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Capturando a los Friedman
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La incapturable verdad
de la pedofilia
 


 

El filme Capturando a los Friedman (Capturing the Friedmans, 2003), otra de las promesas iniciales del Festival de Cine Independiente de Estados Unidos que no se cumplieron, es una de los más destacados documentales que se han realizado en los últimos tiempos en ese país sobre aspectos sórdidos de la vida privada de las personas, junto con Crazy Love de Dan Klores (2007), que trata de una mujer que se casó con el hombre que hizo que dos matones la dejaran ciega, arrojándole lejía en los ojos. La cinta de Andrew Jarecki está dedicada al caso de Arnold Friedman, un profesor de bachillerato que fue condenado a prisión, junto con su hijo menor, Jesse, por abuso sexual cometido contra los estudiantes de sus cursos de computación. Insólitamente es también el padre del payaso de fiestas infantiles más popular de Nueva York: David Friedman, entre cuyos clientes han estado Eddie Murphy y Susan Sarandon.

 

Como un proyecto sobre David es que realmente comenzó esta película sobre Arnold Friedman. Jarecki estuvo ocho meses siguiendo las andanzas del payaso, hasta que casualmente se le ocurrió preguntarle por los años de su niñez y adolescencia. La respuesta figura en Capturando a los Friedman: “Tengo los mejores recuerdos de mi infancia... Pero hay algunas cosas de las que no quiero hablar”. Lo más insólito del documental es la forma como David Friedman se desmiente. El payaso no sólo habló largamente sobre el caso ante la cámara de Jarecki, dándole así la puntilla a una película que originalmente iba a servirle de promoción profesional. También permitió el uso de un diario íntimo que grabó en video durante los días del juicio contra su padre. Irónicamente, se incluye en el filme un fragmento en el que advierte a quien pudiera hallar la cinta por casualidad: “Si usted no es yo, realmente no debería estar viendo esto. Esto es privado, es entre yo ahora y yo en el futuro”. Y no sólo fue él quien se decidió a abrir al realizador las puertas de la intimidad de su familia a través de las películas domésticas: fueron utilizadas igualmente las cintas en Super 8 filmadas por Arnold, sobre viajes a la playa, fiestas de cumpleaños y otras aventuras domésticas parecidas. Capturando a los Fridman es así el resultado del trabajo de tres realizadores, como ha observado Xan Brooks en Sight and Sound: Arnold Friedman, David Friedman, quien también registró con su cámara de video discusiones, peleas y otros momentos de la vida de la familia mientras su padre era procesado, y de Andrew Jarecki quien hizo entrevistas en 16 mm a un amplio número de personas vinculadas con el caso. Incluso hay tomas hechas por alguien más, no identificado: una película de la hermana de Arnold cuando era niña y el futuro profesor era demasiado joven para tomar la cámara.

 

 
Trailer de Capturando a los Friedman
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Antes de que el proceso por abuso sexual de menores oscureciera su vida, Arnold Friedman había hecho muchas cosas en la vida, y casi todas ellas con éxito. En los cuarenta y cincuenta fue pianista profesional de música latina y líder de una orquesta de mambo, etapa que dejó atrás cuando se casó para convertirse en profesor de escuela secundaria en Queens. Allí también destacó, primero por sus clases de radio y televisión, que estimularon a muchos alumnos a emprender una carrera profesional en los medios. De allí también venía su afición por el Super 8, la cual inculcó a sus hijos, quienes hicieron películas amateur. Luego Friedman se interesó por la computación y fue uno de los pioneros en la producción de material didáctico para bachillerato en este campo del conocimiento. Llegó incluso a publicar parte de sus lecciones conjuntamente con el comediante Steve Allen. Sus clases particulares en la comunidad de Great Neck, Long Island, un barrio de gente exitosa y acaudalada, eran muy populares. Y fueron también el motivo de su perdición.

 

La policía comenzó a seguirle la pista por su afición a la pornografía infantil. Un agente le escribió para estimularle a compartir material y, cuando el profesor mordió el anzuelo, los agentes allanaron su hogar y encontraron revistas de contenido inconfesable. Todo pudo terminar allí si los detectives no hubiesen pensado de inmediato en la posible vinculación entre el pasatiempo secreto y su profesión, por lo que decidieron interrogar a los muchachos que veían clases con él, lo que abrió la caja de Pandora.

 

La forma como se relata lo sucedido es el mayor acierto de la película, desde el punto de vista cinematográfico. Aunque al comienzo pareciera plantearse como un tradicional documental de entrevistas, en el que lo novedoso radicaría básicamente la inclusión de los videos familiares, Capturando a los Friedman se desarrolla como un drama en el que poco a poco van surgiendo datos nuevos, los cuales funcionan como peripecias que alteran por completo el rumbo de la historia que se va relatando. Cada evidencia contradice y refuta, además, a las anteriores, de manera que lo que parecía ser un filme sobre el abuso sexual termina por convertirse en una cinta sobre el problema de cómo se construyen socialmente las “verdades” acerca del comportamiento sexual de las personas, cuando éste se convierte en centro de atención porque se desvía de las normas establecidas. Este pareciera ser el monstruo real en Capturando a los Friedman, en la medida en que van creciendo las dudas acerca de los “hechos” que la justicia estableció en el caso de Arnold Friedman.

