05/07
 
 
Festival de Documentales
 
 

 

 

 

“Le llaman arte de guerrilla, arte subversivo, arte público, porque realmente no es diseñado para una galería. Es para todo el público que está en la calle”

Hay gente que trepa por arte. Su manera de crear consiste en encaramarse hasta alcanzar los avisos con los que las empresas –y los gobiernos también– han creado un segundo paisaje en las ciudades, y pegarles encima obras de su propia inspiración para destruirlos con ingenio. Naomi Klein dedicó el capítulo 12 de No Logo a estas y otras formas de cultural jamming, pero Pedro Carvajal considera que no ha sido suficiente. “Lo único que falta es que alguien realmente publique un libro que explique todo esto y que lo ponga en un contexto, igual que ocurrió con el graffiti, que fue un movimiento que realmente no tuvo un impacto fuerte”, explica el cineasta venezolano radicado en Estados Unidos.

Adelantándose a la imprenta con su cámara, Carvajal realizó el documental POPaganda: The Art & Crimes of Ron English (2006), dedicado a uno de los más célebres cultores de esta forma de arte, considerado como subversivo. Y además vino a Venezuela a acompañar su película, que compite en el III Festival Internacional de Documentales. El domingo 27 participó en un foro con el público en la Cinemateca Celarg.

Ron English, el artista al que está dedicado el documental, es un creador importante en el panorama actual del pop art estadounidense. Su especialidad consiste en subvertir la simbología creada por los comics, a los cuales reelabora e interviene con un estilo que supera el realismo de la fuente original y además con un uso intensamente expresivo del color. En sus obras es posible apreciar a Homero Simpson en un arrebato creativo que le asemeja a Jackson Pollock o a Mickey Mouse bombardeando una Guernica calcada del cuadro de Picasso, pero en 3D.

Sin embargo, y aunque tenía 46 años de edad para el momento en que se hizo la película, English es continuamente acicateado por el afán de intervenir la publicidad con sus creaciones. “¿Cómo se dice?... ¿anarquismo?”, se pregunta Carvajal, a quien pareciera costarle encontrar las palabras exactas en su lengua natal. Eso ha significado para el artista sacrificios que ni su familia ni los galeristas que comercializan su trabajo han entendido a veces, porque significan una inversión de tiempo y dinero que no produce réditos. Incluso le ha costado algunos arrestos, que se suman a las demandas interpuestas por los propietarios de los derechos de autor de los dibujos que copia en sus cuadros.

Carvajal sostiene que, si no trepara ni corriera, Ron English no sería Ron English, ni siquiera el artista que vende cuadros con ese nombre. “Para él ha sido también una forma de promover su carrera. Cuando hay documentales, hay televisión, viene gente de Londres que lo ayuda también. Su arte se divide en dos, está la parte legal y está la parte ilegal. En la parte legal, sus cuadros se están vendiendo muy bien. Ahorita tiene exhibiciones en Londres, en Roma. En Nueva York tiene una, que son los nuevos cuadros que está pintando y es en una galería superhermosa. Su parte ilegal es la que también la que le da esa credibilidad de la calle, que también es importante, y que le ayuda a colaborar con otros”.

Esos otros creadores son los que se desenvuelven en lo que ha sido llamado cultural jamming, y que consiste en la apropiación de los recursos que utilizan las empresas para transmitir sus mensajes, de manera de utilizarlos con propósitos diferentes. Entre los cultores de esta forma de arte guerrillero destaca el Billboard Liberation Front –Frente de Liberación de las Vallas–, con el cual ha colaborado Ron English y cuyos integrantes aparecen en POPaganda con el rostro cubierto con pañuelos, o con máscaras de diverso tipo, para ocultar su identidad. Las visitas a la cárcel no son giras promocionales para ellos.

Pedro Carvajal se vinculó con estos artistas a partir de su contacto con uno de los grupos. “Comenzó cuando yo filmé un documental de unos cinco jóvenes en Nueva Jersey que formaron un grupo que se llamaba Artfux. Un día que montaron cinco vallas, uno de los miembros de Artfux me invitó a que hiciera como un tipo de documental. Terminé ese y entonces me dijeron que les gustaría, no necesariamente que fuera parte, pero sí que actuara de vez en cuando con un grupo que se llamaba Cicada”.

