 |
críticas
Pequeños
imperceptibles cotidianos
Viva Cuba
(2004) es un filme sobre
gente poco visible en la sociedad, pero no en el sentido social más
trillado. No se trata de marginados por la pobreza sino por las
costumbres o el pensamiento: los niños y las amas de casa, que pueden
continuar siendo considerados como meros artículos del hogar. Nunca se
había hecho en Cuba una película en la que los niños fuesen los
protagonistas, ha dicho una y otra vez el codirector y coguionista, Juan
Carlos Cremata. En cuanto a las mujeres, la cinta cubana más
emblemática, Lucía, de Humberto Solás (1968), las aborda en
relación con tres momentos centrales en la historia del país. En Viva
Cuba, en cambio, el relato que tiene como protagonista a la Nación
con mayúscula es algo que tuvo su desenlace en un pasado que ya comienza
a parecer remoto, cuando triunfó la revolución. Los que cuentan son los
pequeños problemas personales del presente, como la ausencia del hogar
del marido por causa del trabajo, la distancia con los familiares y
amigos del extranjero que el teléfono no logra acortar, y las
arriesgadas travesuras de los hijos. Sobre esta base hay un
cuestionamiento moral: no reparar en estos aspectos de la vida puede
propiciar que se cometan atropellos que resultan particularmente
perversos, puesto que ni siquiera son verdaderamente intencionales.
Pasan como por descuido, lo cual revela hasta qué punto puede dejarse de
prestar atención a los demás. Así ocurre con los padres de Malú, la
chica protagonista, que consideran tan natural decidir su destino sin
preguntarle que ni siquiera parece cruzarles por la mente la idea de que
ella podría tener opiniones diferentes acerca de la posibilidad de irse
a vivir fuera de Cuba.
La película se divide en dos partes
claramente diferenciadas. La primera, que es la más interesante para los
adultos, es una confrontación de la vida de dos familias que se
desprecian y se odian mutuamente, cuidadosamente trabajada a través de
un estricto paralelismo en el montaje. En segunda parte Viva Cuba
se convierte en una cinta de aventuras. Allí se relata el viaje a través
del país de los dos protagonistas, Malú (Malú Tarrau Broche) y Jorgito
(Jorge Miló Ávila). Ellos se escapan de sus respectivas casas para ir
hasta la punta de Maisí, en el extremo oriental de la isla, con el fin
de convencer al padre de la niña de que no firme la autorización que
necesita su madre para llevársela consigo al extranjero. Ella no quiere
dejar el país donde viven sus amigos, y sobre todo el niño de quien sin
saberlo está enamorada, como es de rigor que ocurra en una película como
esta.
 |
|
El
conflicto entre las familias de los niños tiene una causa política, que
el filme no deja de señalar claramente, cuando muestra las calcomanías
colocadas en la puerta de las respectivas casas: el hogar de Jorgito
está con la revolución y el de Malú con la iglesia. La secuencia en la
que los niños juegan a la guerra, al comienzo de la película, parece
establecer una conexión adicional entre la familia de la chica y los
enemigos de la patria y del socialismo: ella, que es más alta que el
niño y es vista además en contrapicado para subrayar esa diferencia,
quiere representar a la reina de España, mientras que el Jorgito y sus
amigos juegan a ser los patriotas que lucharon por la independencia.
Pero en realidad es una confrontación irónica: el pasado que quiere
encarnar Malú, y que representa más fielmente su madre, es la decadencia
de los que pertenecieron a una clase social borrada del mapa por la
revolución. Si bien la cinta hace un examen minucioso de las diferencias
económicas que persisten entre las dos familias, las cuales se traducen
en varias pequeñas comodidades de que disfruta Malú y no Jorgito, hay
por lo menos un par de detalles que también indican que se trata de una
riqueza estancada, que no se sostiene ni se expande por sí misma. La
muerte de la abuela hace ver que la familia que queda en Cuba se está
extinguiendo inexorablemente, y el viejo televisor en blanco y negro
revela que los lujos de ese hogar, o bien son reliquias del pasado
prerrevolucionario o regalos de los parientes que viven en el exterior.
La familia de Malú no se enriquece ya de negocio alguno en la isla,
mucho menos explotando a los trabajadores. Esa etapa, si la hubo,
concluyó para ellos.
Con
esta mirada irónica quizás deben ser vistos también los numerosos planos
“soviéticos” en los que Jorgito, con el puño sobre la frente, grita la
consigna del partido: “Pioneros por el comunismo”. Tratándose de un
niño, y de un gesto que también se parece al de quien trata de ver hacia
delante, en la distancia, hay allí una invitación a mirar hacia el
futuro. Pero el énfasis que pone la película en los problemas de la
cotidianidad, y en la necesidad de tomar en cuenta la forma de ser y las
opiniones de todos, incluidos los niños, advierte que no debería
tratarse de un destino abstracto, citado de un libro o de un discurso.
Viva Cuba no es una burla de la utopía comunista, a pesar de que
el pase sin solución de continuidad, mediante cortes bruscos, del
ceremonial cívico-político a las travesuras de los niños en la escuela
tiene algo de cómico. De lo que se trata es de poner en relación con la
doctrina la advertencia moral que el filme hace en relación con el gran
panorama de la historia con mayúscula. Para llegar a un futuro con
verdadero sentido hay que voltear hacia los lados y ver a la gente como
en realidad ella es, no como lo que representa para una cultura o para
un pensamiento, que están necesariamente llenos de prejuicios, y
aprender a respetarla, enseña la película. El que se mantenga con las
tradiciones clavadas entre ceja y ceja, o permanezca con el cuello tieso
para otear luminosos horizontes lejanos, podría marchitar a los demás
con su tortícolis, sin importar el sistema político en que viva.
VIVA CUBA
Cuba-Francia, 2004
Dirección: Juan
Carlos Cremata Malberti, Iraida Malberti. Guión: Juan Carlos
Cremata, Manuel Rodríguez. Producción: Nicolás Duval-Adassoksky.
Diseño de producción: Guillermo Ramírez Malberti. Fotografía:
Alejandro Pérez Gómez. Montaje: Sylvie Landra, Angélica Salvador.
Sonido: Franklin Hernández Polanco, Osmany Olivare Arias, Diego
Javier Figueroa. Música: Slim Pezin, Amaury Ramírez Malberti.
Elenco: Malú Tarrau Broche (Malú), Jorge Miló Ávila (Jorgito),
Larisa Vega Alamar (madre de Malú), Luisa María Jiménez Rodríguez (madre
de Jorgito), Sandra Cabrera (abuela de Malú), Albertico Pujols Acosta
(padre de Jorgito), Eslinda Núñez (ciega). Duración: 80 minutos.
Formato: Video digital inflado a 35 mm, color.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info |