 

Así como se relata la forma como la policía dio con las publicaciones ilegales que estaban escondidas en el hogar de los Friedman, después se muestran fotos que refutan las declaraciones de los agentes, según las cuales había revistas eróticas de menores apiladas por todo el apartamento. Las acusaciones de abuso siguen en el filme después, respaldadas por testimonios de los estudiantes, recogidos tanto en los documentos del juicio como por la cámara del realizador. El profesor ejemplar comienza a transformarse en un imaginativo perverso, que llevaba a cabo juegos eróticos, que incluían el sexo anal y oral, con grupos completos de alumnos. Pero luego empiezan a aflorar las contradicciones entre las declaraciones de las supuestas víctimas, por ejemplo las distinciones que intentan establecer entre los juegos y los “verdaderos” abusos, así como sale a la luz el hecho de que la policía basó el caso exclusivamente en testimonios, sin tener ninguna prueba médica de que el profesor haya violado a ningún jovencito. También plantea problemas la acumulación misma de las denuncias, puesto que el número de presuntos abusos llega a ser tan grande que pareciera incluso difícil que Arnold Friedman pudiera haber tenido tiempo de cometerlos, aunque hubiese dedicado sus clases solamente a ello. Otros entrevistados siembran dudas acerca de los métodos utilizados por los policías para interrogar a los menores, que tenderían a inducir las respuestas. Finalmente está la cuestión de la cohesión social de la comunidad, cuyos miembros podrían haberse visto presionados a participar en el proceso contra el profesor. Es posible que cada familia haya “competido” para demostrar que se abusó de sus hijos más veces que de los del vecino, sugiere un entrevistado.

 

Capturando a los Friedman
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Sin embargo, en el filme también se hace referencia a una confesión escrita de Arnold Friedman, según la cual en una ocasión, mucho antes de los hechos que le llevaron a la cárcel, se propasó con dos menores, con los cuales se contuvo “poco antes de la sodomía”. Nunca se sabe exactamente qué fue lo que hizo. Además, el que fuera su abogado en el juicio recuerda que una vez, cuando conversaban en la prisión, le pidió que se cambiaran a otro asiento porque cerca de allí había un hombre que tenía a su hijo sentado sobre las rodillas, jugando, y eso “excitaba mucho” al profesor, según sus propias palabras.

 

En un artículo sobre el caso y con el filme publicado en The Village Voice, Debbie Nathan refiere que en un estudio hecho en la Universidad de Oregon, en 1995, se les preguntó a estudiantes del preuniversitario si sentían atracción sexual por los niños pequeños y 20% de los hombres respondió que sí. El investigador también utilizó con los sujetos de la muestra un instrumento que permite detectar las erecciones. Descubrió de esa manera que muchos de ellos se excitaban cuando se les mostraban videos eróticos con preadolescentes. “Aunque que la mayoría de estos hombres ‘normales’ nunca lleven a la práctica sus fantasías, podrían ver fotografías”, señala Nathan, y agrega que un médico del Hospital de Ottawa halló que el grupo de pacientes de más rápido crecimiento, entre los que buscaban terapia con él, era el integrado por hombres que nunca abusaron de niños, pero que fueron a la cárcel por ver pornografía infantil en la red. Los que son arrestados por molestar a menores, apunta finalmente la autora, raramente cometen actos de violencia extrema.

 

Quizás para lidiar con esta relativa “naturalidad” de una conducta que por razones culturales se considera abominable es que la sociedad crea monstruos como el de esta película, que, sin excusar los crímenes que pueda haber cometido, también pareciera haber sido chivo expiatorio de oscuros tabúes como los que rodean la atracción sexual de los adultos por niños. Probablemente por eso también, además de problematizar el uso del cine como instrumento para revelar verdades a través de la “captura” de las imágenes, como indica el título del filme, Capturando a los Friedman no puede llegar al fondo del que para la prensa sensacionalista fue el caso del malvado criminal pedófilo de Long Island. El monstruo no se devora a sí mismo; se alimenta de individuos como Arnold Friedman.

 

CAPTURING THE FRIEDMANS

Estados Unidos, 2003

 

Dirección: Andrew Jarecki. Producción: Andrew Jarecki, Marc Smerling. Fotografía: Adolfo Doring. Montaje: Richard Hankin. Música: Andrea Morricone. Duración: 107 minutos. 16 mm y video inflados a 35 mm, 1,85:1, color, stereo.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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