Otra de
Woody Allen en Londres
Cuando
llegan a sostener una producción constante durante décadas,
y acumulan en su filmografía decenas de títulos, el cine de
cada autor puede llegar a convertirse por sí mismo, no
digamos en creador de un imaginario sino casi de un género,
al repetirse los mismos rasgos de película en película,
incluso como fórmula. Más divertido aun: también puede
ocurrir que, a medida que se acumulan los filmes, puedan
distinguirse entre ellos también una suerte de subgéneros.
Ambas cosas son claramente perceptibles en Scoop
(2006), filme que da continuidad a la receta “cintas de
misterio de Woody Allen ambientadas en Londres con Scarlett
Johansson como protagonista”.
Si no hubiera llegado a existir Scoop,
uno podría haberse hecho falsas ilusiones con respecto los
cambios que el realizador introdujo en Match Point,
sobre todo al trasladar sus historias a la capital
británica, dejando atrás la habitual Nueva York. Pero la
segunda cinta londinense vuelve a poner las cosas en su
lugar: lo relevante no es señalar que Match Point es
una de las buenas del director, mientras que Scoop
pareciera ser una de las flojas de su repertorio, sino
considerar ambos filmes como momentos del género que sería
la producción de Woody Allen, considerada en su conjunto, y
de la vertiente inglesa en particular. O lo que es lo mismo:
tratar de reconocer en ellos el imaginario de Allen. Que las
cosas salgan mejor o peor no puede ser sino consecuencia
natural de la insistencia en hacer una cinta al año; lo que
importa es hurgar en el repertorio de trucos que permiten
mantener ese ritmo de producción, que es casi una parodia de
lo que hace la industria.
Vistas así las cosas, cabría pensar que
la impresión de que Match Point es una película más
lograda se debe a un planteamiento abstracto en relación al
azar que sería similar al de la película anterior de Allen,
Melinda y Melinda (Melinda and Melinda, 2004).
Esto quizás le da un tono elevado a esos filmes, en
comparación con la parodia del mito en Scoop, donde,
al comienzo, el reportero estrella recién muerto Joe
Strombel (Ian McShane), que viaja en la barca de Caronte
hacia el Infierno, se entera de que un miembro de la nobleza
es el culpable de una serie de asesinatos y se lanza a las
aguas para regresar a nado con el fin de pasarle el dato a
un colega para que dé el “tubazo” en la prensa –eso es lo
que significa el scoop del título. Esto del Infierno
es parecido a la burla de la mitología griega en Poderosa
Afrodita (Mighty Aphrodite, 1995), y es también
un juego con la idea de que el cine se alimenta de los mitos
de la cultura y crea los suyos propios. De allí que la
fórmula sea comparativamente más “vulgar” que la de Match
Point: de lo que se trata es, justamente, de parodiar
esa forma de ver al cine como mitología para el consumo en
la sociedad de masas.

Asimismo, la magia del gran Splendini, en
realidad llamado Sid Waterman (Allen), en cuyo acto se le
aparece el fantasma del reportero para transmitirle el dato
a la estudiante de periodismo Sondra Pransky (Johansson), es
el mismo personaje judío de tantas películas del director,
que aquí se desenvuelve, no entre neoyorkinos que leen,
saben de cine y beben vino, por lo que cabría calificarlos
de ilustrados a la luz de la generalizada ignorancia, sino
penetra, en compañía de Pransky, en una aristocracia de
verdad –la del dinero y la sangre en el Reino Unido– para
así hacer mofa de ella. Unos anteojos casi permanentes
diluyen, a su vez, la belleza de Scarlett Johansson, su
principal carta como actriz para el cine comercial, hasta el
punto de convertirla en una versión más fresca, y sobre todo
menos llorona, de quien figuró en tantas cintas de Woody
Allen, Mia Farrow. A Hugh Jackman el director le dio un
personaje que pareciera ser exactamente el reverso del
Wolverine que lo ha hecho famoso en las cintas de los X-Men:
en vez de un patán noble es un refinado asesino, Peter Lyman,
hijo de un Lord, autor de los crímenes sobre los que Sondra
Pransky ha sido dateada. No hay, entonces, sólo referencias
a otros filmes del “género Allen” en Scoop sino
también a cintas de género, a secas, y a Hollywood en
general.
Pero lo realmente importante del gran
Splendini es la magia. En cuanto a lo primero, es bueno
decir que se trata de magia de verdad, la misma que hay
también en La maldición del escorpión de jade (The
Curse of the Jade Scorpion, 2001). Aunque la puesta en
escena parece indicar que es un truco, la desmaterialización
de Pransky en la caja de Splendini ocurre realmente en la
ficción, y eso propicia que, mientras sus moléculas flotan,
se le aparezca el reportero fugado del Infierno. Obviamente
se toca aquí el tema del cine como magia, y se cita también
La dama desaparece de Alfred Hitchcock (The Lady
Vanishes, 1938). Pero, mientras que este otro filme se
mantiene siempre dentro del terreno de la verosimilitud,
Allen introduce así un elemento fantástico en una historia
que podría parecer “real”, en virtud del naturalismo de su
realización convencional, sin molestarse en explicarlo o
justificarlo. Es como si se propusiera decirnos que la
verosimilitud del cine no es la del que se tiene como fin
hacernos creer con un engaño, que sería la de los
ilusionistas o la que pone sobre el tapete Hitchcock: que
algo aparezca en la pantalla, donde antes no había nada, no
es un truco sino verdadera magia, como la de Splendini.
En Scoop todas estas referencias y
evocaciones gravitan sin que ninguna se desarrolle como
tesis del filme, ni mucho menos. Y de hecho, incluso en las
cintas de Allen en las que pareciera haber un planteamiento
central, como la cuestión del azar en Match Point o
la mitología griega en Poderosa Afrodita, se hace
esto de una forma tan aparatosamente paródica que podría
concluirse es que el realizador lo que realmente hace es
burlarse así de la pretensión de que las películas puedan
decir algo. Y sí lo dicen, sin embargo: los
planteamientos quedan así inacabados, siempre en el aire, y
sólo se dejan contemplar como una constelación si se
considera el conjunto de las obras del realizador –ese
“género Allen” del que se hablaba al principio–, y se
establecen las relaciones que están verdaderamente
dispuestas en ese ámbito, y no en una u otra película.
El mérito de las cintas menores, como Scoop,
consistiría entonces en que no “distraen” la atención del
espectador como los filmes más acabados, y permiten que
brille más la constelación.
SCOOP
Estados
Unidos-Reino Unido, 2006
Dirección y guión:
Woody Allen. Producción: Letty Aronson, Gareth Wiley.
Diseño de producción: Maria Djurkovic. Fotografía:
Remi Adefarasin. Montaje:
Alisa Lepselter. Elenco: Scarlett Johansson (Sondra
Pransky), Woody Allen (Sid Waterman), Ian McShane (Joe
Strombel), Hugh Jackman (Peter Lyman). Duración: 96 minutos.
35 mm, 1.85:1, Color, Dolby Digital.
Disponible para
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