Stan
Brakhage (1933-2003) es una de las figuras emblemáticas del
cine underground en Estados Unidos. Esta fue una de las
diversas tendencias que florecieron en Nueva York en los
años sesenta, y son conocidas en conjunto como el Nuevo Cine
Estadounidense. Entre sus preocupaciones fundamentales de
todas las vertientes estaba encontrar fórmulas de
producción, distribución y exhibición alternativas a los
estudios de Hollywood, para lo cual los realizadores optaron
por producciones de poco o ningún presupuesto. Crearon
además la productora Film Maker’s Cooperative y un circuito
de exhibición que comprendía fundamentalmente universidades,
museos e instituciones de carácter cultural. También
fundaron una filmoteca especializada en películas de
vanguardia que mantiene hasta la actualidad su importancia:
Anthology Film Archives.
La reivindicación del movimiento corrió
fundamentalmente por cuenta de la revista Film Culture,
y en particular estuvo en manos de Jonas Mekas. En las
páginas de Film Culture, y también desde The
Village Voice, Mekas defendió el cine underground no
sólo como alternativa a Hollywood sino también a las
producciones del cine de arte que floreció en Europa desde
los años cincuenta hasta los setenta. El crítico y
realizador cuestionaba, por ejemplo, el valor de la obra de
Alain Resnais, y en contraposición a ella ensalzaba las
creaciones de los realizadores neoyorquinos. El underground
creó así también una tradición de pensamiento sobre el cine
que continúa hoy en The Village Voice, cuyos críticos
se han atrevido a poner en entredicho recientemente a Ingmar
Bergman.
El underground es heredero directo de las
películas vanguardistas europeas de los años veinte, como
consecuencia del exilio en Estados Unidos de artistas
plásticos cineastas europeos, por la Segunda Guerra Mundial,
y de la difusión itinerante de las cintas pertenecientes a
la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Una
emigrante ucraniana y un checo se cuentan entre los
precursores –Maya Deren y Alexander Hammid–, al igual que el
estadounidense Kenneth Anger, realizador en 1947 de
Fireworks, aunque más conocido como autor del libro
Hollywood Babilonia. Entre los acontecimientos que
propiciaron el surgimiento de este cine destaca además la
irrupción de los escritores de la generación beat, con Jack
Kerouac y Allen Ginsberg a la cabeza.
A pesar de que fue, como se dijo, figura
emblemática del movimiento, incluso entre los realizadores
underground Stan Brakhage ocupa un lugar especial por lo
aventurado de sus búsquedas. En primer lugar, fue uno de los
que más radicalmente se marginó de la producción y la
exhibición comercial. Su programa vanguardista, además, se
proponía alcanzar la liberación del ojo del yugo de las
convenciones de la representación visual, que impiden a los
adultos humanos disfrutar de la libertad de ver y la
ausencia de prejuicios que consideraba característica de los
animales y de los niños. Se proponía, en síntesis, propiciar
una forma de percepción radicalmente libre, completamente
inimaginada por el espectador.
“Imaginen un ojo no gobernado por las
leyes humanas de la perspectiva”, escribió en Sobre la
visión, un manifiesto publicado en Film Culture
en 1963. “Un ojo no prejuiciado por la lógica de la
composición, un ojo que no responda a los nombres de nada
sino que conozca a cada objeto que encuentra en la vida por
medio de la aventura de la percepción. ¿Cuántos colores hay
en la grama para el bebé que gatea sin saber lo que es
‘verde’? ¿Cuántos arco iris puede crear la luz para el ojo
no formado? Imaginen un mundo vivo de objetos
incomprensibles y que vibre con una diversidad infinita de
movimientos e innumerables gradaciones del color. Imaginen
un mundo antes de ‘al principio era el mundo’”.
El cine de Stan Brakhage, sin embargo, no
se desarrolló sólo en una sino en tres vertientes que pueden
distinguirse con claridad. La primera es la de las películas
específicamente dedicadas a investigar los aspectos
relacionados con la liberación de la visión, así como
también las posibilidades lograrla a través del uso de la
cámara y el soporte fílmico. Esta exploración abarcó, desde
el empleo deliberadamente incorrecto de los lentes y de los
filtros para buscar efectos hasta un arduo trabajo de
sobreimposiciones. Brakhage también dibujó directamente
sobre la película, pegó objetos en ella, como hojas de
plantas, y la intervino de otras diversas maneras, en lo
cual siguió los pasos de otros cineastas, como Norman
McLaren. Asimismo, ensayó todo tipo de movimientos con las
nuevas cámaras pequeñas, con el fin de lograr la mayor
similitud entre ellos y la forma natural de ver.
