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Santo vs la invasión de los marcianos

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El enmascarado moderno

 

Santo el enmascarado de plata vs la invasión de los marcianos, de Alfredo B. Crevenna (1967), es una reelaboración mexicana del clásico El día que la tierra se detuvo de Robert Wise (The Day the Earth Stood Still, 1951). El filme destaca como ejemplo de ese extraño género que es la ciencia ficción latinoamericana, y también por ser parte de la serie del Santo, el luchador del ring que se convirtió en superhéroe del cómic, primero, y del cine, después.

 

En la película, la transmisión de una cinta por televisión, en la que canta Jorge Negrete, vestido de mariachi, es interrumpida por una aparente falla. Cuando la señal se reestablece, aparece en la pantalla la transmisión de un mensaje de los extraterrestres, que es más o menos una copia del ultimátum de Klaatu (Michael Rennie) en la cinta de Wise. La posibilidad de una guerra nuclear preocupa a los marcianos: “Vosotros los terrícolas, en lugar de utilizar vuestros adelantos científicos en provecho de la humanidad, los empleáis para vuestra propia destrucción. Mientras luchabais con armas elementales, vosotros erais las únicas víctimas de vuestra ambición y egoísmo. Pero, con el descubrimiento de la energía nuclear, y debido a vuestros locos experimentos con la bomba atómica, estáis a punto de trastornar nuestro sistema planetario. Pero antes de que esto suceda, queremos advertiros que estamos dispuestos a desintegrar a todos los habitantes del planeta Tierra”. Sin embargo, a diferencia de El día que la tierra se detuvo, donde no pareciera ponerse en duda la buena intención que hay en el fondo de la amenaza de los extraterrestres, en La invasión de los marcianos, a pesar de que los marcianos afirman que escogieron aterrizar en México porque se trata de un país que se opone al uso de las armas nucleares, hasta la gente común rechaza el uso de la amenaza de la destrucción para imponer la paz. No hay manera más clara de criticar la supuesta estabilidad alcanzada mediante el equilibrio del poder de destrucción nuclear de Estados Unidos y la Unión Soviética en la Guerra Fría.

 

 
Trailer de Santo vs la invasión de los marcianos
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No puede pasarse por alto el hecho de que en una película mexicana de los años sesenta se represente a México, no sólo como un país de política internacional independiente sino también como una nación que se ve a sí misma como más civilizada que las potencias nucleares, puesto que no emplea la ciencia y la tecnología para la destrucción de la humanidad, como dicen los marcianos. Y es también un país desarrollado: la historia transcurre en un ambiente urbano, y los mexicanos que aparecen representados son gente de clase media, que disfruta de las comodidades que se consideran características de las sociedades industrializadas con bienestar social. Los individuos de clase alta, además, son identificados en el filme como industriales y publicistas. Si bien al final aparece un cura, su presencia pareciera haber sido introducida en la trama para que tanta modernidad no despertara sospechas de ateísmo, puesto que uno de los empresarios incluso duda de la utilidad de los rezos para salvarse de la amenaza de los extraterrestres.

 

Estos rasgos de modernidad son en general característicos de las películas del Santo, a quien no pareciera descabellado calificar de héroe popular del desarrollo. Verlas en la actualidad significa descubrir las ruinas de una época en la que en los países de América Latina se albergó la esperanza de construir sociedades de bienestar similares a las de Norteamérica, Europa y Japón, aunque el modelo fuera en parte ilusorio en los mismos países que se tomaban como ejemplo. En Enmascarado de Plata constituye también una suerte de adaptación mexicana de los personajes de James Bond y Batman, incluido el carro deportivo, el laboratorio y las chicas hermosas. Las películas, además, se inscriben en diversos géneros importados del cine estadounidense: la ciencia ficción, como ocurre en el caso de Santo vs la invasión de los marcianos, pero sobre todo el terror, del cual incluso fueron tomados personajes como los vampiros y el hombre lobo.

 

En el proceso de mexicanización de los aportes cinematográficos extranjeros destacan también otras manifestaciones de nacionalismo, como la equiparación de la cultura azteca, y de los museos creados en México para resguardar sus tesoros, con el antiguo Egipto y e instituciones como el Museo Británico, respectivamente. Así ocurre en El tesoro de Moctezuma (1968), por ejemplo. Sin embargo, puede ser más interesante considerar, en los filmes del santo, aquello que desentona con los géneros, por una parte, y con la mexicanidad, por otra. En cuanto a lo segundo, el pasado azteca, si bien es exaltado, no pareciera tener relación alguna con el país moderno de las películas, salvo la de constituir una serie de reliquias dignas de admiración y de gran valor en dinero. Algo similar ocurre con la secuencia del cura en La invasión de los marcianos: pareciera haber sido puesta para disipar sospechas de ateísmo, como se dijo, pero no se compagina con el ambiente en el que se desarrolla la historia. Entre la modernidad de las películas y esas ruinas del pasado existe solución de continuidad, quizás una brecha insalvable, por lo que el problema de la identidad se anula sin solucionarlo. Una secuencia de la película de Crevenna es muy ilustrativa en este sentido: uno de los marcianos logra despojar a Santo de la máscara en el ring, pero resulta que debajo lleva otra idéntica. El misterio de quién es el héroe en realidad, de cuál es su verdadero rostro se revela así como un McGuffin: Santo es Santo, y punto.

 

En cuanto a la manipulación de los géneros, el aspecto principal es la inserción de las secuencias de combates de Santo en el ring. Ellas son algo válido por sí mismo, independientemente de su relación con la historia. Un añadido cinematográficamente autóctono, además, si se considera que las peleas se desarrollan con arreglo a una coreografía peculiar, y son filmadas con un estilo en el que los planos característicos de las transmisiones de televisión alternan con otros hechos desde la perspectiva de los espectadores, en el ring side. Si India tiene los cantos y bailes de Bollywood y Hong Kong la danza del kung fu, México tiene el género de la lucha libre, en el cual se inscriben las películas del Santo.

 

SANTO VS LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS

México, 1967

 

Dirección: Alfredo B. Crevenna. Guión: Raphael García Travesí. Producción: Alfonso Rojas Priego. Fotografía: Jorge Stahl. Elenco: Santo (Santo), Wolf Ruvinskis (Argos), El Nazi (marciano), Beny Galán (marciano), Ham Lee (Morfeo), Maura Monti (Afrodita), Belinda Corell (Diana), Eva Norvind (Selene), Gilda Mirós (Artemisa), Manuel Zozaya (profesor Ordónica). Duración: 85 minutos. 1,66:1, 35 mm, blanco y negro, mono.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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