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Bug

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Teatro de la paranoia

 

El nombre de William Friedkin está indisolublemente ligado a dos filmes tan disímiles como Contacto en Francia (The French Connection, 1971) y El exorcista (The Exorcist, 1973), ambos considerados obras maestras en sus respectivos géneros: el policial y el terror. Después de ese par de éxitos de la época del llamado “Nuevo Hollywood”, la carrera del director entró en una suerte de letargo, en el que las excepciones habían sido hasta hace dos años otros dos policiales: Cruising (1980), que se ha convertido en una cinta históricamente relevante por su tratamiento del tema gay antes de la era del sida, pero que le valió a Friedkin dos nominaciones al Razzie, como peor director y peor guionista, y Vivir y morir en Los Ángeles (To Live and Die in L.A., 1985). Ahora un nuevo repunte es Bug (2006), con el cual el realizador, que tiene 71 años de edad, ganó el premio de la crítica internacional (Fipresci) en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes.

 

Bug lleva al cine la pieza teatral off Broadway del mismo título de Tracy Letts. “Llevar” es, además, una expresión que hace referencia con bastante exactitud a lo que ocurre en la cinta, y en especial en las secuencias finales, que se desarrollan con los dos protagonistas en el interior de una habitación, en la cual entran y salen otros tres personajes que los visitan. Ello quizás se debe a que el mismo dramaturgo hace las veces de guionista en el filme, y a que es la primera vez que Letts escribe una película. Vale decir, además, que ha sido considerada la cinta de más modesta producción en la dilatada carrera de Friedkin. En los decorados, por ejemplo, es llamativo el abundante uso del papel de aluminio.

 

El tema del filme es la paranoia, que también estaba de moda en la época de Contacto en Francia y El exorcista, y era central en Hollywood desde los comienzos de la Guerra Fría. Pero Bug destaca por un tratamiento que carece en lo absoluto de la dimensión política de El candidato de Manchuria (The Manchirian Candidate, 1961), por citar sólo uno de numerosos ejemplos, y mucho menos tiene del glamour que recientemente han adquirido los locos que alucinan todo tipo de conspiraciones, sobre todo en la serie de televisión X Files de Chris Carter (1993-2002). La paranoia de Bug se limita a una representación espectacularmente grotesca de los síntomas. Profundiza en el tono desencajado de la clásica escena de La invasión de los usurpadores de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956), en la que el doctor Miles J. Bennell grita a los conductores en una carretera “¡Están en peligro!, ¡están en peligro!”, pero prescindiendo de la verdad, e incluso del sentido.

 

 
Trailer de Bug
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La protagonista, Agnes White (Ashley Judd), es una mujer que vive sola en una habitación de hotel, y que es golpeada y robada regularmente por su forzuda ex pareja (Harry Connick Jr). Una noche conoce a Peter Evans, un extraño personaje con el que pronto acaba por hacer el amor. Pero después resulta que es todavía más raro de lo que parecía. Peter se siente atacado por insectos invisibles que dice que siente en la cama pero que luego cree que brotan de su propio cuerpo, donde fueron implantados por el Gobierno. Afirma, además, que ha escapado de una base militar y que es perseguido por las fuerzas armadas. Todo esto es tratado en el filme una con inverosimilitud que parece deliberada, e incluye detalles como el rápido contagio de Agnes con la locura del hombre, a pesar de que hasta entonces parece una persona completamente en su sano juicio, y la aparición de un misterioso doctor Sweet, quien se presenta como el médico de Peter pero no se abstiene de fumar crack con una pipa que hay en la habitación con toda naturalidad y evidentes muestras de placer, en medio de una conversación con la inquilina.

 

El espectador parece recibir una bofetada tras otra como respuesta a sus intentos de entender a los personajes. Ello puede deberse, por una parte, a que la película parodia los principales tópicos del cine sobre la paranoia, despojándolos de la posibilidad de autenticidad en la que se basa el juego que plantean los filmes de este tipo. Los que se creen perseguidos o rodeados de conspiradores en la pantalla interesan en la medida en que no están realmente locos y, por el contrario, dicen verdades que la gente normal se niega a creer. Eso es todo lo contrario de lo que ocurre en Bug. De esta manera el filme confronta al espectador con otra posible verdad: la de la locura. Cuando alguien ha perdido por completo la cordura es inútil esforzarse en tratar de entender lo que hace. La razón, si se lo propone, ha de estrellarse una y otra vez contra un muro infranqueable. Si la frontera entre salud y enfermedad mental no siempre es del todo clara, hay momentos en que se manifiesta con contundencia, y la película apunta fundamentalmente hacia ellos. Si a los cuerdos les cuesta entender cómo es posible que alguien pierda la razón hasta ese punto, es justamente porque la razón no puede llegar hasta allí.

 

Por eso mismo, la película plantea también una reflexión crítica sobre la representación cinematográfica de la demencia. Despliega, por una parte, una grotesca espectacularidad de bajo presupuesto, como es conveniente hacerlo en un filme para traducir en imágenes y conductas lo que se supone que ocurre en las mentes perturbadas. Sin embargo, la imposibilidad de entender a los personajes arroja, a su vez, un cuestionamiento sobre todo eso. Para poder ponerla en escena, debe partirse necesariamente de la base de que se ha entendido en qué consiste la locura y por qué se expresa en esos comportamientos. Eso consiste, justamente, en negar su verdad: que ella es, por definición, loca, incomprensible. 

 

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BUG

Estados Unidos, 2006

 

Dirección: William Friedkin. Guión: Tracy Letts, basado en la obra homónima de su autoría. Producción: Kimberley C. Anderson, Michael Burns, Gary Huckabay, Malcolm Petal, Andreas Shardt, Holly Wiersma. Diseño de producción: Franco-Giacomo Carbone. Dirección de arte: Frank Zito. Fotografía: Michael Grady. Montaje: Darrin Navarro. Sonido: Steve Boeddeker. Música: Brian Tyler. Elenco: Ashley Judd (Agnes White), Michael Shannon (Peter Evans), Harry Connick Jr (Jerry Goss), Lynn Collins (R. C.), Brian F. O’Byrne (doctor Sweet). Duración: 102 minutos. 35 mm, 1,85:1, color, Dolby Digital.    

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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