Dog Star Man. Parte 3.
La película más emblemática de este tipo
realizada por Brakhage es también la más conocida: Dog
Star Man (1961-1964). Se trata de cuatro cortos y un
prólogo que pueden proyectarse individualmente o como
integrantes de un largometraje de alrededor de 75 minutos de
duración, sin sonido. En el prólogo y la segunda parte se
superponen 2 planos de imágenes, 3 planos en tercera parte y
4 en la cuarta. En una versión más extensa, The Art of
Vision, de 4 horas de duración, fueron incluidas las 5
secciones de Dog Star Man, más todas las
combinaciones posibles de las sobreimposiciones en cada
parte.
En la película es posible ver a Brakhage
haciendo de leñador e intentando ascender por una montaña en
compañía de su perro. Ello se debió a una sugerencia: ¿qué
podía hacer, si estaba desempleado? “Cortar leña”, le
dijeron. Este ascenso es puesto en un contexto cósmico que
comprende desde el sol y las estrellas hasta imágenes de
células. De allí que el nombre Dog Star Man sea
descriptivamente exacto. La tercera parte es de un marcado
contenido sexual, incluidas numerosas tomas de genitales, a
los que hay que adivinar, como si de descifrar un sueño se
tratara, debido a la complejidad de las sobreimposiciones.
Otra de las vertientes del cine de Stan
Brakhage es la de las “películas caseras de vanguardia”,
como las llamaba el realizador. Ellas recogen episodios de
la vida de su familia, incluido el nacimiento de su primera
hija, Myrrena, en Window Water Baby Moving (1959). Lo
que podría no ser más que un registro doméstico se
transforma en un poema sobre la vida al mostrar detalles
como los ecos de los movimientos de la niña en la piel del
vientre de la madre y la cruda escena de la extracción de la
placenta, luego del parto. Un aspecto menos visceral de la
vida familiar quedó plasmado en The Stars Are Beautiful
(1972), uno de los escasos filmes con sonido de Brakhage.
El corte de las alas de una gallina para que no vuele es
alternado en la cinta con diversas descripciones metafóricas
en voice over del cielo y las estrellas.
Finalmente hay películas que se aproximan
a las búsquedas de la otra vertiente principal del Nuevo
Cine Estadounidense, aquella emparentada con el neorrealismo
italiano y con la tradición de documentalismo social en
Estados Unidos, y que tendría su más notable exponente en
los sesenta en la obra de ficción de John Cassavetes. The
Act of Seeing With One’s Own Eyes (1971) es uno de los
tres “filmes de Pittsburgh”, que se conocen así porque
Brakhage los realizó en esa ciudad, con la ayuda de amigos.
Uno de ellos, titulado Eyes, fue filmado desde una
patrulla y sigue el trabajo de la policía. Deus Ex
fue registrada una operación de corazón abierto y en The
Act of Seeing... se muestran diversas imágenes de
autopsias. Brakhage consideraba a esta película un “filme de
shock”. Realmente lo es, y no sólo por la brutal dureza de
las imágenes, tomadas a todo color, sino por la reflexión
que proponen acerca del destino de las personas como seres
de carne y hueso, cuyo tiempo de vida es limitado y puede
concluir también inesperadamente en una mesa de disección.
The Act of Seeing With One's Own
Eyes
Eyes
En 2003, el año de la muerte del
realizador, The Criterion Collection publicó una colección
de 26 películas de Stan Brakhage titulada By Brakhage: An
Anthology, que puede adquirirse en Amazon.com por 35
dólares, sin incluir los gastos de envío. La selección del
material fue hecha por la viuda del realizador, Marilyn
Brakhage, con la ayuda del crítico Bruce Kawin, y aprobada
por Brakhage. La transferencia a video se llevó a cabo a
partir de interpositivos y copias nuevas, hechas
especialmente para la edición por John Newel, uno de los
colaboradores de Brakhage. Las transferencias fueron
realizadas en un telecine-escaner Spirit Datacine, bajo la
supervisión del académico Fred Camper, especialmente
designado para ello por el realizador para supervisar la
exacta correspondencia con las imágenes fílmicas. No se
emplearon métodos de restauración ni en las imágenes ni en
la banda sonora de los pocos filmes que tienen sonido.