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Vértigo
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El abismo del cine:
tres notas sobre Vértigo
 


 

1. El parecido que Scottie busca establecer entre Madeleine y Judy depende de que las dos copian el mismo modelo, que es Carlotta Valdés, una misteriosa mujer que se suicidó hace 100 años. Tanto es así que para coronar la semejanza, el hombre obliga a Judy a hacerse el mismo peinado en forma de remolino de Carlotta. Amar a una Judy convertida en Madeleine no es, por tanto, el fin último que persigue verdaderamente el protagonista, sino llegar, a través de la copia de la muerta que tuvo entre sus brazos, hasta aquella otra mujer, también fallecida, que es la razón de ser del misterioso atractivo de Madeleine. La necrofilia en la película es, en consecuencia, una relación con el más allá, con fantasmas, no exactamente con cadáveres. Es por esta razón también que buscar a una mujer a través de otra puede significar asomarse a un abismo, y de allí el título: Vértigo.

 

Lo que hace el protagonista con Judy, además, no es algo demasiado fuera de lo común. En el cine, los actores y actrices que aparecen en la pantalla se convierten también en objetos para un deseo que puede proponerse alcanzarlos en la vida real, en parejas que imiten una forma de vestirse, de peinarse, hasta de hablar o algún gesto de alguien que se vio en una película. Eso puede ocurrir, además, de forma inconsciente, con una naturalidad que hace imperceptibles los modelos que realmente están en juego, detrás de todo lo que sucede. Dejarse conducir de esa manera hacia el abismo de la búsqueda de una mujer en otra, como Scottie, es una experiencia que está vinculada, por tanto, con el abandono de uno mismo al ver películas. Peor aun: con la borrosidad de los límites entre ficción y realidad. Uno nunca sale de los filmes en los que se ha sumergido, cuando se deja hundir en ellos de una manera lo suficientemente profunda, y abandona la sala para buscar a los personajes en la vida real, como busca Scottie a la Madeleine muerta.

 

 
Trailer de Vértigo
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2. No debería dejar de ser motivo de suspicacia para el público la revelación del secreto del vínculo entre Madeleine y Judy. Antes de que el detective se dé cuenta de que ambas son la misma mujer, la película hace que el espectador se entere de que el marido de Madeleine engañó a Scottie haciéndole creer que seguía a su mujer, cuando en realidad era Judy disfrazada. El objetivo de la farsa era convertirlo en testigo del suicidio por el que logra hacer pasar el asesinato de su esposa. ¿Por qué hizo esta revelación Hitchcock a mitad de la película, en vez de guardar bajo la carta la carta de la sorpresa hasta el final? La manipulación de Scottie pone sobre aviso de que puede haber un propósito perverso en ello.

 

Además de crear suspenso acerca de si el detective se va a enterar o no de lo que realmente pasa, el dato indica al espectador que todo lo que ha sucedido antes de la revelación fue un espectáculo montado para hacerle creer una historia. Pero también significa otra cosa. La primera parte del filme es el relato de cómo se crea una ficción y cómo se hace que el público, en este caso Scottie, la tome por verdad. Ello ocurre principalmente en virtud de un gancho: la misteriosa belleza de la actriz que interpreta el personaje de Madeleine en el engaño dentro de ese otro engaño que es la ficción. Lo que le ocurre a Scottie con esa mujer es parecido, por tanto, a lo que le pasa al espectador con los actores de Vértigo, si se ha permitido que la película lo sumerja en la historia, seducido por el embrujo de la belleza de Kim Novak. La célebre trombone shot, con la que el director hace sentir al público lo que experimenta el protagonista cada vez que ve hacia abajo desde la altura, ilustra lo también lo que ocurre cuando uno cae en el pozo que es todo filme.

 

Una invitación a ver y disfrutar del cine como fabricación de una mentira, sin dejarse engañar por ella, es lo que Hitchcock hace en la segunda mitad de Vértigo, cuando pone las cartas de la ficción sobre la mesa. El misterio del cine, y de la ficción en general, y por ende también de la película, es cómo una cosa no quita la otra. Saber que se es engañado no anula el placer del engaño en el arte, por lo que todo artista verdadero no necesita ocultar sus artilugios al público. Por el contrario, debe encontrar la manera de hacerlos manifiestos de una manera bella. No hay político que no sepa esto, aunque no haya visto Vértigo. La opinión en cuanto a la revelación de los trucos, sin embargo, suele ser diferente.

 

3. Un último misterio del filme es por qué Judy cae al vacío desde la torre de la iglesia y muere de la misma manera que la Madeleine auténtica, la que es asesinada por su marido. Evidentemente se trata de cerrar el círculo, pero, ¿por qué motivo? Lo arbitrario del final sugiere que todo final de historia tiene algo de arbitrario, en la medida en que obedece a una causa trascendente: la voluntad de los autores. Terminar un relato, además, significa desechar a los personajes que han cumplido su fin en la ficción, junto con la historia misma, independientemente de que algunas imaginaciones benévolas les concedan la vida futura feliz que anuncia un happy end. Este último es un engaño que trasciende la ficción, y a Hitchcock le interesa lo contrario: que la ficción desenmascare sus engaños.

 

Lo que le ocurre a Judy al final no podía haberle sucedido a Scottie al comienzo, cuando quedó colgando sobre el vacío, en la primera secuencia, aunque es más verosímil que él caiga y se mate. El personaje del detective tiene una tarea que cumplir en la historia de la película, que apenas comienza. Si el director y los guionistas lo dejaran caer, como la lógica indica, no existiría el filme que se titula Vértigo. Pero una vez que la cinta ha terminado, todos los personajes mueren, aunque no caigan de lo alto de una torre, como Madeleine y Judy. Muere Scottie también, aunque no salga en la película y el director no parezca haberse ensuciado las manos con su sangre. Pero eso el espectador sabio no debería encariñarse demasiado con los personajes, dice el sabio cineasta que fue Alfred Hitchcock. Pero, ¿acaso alguien del público puede seguir ese consejo?

 

VÉRTIGO

Estados Unidos, 1958

 

Dirección y producción: Alfred Hitchcock. Guión: Alec Coppel, Samuel Taylor, basado en la novela De entre los muertos de Pierre Boileau y Thomas Narcejac. Fotografía: Robert Burks. Montaje: George Tomasini. Sonido: George Dutton, Winston Leverett, Harold Lewis. Música: Bernard Herrmann. Elenco: James Stewart (John “Scottie” Ferguson), Kim Novak (Madeleine Elster, Judy Barton), Barbara Bel Geddes (Midge), Tom Helmore (Gavil Elster). Duración: 128 minutos. Formato: 35 mm, Vistavision, 1,85:1, color, mono.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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