Las primeras películas de John Cassavetes
(1929-1989) se inscriben en el nacimiento del llamado Nuevo
Cine Estadounidense, que propugnaba la independencia
creativa de los realizadores a través de formas de
producción, distribución y exhibición alternativas. Pero
también deben ser consideradas en el contexto más amplio de
la literatura de la generación beat, el jazz moderno y el
gestualismo de la plástica de la segunda postguerra. La meta
de franquear las fronteras del arte, para captar de la vida
manera más profunda posible, e incluso expandir las
fronteras de la experiencia, se convirtió para los beats en
registro épico de las aventuras de un grupo de gente
entregada sin freno a la aventura de vivir, y mucho de eso
hay en Shadows (1959). La primera cinta de Cassavetes,
que se desarrolla en un ambiente bohemio parecido al de los
personajes del novelista Jack Kerouac o del poeta Allen
Ginsberg. Sin embargo, su cine va más allá de cualquier
aparente espontaneísmo, puesto que tiene como núcleo una
exploración de los problemas de la actuación, la cual abarca
también la forma como la gente “actúa” al asumir diversos
papeles en la vida.
Shadows (1959) / Faces (1968)
El aspecto central del trabajo de
Cassavetes con los actores es la libertad de improvisar,
clara influencia del jazz y de la literatura beat en su
forma de trabajar. La improvisación se extiende incluso a la
filmación, en la medida en que tiende a convertirse en un
registro cuasidocumental de lo que está pasando con los
actores y en tanto es también una búsqueda expresiva a
través del encuadre. El camarógrafo puede desenvolverse como
otro actor que improvisa, lo cual tiene repercusiones en el
uso de la luz, por ejemplo. En las largas secuencias en
interiores de Faces (1968), al igual que en Una
mujer bajo la influencia (A Woman Under The Influence,
1974) se optó por una iluminación neutra, de manera que la
cámara tuviera la mayor libertad posible de movimientos. Sin
embargo, incluso en El asesinato de un corredor de
apuestas chino (The Killing of a Chinese Bookie,
1976), la más ortodoxa, en apariencia, de sus películas, los
errores de foco y de luz, y del encuadre se convierten
también en recurso para expresar el estado interior de los
personajes.
La improvisación, además, aunque ha sido
acusada de ser la causa de que las cintas de John Cassavetes
sean acusadas de informes, está acompañada, para poder darse
con coherencia, de una cuidada concepción de la estructura
del filme en la que ella tiene cabida. La razón de ser de
esa estructura es, además, temática en Shadows y
Faces, donde es más notable la tensión entre el libre
fluir de la actuación y la arquitectura que la contiene. En
la primera cinta sirve para abordar el problema del racismo,
varios años antes de que la lucha por los derechos civiles
de los afroestadounidenses alcanzara el apogeo, no digamos
el éxito. En Faces cumple la función de establecer
paralelismos entre la desolada existencia de un exitoso
empleado de la publicidad de edad madura y la soledad y el
vacío en la vida de su esposa, una hermosa mujer que se
encuentra justo al comienzo del ocaso de su belleza.
Trailer de Faces
En relación con la actuación, Cassavetes
procura limpiar todo aquello de impostura que pueda
percibirse en el desempeño de los intérpretes. Eso apunta
también, como se dijo antes, más allá del cine: a denunciar
las poses inauténticas en la vida. Pero, además, la
investigación se vincula con lo que Walter Benjamin llamaba
“hacer test”: la búsqueda de producir un resultado ante el
aparato que es la cámara, a diferencia de lo que ocurre en
el teatro, donde el actor se enfrenta directamente con el
público.
El personaje en que mejor cristalizan
todas estas búsquedas, y los problemas que hay en ellas, es
Mabel Longhetti en Una mujer bajo la influencia,
interpretada por Gina Rowlands, quien fuera esposa del
director. Mabel es una mujer que está al borde de la locura,
casada con un hombre que siente que no puede prestarle la
atención debida, por culpa de su absorbente trabajo (Peter
Falk). Por definición se trata de alguien que actúa de forma
no convencional, incluso inesperada, lo cual provoca
desconcierto y miedo a su alrededor. En una reunión con los
compañeros de trabajo de su marido canta casi mejilla con
mejilla con otro hombre, lo cual podría ser considerado como
una descarada insinuación sexual, aunque no lo sea. Cuando
unos amigos de sus hijos, acompañados de su padre, visitan
la casa, el hombre comienza sintiéndose incómodo al ver a
Mabel bailar y cantar como si fuera una niña más, y estalla
en la indignación cuando los niños intercambian ropas y uno
corre desnudo por la casa. Sin embargo, la locura tiene su
marca en determinados gestos que la mujer repite: expulsar
el aire haciendo ruido con los labios y hacer una señal con
el puño cerrado y el pulgar levantado, por ejemplo. Ambas
cosas son muestras típicas de aquello que se procura en el
test que hace el actor ante la cámara, como decía Benjamin.