Acercarse a los practicantes del cultural jamming no fue para Carvajal algo casual, sino consecuencia de una inquietud ética y política. “La intención es intervenir los medios de comunicación social para enviar mensajes que no están conectados con corporaciones. Es más que todo para tomar el espacio público, que pertenece a todo el mundo pero, lamentablemente, cada día es más controlado por corporaciones. Si vas a cualquier lugar ves un logo, los medios te sobresaturan. Desde el momento en que sales fuera de tu casa te están vendiendo un producto. Pero todos tenemos la capacidad de recuperarlo, porque realmente es nuestro espacio. Si todos intervenimos, esa sobresaturación desaparecerá”.

Los principales blancos de Ron English han sido precisos y modestos: principalmente, atacar a las empresas tabacaleras por las prácticas publicitarias que parecen destinadas a estimular el consumo de cigarrillos en los menores de edad, y en segundo término manifestar oposición a la invasión a Irak. “Las vallas de cigarrillos eran mayormente las que nosotros interveníamos”, explica Carvajal, y añade: “Siempre están en vecindarios minoritarios, más que todo latinos o negros las vallas que promocionan sustancias nocivas como los cigarrillos o el alcohol”.

Este enemigo, además, habría sido derrotado en parte por anticampañas como las de Ron English. Al menos esa es la conclusión a la que llega Carvajal, en vista de lo que ha sucedido en Estados Unidos con este tipo de publicidad: “El hecho de que antes poner vallas era legal y ahora es ilegal demostraría que se ha tenido éxito. Eventualmente la compañía que hacía las vallas de publicidad en esa zona decidió dejar de hacerlo. Para ellos, montar una valla que iba a ser destruida no es negocio”.

Las campañas sobre la invasión a Irak, en cambio, han encontrado mejor receptividad fuera del país. “Acabamos de hacer una exhibición en España en un festival en la ciudad de Tui, en el casco histórico. Él puso cinco vallas, todas inspiradas por el Guernica. Una tenía exactamente la misma imagen del Guernica y decía “Nueva generación, nuevo orden mundial”. Había otra que decía “Nuevo orden mundial” y era 15 minutos antes de que Guernica fuera bombardeada. Se veía una persona en un caballo recibiendo flores. Todo el mundo estaba contento. Es como un tipo de sensibilización con lo que pasó en Bagdad cuando esos señores invadieron. Todo el mundo estaba contento, admirado, porque pensaban que iban a ser liberados y lo que se produjo fue, justamente, todo lo contrario. En España fue un éxito total. Ellos realmente apreciaron ese tipo de arte. Le llaman arte de guerrilla, arte subversivo, arte público, porque realmente no es diseñado para una galería. Es para todo el público que está en la calle”.

En el documental hay también momentos en los que aflora un Ron English diferente, mucho más anárquico y difícil de comprender. Es el de sus trabajos de adolescente, por ejemplo, cuando lo que hacía podría no parecer algo muy diferente de un desorden sistemático de comportamiento, concebido sin otro propósito que causar la ira de padres o representantes. En lo que a su arte callejero respecta, una vez realizó una valla que decía “Emborráchate y mata a Jesús”, algo no muy políticamente correcto en una nación que venera sus biblias con no menor intensidad que otros sus coranes. El episodio es uno de los momentos de POPaganda que seguirá dando vueltas en la cabeza del espectador.

Pedro Carvajal así lo recuerda, añadiendo unos pocos detalles que no figuran en el filme: “Ese fue un momento en el que él estaba pasando por una situación difícil. Su bebé nació con un defecto y a los pocos días murió. Él estaba tratando de lidiar con todas esas cosas y a veces realmente se iba a los extremos. No nos dijo nada. Simplemente dijo: ‘Esta última valla va a ser controversial. Estén listos porque una vez puesta tienen que arrancar’. Porque él era el único que sabía el contenido: estaba enrollada, y uno no podía saber qué era lo que estaba dentro. Sin embargo, yo lo defiendo como promotor de la libertad de expresión, sobre todo para los artistas. Es importante realmente evitar la autocensura, y es la única forma como artistas de expresar nuestra situación política y social. Ellos necesariamente tienen que tener esa libertad de expresión y yo, como soy también un cineasta, trato de aislarme y de abstenerme de criticar. Solamente traté de documentar lo que estaba ocurriendo en el momento. Por todo uno paga un precio, y afortunadamente no fue nada grave. Simplemente un momento de angustia, un poco”.