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videopatías
Un joven de más de ochenta
Sidney Lumet es
el director de Befote the Devil Knows You’re Dead (2007). Si el
realizador de 12 Angry Men (1957), Serpico (1973) y
Prince of the City (1981), entre tantos otros filmes, no fuera uno
de los cineastas vivos de más destacada trayectoria en el cine, el dato
de quién dirige la película podría prestarse a confusiones. Sería
posible hacerse la idea de que se trata de un joven que intenta poner lo
mejor de sí para demostrar que es capaz de hacer una película destacada
en Hollywood con un estilo que refleja el espíritu de la época actual, y
manejando, además, un elenco que encabezan Philip Seymour Hoffman e
Ethan Hawke. Al menos esa sería la idea que podría desprenderse del uso
del video y de la no muy original técnica que se emplea para pasar de la
narración desde la perspectiva de un personaje a la de otro, que parece
inspirada en el videoclip. Pero no. Se trata de Lumet, cuyo currículo es
tan extenso como la edad que tenía cuando rodó la cinta: 83 años. El
dicho de que la juventud es una cuestión de lozanía del espíritu, más
que del cuerpo, es un lugar común que deja de se sonar a mentira piadosa
cuando se ve esta cinta.
Before the Devil
Knows You’re Dead relata una
historia lo suficientemente insólita para causar asombro sin perder la
verosimilitud, como debe ocurrir en toda buena película sobre un
asesinato absurdo, y está interpretada con el máximo de intensidad
emocional posible sin caer en la exageración, como prescribe el delicado
equilibrio que permite sostenerse a un melodrama. Trata de dos hermanos.
El mayor, Andy (Hoffman), tiene la billetera llena pero una vida cuyos
pedazos no parecen completar ninguna figura, como dice en un monólogo
dirigido más al espectador que al personaje que aparece con él en la
escena, quien permanece en el fondo, fuera de foco. La vida del otro
hermano, Hank (Hawke), está igualmente desarticulada por el divorcio,
con el añadido de que le resulta sumamente difícil hacer los pagos que
requiere la manutención de su hija adolescente. Andy traza el que
considera un plan perfecto para poder huir con su esposa a Brasil y
tratar de llenar con sexo y trópico el vacío de su vida, y a él se
incorpora Hank porque lo apremian urgencias mucho más concretas. Se
trata de la “mom and pop operation”, como la titula su artífice.
Consiste en asaltar la joyería de sus padres con una pistola de juguete,
aprovechando el conocimiento que tienen del local y partiendo de la
premisa de que el crimen no ha de perjudicar a nadie, puesto que el
negocio y la mercancía están asegurados.
Es requisito del
género que todo salga mal, y la película no deja de cumplir con la
regla. Además, añade otros elementos para que la trama sea aun más densa
y más pesada la corrupción moral que termina por destruir a los
personajes. La madre (Rosemary Harris) muere en el asalto, que termina
por ser cometido con un arma de verdad, lo cual convierte al padre (Albert
Finney) en el instrumento de una venganza que se dirige contra el hijo
mayor principalmente. El benjamín, a su vez, tiene un affaire con
la esposa de su hermano (Marisa Tomei), quien encuentra en él una forma
de llenar sus carencias sexuales y afectivas, y la muerte de un tercero,
que no tenía que haber participado en el plan, deviene en amenaza de
extorsión contra los hermanos. El círculo de la violencia familiar se
cierra cuando la víctima del adulterio se entera del engaño. Ello ocurre
en el punto culminante de la crisis desatada por el fracaso del robo,
que lleva a los hermanos a cometer otro crimen, con un plan desprovisto
de la sutileza que debía tener el primer asalto a mano armada.
