10/07
.    portada    .    quiénes somos    .    cómo públicar    .    contáctenos    .
 
videopatías

The Host

Ver todas las videopatías
Juego de monstruos

 

Hay dos principales tradiciones en el cine comercial sobre monstruos: la estadounidense y la japonesa. Los realizadores con ambiciones artísticas también han incursionado en el género, pero pareciera estar claro que una criatura de Andrzej Zulawski o de Jan Svankmajer, por mencionar dos casos, no tendrá nunca la misma difusión que el Godzilla de Ishiro Honda y menos aun que los tres King Kong o los dinosaurios de Jurassic Park.

 

Bong Joon-ho no es de la misma opinión. En The Host (Gwoemul, 2006) se propuso hacer un filme sobre una criatura del río Han que fuese una auténtica obra de arte sin que la gente huyera espantada de la sala, no por el bicho sino por la película. Al menos esto último lo logró: 13 millones de entradas vendió la película en Corea del Sur, que es una nación de 49 millones de habitantes. Para ello recurrió a dos estrategias. En primer lugar, jugó con las reglas del género y con las de la verosimilitud en el cine en general. Además de eso, cuestionó los tópicos y estereotipos cinematográficos con referencias críticas a la realidad actual de su país. El director de Crónica de un asesino en serie o Memories of Murder (Salinui chueok, 2003) exhibe en esta superproducción una sorprendente libertad para hacer sátira social y del poder político, incluido el papel de guardián del país que aún ejerce Estados Unidos.

 

Los filmes japoneses y estadounidenses son traídos a colación en The Host. El monstruo del río Han tiene un origen similar al de Godzilla. Así como la criatura de Honda surgió como consecuencia de pruebas nucleares, la del filme de Bong es el resultado de una descarga de formaldehído hecha desde la morgue de una base de Estados Unidos, pese a las advertencias que un empleado coreano hace de que se trata de una sustancia contaminante. De Hollywood el filme toma, además de los efectos especiales, la forma como es presentado el personaje principal. Park Gang-du (Song Khang-ho) parece ser el típico looser tonto y torpe, que se queda dormido en el trabajo y se cae sin razón aparente cuando camina. Pero el hecho de que tenga el pelo teñido de rubio es un primer indicio de que hay en él algo de parodia del personaje estadounidense que le sirve de modelo. Además hay un auténtico rubio estadounidense: un militar que, vestido de civil, es uno de los primeros en enfrentarse con la criatura. El resultado es que pierde un brazo y luego muere en una base militar de su país. El monstruo, además, irrumpe en el filme para perturbar la apacible existencia de personajes de esa clase media que en las películas de Hollywood constituye la representación estandarizada del ser humano.

 

La parodia comienza a convertirse en burla cuando el monstruo, en vez de destruir toda construcción a su paso, como suelen hacerlo las criaturas japonesas, busca refugio bajo el puente Dong-ho, en Seúl. La alarma inexplicablemente se dirige entonces contra un virus que contagia a las personas que entran en contacto con la criatura, aseguran los estadounidenses, y que, para mayor inquietud de la población, se manifestaría con los síntomas de la gripe común. El verdadero monstruo pasa a un segundo plano, a pesar de que sigue comiéndose a la gente. Esta es una burla dirigida, por una parte, contra la lógica que rige el funcionamiento de la industria, y según la cual unos monstruos deben suceder a otros a medida que van pasando de moda. Pero también es un golpe a la forma como el cine ha sido y es utilizado para inculcar paranoia, distrayendo la atención de la gente hacia falsos peligros. El problema auténtico en el filme, sin embargo, es un personaje característico del cine paranoico estadounidense: el monstruo que ataca a la gente inocente.

 

 
Trailer coreano de The Host
Ver todas las videopatías

A medida que avanza la película el espectador comenzará a darse cuenta también de que algo no marcha como supuestamente debería marchar esta película de género. Hay, por ejemplo, secuencias que trascienden su justificación funcional y se vuelven así independientes de la trama, como los célebres diálogos de Tarantino. Así ocurre en un funeral colectivo de las primeras víctimas del monstruo, en el cual la familia Park se reúne por primera vez en mucho tiempo para llorar la muerte de la hija de Gang-du, pero que termina convertida en una escenificación grotesca de los conflictos entre ellos, incluidas peleas a golpes. Más adelante, el señor Park da una explicación de la tendencia a quedarse dormido de su hijo que constituye una historia dentro de la historia, como el cuento del reloj en Pulp Fiction: durante los años de penurias económicas del país, él no fue capaz de darle a Gang-du la atención que requería, por lo que el muchacho se vio incluso en la obligación de recurrir al hurto famélico para sobrevivir, y no tuvo en la alimentación las proteínas necesarias para que su cerebro se desarrollara normalmente.

 

Pero la parte esencial del juego de The Host con el cine es la forma como en la cinta son burladas las reglas de la verosimilitud. La causalidad, como se dijo, es forzada por el inexplicable desplazamiento de la atención del monstruo al virus invisible. Además, aunque Gang-du es propenso a quedarse profundamente dormido en cualquier lugar, la anestesia que le aplican en una base estadounidense, como parte de los exámenes que le practican para estudiar el supuesto virus que porta, no le hace ningún efecto. En otra secuencia, Hyun-seo, la hija supuestamente fallecida de Gang-du, de la que después se sabe que está con vida, atrapada por el monstruo, aparece misteriosamente cuando la familia se reúne para comer, sin que nadie se sorprenda por su llegada, y en la siguiente escena no está.

