo: el hombre debe sus males a la
corrupción moral.
Cómo
el realizador de la lúcida Boggie Nights (1997), con su irónico
paralelismo entre la historia de Estados Unidos y la de la industria del
cine porno, pudo haber llegado a hacer Petróleo sangriento es un
inquietante misterio. Lo cierto es que allí sucede lo que le pasa al
discurso que pretende ser mordazmente crítico pero carece de ideas: sólo
le queda la risita.
PETRÓLEO SANGRIENTO
There Will Be Blood,
Estados Unidos, 2007
Dirección:
Paul Thomas Anderson. Guión: Paul Thomas Anderson, basado en la
novela Oil! de Upton Sinclair. Producción: Paul Thomas
Anderson, Daniel Lupi, Jo Anne Sellar. Diseño de producción: Jack
Fisk. Fotografía: Robert Elswit. Montaje: Dylan Tichenor.
Sonido:
Christopher Scarabosio. Música: Johnny Geenwood. Elenco:
Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview), Paul Dano (Paul y Eli Sunday),
Dillon Freasier (H. W. Plainview), Kevin J. O’Connor (Henry Brands),
Cirán Hinds (Fletcher Hamilton), Barry Del Sherman (H. B. Ailman),
Colleen Foy (Mary Sunday), Paul F. Tompkins (Prescott). Duración:
158 minutos. 35 mm, 2,35:1, color, Dolby Digital, DTS, SDDS.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |