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críticas
La parca
desmedida
Se busca
(Wanted, 2008) es
una película que vale la pena ver por dos razones. La primera es Agelina
Jolie. Su aparición en la pantalla perturba porque es la encarnación
hollywoodense de lo extremo llevado al ámbito de la sexualidad. Es tan
fuerte su presencia escénica que no necesita hacer mucho más que
mostrarse de una manera acorde con los deseos que despierta en quien la
ve para convertirse en el centro de atención. La desproporción de sus
formas es el centro de su misterio. En su rostro todo es excesivo: los
labios, desde luego, pero también sus enormes ojos de un gris
ensombrecido y su larga cabellera sin forma. Su cuerpo también tiene
algo que seduce quizás porque no se ajusta a los patrones de belleza
establecidos, y en la película fue cubierto de enigmáticos tatuajes para
acentuar su misterio. Sus piernas son muy largas y en general pareciera
ser demasiado delgada y huesuda. Sin embargo, eso es lo atractivo en
ella, el desborde y no la armonía. Nadie podía imaginarse una mujer como
Angelina Jolie hasta que se la muestran.
Alguien que es, por sobre todo, fuera de lo normal, calza perfectamente
en un papel como el de Fox en Se busca, que está basada en un
cómic, al igual que es la actriz perfecta para encarnar a Lara Croft, el
personaje del videojuego Tom Rider. Hay incluso un guiño que se burla de
eso en la película. “¿Has pensado alguna vez en ser alguien normal”, le
pregunta Wesley, el anodino protagonista (James McAvoy). “No”, dice
Foxmientras la cámara la capta en un primer plano de perfil de Angelina
Jolie, con lentes oscuros.
La
historia de Se busca es perfecta también para el director de
Guardianes de la noche (Nochnoy dozor, 2004), Timur
Bekmambetov, quien incluso se trajo Konstantin Khabensky, actor de esa
y otras tres películas rodadas por él en Rusia, para hacer un papel
secundario. Esa es la segunda razón por la que vale la pena verla. Al
comienzo, cuando los intertítulos hacen mención de acontecimientos que
ocurrieron hace mucho tiempo atrás, el espectador que conozca los filmes
de Bekmámbetov recordará el prólogo de Guardianes, que relata la
batalla en el puente del destino. Aquí se pasa directamente al presente,
pero también se trata de la historia del destino y de una cofradía de
seres sobrehumanos, que habitan en el mundo de los mortales y que
reclaman a uno de ellos como miembro.
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En
Se busca hay un guiño culterano en la alusión que se hace a los
gremios de la Edad Media, uno de los cuales –el de los tejedores– se
convirtió en la hermandad de asesinos de la historia. Ellos viven en lo
que parece ser un castillo, pero en realidad es una fábrica textil que
sigue funcionando a la manera de las corporaciones medievales, en lo que
a las relaciones laborales respecta. Lo que allí se teje son los
destinos, lo cual es una cita del tema griego de las parcas: las tres
figuras mitológicas que hilan el hilo de la vida, lo van recogiendo en
un rollo y lo cortan. Más allá de eso, se juega también con la idea
cristiana, de la salvación, a través de un personaje interpretado por un
actor que se ha hecho célebre en el papel de Dios. Pero Sloan (Morgan
Freeman) toma decisiones en relación con el destino para defender sus
intereses más que el bien. Aquí también Bekmámbetov se mueve como pez en
el agua: en el hasta ahora díptico Guardianes de la noche-Guardianes
del día (Dnevnoy dolor, 2006) –la tercera parte está en
producción– hay dos bandos en conflicto, el enfrentamiento no es una
lucha del bien contra el mal sino un simple choque de intereses.
Algunas secuencias de acción de Se busca son de una exageración
similar a la de esas otras dos películas de Bekmambetov, pero con una
diferencia: uno de los encantos de Guardianes de la noche
radicaba en que había secuencias que eran divertidas por sí mismas y no
cumplían ninguna función en la historia. Entre las más memorables está
la que relata la caída de un perno, desde que se desprende de un avión
hasta que aterriza en la taza de café que prepara un personaje. En la
cinta hollywoodense las partes están sometidas más dócilmente a su
función, lo cual priva al filme de ese toque de burla. Si no cuadran es
por otra razón, que se debe a la segunda diferencia. En Se busca
abundan las escenas de violencia y la sangre, que no están presentes en
las películas rusas de Bekmambetov con la misma crudeza. Pero además
crean un problema de contraste entre el tono truculento, que puede
asociarse al imaginario de ciertos cómics y las secuencias que parecen
provenir de películas de acción más clásicas, como las de James Bond,
donde la sangre no es un atractivo central. La mejor es una en la que un
tren se descarrila sobre un puente.
Se
busca es una
película que puede disfrutarse poniendo atención a detalles como la
sorpresiva aparición de Angelina Jolie, cuando este voltea en una
tienda, como materialización de sus más ocultos sueños eróticos, o el
asesinato que es cometido a través del tragaluz del techo de un carro,
desde la ventana de otro que vuela por encima después de haber sido
catapultado por un choque contra el auto de Fox, además de la mencionada
secuencia del tren, que es de antología. Sin embargo, tiene ese problema
de claridad en el género, que hace que el contraste en las secuencias
que parecen sacadas de las películas del agente 007 y las que claramente
provienen del cómic llegue a ser molesto.
SE
BUSCA
Wanted, Estados
Unidos-Alemania, 2008
Dirección:
Timur Bekmambetov. Guión:
Michael Brandt, Derek Haas, Chris Morgan, basado en la serie de cómic de
Mark Millar y J. G. Jones.
Producción:
Jim Lemley, Jason Netter, Marc E. Platt, Ian Smith.
Diseño de producción:
John Myhre. Fotografía: Mitchell Amudsen. Montaje: David
Brenner. Sonido: Harry Cohen, Ann Scibeli. Música: Danny
Elfman. Elenco: James McAvoy (Wesley Allan Gibson), Angelina
Jolie (Fox), Morgan Freeman (Sloan), Terrence Stam (Pekwarsky),
Konstantin Khabensky (el exterminador). Duración: 110 minutos.
Formato: 35 mm anamórfico con intermedio digital, 2,35:1, DTS SDDS,
Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |