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videopatías
Imaginación sin guardianes
Hay una secuencia en Guardianes del día (Dnevnoi dozor,
2006) que ilustra el espíritu del díptico que integra este filme junto
con Guardianes de la noche (Nochnoi dozor, 2004). Cuando
los soldados que protegen Samarcanda cierran las puertas de la ciudad
para afrontar el ataque de Tamerlán, los jinetes simplemente las
embisten y las atraviesan. Si los muros de piedra no merecen respeto en
este filme, ¿qué podría esperarse de las reglas del género, y de la
forma de hacer películas, en general, forjada en Hollywood? El disparate
y la burla del cine estadounidense, que sin embargo es el modelo que
copian las cintas dirigidas por Timur Bekmambetov, constituyen el
principal atractivo de esta saga de producciones rusas, que tiene una
tercera entrega en proceso. A su vez, ellas son ejemplos de un cine pop
de vampiros, brujas y efectos especiales a contracorriente de las cintas
de arte de ese país, como las de Aleksandr Sokurov, el director de El
arca rusa (Russkiy kovcheg, 2002), o El regreso de
Andrei Zvyagintsev (Vozrashcheniye, 2003).
El principal blanco del corrosivo humor en
ambas cintas son las normas que prescriben la funcionalidad narrativa de
los diversos elementos de las películas. La más disparatada de numerosas secuencias que
no tienen ninguna razón de ser, según la lógica de la narración clásica,
está en Guardianes de la noche y se parece al célebre rapto del
alter ego del Mesías por extraterrestres en La vida de Brian de
los Monty Python (Life of Brian, 1979). Uno de los cuervos que
anuncian la llegada del Apocalipsis en forma de tormenta a Moscú es
succionado por la turbina de un avión. El estallido hace que se
desprenda un remache del fuselaje, el cual cae sobre la reja de un ducto
ventilación, en la azotea de un edificio. Allí lo picotea otro pájaro y
lo hace caer de nuevo, a lo largo de un tubo, hasta el extractor de humo
de la cocina de la mujer cuyos pecados hacen que se avecine la
hecatombe. Termina aterrizando en la taza de café que acaba de preparar.
Ella lo saca de la taza, lo observa con curiosidad, y luego lo bota.
Después la acción sigue como si nada de eso hubiera ocurrido.
En
Guardianes del día ocurre algo parecido, también con un avión de por
medio: Anton Gorodetski y su compañera de aventuras, la hechicera Olga,
embarcan en un vuelo con destino a Samarcanda, a la búsqueda de la “tiza
del destino” (sic), eje de las aventuras en el filme. La bruja trata de
impedir el despegue del aparato, lo cual provoca un enfrentamiento con
el protagonista, quien hace una suerte de referéndum entre los pasajeros
y la convence de que les permita volar. Pero casi de inmediato
Gorodetski se da cuenta de que el viaje no es necesario, por lo que la
siguiente secuencia se desarrolla de vuelta en Moscú. Y hay muchas cosas
más por el estilo: Zavulón se atraviesa por casualidad en el camino del
camión de la gente de la luz en Guardianes de la noche –los
buenos trabajan para la compañía de electricidad–, lo que “justifica”
una secuencia de efectos especiales en la que el vehículo vuela por los
aires para seguir después la marcha normalmente, y al principio del
filme aparecen dos personajes que se transforman en tigre y en oso,
respectivamente, pero que nunca más vuelven a metamorfosearse, ni en la
primera cinta ni en la segunda.
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El
placer de la burla se manifiesta también en detalles que apelan al
conocimiento del género por el espectador. Los vampiros, por ejemplo,
cuando se ocultan en la “penumbra”, sólo pueden ser vistos si se
reflejan en un espejo, al revés de lo que ocurre en los filmes que
siguen el modelo estadounidense, aunque son fieles al patrón en el
detalle de que para matarlos hay que clavarles una estaca en el corazón
y en que contagian a los vivos, y los convierten en vampiros, cuando los
muerden. La “penumbra” misma, que es donde se esconden los “otros”, con
características y poderes especiales para no ser vistos por los humanos,
tiene como rasgo principal la abundancia de mosquitos, que con su
zumbido anuncian la proximidad de la gente del “más allá”, y es una
contraparte llena de basura de la rutilante Moscú de autopistas, carros
lujosos y anuncios de neón en la que se desarrollan las historias. Un
último ejemplo que podría traerse a colación es el de las pócimas
preparadas con vodka y sangre, a las que puede agregarse limonada para
mejorar el sabor. “¿Qué importan, los ingredientes o el efecto?”, dice
la bruja de Guardianes de la noche, en una frase que parece
expresar la posición de los realizadores en cuanto al género.
