09/07
 
 
Guía del cine en Venezuela
 
 

 

 

 

Un cine sobre la actuación

Las primeras películas de John Cassavetes (1929-1989) se inscriben en el nacimiento del llamado Nuevo Cine Estadounidense, que propugnaba la independencia creativa de los realizadores a través de formas de producción, distribución y exhibición alternativas. Pero también deben ser consideradas en el contexto más amplio de la literatura de la generación beat, el jazz moderno y el gestualismo de la plástica de la segunda postguerra. La meta de franquear las fronteras del arte, para captar de la vida manera más profunda posible, e incluso expandir las fronteras de la experiencia, se convirtió para los beats en registro épico de las aventuras de un grupo de gente entregada sin freno a la aventura de vivir, y mucho de eso hay en Shadows (1959). La primera cinta de Cassavetes, que se desarrolla en un ambiente bohemio parecido al de los personajes del novelista Jack Kerouac o del poeta Allen Ginsberg. Sin embargo, su cine va más allá de cualquier aparente espontaneísmo, puesto que tiene como núcleo una exploración de los problemas de la actuación, la cual abarca también la forma como la gente “actúa” al asumir diversos papeles en la vida.


Shadows (1959) / Faces (1968)

El aspecto central del trabajo de Cassavetes con los actores es la libertad de improvisar, clara influencia del jazz y de la literatura beat en su forma de trabajar. La improvisación se extiende incluso a la filmación, en la medida en que tiende a convertirse en un registro cuasidocumental de lo que está pasando con los actores y en tanto es también una búsqueda expresiva a través del encuadre. El camarógrafo puede desenvolverse como otro actor que improvisa, lo cual tiene repercusiones en el uso de la luz, por ejemplo. En las largas secuencias en interiores de Faces (1968), al igual que en Una mujer bajo la influencia (A Woman Under The Influence, 1974) se optó por una iluminación neutra, de manera que la cámara tuviera la mayor libertad posible de movimientos. Sin embargo, incluso en El asesinato de un corredor de apuestas chino (The Killing of a Chinese Bookie, 1976), la más ortodoxa, en apariencia, de sus películas, los errores de foco y de luz, y del encuadre se convierten también en recurso para expresar el estado interior de los personajes.

La improvisación, además, aunque ha sido acusada de ser la causa de que las cintas de John Cassavetes sean acusadas de informes, está acompañada, para poder darse con coherencia, de una cuidada concepción de la estructura del filme en la que ella tiene cabida. La razón de ser de esa estructura es, además, temática en Shadows y Faces, donde es más notable la tensión entre el libre fluir de la actuación y la arquitectura que la contiene. En la primera cinta sirve para abordar el problema del racismo, varios años antes de que la lucha por los derechos civiles de los afroestadounidenses alcanzara el apogeo, no digamos el éxito. En Faces cumple la función de establecer paralelismos entre la desolada existencia de un exitoso empleado de la publicidad de edad madura y la soledad y el vacío en la vida de su esposa, una hermosa mujer que se encuentra justo al comienzo del ocaso de su belleza.   


Trailer de Faces

En relación con la actuación, Cassavetes procura limpiar todo aquello de impostura que pueda percibirse en el desempeño de los intérpretes. Eso apunta también, como se dijo antes, más allá del cine: a denunciar las poses inauténticas en la vida. Pero, además, la investigación se vincula con lo que Walter Benjamin llamaba “hacer test”: la búsqueda de producir un resultado ante el aparato que es la cámara, a diferencia de lo que ocurre en el teatro, donde el actor se enfrenta directamente con el público.

El personaje en que mejor cristalizan todas estas búsquedas, y los problemas que hay en ellas, es Mabel Longhetti en Una mujer bajo la influencia, interpretada por Gina Rowlands, quien fuera esposa del director. Mabel es una mujer que está al borde de la locura, casada con un hombre que siente que no puede prestarle la atención debida, por culpa de su absorbente trabajo (Peter Falk). Por definición se trata de alguien que actúa de forma no convencional, incluso inesperada, lo cual provoca desconcierto y miedo a su alrededor. En una reunión con los compañeros de trabajo de su marido canta casi mejilla con mejilla con otro hombre, lo cual podría ser considerado como una descarada insinuación sexual, aunque no lo sea. Cuando unos amigos de sus hijos, acompañados de su padre, visitan la casa, el hombre comienza sintiéndose incómodo al ver a Mabel bailar y cantar como si fuera una niña más, y estalla en la indignación cuando los niños intercambian ropas y uno corre desnudo por la casa. Sin embargo, la locura tiene su marca en determinados gestos que la mujer repite: expulsar el aire haciendo ruido con los labios y hacer una señal con el puño cerrado y el pulgar levantado, por ejemplo. Ambas cosas son muestras típicas de aquello que se procura en el test que hace el actor ante la cámara, como decía Benjamin. A través de esas muecas, y sobre todo la repetición, Mabel da la locura, y en ese sentido no es tan espontánea como da la impresión de serlo por su peculiaridad.