 

El juego de hacer punzantes comentarios sociales y políticos es todavía más audaz. Esa sociedad de clase media idealizada en la que aparece el monstruo para sembrar brevemente el pánico, antes de que el interés sea desplazado hacia el supuesto virus, y que permitió que el padre de Gang-du enviara tres hijos a la universidad trabajando en un puesto de comida al borde del río Han, poco a poco va desnudando sus problemas. Así como en los tiempos en que Gang-du comenzó a sufrir las consecuencias del déficit de proteínas había que robar por hambre, un padre vagabundo, que merodea el puente donde se oculta el monstruo junto con su hijo, ofrece una explicación al niño, ilustrada con ejemplo práctico, del significado de la palabra coreana que designa el hurto famélico y la tradición que lo legitima –y que no ha cesado, por lo visto, en la pujante República de Corea de hoy, al menos según el Bong Joon-ho–. El hermano de Gang-du está desempleado y se queja que de que la sociedad democrática, por la cual se dedicó a luchar en vez de estudiar cuando estaba en la universidad, no le ofrece oportunidades. Pero después, cuando se encuentra con un ex compañero de estudios que parece tener un buen puesto –cosa que no deja de causarle curiosidad, porque era otro de los que se dedicaba a protestar en vez de a sacar la carrera–, el condiscípulo pronto le aclara que tiene deudas equivalentes a un año completo de sueldo.

 

Las manifestaciones tampoco podían faltar en una película de una nación que, hasta no hace mucho, era casi tan conocida por la combatividad de su juventud como por los productos electrónicos que exporta. El realizador incluso llegó a pedir la ayuda de grupos de militantes ecologistas para que prepararan estandartes y pancartas a favor de Gang-du, quien logra escapar dos veces de las autoridades, y para protestar contra el uso del “agente amarillo” contra el monstruo, un arma química estadounidense que supuestamente extermina toda amenaza biológica donde es arrojada pero que al monstruo no parece hacerle daño alguno. Terminan atacándolo, entonces, a la manera estudiantil: empapándolo en gasolina y arrojándole bombas molotov, y punzándolo también con una lanza, hecha sobre la marcha con una señal de tránsito. Estudiantes contra monstruo, más claro no podía hablarles Bong Joon-ho a sus compatriotas, aunque el ataque no sea del todo efectivo.

 

The Host
Ver todas las videopatías

Salvo por la intervención a último momento de estos insólitos aliados, la familia Park debe actuar sin ayuda para encontrar a Hyun-seo y salvarla. Lejos de actuar organizadamente para proteger al país y a los habitantes, y liquidar a la criatura en una perfectamente organizada ofensiva militar final, como prescriben las cintas fundacionales del género en Estados Unidos, rodadas en los tiempos de la Guerra Fría, estos ciudadanos deben, más bien, huir continuamente de las autoridades nacionales y de la potencia extranjera.

 

Pero el principal blanco de ataques en todo el filme es Estados Unidos. Si bien la actuación irresponsable del médico de la morgue que provoca la aparición del monstruo podría considerarse no más que un préstamo de Godzilla, como se dijo antes, la cosa es diferente en el caso de las advertencias sobre el virus. Además, los exámenes a los que es sometido Gang-du, bajo una anestesia que no le hace efecto, no pueden ser vistos sino como alusiones tangenciales a la tortura que practican los estadounidenses impunemente en sus campos de prisioneros en el exterior. Incluso al protagonista le practican una trepanación por instrucciones de los especialistas extranjeros. Como corolario, en la secuencia de los créditos el secretario de Estado pide disculpas a los coreanos por lo sucedido. “Fue consecuencia de mala información”, explica. Datos falsos, como las armas de Hussein.

 

Llama la atención que un país que ha hecho del anticomunismo el elemento central de la identidad nacional, para diferenciarse del vecino del norte, y en el que las corporaciones tienen tanto peso en la economía, un realizador pueda tomarse libertades como estas en una película comercial. Pero las críticas también tienen algo de lucha por la supervivencia: Bong Joon-ho ha sido uno de los cabecillas de la lucha por la defensa de la cuota de pantalla del cine nacional, que fue reducida de 40% a 20% por exigencia de Estados Unidos, que hizo de este un punto de honor para suscribir un tratado de libre comercio con la República de Corea. Ello pone de manifiesto cuál es el verdadero enemigo de ambas cosas, tanto de la libertad de expresión como de los cines nacionales: Hollywood.

 

THE HOST

Gwoemul, República de Corea, 2006

 

Dirección: Bong Joon-ho. Guión: Bong Joon-ho, Baek Chul-hyun, Ha Jun-won. Producción: Choi Yong-bae. Diseño de producción: Ryu Seong-hie. Diseño de la criatura: Jang Hee-chul. Fotografía: Kim Hyung-ku. Montaje: Kim Seon Min. Supervisión de efectos especiales: Kevin Rafferty. Sonido: Coll Anderson, Sean Gamhart. Música: Lee Byung-woo. Elenco: Song Kahn-ho (Park Gang-du), Byeon Hie-bong (Park Hie-bong), Park Hae-el (Park Nam-il), Ko Ah-sung (Park Hyun-seo), Bae Du-na (Park Nam-joo). Duración: 119 minutos. 35 mm con intermedio digital, 1,85:1, Color, Dolby Digital EX.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
 

[ Publicidad ]
[ Publicidad ]
.    portada    .    noticias    .    artículos    .    criticas    .    videos    .    imágenes en línea    .
Copyright © 2007. REVISTA VERTIGO. Caracas. Venezuela. Producido por: Seventeen Design