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El tercer hombre

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El reflejo negro

 

El tercer hombre (The Third Man, 1949), escrito por Graham Greene y dirigido por Carol Reed, con Joseph Cotten y Orson Welles a la cabeza del elenco, es uno de los clásicos del cine negro en general y del hecho fuera de Estados Unidos, en este caso en Gran Bretaña, en particular. Al igual que Laura, de Otto Preminger (1944), otro filme que forma parte de la lista de imprescindibles, la historia tiene como eje un personaje presuntamente fallecido que aparece vivo al final, y como todas las piezas del género la trama descansa sobre la ambigüedad moral, propia de un mundo enrarecido en el cual las certezas tienden a hacerse borrosas o han desaparecido del todo. Esa postura ética tiene como correlato una fotografía expresionista, a cargo en este caso de Robert Krasker, de angulaciones extrañas, tenebroso claroscuro y grandes sombras, que se vuelve gótica en las secuencias que se desarrollan en las cloacas de Viena. Este caso esa atmósfera tiene también una expresión en la banda sonora y que se trata de una cinta que propone una reflexión acerca del film noir como género, a través de la evocación del género que es considerado como su contraparte espiritual, el western. Además, a cuatro años del final del conflicto cuestiona el maniqueísmo de las películas de la Segunda Guerra Mundial, y se anticipa con estas críticas al clima de la Guerra Fría que comenzaba a librarse entre Estados Unidos y la URSS.

 

En la banda sonora destaca, en primer lugar, la incongruencia de tono entre el tono alegre de la música y la ambientación sombría del filme. El tema para cítara creado por Anton Karas –un músico vienés, además– pone de relieve el aspecto grotesco del cine negro, en la medida en que da continuación a la combinación entre lo cómico y lo siniestro, presente desde El halcón maltés, de John Huston (The Maltese Falcon, 1941), que es la cinta fundacional del género. Contribuye, además, a un extrañamiento que crea principalmente la abundancia de diálogos en alemán. Debe recordarse que 1949 no era, precisamente, la época de mayor prestigio de la cultura de Alemania ni de Austria, por la cercanía de los recuerdos del nazismo. En consecuencia, la actitud hacia esa lengua, sobre todo en Gran Bretaña, debía ser muy distinta de la de hoy en día, cuando aprender alemán no tiene nada de particular. El sonido, finalmente, se convierte en un elemento desorientador similar al de las sombras de la fotografía en una secuencia que se desarrolla en las cloacas, en. Hasta Harry Lime (Orson Welles) llegan las voces de quienes lo persiguen por las bocas de varios túneles, lo que no permite saber qué tan cerca o lejos están, ni por dónde se aproximan.

 

Más interesante es la reflexión sobre el género que estimula la cinta. El protagonista, Holly Martins (Joseph Cotten), tiene un nombre que significa “sagrado” y es un escritor de novelas de vaqueros que llega a la Viena ocupada por los aliados por invitación Lime, quien era su mejor amigo antes de la guerra. Al enterarse de que él ha muerto comienza a hilar la trama del presunto crimen, que se le convierte también en tema para una posible novela policial, titulada El tercer hombre. El cowboy lleva adelante sus investigaciones con la actitud de quien se propone hacer que la fuerza del bien triunfe sobre el mal y la claridad sobre el misterio, y actúa igualmente con el propósito de conquistar, tanto por guapo como por bueno, a la chica de su difunto amigo: Anna Schmidt (Alida Valli).

 

 
Trailer de El tercer hombre
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De todo esto se deriva el placer de ver cómo los fundamentos del género del Oeste y el razonamiento lógico de la ficción detectivesca naufragan en una ciudad donde todo el mundo muestra un falso rostro a los extranjeros y a los ocupantes, y donde al final ni siquiera está bien definido quién ha muerto y quién sigue con vida. Ese proceso es también el de la disolución del clasicismo hollywoodense en el expresionismo del cine negro. El aspecto central de este juego es que el vaquero-detective nunca se ve a sí mismo como un cínico, a diferencia del Sam Spade de El halcón maltés, por poner un ejemplo emblemático. Siempre da por sentado que está haciendo el bien, y por ende lo necesario para que Anna le entregue su amor, aunque actúe al servicio de los enemigos de la chica.

