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Away from Her

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Pasión y sexo entre abuelos

 

La imagen idealizada de los abuelitos tiene un oscuro reverso: ella puede convertirse una manera de encasillar a las personas de edad avanzada para no admitir la posibilidad de que puedan enamorarse, por ejemplo, e incluso tener una vida sexual activa y atravesar turbulencias sentimentales. Es posible que la ternura sea una coartada para no ver al ser humano, en otras palabras, y también la compasión puede ser un disfraz de la lástima, cuando en la historia médica aparece la palabra alzhémer, que parece indicar la extinción de todas las capacidades humanas de las personas. Contra estas preconcepciones se alza la opera prima en el largometraje de Sarah Polley como directora, que además le hizo merecer una nominación al Oscar al mejor guión de adaptación: Away from Her (2006), basada en el cuento “The Bear Came Over the Mountain”, de Alice Munro, y con Atom Egoyan como productor ejecutivo. La protagonista, Fiona (Julie Christie, nominada también al premio de la “academia” por este papel), es una anciana que lleva 44 años de matrimonio con Grant (Gordon Pinsent), y disfruta aún del sexo con él, pero decide alejarse por primera vez de su marido e internarse en una casa-hogar para prevenir el desenlace de la demencia senil.

 

La actriz de Las aventuras del barón Munchausen de Terry Gilliam (The Adventures of Baron Munchhausen, 1988), eXistenZ de David Cronenberg (1999), y Mi vida sin mi (My Life Without Me, 2003) y La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words, 2005), de Isabel Coixet, entre otras películas, muestra en este filme todo lo que la gente suele negarse a ver en los ancianos. En primer lugar, no hay hijos ni nietos alrededor que justifiquen lo que para muchos es su principal razón de continuar existiendo en el mundo, o al menos en la familia. El amor que se tienen los viejitos unos a otros conduce en todos los casos a la cama, además, donde se los muestra en planos cenitales después del sexo y con signos evidentes de haberlo disfrutado. El centro del drama no es la decadencia mental de Fiona sino los dolorosos celos que causa en Grant que ella parezca haberlo olvidado por completo, luego de un mes sin visitas en el geriátrico, y haya establecido una nueva relación allí con otro hombre. El personaje se lanza entonces a la tarea de reconquistar a su esposa, como si se tratara de un joven que intenta llamar la atención de una muchacha que le gusta, con una intensidad y sinceridad que resulta conmovedora en la cinta, sin tener un dejo de ridículo. “Eres persistente”, le dice una y otra vez la esposa amnésica, y nunca es posible saber si lo dice porque realmente se le ha borrado la memoria de toda una vida de matrimonio o porque intenta olvidarlo para poder ser feliz en esa última etapa de la vida, antes de que el “progreso” de su caso, como dice el eufemismo del personal de la institución, obligue a trasladarla al segundo piso, que es la antesala de la decadencia final y la muerte. Mantener el misterio de esos amores es uno de los principales logros de la cinta, al igual que darle la vuelta al problema del alzhéimer para poner la mayor parte del peso del dolor y la desesperanza que causa el alejamiento del ser amado en la persona sana, así como en la capacidad que demuestran ambos personajes de afrontar la situación y salir adelante con sus respectivas vidas.

 

 
Trailer de Away from Her
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El guión y la dirección de Away from Her están muy bien logrados. La película comienza con un tiempo fragmentado, de una manera que parece evocar la desorientación que puede experimentar quien padece la enfermedad, a la vez que plantea al espectador un rompecabezas que debe ir armando con atención. En la segunda parte, en cambio, la narración se vuelve más lineal, en la medida en que los problemas de los personajes van cobrando cada vez más peso. También se insertan a todo lo argo de la cinta fragmentos de recuerdos del pasado, en imágenes que contrastan con las demás por la coloración y el grano. Eso le da espesor a la historia sin recargarla de digresiones innecesarias. Estos añadidos revelan que el matrimonio de Fiona y Grant, a pesar de su convivencia aparentemente idílica del comienzo, estuvo perturbado una vez por la fugaz aparición de otra mujer. También hay un primer plano de Fiona, en el esplendor de su belleza, que aparece al comienzo y al final. Hace evidentes las razones por las que Grant se aferra a ella, y la manera como la seguirá viendo siempre, a pesar de cualquier deterioro.  

