07/07
 
 
Guía del cine en Venezuela
 
 

 

 

 

Una de carritos

La historia comienza en una base militar, en Qatar. Luego salta a una típica high school estadounidense, donde un estudiante hace una exposición ante sus compañeros. Ello justifica un flash back a un relato de exploraciones polares que se desarrolla a finales del siglo XIX. Todo esto ocurre al comienzo, donde el director pone sobre la mesa las cartas con las que jugará durante toda la película. Luego empiezan a percibirse más claramente otros cambios: si bien se trata de una cinta de acción, continuamente parece volverse una comedia de estudiantes, además de ser, obviamente, una adaptación del mecha japonés de la televisión al cine hollywoodense, es decir, del animé de robots, cuyo elemento gráfico central es el diseño mecánico. Pero tampoco es mecha y nada más: el uso de la tanques y aviones de combate armadas para atacar a los robots, y la semejanza de uno de ellos con un escorpión, al comienzo del filme, traen a colación las clásicas cintas de criaturas gigantescas, como Tarántula de Jack Arnold (1955). Transformers, la película dirigida por Michael Bay (2007), es por tanto no menos Tranformer que Optimus Prime o Megatron: cambia de forma vertiginosamente, pasando de un motivo a otro, de uno a otro género.

 

La cinta, que aparentemente no es otra cosa que un producto comercial, puesto además al servicio de la innoble causa de la venta de unos muñequitos para niños de la Hasbro y unos juguetes para adultos fabricados por General Motors, se desarrolla así en tres planos. Por una parte está la historia; por otra el juego con el cine del cual la historia es resultado, que incluye también la abundancia de homenajes y chistes sobre muchas otras películas, desde 2001, una odisea del espacio de Stanley Kubrick (1968) hasta Kill Bill Vol. 1 de Quentin Tarantino (2003), al igual que a la televisión –The X Files de Chris Carter (1993-2002)–. Pero más importante todavía es el tercer nivel del filme: al igual que el mecha en general, Transformers se inspira en el juego de los niños, en la forma como luchan unos contra otros con sus robots de juguete, lanzándose golpes, cuchillas, cohetes, rayos.

Esta relación del filme con el juego ha sido acertadamente percibida por Alfredo Roffé en la columna El Dedo en el Ojo. Las peleas entre los robots del filme, dice el crítico, son “iguales a las que los niños juegan con sus juguetes” (Últimas Noticias, 19 de julio). Pero después se equivoca al calificar esto de desbarajuste y rematar: “Es el propio anticine”. ¿Anticine? Nada de eso: se trata de una forma de narrar que abre la película hacia experiencias de los espectadores niños y adultos en la vida real. En el primer caso,  así como el filme se alimenta de la forma como ellos juegan, les invita también a que jugar con la película, una vez que salgan del cine. En el segundo caso, percibir y comentar el juego que en la cinta se hace con el cine constituye una suculenta fast food servida en la mesa de los cinéfilos. No pocos podrán disfrutar del descubrimiento del doble fondo de la película, que a primera vista no pareciera aspirar a otra cosa que al entretenimiento banal pero que después resulta ser un entretenimiento un poco más refinado y exigente.

 

El problema, entonces, no es que se trate de anticine. La cuestión es que no sólo se invita a jugar a los niños sino que implícitamente se les dice que deben hacerlo con los juguetes de la Hasbro y se estimula también otra práctica aberrante, que en lenguaje cotidiano suele ser denominada “Papi, compra”. El juego es, además, un aprendizaje en el reconocimiento y disfrute de ese lado mágico sin el cual los productos no serían lo que son en la sociedad de consumo. En este caso se trata de una enseñanza que debe ser puesta en práctica a posteriori en la adquisición de los automóviles de la GM. Por si esto fuera poco, los personajes de Transformers se entrenan, además, con fines aun más perversos: poner al servicio de las fuerzas armadas de su país las habilidades que adquieren al entretenerse con sus videojuegos y computadoras. El niño que pelea con robots tiene un destino de soldado.

TRANSFORMERS
Estados Unidos, 2007

Dirección: Michael Bay. Guión: Roberto Orci, Alex Kurtzman, basado en una historia de Orci, Kurtzman y John Rogers. Producción ejecutiva: Steven Spielberg, Michael Bay, Brian Goldner, Mark Vahradian. Producción: Ian Bryce, Tom DeSanto, Lorenzo di Bonaventura, Don Murphy. Diseño de producción: Jeff Mann. Supervisión de animación: Scott Benza. Supervisión de efectos especiales: Scott Farrar. Fotografía: Mitchell Amundsen. Montaje: Tom Muldoon, Paul Rubell, Glen Scantlebury. Música: Dave Jordan, Steve Jablonsky. Elenco: Shia LaBeuf (Sam Witwicky), Megan Fox (Michael Banes), Josh Duhamel (capitán Lennox), Tyrese Gibson (sargento Epps), Rachel Taylor (Maggie Madsen), Anthony Anderson (Glen Whitman), Jon Voight (secretario de defense), John Turturro (agente Simmons). Duración: 144 minutos. 35 mm, 2.35:1, color, SDDS, Dolby Digital o DTS.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info