A través de esas muecas, y sobre todo la repetición, Mabel
da la locura, y en ese sentido no es tan espontánea
como da la impresión de serlo por su peculiaridad.
Fragmento de Una mujer
bajo la influencia (1974)
La cuestión social de la actuación es
explorada de la manera más explícita en Noche de estreno
(Opening Night, 1977). La protagonista, Myrtle
Gordon (Gina Rowlands otra vez), es una actriz de éxito al
borde de una crisis personal que estalla cuando desde el
carro en que viaja ve cómo atropellan a una muchacha que se
acercó hasta ella, bajo una intensa lluvia, para darle un
saludo de fan. No sólo los ensayos de la obra, y el estreno,
forman parte de la película, por lo que continuamente
Myrtile transita entre los personajes que debe interpretar
sobre el escenario, en un típico drama realista
estadounidense, y los que protagoniza su personaje de
estrella de las tablas, por decirlo con el lugar común,
fuera de la escena. Pero incluso el escenario tiene puertas
que dan, o bien tras bambalinas o a un baño donde la actriz
permanece oculta. El ir y venir de unos a otros personajes
se da incluso así al cruzar esas puertas, y aparecer y
desaparecer de la vista del público.
Esa preocupación por el escenario está
también presente en la elección de la escalera como lugar de
encuentro entre las parejas. En vez de un símbolo de las
asimetrías de poder, hay en ello una preocupación por
descontextualizar las escenas de sus locaciones trilladas
para buscar que ocurran cosas nuevas. Hay una escalera en el
escenario de Noche de estreno, pero es importante
especialmente en el estallido de la crisis matrimonial en
Faces.
En lo que a la búsqueda de aquello que
desencaja la acción para propiciar el acontecimiento
insospechado destaca también el trabajo con el género negro
en El asesinato de un corredor de apuestas chino,
que, como se dijo, parece ser la más ortodoxa de las
películas mayores de John Cassavetes. Lo que ocurre en la
secuencia en la que el protagonista (Ben Gazzara) conduce el
auto que le dan unos mafiosos para que vaya a matar al
personaje del título da la clave: en medio de la autopista
el carro tiene una falla y deja de funcionar. En el caso del
filme, lo que se detiene es el programa trazado para el
personaje. Como consecuencia de ese desperfecto, que no sólo
es del carro sino del género, comienza a actuar de una
manera que, por imprevista, lleva una marca de opuesta a la
ficción codificada.
El asesinato de un corredor de apuestas
chino (1976)
En cine de género, además, es situado en
el filme, sarcásticamente, en un contexto de expresiones
artísticas de la peor estofa. Cosmo Vitelli, el asesino, es
dueño de un cabaret en el que se presenta un espectáculo de
canto, baile y, sobre todo, mujeres que entretienen a la
audiencia mostrando sus senos al aire. El cine de género
hace manifiesto, así, su vínculo con el elevado arte de jazz
cinematográfico que procuró practicar Cassavetes, sin
solución de continuidad: esa música y ese tipo de cine son
formas de arte nacidas en el prostíbulo y sus inmediaciones
que pueden alcanzar lo sublime. No menos “bajo” quizás pueda
ser considerado el afán del realizador de llegar hasta las
entrañas de la vida misma y el camino que escogió para ello,
en tanto se apoya en las emociones y en un aparente culto a
la espontaneidad. La opacidad propia del juego con el
lenguaje de un Alain Resnais puede parecer mucho más
depurada que las conversaciones y juegos de borrachos de
Faces, o que la locura de Una mujer bajo la
influencia. Pero, en lo que a trabajar en el cine los
problemas del cine se refiere, no hay menos profundidad en
las cintas de John Cassavetes.
En la Criterion Collection fue publicada
una caja de cinco DVD que contiene todas las películas que
han sido mencionadas. Puede ser adquirida en Amazon.com por
107 dólares, los gastos de envío y el impuesto que cobran
por importar un artículo de ese precio. La digitalización de
Shadows fue realizada a partir de un duplicado de
negativo, hecho con propósitos de restauración en el Archivo
de Cine y Televisión de la Universidad de California en Los
Ángeles. Faces fue transferida a partir de un
duplicado del negativo inflado de 16 mm a 35 mm. Las demás
cintas fueron pasadas a video a partir de intermedios
reversibles de color en un telecine-scanner. Se empleó el
sistema de restauración digital MTI para eliminar rayas y
abrasiones, así como restauración digital para el sonido.
La caja incluye las dos versiones de
El asesinato de un corredor de apuestas chino, la
original, de 1976, de 135 minutos, y el segundo montaje, de
1978, de 108 minutos; el documental A Constant Force: The
Life and Art of John Cassavetes de Charles Kiselyak
(2000), y el episodio de la serie francesa Cineastas de
nuestro tiempo dedicado a Cassavetes, entre otros
materiales complementarios.