 
Fragmento de Una mujer bajo la influencia (1974)

La cuestión social de la actuación es explorada de la manera más explícita en Noche de estreno (Opening Night, 1977). La protagonista, Myrtle Gordon (Gina Rowlands otra vez), es una actriz de éxito al borde de una crisis personal que estalla cuando desde el carro en que viaja ve cómo atropellan a una muchacha que se acercó hasta ella, bajo una intensa lluvia, para darle un saludo de fan. No sólo los ensayos de la obra, y el estreno, forman parte de la película, por lo que continuamente Myrtile transita entre los personajes que debe interpretar sobre el escenario, en un típico drama realista estadounidense, y los que protagoniza su personaje de estrella de las tablas, por decirlo con el lugar común, fuera de la escena. Pero incluso el escenario tiene puertas que dan, o bien tras bambalinas o a un baño donde la actriz permanece oculta. El ir y venir de unos a otros personajes se da incluso así al cruzar esas puertas, y aparecer y desaparecer de la vista del público.

Esa preocupación por el escenario está también presente en la elección de la escalera como lugar de encuentro entre las parejas. En vez de un símbolo de las asimetrías de poder, hay en ello una preocupación por descontextualizar las escenas de sus locaciones trilladas para buscar que ocurran cosas nuevas. Hay una escalera en el escenario de Noche de estreno, pero es importante especialmente en el estallido de la crisis matrimonial en Faces.

En lo que a la búsqueda de aquello que desencaja la acción para propiciar el acontecimiento insospechado destaca también el trabajo con el género negro en El asesinato de un corredor de apuestas chino, que, como se dijo, parece ser la más ortodoxa de las películas mayores de John Cassavetes. Lo que ocurre en la secuencia en la que el protagonista (Ben Gazzara) conduce el auto que le dan unos mafiosos para que vaya a matar al personaje del título da la clave: en medio de la autopista el carro tiene una falla y deja de funcionar. En el caso del filme, lo que se detiene es el programa trazado para el personaje. Como consecuencia de ese desperfecto, que no sólo es del carro sino del género, comienza a actuar de una manera que, por imprevista, lleva una marca de opuesta a la ficción codificada.

 
El asesinato de un corredor de apuestas chino (1976)

En cine de género, además, es situado en el filme, sarcásticamente, en un contexto de expresiones artísticas de la peor estofa. Cosmo Vitelli, el asesino, es dueño de un cabaret en el que se presenta un espectáculo de canto, baile y, sobre todo, mujeres que entretienen a la audiencia mostrando sus senos al aire. El cine de género hace manifiesto, así, su vínculo con el elevado arte de jazz cinematográfico que procuró practicar Cassavetes, sin solución de continuidad: esa música y ese tipo de cine son formas de arte nacidas en el prostíbulo y sus inmediaciones que pueden alcanzar lo sublime. No menos “bajo” quizás pueda ser considerado el afán del realizador de llegar hasta las entrañas de la vida misma y el camino que escogió para ello, en tanto se apoya en las emociones y en un aparente culto a la espontaneidad. La opacidad propia del juego con el lenguaje de un Alain Resnais puede parecer mucho más depurada que las conversaciones y juegos de borrachos de Faces, o que la locura de Una mujer bajo la influencia. Pero, en lo que a trabajar en el cine los problemas del cine se refiere, no hay menos profundidad en las cintas de John Cassavetes.

En la Criterion Collection fue publicada una caja de cinco DVD que contiene todas las películas que han sido mencionadas. Puede ser adquirida en Amazon.com por 107 dólares, los gastos de envío y el impuesto que cobran por importar un artículo de ese precio. La digitalización de Shadows fue realizada a partir de un duplicado de negativo, hecho con propósitos de restauración en el Archivo de Cine y Televisión de la Universidad de California en Los Ángeles. Faces fue transferida a partir de un duplicado del negativo inflado de 16 mm a 35 mm. Las demás cintas fueron pasadas a video a partir de intermedios reversibles de color en un telecine-scanner. Se empleó el sistema de restauración digital MTI para eliminar rayas y abrasiones, así como restauración digital para el sonido.

La caja incluye las dos versiones de El asesinato de un corredor de apuestas chino, la original, de 1976, de 135 minutos, y el segundo montaje, de 1978, de 108 minutos; el documental A Constant Force: The Life and Art of John Cassavetes de Charles Kiselyak (2000), y el episodio de la serie francesa Cineastas de nuestro tiempo dedicado a Cassavetes, entre otros materiales complementarios.

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Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info