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Para que la
historia no asfixie, de tan cargada que está, el director hizo que se
desarrolle en un ambiente de clase media completamente banal. La tienda
que asaltan se encuentra en un centro comercial suburbano, y el crimen
es cometido a una hora del día en la que prácticamente no hay nadie
allí. La locación se convierte de esa manera casi en un fondo neutro
para la acción. El interior podrido de los personajes, además, no se
descubre solamente en sus actos horrendos, ni en las discusiones a grito
pelado que encarnan el ideal hollywoodense de drama. Para atenuar esto
se recurre al monólogo, como se dijo antes, y a una serie de detalles
sutiles que revelan la psicología. La secuencia del asalto ocurre
inmediatamente después de una escena en la que el hermano mayor y su
esposa tienen sexo de una manera que parece casi de cine porno, mientras
se hallan de vacaciones en Brasil. La “mom and pop operation”,
por tanto, aparece como el correlato intrépido de las fantasías eróticas
con las que el personaje intenta llenar su vida. El vacío interior de
Andy se ilustra también mediante su adicción a la droga, que no deriva
en una sórdida incursión en los bajos fondos, a la búsqueda del
proveedor, que hubiera desviado la historia de la decadencia específica
de la que se ocupa, sino que se consuma en el lujoso apartamento de un
dealer de la clase acomodada, otro fondo neutro que permite
resaltar la vacuidad existencial de la que nace la corrupción. La
perturbación que ocasiona el deseo de venganza del padre, finalmente, le
hace chocar su Lincoln contra una patrulla, por lo que se le ve
perseguir al hijo en un vehículo deshecho, que refleja el estado roto de
su alma.
En las entrevistas
que incluye como es de rigor el DVD, los intérpretes revelan el
principal secreto de la técnica del maestro: Lumet es un director cuyo
arte se fundamenta en un escrupuloso trabajo de ensayos que precede el
rodaje y que en el set interviene constantemente para dar indicaciones
de qué es exactamente lo que quiere de las actuaciones, sin llegar a
presionara los intérpretes ni a reducir el espacio que necesita su
creatividad para manifestarse. Se trata, en síntesis, de un realizador
que se hace querer por los actores con los que trabaja, que además
provienen del teatro, y que cuando se coloca tras la cámara tiene todo
listo de una manera tal que permite que el trabajo se asemeje a la
filmación de una pieza teatral, lo que le permite rodar muy rápidamente.
Quizás de esa forma de filmar se deriva también la frescura de estilo
que se manifiesta en la cinta, puesto que coloca buena parte de la
responsabilidad por lo que ha de ser el resultado en los actores, que a
estas alturas de su vida son casi todos, inevitablemente, menores que
él.
Pero Lumet mismo se
revela como un joven de más de 80 años de edad en lo que respecta a su
actitud ante el video. Asegura que no hay nada que no pueda obtener con
cámaras como las Genesis de Panavision que empleó en el filme que no sea
capaz de darle el cine, aunque el exceso de blanco que se percibe en
algunos planos pudiera obligar a marizar esa afirmación. Incluso dice
que prefiere el HD porque le permite tener un control mayor que el 35 mm,
y en las entrevistas especula acerca de que existe una relación natural
más estrecha entre la luz, que es la materia del cine, y el soporte
electrónico que entre ella y el medio fotoquímico. En todo caso, lo que
cuenta es cómo alguien de su generación anterior puede estar tan abierto
a los cambios tecnológicos y entusiasmado con ellos. El detalle revela
que lo que se llama eterna juventud es una forma peculiar de
relacionarse con el pasado.
BEFORE THE DEVIL KNOWS YOU’RE DEAD
Estados Unidos-Gran Bretaña, 2007
Dirección:
Sidney Lumet. Guión: Kelly Masterson. Producción: Michael
Cerenzie, William S. Gilmore, Brian Linse, Paul Parmar. Diseño de
producción: Christopher Nowak. Fotografía: Ron Fortunato.
Montaje:
Tom Swartwout. Sonido: Chris Newman. Elenco: Philip
Seymour Hoffman (Andy Hanson), Ethan Hawke (Hank Hanson), Albert Finney
(Charles Hanson), Marisa Tomei (Gina Hanson), Rosemary Harris (Gina
Hanson), Aleksa Paladino (Chris Lasorda), Michael Shannon (Dex), Martha
Hanson (Amy Ryan). Duración:
117 minutos. Formato: HDTV inflado a 35 mm, 1,85:1, color, Dolby
Digital, DTS, SDDS.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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