05/08
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We Own The Night

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Ópera policial

 

James Gray compite este año por la Palma de Oro en el Festival de Cannes con Two Lovers (2008). Lo hizo también con sus dos películas anteriores: Los dueños de la noche (We Own the Night, 2007) y La otra cara del crimen (The Yards, 2000). Con su primera cinta, Cuestión de sangre (Little Odessa, 1994), ganó el León de Oro en el Festival de Venecia. Esas credenciales le hacen destacar en el grupo de realizadores que comenzaron a abrirse camino en los noventa, de cuya corriente posmoderna y paródica se distancia por su afán de retomar el camino del Nuevo Hollywood de los setenta. Pero si los posmodernos parten de la base de que ya no es posible creer en las mismas cosas de antes, ni emocionarse con ellas de la misma manera, la insistencia de Gray en lo contrario, en mantener la fe en el cine de los grandes maestros modernos, deriva en la tragedia de no poder superarlos. Aquello que en las mejores películas de Martin Scorsese, uno de sus ídolos, es equilibrio entre realismo e idealización, deriva en un artificioso estilo operístico, por ejemplo. Eso es lo que ocurre en Los dueños de la noche, que se halla disponible para alquilar en videoclubes de Caracas. El filme que destaca, sin embargo, porque distancia de lo trillado del policial para hacer del drama, y no de la violencia del crimen y de la lucha contra él, el centro del espectáculo. 

 

La película comienza de una manera que parece una declaración de principios, por no decir un clásico manifiesto moderno. Primero se plantea aquello contra lo que se reacciona. Una secuencia de fotos muestra a los policías de Nueva York en plena actividad en la década de los ochenta, una de las peores épocas en lo que respecta al auge del crimen vinculado con el tráfico de droga en la ciudad. Ella permite conocer también la razón del título: “We Own the Night” era el eslogan que llevaban algunos agentes escrito en el escudo de su unidad, bajo la clásica calavera de la muerte. Más allá de situar la historia en un momento y lugar determinados, esa parte del filme trae a colación la concepción del cine como arte fotográfico y, por ende, naturalmente orientado hacia el realismo. Pero la película comienza a saldar cuentas con ella a  partir del momento en que se pasa del ambiente callejero y en blanco y negro de esas imágenes a la presentación del protagonista retozando con una hermosa mujer, primero, y como regente de un club elegante, después. En el filme realidad de los ochenta en Nueva York se trasmuta y se convierte en pretexto para otra cosa, que en este caso es una versión ampulosa de la parábola bíblica del hijo pródigo.

 

 
 
Trailer de We Own The Night
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Robert Green (Joaquin Phoenix) no usa el apellido de su hermano, el capitán de policía Joseph Grusinsky (Mark Wahlberg), que a su vez es hijo del subjefe del cuerpo Albert Grusinsky (Robert Dvall). No lo hace para evitar despertar sospechas entre sus jefes, un clan ruso que es propietario de un local nocturno del cual Green es exitoso administrador. Para sellar el respeto y la admiración que ha ganado en la familia rusa, y el cariño que le demuestran, casi como si fuera un hijo más, trata de poner al margen sus verdaderos orígenes. Trata incluso de mantener a su novia, Amada (Eva Mendes), lejos de la familia. Pero aunque de esa manera haya accedido a una posición más acomodada que la de su padre y su hermano, en el fondo Robert Green no puede sino ser un Grusinsky en lo que a la elección entre el bien y el mal respecta, y debe reencontrarse. De eso se deriva el conflicto, cuando los narcotraficantes se meten con su familia y tratan de ensuciarlo.

 

Los dueños de la noche pareciera inscribirse así en el género de las películas de infiltrados, característico del cine policial de Hong Kong y que sedujo incluso a Scorsese en el filme emblemáticamente titulado en español de esa manera, Los infiltrados (The Departed, 2006). Ello sería así en la medida en que el personaje se descubre como alguien que en el fondo es lo contrario del mundo del crimen en el que se sumergido por sus debilidades. Y el conflicto se resuelve con el regreso de Robert Green, el hijo pródigo, al que es el lugar que le corresponde por la sangre que lleva: el cuerpo de policía de Nueva York, luego de ser testigo protegido contra la mafia. El desafío del filme era, por tanto, completar el tour de force que va del personaje que aparece al principio perfectamente integrado a su mundo de la noche, en el agente con chaleco antibalas y una pistola en la mano que se interna en solitario de día en un monte de dorada maleza seca, para dar caza al malvado. El problema es que en Los dueños de la noche la diferencia entre los que encarnan el bien y el mal es demasiado rígida, y en el  intersticio no cabe una psicología capaz de darle credibilidad al cambio, a pesar de que Robert Green está encarnado por un gran actor como Phoenix.

 

De los maestros del pasado, no obstante, James Gray sí ha sabido asimilar la destreza como realizador. Lo demuestra en especial en dos secuencias. La primera es la que se mencionó antes, en la que Green persigue al líder de los traficantes por entre la espesura, cosa que hace además con el monte en llamas y bajo un cielo a punto de venirse abajo en una tormenta. La segunda, verdaderamente magistral, es una persecución de vehículos bajo la lluvia, y acompañada de una manipulación del sonido de los limpiaparabrisas. Desde su carro, los malvados disparan contra la caravana que traslada al testigo protegido, e intentan empujar los automóviles para hacerles chocar, y los agentes responden el fuego, todo visto a través del tamiz de parabrisas empañados y chorros de agua que caen sobre la calle. Es una secuencia típica pero tan bien diestramente que justifica, por sí sola, ver esta película.

 

LOS DUEÑOS DE LA NOCHE

We Own the Night, Estados Unidos, 2007

 

Dirección y guión: James Gray. Producción: Marc Butan, Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, Nick Wechsler. Diseño de producción: Ford Wheeler. Fotografía: Joaquín Baca-Asay. Montaje: John Axelrad. Sonido: Douglas Murray. Música: Wojciech Kilar. Elenco: Joaquin Phoenix (Robert Green), Eva Mendes (Amada Juárez), Mark Wahlberg (capitan Joseph Gusinsky), Robert Dubai (subjefe Albert Grusinsky), Alex Veadov (Vadim Nezhinski). Duración: 117 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 1,85:1, blanco y negro y color, SDDS, Dolby Digita, DTS.  

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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