Quizás haya en todo esto una forma rusa de burlarse de Occidente,
haciendo aun más rocambolescos los disparates de su cine, mientras que
cuestiones como el pecado no son objeto de este tipo de cuestionamiento
en ninguna de las dos películas, que en el fondo tratan de las terribles
consecuencias de las decisiones incorrectas de las personas, mientras
que en la superficie relatan una típica historia de equilibrio del bien
y el mal. El problema es que la parodia no está del todo bien lograda,
por lo excesiva, en Guardianes de la noche. En Guardianes del
día, en cambio, se percibe un agotamiento de la imaginación, que
lleva a reproducir los lugares comunes del melodrama, además de una
serie de planos estereotipados tomados de la comedia Hollywoodense de
baja estofa. No son buenos filmes, en síntesis, y el segundo es
francamente mediocre. Sin embargo, por el desparpajo con que asumen el
entretenimiento son de esas películas malas que uno puede amar.
Guardianes del día
está disponible para
alquiler en videoclubes de Venezuela, y puede adquirirse también en la
tienda en Internet de uno de los dos principales
distribuidores-exhibidores, que son también productores e importadores
de video, para completar la integración vertical. Guardianes de la
noche quizás pueda ser alquilada en algún local que no la haya
descartado. En este último caso, puede ser adquirida en los remates que
suelen hacer las videotiendas, por un precio que va de 15 bolívares a 25
bolívares. La edición especial de dos discos de la primera película
destaca por el trabajo con los subtítulos en inglés, a los que se
convirtió en un elemento adicional de la puesta en escena. El mercado en
español, al parecer, no justificó hacer algo parecido.
GUARDIANES DE LA NOCHE
Nochnoi dolor,
Rusia, 2004
Dirección:
Timur Bekmambetov. Guión: Timur Bekmambetov, Laeta Kalogridis,
basado en la novela homónima de Serguei Lukyanenko. Producción:
Konstantin Erns, Anatoli Maksimov. Diseño de producción: Mukhtar
Mirzakeyev, Valeri Viktorov. Fotografía: Serguei Trofimov.
Montaje: Dmitri Kiselev. Música: Yuri Poteyenko. Elenco:
Konstantin Khabenski (Anton Gorodetski), Vladimir Menshov (Geser),
Valeri Zolotukhin (padre de Kostya), Mariya Poloshina (Svetlana), Galina
Tyunina (Olga), Aleksei Chadov (Kostya), Viktor Verzhbistki (Zavulon),
Dmitri Martynov (Yegor). Duración: 114 minutos. 35 mm, 1,66:1,
color, Dolby Digital.
GUARDIANES DEL DÍA
Dnevnoi dozor,
Rusia, 2006
Dirección:
Timur Bekmambetov. Guión: Timur Bekmambetov, Alexander Talal,
basado en la novela homónima de Serguei Lukyanenko y Vladimir Vasiliev.
Producción: Konstantin Erns, Anatoli Maksimov. Fotografía:
Serguei Trofimov. Montaje: Dmitri Kiselev. Música: Yuri
Poteyenko. Elenco: Konstantin Khabenski (Anton Gorodetski),
Vladimir Menshov (Geser), Valeri Zolotukhin (padre de Kostya), Mariya
Poloshina (Svetlana), Galina Tyunina (Olga), Aleksei Chadov (Kostya),
Viktor Verzhbistki (Zavulon), Dmitri Martynov (Yegor). Duración:
146 minutos. 35 mm, rodado en Super 35 mm, 2,35:1, color, Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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