06/07
 
 
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Otra de Woody Allen en Londres

Cuando llegan a sostener una producción constante durante décadas, y acumulan en su filmografía decenas de títulos, el cine de cada autor puede llegar a convertirse por sí mismo, no digamos en creador de un imaginario sino casi de un género, al repetirse los mismos rasgos de película en película, incluso como fórmula. Más divertido aun: también puede ocurrir que, a medida que se acumulan los filmes, puedan distinguirse entre ellos también una suerte de subgéneros. Ambas cosas son claramente perceptibles en Scoop (2006), filme que da continuidad a la receta “cintas de misterio de Woody Allen ambientadas en Londres con Scarlett Johansson como protagonista”.

Si no hubiera llegado a existir Scoop, uno podría haberse hecho falsas ilusiones con respecto los cambios que el realizador introdujo en Match Point, sobre todo al trasladar sus historias a la capital británica, dejando atrás la habitual Nueva York. Pero la segunda cinta londinense vuelve a poner las cosas en su lugar: lo relevante no es señalar que Match Point es una de las buenas del director, mientras que Scoop pareciera ser una de las flojas de su repertorio, sino considerar ambos filmes como momentos del género que sería la producción de Woody Allen, considerada en su conjunto, y de la vertiente inglesa en particular. O lo que es lo mismo: tratar de reconocer en ellos el imaginario de Allen. Que las cosas salgan mejor o peor no puede ser sino consecuencia natural de la insistencia en hacer una cinta al año; lo que importa es hurgar en el repertorio de trucos que permiten mantener ese ritmo de producción, que es casi una parodia de lo que hace la industria.

Vistas así las cosas, cabría pensar que la impresión de que Match Point es una película más lograda se debe a un planteamiento abstracto en relación al azar que sería similar al de la película anterior de Allen, Melinda y Melinda (Melinda and Melinda, 2004). Esto quizás le da un tono elevado a esos filmes, en comparación con la parodia del mito en Scoop, donde, al comienzo, el reportero estrella recién muerto Joe Strombel (Ian McShane), que viaja en la barca de Caronte hacia el Infierno, se entera de que un miembro de la nobleza es el culpable de una serie de asesinatos y se lanza a las aguas para regresar a nado con el fin de pasarle el dato a un colega para que dé el “tubazo” en la prensa –eso es lo que significa el scoop del título. Esto del Infierno es parecido a la burla de la mitología griega en Poderosa Afrodita (Mighty Aphrodite, 1995), y es también un juego con la idea de que el cine se alimenta de los mitos de la cultura y crea los suyos propios. De allí que la fórmula sea comparativamente más “vulgar” que la de Match Point: de lo que se trata es, justamente, de parodiar esa forma de ver al cine como mitología para el consumo en la sociedad de masas.

 

Asimismo, la magia del gran Splendini, en realidad llamado Sid Waterman (Allen), en cuyo acto se le aparece el fantasma del reportero para transmitirle el dato a la estudiante de periodismo Sondra Pransky (Johansson), es el mismo personaje judío de tantas películas del director, que aquí se desenvuelve, no entre neoyorkinos que leen, saben de cine y beben vino, por lo que cabría calificarlos de ilustrados a la luz de la generalizada ignorancia, sino penetra, en compañía de Pransky, en una aristocracia de verdad –la del dinero y la sangre en el Reino Unido– para así hacer mofa de ella. Unos anteojos casi permanentes diluyen, a su vez, la belleza de Scarlett Johansson, su principal carta como actriz para el cine comercial, hasta el punto de convertirla en una versión más fresca, y sobre todo menos llorona, de quien figuró en tantas cintas de Woody Allen, Mia Farrow. A Hugh Jackman el director le dio un personaje que pareciera ser exactamente el reverso del Wolverine que lo ha hecho famoso en las cintas de los X-Men: en vez de un patán noble es un refinado asesino, Peter Lyman, hijo de un Lord, autor de los crímenes sobre los que Sondra Pransky ha sido dateada. No hay, entonces, sólo referencias a otros filmes del “género Allen” en Scoop sino también a cintas de género, a secas, y a Hollywood en general.

Pero lo realmente importante del gran Splendini es la magia. En cuanto a lo primero, es bueno decir que se trata de magia de verdad, la misma que hay también en La maldición del escorpión de jade (The Curse of the Jade Scorpion, 2001). Aunque la puesta en escena parece indicar que es un truco, la desmaterialización de Pransky en la caja de Splendini ocurre realmente en la ficción, y eso propicia que, mientras sus moléculas flotan, se le aparezca el reportero fugado del Infierno. Obviamente se toca aquí el tema del cine como magia, y se cita también La dama desaparece de Alfred Hitchcock (The Lady Vanishes, 1938). Pero, mientras que este otro filme se mantiene siempre dentro del terreno de la verosimilitud, Allen introduce así un elemento fantástico en una historia que podría parecer “real”, en virtud del naturalismo de su realización convencional, sin molestarse en explicarlo o justificarlo. Es como si se propusiera decirnos que la verosimilitud del cine no es la del que se tiene como fin hacernos creer con un engaño, que sería la de los ilusionistas o la que pone sobre el tapete Hitchcock: que algo aparezca en la pantalla, donde antes no había nada, no es un truco sino verdadera magia, como la de Splendini.

En Scoop todas estas referencias y evocaciones gravitan sin que ninguna se desarrolle como tesis del filme, ni mucho menos. Y de hecho, incluso en las cintas de Allen en las que pareciera haber un planteamiento central, como la cuestión del azar en Match Point o la mitología griega en Poderosa Afrodita, se hace esto de una forma tan aparatosamente paródica que podría concluirse es que el realizador lo que realmente hace es burlarse así de la pretensión de que las películas puedan decir algo. Y sí lo dicen, sin embargo: los planteamientos quedan así inacabados, siempre en el aire, y sólo se dejan contemplar como una constelación si se considera el conjunto de las obras del realizador –ese “género Allen” del que se hablaba al principio–, y se establecen las relaciones que están verdaderamente dispuestas en ese ámbito, y no en una u otra película. El mérito de las cintas menores, como Scoop, consistiría entonces en que no “distraen” la atención del espectador como los filmes más acabados, y permiten que brille más la constelación.

SCOOP
Estados Unidos-Reino Unido, 2006

Dirección y guión: Woody Allen. Producción: Letty Aronson, Gareth Wiley. Diseño de producción: Maria Djurkovic. Fotografía: Remi Adefarasin. Montaje: Alisa Lepselter. Elenco: Scarlett Johansson (Sondra Pransky), Woody Allen (Sid Waterman), Ian McShane (Joe Strombel), Hugh Jackman (Peter Lyman). Duración: 96 minutos. 35 mm, 1.85:1, Color, Dolby Digital.

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