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críticas
Escrito en el
cuerpo
Promesas peligrosas,
la más reciente película dirigida por David Cronenberg (Eastern
Promises, 2007), parece ser una cinta sobre el tráfico de mujeres de
Rusia a Gran Bretaña, con el fin de prostituirlas, y sobre la forma como
opera la mafia rusa en el extranjero. Bajo esa superficie, plagada de
lugares comunes y de prejuicios con respecto a la gente de Europa del
Este, subyacen dos temas que recorren toda la filmografía de Cronenberg.
El primero es el del cuerpo y sus posibles modificaciones, que es
tratado en Sheevers (1975), Rabid (1977), Videodrome
(1983), La mosca (The Fly, 1986), Inseparables
(Dead Ringers, 1988), El almuerzo desnudo (Naked Lunch,
1991), Crash (1996) y eXistenZ (1999). El otro es el del
cuerpo y la identidad de la persona, que aparece en M. Butterfly
(1993) y antes en Scanners (1981), así como también en el filme
anterior del director: Una historia violenta (A History of
Violence, 2005), del cual Promesas peligrosas pareciera ser
una suerte de continuación, tanto por el tema del crimen como por la
reaparición de Viggo Mortensen en el papel del protagonista. Esto es lo
único que podría dar pie para pensar que es una película en la que un
autor deja su huella en el material genérico de la industria. Y aun así
quizás sería pisar en falso dos veces, porque en sus primeras cintas
profesionales Cronenberg demostró que no existe tensión alguna entre sus
inquietudes personales y los géneros de la ciencia ficción y el terror
por lo menos, y sus marcas autorales en Promesas peligrosas son
tan leves que incluso podría pensarse que se trata de la obra de un
director diferente, lejanamente influenciado por él.
El
problema del cuerpo en Promesas peligrosas es el de cómo una
persona puede llegar a adquirir una identidad, a partir de la
transformación de su carne. En Una historia de violencia la cosa
era al revés: a pesar de que Tom Stall intenta convertirse en un padre
de familia ejemplar, en un pueblito rural, que dice rechazar toda forma
de violencia, conserva la memoria corporal de la persona que fue antes,
el violento pandillero Joey Cusack, tal como aflora cuando se ve
obligado por primera vez a utilizar las armas y los golpes para
defenderse. En el caso de Nikolai Luzhin, el protagonista de la película
de 2007, la mafia rusa transforma progresivamente en asesino a alguien
que originalmente no era un criminal, lo cual se hace manifiesto para
los demás en los tatuajes con los que van cubriendo su cuerpo. Pero no
se trata solamente de dibujos en la piel. Después del ritual de
iniciación, a través del cual deja de ser chofer para incorporarse
plenamente a la banda y en el que debe comparecer ante los jerarcas
apenas cubierto con unos boxers, de manera que todos pueden apreciar su
piel tatuada, a la que luego se añaden más inscripciones que hacen
expreso el cambio de estatus, el nuevo Nikolai Luzhin exhibe las
cualidades que le hicieron merecedor del honor cuando lucha desnudo
contra dos pandilleros rivales que le atacan, vestidos y armados, en un
baño turco. Lo que ocurre es lo mismo que con Stall en Una historia
violenta, salvo que la manera de desenvolverse del personaje no es
signo de comportamientos aprendidos hace mucho tiempo sino que se han
ido adquiriendo. La desnudez subraya que el cuerpo de quien no era un
criminal se ha convertido en el de un asesino de la mafia,
independientemente de cualquier herramienta que utilice para matar.
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En la
pelea, el cuerpo de Luzhin se va cubriendo, además, de sangre propia y
ajena, en tanto es herido, y hiere y mata a sus adversarios. La
secuencia de un parto, al comienzo del filme, establece un paralelismo
entre esa lucha y el nacimiento, puesto que la bebé aparece similarmente
ensangrentada, y hay instrumentos que comienzan a dejar marcas sobre
ella desde el momento en que sale al mundo, al cortar el cordón
umbilical. Si las transformaciones del cuerpo, cuando acaban de
consumarse, pueden ser vistas, entonces, como análogas a un nuevo
nacimiento, ¿qué es aquello que perdura en la persona que es cambiada de
la identidad anterior? Esta es otra arista del problema de la identidad
en el filme, cuya respuesta parece inclinarse hacia el lado de la
herencia biológica, más que del “alma”, por lo que le ocurre a la
coprotagonista. Anna Khitrova (Naomi Watts) es bienvenida en el seno de
la banda de mafiosos porque la identifican como rusa por su ascendencia,
a pesar de que ella no habla el idioma y vive en permanente conflicto
con su familia. Lo mismo podría pasar en el caso de Luzhin: se conserva
algo de su naturaleza originaria diferente, sin que quede del todo claro
qué pueda ser. Aunque habría que tomar como grano de sal la cuestión de
que haya problemas seriamente planteados en las películas de Cronenberg.
Al realizador le interesa, más que la reflexión, que las posibilidades
de transformación del cuerpo que plantea en sus filmes sean
contundentemente visibles, como buen heredero del William Burroughs y
del surrealismo que es.
Eso
es todo. Por lo que respecta a lo demás, no parece haber nada en esta
película de delincuentes, ni en la anterior, que permita considerarlas
entre las obras de David Cronenberg. Pero lo mismo ocurre en M.
Butterfly y en otros proyectos parecidos que ha asumido a lo largo
de su carrera, por lo que no puede considerárselo como un síntoma de
decadencia reciente, y la insistencia en el tema del crimen lleva a
preguntarse si el director estará buscando no repetirse. Quizás sea
transformar el cuerpo de su obra, como lo ha hecho con el de sus
personajes, sin importarle mucho lo que pueda pasar con su reputación de
autor. Sería así consecuente con lo que le dijo a Chris Rodley para el
libro de entrevistas David Cronenberg por David Cronenberg: “Si
vas a hacer películas de verdad, tendrás que enfrentarte en algún
momento con lo que representa el Festival de Cannes. Tal vez si no te lo
tomas tan en serio, será mejor. Así que volví y me limité a reírme
durante una semana”.
PROMESAS PELIGROSAS
Eastern Promises,
Reino Unido-Canadá-Estados Unidos, 2007
Dirección:
David Cronenberg. Guión:
Steven Knight. Producción: Robert Lantos, Paul Webster. Diseño
de producción: Carol Spier. Fotografía: Peter Suschitzky.
Montaje:
Ronald Sanders. Sonido: Stuart Wilson. Música: Howard
Shore. Elenco: Viggo Mortensen (Nicolai Luzhin), Naomi Watts
(Anna Khitrova), Vincent Cassel (Kirill), Armin Muhler-Stahl (Semyon),
Sinéad Cusack (Helen).
Duración: 100 minutos.
Formato: 35 mm con intermedio digital, 1,85:1, color, DTS, Dolby
Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |