“Le llaman arte
de guerrilla, arte subversivo, arte público, porque
realmente no es diseñado para una galería. Es para todo el
público que está en la calle”
Hay gente que trepa por arte. Su manera
de crear consiste en encaramarse hasta alcanzar los avisos
con los que las empresas –y los gobiernos también– han
creado un segundo paisaje en las ciudades, y pegarles encima
obras de su propia inspiración para destruirlos con ingenio.
Naomi Klein dedicó el capítulo 12 de No Logo a estas
y otras formas de cultural jamming, pero Pedro
Carvajal considera que no ha sido suficiente. “Lo único que
falta es que alguien realmente publique un libro que
explique todo esto y que lo ponga en un contexto, igual que
ocurrió con el graffiti, que fue un movimiento que realmente
no tuvo un impacto fuerte”, explica el cineasta venezolano
radicado en Estados Unidos.

Adelantándose a la imprenta con su
cámara, Carvajal realizó el documental POPaganda: The Art
& Crimes of Ron English (2006), dedicado a uno de los
más célebres cultores de esta forma de arte, considerado
como subversivo. Y además vino a Venezuela a acompañar su
película, que compite en el III Festival Internacional de
Documentales. El domingo 27 participó en un foro con el
público en la Cinemateca Celarg.
Ron English, el artista al que está
dedicado el documental, es un creador importante en el
panorama actual del pop art estadounidense. Su especialidad
consiste en subvertir la simbología creada por los comics, a
los cuales reelabora e interviene con un estilo que supera
el realismo de la fuente original y además con un uso
intensamente expresivo del color. En sus obras es posible
apreciar a Homero Simpson en un arrebato creativo que le
asemeja a Jackson Pollock o a Mickey Mouse bombardeando una
Guernica calcada del cuadro de Picasso, pero en 3D.
Sin embargo, y aunque tenía 46 años de
edad para el momento en que se hizo la película, English es
continuamente acicateado por el afán de intervenir la
publicidad con sus creaciones. “¿Cómo se dice?...
¿anarquismo?”, se pregunta Carvajal, a quien pareciera
costarle encontrar las palabras exactas en su lengua natal.
Eso ha significado para el artista sacrificios que ni su
familia ni los galeristas que comercializan su trabajo han
entendido a veces, porque significan una inversión de tiempo
y dinero que no produce réditos. Incluso le ha costado
algunos arrestos, que se suman a las demandas interpuestas
por los propietarios de los derechos de autor de los dibujos
que copia en sus cuadros.
Carvajal sostiene que, si no trepara ni
corriera, Ron English no sería Ron English, ni siquiera el
artista que vende cuadros con ese nombre. “Para él ha sido
también una forma de promover su carrera. Cuando hay
documentales, hay televisión, viene gente de Londres que lo
ayuda también. Su arte se divide en dos, está la parte legal
y está la parte ilegal. En la parte legal, sus cuadros se
están vendiendo muy bien. Ahorita tiene exhibiciones en
Londres, en Roma. En Nueva York tiene una, que son los
nuevos cuadros que está pintando y es en una galería
superhermosa. Su parte ilegal es la que también la que le da
esa credibilidad de la calle, que también es importante, y
que le ayuda a colaborar con otros”.
Esos otros creadores son los que se
desenvuelven en lo que ha sido llamado cultural jamming, y
que consiste en la apropiación de los recursos que utilizan
las empresas para transmitir sus mensajes, de manera de
utilizarlos con propósitos diferentes. Entre los cultores de
esta forma de arte guerrillero destaca el Billboard
Liberation Front –Frente de Liberación de las Vallas–, con
el cual ha colaborado Ron English y cuyos integrantes
aparecen en POPaganda con el rostro cubierto con
pañuelos, o con máscaras de diverso tipo, para ocultar su
identidad. Las visitas a la cárcel no son giras
promocionales para ellos.
Pedro Carvajal se vinculó con estos
artistas a partir de su contacto con uno de los grupos.
“Comenzó cuando yo filmé un documental de unos cinco jóvenes
en Nueva Jersey que formaron un grupo que se llamaba Artfux.
Un día que montaron cinco vallas, uno de los miembros de
Artfux me invitó a que hiciera como un tipo de documental.
Terminé ese y entonces me dijeron que les gustaría, no
necesariamente que fuera parte, pero sí que actuara de vez
en cuando con un grupo que se llamaba Cicada”.
Acercarse a los practicantes del
cultural jamming no fue para Carvajal algo casual, sino
consecuencia de una inquietud ética y política. “La
intención es intervenir los medios de comunicación social
para enviar mensajes que no están conectados con
corporaciones. Es más que todo para tomar el espacio
público, que pertenece a todo el mundo pero,
lamentablemente, cada día es más controlado por
corporaciones. Si vas a cualquier lugar ves un logo, los
medios te sobresaturan. Desde el momento en que sales fuera
de tu casa te están vendiendo un producto. Pero todos
tenemos la capacidad de recuperarlo, porque realmente es
nuestro espacio. Si todos intervenimos, esa sobresaturación
desaparecerá”.
Los principales blancos de Ron English
han sido precisos y modestos: principalmente, atacar a las
empresas tabacaleras por las prácticas publicitarias que
parecen destinadas a estimular el consumo de cigarrillos en
los menores de edad, y en segundo término manifestar
oposición a la invasión a Irak. “Las vallas de cigarrillos
eran mayormente las que nosotros interveníamos”, explica
Carvajal, y añade: “Siempre están en vecindarios
minoritarios, más que todo latinos o negros las vallas que
promocionan sustancias nocivas como los cigarrillos o el
alcohol”.
Este enemigo, además, habría sido
derrotado en parte por anticampañas como las de Ron English.
Al menos esa es la conclusión a la que llega Carvajal, en
vista de lo que ha sucedido en Estados Unidos con este tipo
de publicidad: “El hecho de que antes poner vallas era legal
y ahora es ilegal demostraría que se ha tenido éxito.
Eventualmente la compañía que hacía las vallas de publicidad
en esa zona decidió dejar de hacerlo. Para ellos, montar una
valla que iba a ser destruida no es negocio”.

Las campañas sobre la invasión a Irak, en
cambio, han encontrado mejor receptividad fuera del país.
“Acabamos de hacer una exhibición en España en un festival
en la ciudad de Tui, en el casco histórico. Él puso cinco
vallas, todas inspiradas por el Guernica. Una tenía
exactamente la misma imagen del Guernica y decía “Nueva
generación, nuevo orden mundial”. Había otra que decía
“Nuevo orden mundial” y era 15 minutos antes de que Guernica
fuera bombardeada. Se veía una persona en un caballo
recibiendo flores. Todo el mundo estaba contento. Es como un
tipo de sensibilización con lo que pasó en Bagdad cuando
esos señores invadieron. Todo el mundo estaba contento,
admirado, porque pensaban que iban a ser liberados y lo que
se produjo fue, justamente, todo lo contrario. En España fue
un éxito total. Ellos realmente apreciaron ese tipo de arte.
Le llaman arte de guerrilla, arte subversivo, arte público,
porque realmente no es diseñado para una galería. Es para
todo el público que está en la calle”.
En el documental hay también momentos en
los que aflora un Ron English diferente, mucho más anárquico
y difícil de comprender. Es el de sus trabajos de
adolescente, por ejemplo, cuando lo que hacía podría no
parecer algo muy diferente de un desorden sistemático de
comportamiento, concebido sin otro propósito que causar la
ira de padres o representantes. En lo que a su arte
callejero respecta, una vez realizó una valla que decía
“Emborráchate y mata a Jesús”, algo no muy políticamente
correcto en una nación que venera sus biblias con no menor
intensidad que otros sus coranes. El episodio es uno de los
momentos de POPaganda que seguirá dando vueltas en la
cabeza del espectador.
Pedro Carvajal así lo recuerda, añadiendo
unos pocos detalles que no figuran en el filme: “Ese fue un
momento en el que él estaba pasando por una situación
difícil. Su bebé nació con un defecto y a los pocos días
murió. Él estaba tratando de lidiar con todas esas cosas y a
veces realmente se iba a los extremos. No nos dijo nada.
Simplemente dijo: ‘Esta última valla va a ser controversial.
Estén listos porque una vez puesta tienen que arrancar’.
Porque él era el único que sabía el contenido: estaba
enrollada, y uno no podía saber qué era lo que estaba
dentro. Sin embargo, yo lo defiendo como promotor de la
libertad de expresión, sobre todo para los artistas. Es
importante realmente evitar la autocensura, y es la única
forma como artistas de expresar nuestra situación política y
social. Ellos necesariamente tienen que tener esa libertad
de expresión y yo, como soy también un cineasta, trato de
aislarme y de abstenerme de criticar. Solamente traté de
documentar lo que estaba ocurriendo en el momento. Por todo
uno paga un precio, y afortunadamente no fue nada grave.
Simplemente un momento de angustia, un poco”.