06/08
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críticas

Promesas peligrosas
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Escrito en el cuerpo  

 

Promesas peligrosas, la más reciente película dirigida por David Cronenberg (Eastern Promises, 2007), parece ser una cinta sobre el tráfico de mujeres de Rusia a Gran Bretaña, con el fin de prostituirlas, y sobre la forma como opera la mafia rusa en el extranjero. Bajo esa superficie, plagada de lugares comunes y de prejuicios con respecto a la gente de Europa del Este, subyacen dos temas que recorren toda la filmografía de Cronenberg. El primero es el del cuerpo y sus posibles modificaciones, que es tratado en Sheevers (1975), Rabid (1977), Videodrome (1983), La mosca (The Fly, 1986), Inseparables (Dead Ringers, 1988), El almuerzo desnudo (Naked Lunch, 1991), Crash (1996) y eXistenZ (1999). El otro es el del cuerpo y la identidad de la persona, que aparece en M. Butterfly (1993) y antes en Scanners (1981), así como también en el filme anterior del director: Una historia violenta (A History of Violence, 2005), del cual Promesas peligrosas pareciera ser una suerte de continuación, tanto por el tema del crimen como por la reaparición de Viggo Mortensen en el papel del protagonista. Esto es lo único que podría dar pie para pensar que es una película en la que un autor deja su huella en el material genérico de la industria. Y aun así quizás sería pisar en falso dos veces, porque en sus primeras cintas profesionales Cronenberg demostró que no existe tensión alguna entre sus inquietudes personales y los géneros de la ciencia ficción y el terror por lo menos, y sus marcas autorales en Promesas peligrosas son tan leves que incluso podría pensarse que se trata de la obra de un director diferente, lejanamente influenciado por él.

 

El problema del cuerpo en Promesas peligrosas es el de cómo una persona puede llegar a adquirir una identidad, a partir de la transformación de su carne. En Una historia de violencia la cosa era al revés: a pesar de que Tom Stall intenta convertirse en un padre de familia ejemplar, en un pueblito rural, que dice rechazar toda forma de violencia, conserva la memoria corporal de la persona que fue antes, el violento pandillero Joey Cusack, tal como aflora cuando se ve obligado por primera vez a utilizar las armas y los golpes para defenderse. En el caso de Nikolai Luzhin, el protagonista de la película de 2007, la mafia rusa transforma progresivamente en asesino a alguien que originalmente no era un criminal, lo cual se hace manifiesto para los demás en los tatuajes con los que van cubriendo su cuerpo. Pero no se trata solamente de dibujos en la piel. Después del ritual de iniciación, a través del cual deja de ser chofer para incorporarse plenamente a la banda y en el que debe comparecer ante los jerarcas apenas cubierto con unos boxers, de manera que todos pueden apreciar su piel tatuada, a la que luego se añaden más inscripciones que hacen expreso el cambio de estatus, el nuevo Nikolai Luzhin exhibe las cualidades que le hicieron merecedor del honor cuando lucha desnudo contra dos pandilleros rivales que le atacan, vestidos y armados, en un baño turco. Lo que ocurre es lo mismo que con Stall en Una historia violenta, salvo que la manera de desenvolverse del personaje no es signo de comportamientos aprendidos hace mucho tiempo sino que se han ido adquiriendo. La desnudez subraya que el cuerpo de quien no era un criminal se ha convertido en el de un asesino de la mafia, independientemente de cualquier herramienta que utilice para matar.

 


Trailer de Promesas peligrosas
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En la pelea, el cuerpo de Luzhin se va cubriendo, además, de sangre propia y ajena, en tanto es herido, y hiere y mata a sus adversarios. La secuencia de un parto, al comienzo del filme, establece un paralelismo entre esa lucha y el nacimiento, puesto que la bebé aparece similarmente ensangrentada, y hay instrumentos que comienzan a dejar marcas sobre ella desde el momento en que sale al mundo, al cortar el cordón umbilical. Si las transformaciones del cuerpo, cuando acaban de consumarse, pueden ser vistas, entonces, como análogas a un nuevo nacimiento, ¿qué es aquello que perdura en la persona que es cambiada de la identidad anterior? Esta es otra arista del problema de la identidad en el filme, cuya respuesta parece inclinarse hacia el lado de la herencia biológica, más que del “alma”, por lo que le ocurre a la coprotagonista. Anna Khitrova (Naomi Watts) es bienvenida en el seno de la banda de mafiosos porque la identifican como rusa por su ascendencia, a pesar de que ella no habla el idioma y vive en permanente conflicto con su familia. Lo mismo podría pasar en el caso de Luzhin: se conserva algo de su naturaleza originaria diferente, sin que quede del todo claro qué pueda ser. Aunque habría que tomar como grano de sal la cuestión de que haya problemas seriamente planteados en las películas de Cronenberg. Al realizador le interesa, más que la reflexión, que las posibilidades de transformación del cuerpo que plantea en sus filmes sean contundentemente visibles, como buen heredero del William Burroughs y del surrealismo que es.

 

Eso es todo. Por lo que respecta a lo demás, no parece haber nada en esta película de delincuentes, ni en la anterior, que permita considerarlas entre las obras de David Cronenberg. Pero lo mismo ocurre en M. Butterfly y en otros proyectos parecidos que ha asumido a lo largo de su carrera, por lo que no puede considerárselo como un síntoma de decadencia reciente, y la insistencia en el tema del crimen lleva a preguntarse si el director estará buscando no repetirse. Quizás sea transformar el cuerpo de su obra, como lo ha hecho con el de sus personajes, sin importarle mucho lo que pueda pasar con su reputación de autor. Sería así consecuente con lo que le dijo a Chris Rodley para el libro de entrevistas David Cronenberg por David Cronenberg: “Si vas a hacer películas de verdad, tendrás que enfrentarte en algún momento con lo que representa el Festival de Cannes. Tal vez si no te lo tomas tan en serio, será mejor. Así que volví y me limité a reírme durante una semana”.

 

PROMESAS PELIGROSAS

Eastern Promises, Reino Unido-Canadá-Estados Unidos, 2007

 

Dirección: David Cronenberg. Guión: Steven Knight. Producción: Robert Lantos, Paul Webster. Diseño de producción: Carol Spier. Fotografía: Peter Suschitzky. Montaje: Ronald Sanders. Sonido: Stuart Wilson. Música: Howard Shore. Elenco: Viggo Mortensen (Nicolai Luzhin), Naomi Watts (Anna Khitrova), Vincent Cassel (Kirill), Armin Muhler-Stahl (Semyon), Sinéad Cusack (Helen). Duración: 100 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 1,85:1, color, DTS, Dolby Digital.  

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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