 

El tercer hombre arroja también una ácida mirada sobre los clichés del cine sobre la Segunda Guerra Mundial. A Lime, por ejemplo, se le acusa de traficar con penicilina adulterada, lo cual produce varios casos de niños muertos o que padecen graves consecuencias por el uso de un medicamento incapaz de combatir efectivamente las infecciones. No ahorra la cinta una secuencia en el hospital, donde los ositos de peluche y los juguetes desechados representan a los pequeños que han perdido la vida, y un oficial de las fuerzas británicas le explica a Martins el caso de un muchachito que sobrevivió a una meningitis mal curada por los fármacos que pasaron por las manos de su amigo. Harry Lime, en otras palabras, es representado como un personaje análogo a los “científicos” de los campos de concentración nazis. Pero cuando regresa de entre los muertos, su figura no se compagina con esa imagen. Se presenta, por el contrario, como un perseguido que tiene un gatito que lo extraña y alguien que ha cautivado de tal manera a Anna que es incapaz de olvidarlo e incluso se pone sus piyamas cuando duerme. Cuando se reúne con Martins en la rueda de la fortuna de un parque de diversiones abandonado en una escena antológica –el cowboy lo cita allí luego de manifestar su natural preferencia por los espacios abiertos–, Lime justifica sus actos criminales con el mejor parlamento del filme. “La convulsionada Italia de los Borgia también produjo a Miguel Ángel, mientras que Suiza en 500 años de paz y democracia sólo creó el reloj cucú”, dice. Cuatro años después del fin de la guerra el personaje trae a colación y celebra así la desmesura de la que surgió el nazismo, con toda la seducción que puede tener para el alma fáustica.

 

Como remate, las fuerzas que supuestamente acabaron con la pesadilla europea aparecen en el filme representadas como tropas de ocupación, cuya presencia en la ciudad semiderruida comienza a mostrar su verdadera justificación: la nueva frontera –la de la Guerra Fría– que está en proceso de ser demarcada y que partirá en dos a Alemania. Como contraparte del dominio de los que derrotaron al nazismo, la película muestra varias veces un insólito personaje que deambula por la ciudad en uniforme, que luce un bigote copiado de Hitler.

 

La edición canónica de El tercer hombre en video es, como suele suceder, la de la Colección Criterion, que puede comprarse por 35 dólares más los gastos de envío en Amazon pero no tiene subtítulos en español. En las tiendas de Caracas hay otra opción: una edición de la colección Joyas del Cine del sello colombiano Disconet, cuyo precio puede variar entre 35 y 70 bolívares, dependiendo del precio al que haya sido importada. No incluye el abrumador despliegue de materiales complementarios que caracteriza a los videos de Criterion, pero la calidad de imagen y de sonido es óptima, y está subtitulada.

 

EL TERCER HOMBRE

The Third Man, 1949

 

Dirección: Carol Reed. Guión: Graham Greene. Producción: Carol Reed, Alexander Korda, David O. Selznick. Fotografía: Robert Krasker. Montaje: Oswald Hafenrichter. Música: Anton Karas. Elenco: Joseph Cotten (Holly Martins), Alida Valli (Anna Schmidt), Orson Welles (Harry Lime), Trevor Howard (mayor Calloway), Bernard Lee (sargento Paine), Paul Hörbiger (portero), Ernst Deutsch (barón Kurtz), Siegfried Breuer (Popescu). Duración: 104 minutos. Formato: 35 mm, 1,37:1, blanco y negro, mono.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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