 

Polley también hace gala de tacto para la sutileza, principalmente en el trabajo con la expresión de las emociones. Logró que los actores hombres hagan percibir claramente los celos que hierven en su interior cuando se disputan a Fiona, aunque apenas afloran  superficie en gestos aislados. Ella y las demás mujeres, en cambio, manifiestan lo que sienten con la que parece ser una fresca alegría, aunque está siempre envuelta en el misterio de cuáles son sus verdaderos sentimientos, y porque siempre son conscientes de cuál es su situación como enfermas. “Son las mujeres las que persiguen a los hombres aquí”, le dice una enfermera cómplice a Grant, y esta es quizás la faceta más insospechada de la vida sentimental y sexual de los ancianos que la película pone al descubierto.

 

La representación de los síntomas del alzhémier, y de la decadencia de los ancianos en general, también destaca por no haber cedido a la tentación del dramatismo fácil. La directora más bien optó por un humor británico: Fiona guarda la sartén en el congelador de la nevera, por ejemplo, en la primera secuencia que hace manifiesto que tiene un problema mental, y luego olvida la palabra “vino” en una cena con amigos, quienes hacen chistes tiernos al respecto. En la casa-hogar hay también un viejo loco simpático: un locutor deportivo retirado que narra los partidos de hockey que ven por televisión al igual que todos los acontecimientos del mundo que le rodea. “Hay un hombre recostado, parece tener roto el corazón”, dice, por ejemplo, cuando pasa junto a Grant, quien está tirado contra la pared, agonizando de una puñalada que le ha dado en el corazón la indiferencia de Fiona.

 

En las secuencias del ancianato hay un cuidado trabajo con la luz, que le da al lugar un delicado toque de paraíso cristiano, en la medida en que la iluminación es más intensa que en otros recintos, y también hay un acertado trabajo ambiental con el sonido, sobre todo en la casa de una mujer que se da a la tarea de conquistar a Grant, donde permanentemente se escucha de fondo un televisor sintonizado en un canal deportivo. Es una cinta llena de detalles Away from Her. Sólo podría hacérsele un reproche grave a Sarah Polley: que haya perdido la mesura en una secuencia, que luce tirada por los pelos en el contexto del filme. “¿No se acuerdan de Vietnam”, dice irónicamente la mujer que aparentemente está perdiendo la memoria, luego de ver en la televisión una información sobre lo que hacen los soldados estadounidenses en Irak. Los únicos locos de verdad y desagradables en la película son esos: los que están del otro lado de la frontera de Canadá con Estados Unidos.

 

AWAY FROM HER

Canadá, 2006

 

Dirección y guión: Sarah Polley, basado en el cuento “The Bear Came Over the Mountain” de Alice Munro. Producción: Daniel Iron, Simone Urdl, Jennifer Weiss. Diseño de producción: Kathleen Climie. Fotografía: Luc Montpellier. Montaje: Davie Wharnsby. Sonido: Jane Tattersall. Música: Jonathan Goldsmith. Elenco: Gordon Pinsent (Grant Anderson), Julie Christie (Fiona Anderson), Olympia Dukakis (Marian), Michael Murphy (Aubrey), Kirsten Thomson (Kristy), Wendy Crewson (Madeleine), Deana Dezmari (Veronica), Alberta Watson (doctora Fischer), Grace Lynn Kung (enfermera Betty), Lili Franks (Theresa). Duración: 110 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 1,85:1, color, Dolby Digital.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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